Cuando la palabra “Asia” llega a nuestros oídos, muchas imágenes y conceptos surgen en nuestro interior casi instantáneamente, como resultado de nuestros conocimientos sobre aquel lejano continente. Entre samuráis, la Gran Muralla, pagodas y templos, la idea preconcebida de la mujer oriental sumisa y relegada se asoma con cierta timidez, logrando que la persona en cuestión necesite replantearse qué tanto de este arquetipo es cierto. En esta oportunidad, hemos de permitirnos ahondar en la situación de las mujeres coreanas a través de la historia de su país, y de esta manera, entender qué más hay por detrás de la estampa de opresión femenina que llega hasta nosotros.

1 – El Mito de Tangun: Ungnyeo, la primera mujer

A través de este mito antiquísimo podemos conocer el origen del pueblo coreano. El hijo príncipe de Hwanin (Dios de los Cielos), de nombre Hwanung, deseaba ayudar a los seres humanos. Pidió entonces a su padre poder gobernar la península coreana, el cual accedió enviándolo allí con un séquito de súbditos. Ya establecido en la tierra, tomó el título de Cheonwang (Rey Celestial) y nombró ministros encargados del viento, la lluvia y las nubes. Al mismo tiempo, se dedicó a instruir a su pueblo en diversos menesteres tales como la agricultura, pesca y carpintería, entre muchos otros. Un cierto día, un oso y un tigre fueron al encuentro de Hwanung manifestándole su deseo de convertirse en humanos. Al atender sus incontables súplicas, Hwanung, conmovido, les dio 20 dientes de ajo y un racimo de ajenjo. Entregadas estas especias, les impartió como instrucción que las comieran y que además, estuviesen ocultos sin ver la luz solar durante 100 días. Los animales obedecieron de inmediato, pero al cabo de un tiempo, el tigre no pudo contener más su impaciencia y desistió saliendo a la luz nuevamente. El oso, por el contrario, finalizó con éxito la prueba y al pasar 21 días se transformó en una hermosa mujer conocida como Ungnyeo. Pero aunque había logrado volverse humana, su felicidad no era completa ya que no encontraba a alguien con quien casarse y poder concebir. Hwanung nuevamente se compadeció de ella, y se transformó temporalmente en un hombre. Así ella logró dar a luz a Tangun, quien fue el primer rey humano de la península. Como bien lo relata este mito, la mujer desde los tiempos remotos ha tenido un papel más que importante en la sociedad de Corea, comenzando por ser la madre del primer regente humano que sentó las bases de la tradición coreana. Además, Ungnyeo es aquella que posee la capacidad de aguardar los designios celestiales. Esto la llevará a identificarse mucho más con la chamana, a quien explicaremos en breve.

2 – Comienzo, desarrollo y estancamiento de la tradición matriarcal
a) Corea Antigua: la tradición del chamanismo

Como bien lo expresa Pak Yong-ok en un artículo publicado en la Revista Koreana, “antes del principio de la historia todas las almas vivientes no tenían otra opción que participar de la faena colectiva de cazar y reunir alimentos (…)  El nombre del juego en aquel tiempo era la supervivencia (…) Los humanos no podían permitirse el lujo de la desigualdad de sexos”. [1] Con esta cita podemos sin duda afirmar que los trabajos de la tierra, recolección y pesca (frutos de la geografía de la península coreana) para el abastecimiento hasta la formación de las primeras ciudades-estado, eran compartidos de forma equitativa entre el hombre y la mujer. De esta forma se fue diferenciando el oficio de chamán como típicamente femenino, ya que si bien, en un principio, era llevado a cabo indistintamente por ambos sexos, poco a poco las mujeres fueron acumulando prestigio y respeto, resultando en una mayoría al imponerse como oficiantes de los ritos y celebraciones del culto a los antepasados o de los pedidos para obtener buenas cosechas y fortuna.

Algunos autores, Fairbank por ejemplo, han coincidido en apreciar que varios comportamientos demostrarían las características de una sociedad matriarcal en ese entonces. Entre ellos, en lo referente a la transmisión del linaje, el mismo sucedía probablemente a través de la madre. En lo que respecta al matrimonio, se practicaba en forma exogámica sin excepción, y generalmente era el hombre el que pasaba a formar parte de la familia de la mujer conviviendo con ellos.

b) Tiempo de Organización: las ciudades-estado

De a poco van surgiendo las ciudades-estado como Puyo, Yemek y Ko Choson. Existen evidencias que indican que a partir de la formación y posterior establecimiento de estos estados la situación de la mujer fue cambiando. La agricultura se mejoraba con la llegada de nuevas técnicas, necesitando más fuerza laboral de los hombres. Así la mujer quedó relegada a tareas del hogar. Las leyes, al mismo tiempo, se hicieron más severas. En Puyo por ejemplo, la pena de muerte se implementaba sobre la mujer si demostraba algún tipo de celos hacia las demás concubinas de su marido, o si cometía adulterio. Para recuperar su cuerpo, los hijos debían pagar un cierto precio en animales. La práctica del concubinato en Corea alude a las épocas de guerra y se tomó por influencia del exterior. Los hombres acudían a las batallas y así solían perder la vida en forma temprana. Esto provocaba entonces que las mujeres enviudaran y, naturalmente, se encontraran en dificultades para subsistir.

Tenemos conocimiento de que a partir del siglo IV AC llega la escritura china y con ella, los primeros libros confucianos. De todas maneras, la entrada de esta filosofía, básicamente centrada en el varón, no representaría una influencia poderosa para la situación de la mujer coreana sino hasta mucho tiempo después, y el chamanismo detentado por mujeres seguía siendo aún de vital importancia.

c) Los Tres Reinos: Koguryo, Paecke y Silla

Entre el siglo I AC y el siglo I DC se conformaron los tres reinos de Koguryo, Paecke y Silla. Un dato concreto con respecto a Koguryo y a Paecke es que no hubo o, al menos, no aparecen mencionadas, mujeres en función de soberanas. Esto contrastará, como en breve explicaremos, con el vecino reino de Silla, en donde antes de la unificación es donde más se ha perfilado una participación notoria de la mujer en la sociedad.

En lo que respecta a la sucesión del linaje, podía efectuarse por vía femenina o masculina. Cabe recordar que en Silla predominó el sistema Kol’pum (grado de huesos) mediante el cual se clasificaban las distintas clases sociales. Su origen se remonta a la China antigua, en donde se practicaba la escapulimancia. Ésta era un proceso que consistía en arrojar al fuego las escápulas de animales considerados sagrados para predecir el futuro en las rajaduras que el fuego les producía. La costumbre fue tomada por Silla y mezclada con el chamanismo. La importancia del matrimonio radicaba, más que en la elección, en que los esposos pertenecieran a una misma clase de este sistema. Las mujeres plebeyas, requerido el caso, podían llegar a ocupar cargos de jefas de familia, sin olvidar además que la costumbre de la mujer de ser una autoridad en cuestiones domésticas no había sido modificada. El cargo de ama y señora en lo referido al hogar radicaba en, por ejemplo, llevar adelante la educación de los hijos o administrar los bienes familiares. De hecho, eran las esposas las que llevaban las riendas de la economía de la familia.

Debemos recordar la importancia de la chamana aún en estos tiempos, ya que a menudo el rey se valía de sus consejos ante posibles ataques enemigos. También hacían uso de la habilidad de varias de ellas para profetizar. En Silla particularmente, la tradición chamánica se mantuvo intacta hasta su fusión con el reino de Koguryo. Se construyeron en aquellos años templos chamánicos para poder realizar las prácticas que hasta ese entonces se hacían al aire libre.

Es importante conocer que el matrimonio podía consumarse mediante una libre elección, aunque si miramos dentro de una familia ya establecida, alcanzaríamos a notar que en gran medida y a pesar de los derechos mencionados, la mujer de alguna manera u otra dependía de su padre, su esposo o sus hijos varones.

Asimismo, en la realeza podíamos encontrar una cierta división de poderes. Por un lado, el rey se encargaba de las cuestiones de estado, lo concerniente a la política y al territorio. Por otro lado, la reina probablemente tenía a su cargo la ejecución de ritos y ceremonias. Como ejemplo de regentes femeninas con un poder destacable, podemos mencionar a la reina Sondok (634-647), a su prima Chindok (647-654) y durante la época del reino unificado de Silla, a la reina Chinsong (887-897). Las tres condujeron prudentemente a Silla durante su estadía en el poder, resolviendo conflictos territoriales y realizando distintas alianzas para el beneficio de su reino.

Si nos adentramos en la cultura del período del reino unificado de Silla, podemos encontrarnos con una limitación en el desarrollo de la misma debido a la falta de un sistema de escritura adecuado para transcribir el lenguaje nativo. El único tipo de escritura hasta el momento habían sido los caracteres chinos introducidos tiempo antes, pero estos no se adaptaban muy bien a las lenguas coreanas polisilábicas. Con la aparición del idu, idioma creado para aliviar esta situación (con escritura china y pronunciación coreana) se llegó a una transformación de los nombres locales y personales en nombres de estilo chino. Los apellidos llegaron a consistir en un solo (o a veces dos) carácter como Kim, Pak o Yi, este último conocido usualmente en occidente como Lee. Propiciamos esta aclaración con respecto a los cambios de idioma en la época de Silla ya que nos será de utilidad para desentramar futuros sucesos que tendrán como protagonista a la mujer.

3 – Budismo y Confucianismo: la caída del rol de la mujer en la sociedad

a) La entrada del budismo y sus primeras  influencias

El budismo se hizo presente en Corea alrededor del siglo IV DC. Al mismo tiempo, al penetrar también la cultura china asociada al budismo, algunas costumbres perdieron vigencia y con ellas también el chamanismo. Pero refiriéndonos a los aportes particulares del budismo a la situación de la mujer coreana, el mismo pareció excluirla y favorecerla al mismo tiempo. Por un lado la mujer debía, según textos sagrados del budismo, reencarnar al menos una vez más como hombre para poder alcanzar la iluminación o nirvana. También puede recordarse la reacción, en principio negativa, de Buda por aceptar como monja mujer a su propia madrastra, Mahapahapti, lo cual explicaría que desde ese entonces las mujeres no fuesen bien vistas como practicantes de esta filosofía. Pero si bien la situación anteriormente planteada podía excluirla, es necesario mencionar otra actitud fundamental que toma el budismo y que quizás indirectamente las beneficiaba: según las enseñanzas del budismo, todos los seres poseían una única esencia y por lo tanto sus posibilidades de salvación serían iguales. En un principio, las mujeres que lograban integrar la sangha o comunidad budista pertenecían a clases altas, pero no pasó mucho tiempo hasta que esta costumbre fuese difundida entre las plebeyas. La primera mujer coreana en ser aceptada como monja llevaba el nombre de Sa, y pasó su vida recluida desde su conversión. Como dato adicional podemos mencionar las dos sectas budistas que más auge tuvieron en el período Silla: la secta son (conocida posteriormente en Japón como zen) practicada por la aristocracia, y la secta de la Tierra Pura, popular entre las clases bajas. Si bien el budismo fue aceptado culturalmente, no es excluyente el hecho que también se lo utilizaba como sistema de control de la sociedad. En la aristocracia fomentaba el individualismo, evitando así que se sublevaran (con el budismo hinayana); en los plebeyos, producía una sensación de paz, llenaba el vacío y reducía el pesimismo producto de su poco grata situación social.

De todas maneras es válido destacar que el sistema matriarcal prosperó hasta principios del siglo X dentro de las clases más bajas, y de hecho, en Silla, nunca se logró llegar a una conversión plena al budismo.

b) La dinastía Koryo y el budismo como base del gobierno

Si seguimos nuestro recorrido en el tiempo, nos encontraremos con la fundación de la dinastía Koryo (918-1392) en manos del rey Taejo. Este rey decidió instituir la religión de Buda como forma de gobierno. Al igual que un par de siglos antes sucedió en China con la dinastía Tang y en un período posterior en Japón con la dinastía Heian. El budismo tuvo su apogeo durante los primeros años de Koryo, siendo los monasterios favorecidos con tierras, pudiendo los mismos implicarse en asuntos económicos o gubernamentales. Pero poco a poco, el budismo fue volviéndose muy confuso debido a las diferentes doctrinas, y además se vio afectado por ideas foráneas que le fueron haciendo perder su identidad original. Debido quizás a estas diferencias con las enseñanzas originales, muchas mujeres que no mantuvieran un buen comportamiento eran convertidas en monjas y enviadas a los monasterios. Además, es importante mencionar que los monasterios no pagaban impuestos, por lo que se volvió difícil su manutención.

El recato marcó de forma profunda a las mujeres de clases superiores, tanto así, que resultó habitual que enviaran a sus hijos a recibir educación en los monasterios para que llegaran a ser monjes. Los templos habían logrado relacionarse con la economía del reino. Una muestra de esto era la fabricación de los vinos que luego eran comercializados. Por estas razones, los mismos monjes comenzaron a dejar su austeridad característica y prefirieron adoptar una vida ostentosa. La situación entonces provocó que el rey Hyonjong (1009-1031) prohibiera que las mujeres hicieran donaciones a la sangha.

Un dato de vital importancia es la gran adhesión que fue consiguiendo el confucianismo durante este período. Es necesario en este punto aclarar que la entrada del confucianismo en la península coreana se produjo aún antes del ingreso del budismo. Los primeros textos confucianos llegaron en las lejanas épocas de la ciudad-estado de Ko Choson junto con la escritura china, pero si bien desde entonces, siempre estuvo presente, sería recién a partir de finales de esta dinastía y especialmente, en la Dinastía Yi que prosigue a Koryo, en donde dejó verdaderamente su marca.

Pero volviendo a nuestro tema, contamos con ejemplos de la importancia de lo femenino en el budismo. Obsérvense las pinturas de budismo coreano, representando al Bodhisattva Avalokitesvara (Bodhisattva de la Compasión).

Avalokitesvara Linterna del Loto (imagen extraída de http://www.bbbudart.com/images/bb-16w.jpg)

Avalokitesvara Linterna del Loto (imagen extraída de http://www.bbbudart.com/images/bb-16w.jpg)

Por un lado, en la primera imagen, el Avalokitesvara Linterna de Loto es conocido en Corea por representar la sabiduría e iluminación. Es frecuentemente utilizada en el país en fechas cercanas a la conmemoración del nacimiento de Buda, tanto en templos como en diversos festivales.

Avalokitesvara de Once Cabezas (imagen extraída de: www.indiana.edu/~easc/resources/korea_slides/buddhist_sculpture/slides/IMG0025.htm)

Avalokitesvara de Once Cabezas (imagen extraída de:
www.indiana.edu/~easc/resources/korea_slides/buddhist_sculpture/slides/IMG0025.htm)

En la segunda imagen podemos observar al Avalokitesvara de Once Cabezas originario del período Silla, del que se dice nació de un rayo de luz emanado de la cabeza del Buda Amithaba (el Buda de la Luz Infinita). Este Bodhisattva es conocido como el que recibe todas las penas y dolor del mundo.

Si analizamos más en profundo estas imágenes, podemos darnos cuenta de varios detalles que les aportan un aspecto afeminado: sus vestiduras de corte extenso y entrelazado, los distintos adornos alrededor en todo su cuerpo, su largo cabello y sus rasgos particularmente delicados. Podemos entonces decir que se habría producido en el budismo coreano una irrupción de la tradición matriarcal innata en el pueblo y aún no desaparecida. Ésta fue entonces volcada en las manifestaciones artísticas del budismo y se mantuvo vigente en la forma de Avalokitesvara.

c) La dinastía Yi y la instauración del Confucianismo

La Dinastía Yi o Choson (1392-1910) hizo del confucianismo lo mismo que Koryo hizo del budismo: utilizarlo como forma de gobierno. Pero sin duda, no se encontraría ni punto de comparación en cuanto a la forma de aplicación de ambas filosofías en el estado. El confucianismo marca una ética aplicable para la administración del estado, y no abarca originalmente ningún tipo de estudio o preocupación por el más allá o cualquier otro concepto de tipo religioso. El budismo en cambio pone énfasis en ese tipo de conceptos.

Esta filosofía indica que para la obtención de la armonía en el estado es necesario seguir cinco reglas de sumisión y respeto básicas: del gobernado al gobernante, de la esposa al esposo, del hijo al padre, del hermano menor al hermano mayor, y de un amigo hacia otro amigo.

A los ojos de Yie Song Yie, fundador de la dinastía, sólo el cumplimiento fiel de estas normas podría llevar a la prosperidad y la unión del pueblo. Además, como el budismo se había alejado por caminos de corrupción, no le fue difícil al confucianismo ocupar el vacío que el primero había dejado. El sistema de exámenes característico de esta filosofía acaparó la atención de sucesivas generaciones de ambiciosos jóvenes, los cuales estudiaron asiduamente los libros confucianos para poder acceder a algún puesto en el gobierno. Probablemente como resultado de este estudio intensivo, los coreanos también desarrollaron una devoción y adhesión casi fanática hacia los principios y ritos confucianos.

La adopción de esta filosofía y su gran importancia en la vida diaria tuvo sin lugar a dudas efecto en la mujer y todo lo relacionado a ellas. Las viudas, ya desde el período de Koryo, eran muy bien vistas si por propia voluntad decidían no volver a casarse, aunque no existía una ordenanza propiamente dicha que impidiese un nuevo matrimonio. Entrada la dinastía Choson, este asunto fue seriamente revisado, y finalmente se les prohibió por ley la concertación de nuevas nupcias. Cabe destacar que tal ordenanza era sólo aplicable a las mujeres, teniendo los hombres libertad para casarse una y otra vez. Esta situación al mismo tiempo tuvo otro tipo de  consecuencias. Para mantener intacta la ley y salvaguardar la integridad del confucianismo, los hijos nacidos de mujeres casadas una segunda vez no podían participar del sistema de exámenes. Al mismo tiempo, no debemos olvidar que si una mujer quedaba viuda a temprana edad y sin hijos o padres que pudiesen hacerse cargo de ella, su suerte estaría prácticamente echada. Se sabe que por este tipo de obligaciones, muchas viudas cometían suicidio luego de guardar el tiempo de luto correspondiente a la muerte del marido. Hubo ocasiones en las que la falta cometida por una viuda significó un juicio y la consecuente desgracia para toda la familia. Como otra forma de fomento hacia la imagen de viuda respetable, el gobierno premiaba a aquellas mujeres que lograran mantener la fidelidad a su único esposo aún después de haber fallecido.

Anteriormente habíamos explicado en forma breve el origen de los apellidos coreanos debido a su transformación del idioma chino a un idioma nativo. Como consecuencia directa de este proceso podemos mencionar el hecho de que los matrimonios debían ser exogámicos sin excepción, no pudiendo casarse dos personas del mismo apellido. Esta costumbre sigue vigente hoy en día. De más estaría decir entonces que si en el pasado era posible dejar un casamiento a libre elección de los futuros cónyuges, esta costumbre fue totalmente depuesta en la dinastía Choson. Bien podemos mencionar también que las nupcias entre distintas clases sociales fueron prohibidas. La  edad mínima de las niñas para contraer matrimonio era de 14 años, pero había varios casos en los que el acuerdo entre las familias de los futuros esposos podía concertarse aún antes de que los niños nacieran. De todas maneras, algunos autores replican que era en realidad la familia de la novia quien elegía al esposo, pero el cambio radicaría en que ahora sería la novia la que pasaba a formar parte de la familia del esposo y no viceversa, como ocurría en tiempos más remotos. De ser así, la tradición matriarcal podría seguir presente en la conciencia coreana a pesar del rígido sistema confuciano.

Dentro de la casa, si el comportamiento de la mujer seguía fielmente los principios confucianos, era ama y señora del hogar, posición no objetable y que le brindaba un poder ilimitado en cuestiones domésticas. Se le daba el nombre de anchuin (“ama de asuntos internos”). El marido no se atrevía a discutirle sobre la crianza de los hijos o asuntos de la casa ya que no quería tampoco inmiscuirse demasiado en ellos. Los niños, al estar bajo constante supervisión de la madre y la familia de ésta, desarrollaron un gran respeto por la familia del lado materno.

Puede resultar muy difundida la creencia en occidente que la mujer, estando recluida en la casa con funciones específicas, no poseía conocimientos o sabiduría más allá de lo doméstico. Además, el confucianismo no estaba dirigido a la mujer, y el rey Sejong mismo se mostraba reacio a incluirlas en sus planes de educación masiva. En la teoría y práctica, era más que suficiente que las mujeres aprendieran del confucianismo tres disciplinas para el correcto comportamiento: frugalidad, diligencia y separación entre los sexos. Pero no pudo evitarse que por sus propios medios lograran ser partícipes de otras formas de estudio, adentrándose, por ejemplo, en los libros. A fin de cuentas, era absolutamente necesario que aprendieran muy detenidamente el confucianismo para poder luego brindarles una educación completa a sus hijos. En realidad, existía un cierto miedo a que la mujer alcanzase grandes conocimientos por medio del estudio, ya que podrían llegar a influir en el área política.

Con el paso del tiempo se fueron entreviendo diferencias entre las mujeres pertenecientes a la clase yangban (cortesanas) y las yangmin (plebeyas). Las mujeres de clase alta se vieron confinadas a sus aposentos, pudiendo salir sólo con autorización, acompañadas y con el rostro cubierto. En contraste, las plebeyas se vieron probablemente más favorecidas ya que se les permitía participar de ritos chamánicos y esto evitaba que se las excluyera en demasía de la sociedad. Se debe aclarar que no era muy bien visto que las yangban esposas de oficiales o funcionarios  practicaran el chamanismo, ya que esto se consideraba algo simplemente “no propio” de la alta sociedad. Otro dato interesante para aportar es el hecho de que, si bien el chamanismo se vio circunscrito a un sector muy pequeño de la sociedad, también se vio beneficiado al ser llamado constantemente en casos de desastres o enfermedades. Esto les permitió acumular un importante prestigio y riquezas. La situación del hogar también presentaba aspectos desfavorables para la mujer yangban. Las enormes casas de las familias feudales se dividían en dos zonas: la que estaba más cercana a la calle era propiedad del esposo, y la más lejana a la misma pertenecía a la esposa. Aunque, en contraste con esta situación, cabe recordar también que en el caso de la familia real hubo varias ocasiones en que las problemáticas de gobierno eran manejadas de forma “encubierta” por poderosas mujeres, siendo éstas madres o abuelas. Cuando el trono quedaba en manos de un rey niño, era el momento aprovechado por estos familiares.

Un dato a tener en cuenta es que en Corea sí existía el divorcio desde tempranas épocas, aunque el mismo sólo podía ser solicitado por el marido y justificando alguna de las siguientes causas: desobediencia a los suegros, falta de descendencia, adulterio, celos, enfermedad, chismes con malas intenciones y robo.

Una excepción a la rígida estructura confuciana parece ser el grupo de las kisaeng. Este grupo estaba compuesto por mujeres instruidas en diversas artes, entre las que se encontraban la música y el baile. El grupo a su vez estaba dividido en tres clases. Las pertenecientes a la clase superior servían de acompañantes a hombres de altos puestos, limitándose simplemente a entretenerlos. Las kisaeng de la segunda clase, además de las características de las primeras, también oficiaban como prostitutas. Y finalmente, las de  tercera clase tenían prohibido las manifestaciones artísticas y se dedicaban a la prostitución. Habíamos mencionado que las kisaeng en su totalidad eran una excepción a las reglas confucianas, y esto se demostraba en la libertad que poseían para vestirse a gusto personal y para concretar salidas sin demasiadas restricciones. Aunque sí es cierto que su condición social (de clase baja) no cambiaba a pesar de estos beneficios.

Ilustración representando a las kisaeng de clase superior. Obsérvese su rol de acompañantes en la corte (imagen extraída de: www.lifeinkorea.com/travel/ncholla/chunstory.htm)

Ilustración representando a las kisaeng de clase superior. Obsérvese su rol de acompañantes en la corte (imagen extraída de:
www.lifeinkorea.com/travel/ncholla/chunstory.htm)

4 – La llegada del Cristianismo y los nuevos movimientos: renovación del espíritu femenino

a) El Cristianismo

El cristianismo se hizo presente en Corea alrededor del siglo XVIII, y trajo consigo una enseñanza en alguna manera parecida al budismo y a lo que éste decía sobre la esencia, pero mucho más profunda. Este mensaje atrajo en forma instantánea a las mujeres: todas las almas de la humanidad eran iguales ante Dios, por lo que ellas no se veían excluidas en lo absoluto. Dentro de ese concepto de igualdad ante la divinidad, también se presentaba la posibilidad de una igualdad en cuanto a la educación. La tradición chamánica se vio también reflejada con las acciones llevadas a cabo por Jesús en los relatos, por ejemplo, en cuanto a la curación de enfermos. Estos puntos en común y la necesidad de que las mujeres encontraran un apoyo para poder afianzarse en la sociedad hicieron que desde un principio se registrara una gran cantidad de conversos. Lo que el cristianismo no logró adoptar fue el culto a los ancestros, por lo que su avance se vio entonces detenido.

Sin embargo, la huella del cristianismo fue imborrable, siendo así que hoy en día es una de las religiones más profesadas en toda la península coreana.

b) El movimiento Tonghak

Hace aproximadamente un siglo, distintos movimientos del tipo religioso comenzaron a surgir debido a diversas complicaciones políticas, sociales y económicas en Corea. Quizás el más representativo sea el movimiento nacionalista Tonghak o Enseñanza del Este. Este movimiento particular se oponía a toda influencia que llegara desde Occidente, incluyéndose también el confucianismo, budismo y cristianismo, pero al mismo tiempo reclamaba la igualdad de todos los seres humanos. Aún así, con el tiempo, muchos seguidores de las religiones o filosofías mencionadas se fueron adhiriendo con ánimo a la causa que proclamaba este movimiento. Además, el mismo estaba estrechamente ligado a conceptos chamánicos, lo que posibilitó y afianzó su posición.

Al poner este movimiento énfasis en el respeto, la mujer pudo conseguir entonces la tan ansiada posición de importancia en la sociedad. Entre las peticiones al gobierno se encontraba la de conceder permiso a la viuda para que se casase nuevamente. Pero a pesar de la gran fuerza de lucha del Tonghak y el extraordinario alcance que había conseguido entre el pueblo, el gobierno no aceptó el petitorio y luego de un tiempo logró acabar con todos los líderes del movimiento.

5 – Generalidades: aspectos relacionados con la mujer en la sociedad coreana

a) La teoría del Yin y el Yang

Seguramente en esta sección sea el momento propicio para relatar una teoría que circula sobre el yin, lo negativo y femenino, y el yang, lo positivo y masculino. Estos símbolos, como ya se tiene conocimiento, se encuentran expresados en la bandera de Corea del Sur actualmente, pero provienen de conceptos milenarios. Si bien los elementos mencionados se reconocen como opuestos, se sabe que son completamente inseparables y mueven toda la materia del universo. Para lograr mantener un balance y armonía, no puede crearse la situación de que uno domine al otro. Esta teoría se sostiene que ha devenido, con el paso del tiempo, en que un elemento represente la conquista del yang sobre el yin,  reflejándose como en un espejo la situación del hombre y la mujer.

b) La vestimenta femenina

La característica general de la ropa coreana era principalmente (y continúa siendo hoy en día) el color. Los distintos colores identificaban el status social de la persona o las celebraciones. Pero veamos cómo era utilizada la vestimenta más destacable en las mujeres.

La Vida Diaria: El traje tradicional es llamado hanbok, y dentro de éste, podemos diferenciar al chogori, vestimenta más primitiva. En la antigüedad cubría las caderas y se ajustaba a la cintura. Desde mediados de la dinastía Choson, el chogori se acortó por encima de la cintura. En algún momento, llegó a estar a la altura de las axilas y presentaba una tela que cubría los senos. Finalmente, durante el siglo XX y el avance de la posición de la mujer, el chogori volvió a alargarse. Con estos datos podemos recalcar la particularidad de los hanbok de las mujeres: éstos nunca fueron ajustados evitando así que se entreviera la figura femenina con claridad. Otro elemento muy utilizado era el abanico. Éste representaba sus expresiones y sentimientos, algo que quizás ellas mismas, en el transcurso de la dinastía Yi, no podían hacer con tanta libertad. Lo escondían bajo las extensas mangas de sus trajes. Dentro de las mangas también portaban inros, unas cajas pequeñas y bien trabajadas con compartimientos en donde llevaban medicinas, perfumes o peinetas.

Las Nupcias: Las mujeres que practicaban el chamanismo utilizaban dos trenzas cuando eran solteras y una sola cuando estaban casadas. Esta costumbre tuvo continuidad en la época de auge del confucianismo. Al encontrarse tan marcadas las clases sociales, sólo durante el casamiento la mujer de clase baja podía vestir como una verdadera princesa, ya que después de todo, si había un acontecimiento por demás importante en la vida de la mujer, ese era su boda. El traje nupcial solía ser de color rojo, el cual significaba buena fortuna y riqueza. Entre sus ropas, llevaban una corbata interior que usaban como pañuelo para secarse las lágrimas. Según se cuenta, el cambio de la tradición matriarcal a un patriarcado afectó mucho a la mujer, y ese pañuelo cumplía la función de consolarlas.

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[1] PAK, Yong-ok; Una Historia de las Mujeres Coreanas; Koreana Tomo I, Año II; Seúl; 1990; Págs. 37-48

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