Asia Central, Mesopotamia y Medio Oriente son tres de los lugares más destacados cuando de presencia de población nómada se habla. Sin embargo, error grave es pensar que, haciéndole exclusivo honor a su nombre, estos grupos no tuvieron o evitaron todo contacto con poblaciones sedentarias. Muy a menudo, el nomadismo y el sedentarismo aparecen como símbolos de modos de vida totalmente opuestos y, al enfrentarlos, como generadores únicamente de conflictos. Si nos permitimos investigar un poco más, la realidad nos demuestra una interacción constante entre ambos necesaria para su propio desarrollo. Se nos presentan entonces dos conceptos para desarrollar: oposición y complementariedad. Veamos el tema un poco más de cerca.

Características y definiciones

El término ‘nomadismo’ deriva de la palabra griega nomados, que significa “vivir en las pasturas”[1] , y esta actividad se reconoce como la práctica de la cría de herbívoros en regiones donde la aridez es dominante, aún cuando se presente en diversos grados. Sucede como resultado de hacer desplazar los rebaños buscando pasturas de estación, y por esta razón, es necesario aclarar que no existe un solo tipo de nomadismo, sino varias formas intermedias entre su expresión “pura” (ausencia total de residencia) y un sedentarismo extremo.

Entre estas diversas formas, podemos encontrar:

– seminomadismo (el desplazamiento se decidía por la necesidad de pastos)

– semisedentarismo (solamente durante una parte del año)

– nomadismo vertical (en pasturas repartidas a diversas alturas)

Antes de la domesticación del caballo y el camello, el nomadismo era una actividad no especializada, y la distinción entre tribus nómadas y sedentarias era mucho menos pronunciada ya que en el interior mismo de muchas tribus convivían segmentos tanto nómadas como sedentarios. La domesticación de estos animales, que ocurrió alrededor del 1500- 1000 a.C., se volvió entonces crucial para la formación de los grupos nómadas tanto en los desiertos arenosos como en las estepas áridas del continente asiático.

Por el contrario, el término ‘sedentario’ puede significar “permanecer en un sitio” (1598)[2] o “sin el hábito de ejercicio” (1662), y cuyas poblaciones han aparecido en zonas más húmedas y aptas para el cultivo. Fueron de a poco surgiendo pequeñas ciudades-Estado como el complejo de Bactria-Margiana, que data aproximadamente del 2000 a.C. Los habitantes de estas regiones practicaban la agricultura por irrigación, y esto los habría obligado a mantener una estructura social mucho más rígida, naciendo las jerarquías para la correcta distribución del trabajo. Según el arqueólogo Marshall Sahlins, esta necesidad de organización compleja para el riego de los campos, que se observaría también y sobre todo en Mesopotamia, posibilitaría una ventaja (la organización) de la que las tribus nómadas carecen.

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Nómada turco posando con su camello (fotografía tomada entre 1905 y 1915). La domesticación del camello y el caballo fue esencial para amenizar las duras condiciones de vida en los desiertos y estepas.

Relaciones complejas: Entre complementariedad y oposición

Los nómadas suelen viajar en grupos de 100 a 200 personas promedio. Se hallan en constante excedente demográfico en relación a las posibilidades que ofrece su difícil medio. Esto produce una especie de movimiento centrífugo que como resultado expulsa a los “sobrantes” hacia las zonas cultivadas. Por otro lado, en los períodos de crisis políticas y económicas (como por ejemplo, la escasez de productos), se puede observar el fenómeno de conversión masiva de poblaciones sedentarias al nomadismo como la alternativa para subsistir. Los nuevos nómadas suelen conservar vínculos con sus grupos de origen.

Mediante estos dos ejemplos se presenta el papel de los “intermediarios”, aquellos que pertenecían a alguno de los dos grupos, pero que por causas que han sabido sobrepasarlos debieron optar por su “opuesto”. Sin haber abandonado sus orígenes, participan como conectores entre ambos grupos, aumentando la comunicación e interacción.

Los nómadas han aprovechado además los períodos vacíos de su actividad pastoril (lo que sucedía por ejemplo en el invierno) para alquilar temporalmente su fuerza de trabajo a los agricultores.

Al mismo tiempo, siendo el pastoralismo nómada un gran consumidor de espacio, logra desbordarse sobre el dominio de los trabajadores sedentarios. De esta manera, los campos cultivados proveen a los nómadas, quienes lejos de tomar únicamente prestación de este servicio perjudicando a los campesinos, permiten que sus animales dejen abono natural sobre los terrenos, lo cual es muy agradecido y aprovechado para los diferentes cultivos.

Se han dado también situaciones en las que la productividad misma de la ganadería nómada amenazaba el precario equilibrio que se mantenía en las diversas zonas. Esta situación impone a los pastores nómadas la venta regular a los pueblos sedentarios de una parte importante de los rebaños, con el fin de evitar una sobrecarga de los pastizales. Jean Pierre Digard comenta: “Actualmente, la mayoría de los nómadas venden cada año, en pie para la carnicería, por lo menos todos los animales machos que no son indispensables para la reproducción”.[3] Esto es prácticamente lo único que exportan y que constituye la forma principal de ingresos en moneda. Siendo el ganado el centro de la vida económica de los nómadas, es necesario que puedan procurarse de los demás elementos necesarios para sobrevivir. Es así como los pueblos sedentarios les proveen en un activo intercambio alimentos de sus cultivos para complementar la dieta, algunas prendas de vestir y utensilios metálicos. De todas maneras, el nómada evitaba sobrecargarse en demasía ya que resultaba contraproducente para su constante movimiento como resultado de su actividad pastoril.

Se conoce también que los nómadas eran asiduos cobradores de impuestos a las caravanas que pasaban por sus territorios, aunque en épocas difíciles el asalto a las mismas era una actividad que se superponía por la necesidad. Sin embargo, algunas fuentes sumerias también nos cuentan que estos grupos pastoriles podían prestarse como guías de las caravanas, ofreciendo protección en diversos territorios.

A su vez, fuentes asirias manifiestan que, en la época del susodicho Imperio, había una clara distinción entre los llamados “nómadas exteriores” y “nómadas integrados”, que coexistían en un mismo lugar geográfico. Mientras las tribus arameas y caldeas de Babilonia eran consideradas como “integradas” (con características menos precisas y sin representar una amenaza), grupos nómadas como los cimerios o los medos eran vistos como “exteriores” por representar un mundo de azar, violencia y dispersión. Los asirios mantuvieron entonces una política de sedentarización para romper este espíritu de independencia que gobernaba entre sus enemigos nómadas. Imponían entonces el dullu[4], y se les proveía de medios de subsistencia para ir amenizando su condición nómada. Los asirios también se refirieron a los árabes describiéndolos como “habitantes del desierto donde no hay (siquiera) animales salvajes, donde los pájaros de los cielos no construyen sus nidos”. Estos nómadas del desierto escapaban a menudo de las redes de la administración asiria, y era difícil someterlos.

El nómada árabe, conocido como ‘beduino’ (“morador del desierto”), se encontraba fuertemente unido a clanes, donde la pertenencia se establecía a través de la sangre y por vía exclusivamente paterna. El conjunto de esos clanes, a su vez, conformaba las tribus. Según algunas fuentes, hay dos clases bien diferenciadas entre los beduinos: los verdaderos, pastores nómadas que participan de las caravanas que cruzan los desiertos, y los fellahin, quienes se asentaron al borde del desierto y practicaron la agricultura, formando parte de un proceso de sedentarización.

La mismísima Epopeya de Gilgamesh se ha preocupado por retratar las relaciones entre el nómada y el sedentario, en donde la abertura de ambas comunidades permite una cierta integración. Cuando Gilgamesh se enfrenta y vence al nómada Enkidu, el héroe no destruye a su adversario; de hecho, una vez que Enkidu ha asimilado la cultura de la ciudad, nace una profunda amistad entre ellos que no se quebrará ante ninguna de las terribles dificultades que se les presentarían luego.

En la antigua China, los grandes emperadores se aliaban en sus fronteras con diversas tribus nómadas, para conformar alianzas que pudiesen derrotar a otros grupos, también nómadas, pero de mucha mayor fuerza, como los Hsiung-Nu o los mongoles.

Los Sioux y otros indios de las planicies de Norteamérica llevaban un estilo de vida que podría identificarse como nómada, con sus características particulares. Aunque esta comunidad nos aleja bastante de las estepas del Asia Central o de los calurosos desiertos del Oriente Medio, es un ejemplo interesante para analizar aquella fascinación, o aquel deseo de poseer los sorprendentes objetos manufacturados por las poblaciones sedentarias, que dicho sea de paso muchos insisten también en identificar como “mayormente avanzadas”. Estas poblaciones indígenas estaban ávidas por conseguir bienes europeos, en su mayoría armas, lo que les significaba aumentar su fuerza de ataque abandonando sus instrumentos de defensa convencionales.

Si bien un viejo anal chino, refiriéndose a los nómadas, dice: “Su país es el lomo de un caballo”, estos grupos de alguna manera consideraban como un lugar de origen a aquellos sitios con grandes fuentes de agua y pasturas en abundancia. Quizás expresaban así una necesidad de fijeza, al menos momentánea, que sí poseía por naturaleza el sedentario.

Asimismo, el mundo también habría tímidamente conocido (además de los grupos de nómadas y sedentarios, y sus variaciones no definidas) a un tercer grupo específico: los habiru. Vivían en el noreste de la Mesopotamia, y se encontraban en una situación marginal: estaban desarraigados étnica, social y políticamente tanto de los nómadas como de los sedentarios de las urbes. No se les conocen autoridades ni alguna organización tribal o de clan. Pero lo interesante es que no se era habiru de nacimiento, sino que se llegaba a serlo en cierto momento de la vida y como resultado de una determinada actitud. Por ejemplo, un individuo caía en deuda ante otra persona y debía pagar con servidumbre, pero no queriendo hacerlo huía de la región. Como refugiado, pasaba a estar entonces en situación de habiru.

Los habiru habrían surgido por la presión de la vida urbana. Conservaban entonces las costumbres de la propia cotidianeidad sedentaria, que hacían florecer en ellos un vivo deseo de volver a la misma. Por esta razón, caían en la tentación de reincorporarse al orden social, pero en otro lugar completamente diferente. Al concretar esto, ponían fin a su trayectoria normal de vida de habiru, lo que evidenciaba que no deseaban que su situación se tornase definitiva. Eran “nómadas ocasionales”: habían huido de una sociedad, pero no de La Sociedad como tal.

Ilustración de un nómada turco en batalla (imagen extraída de http://www.boraonline.com).

Ilustración de un nómada turco en batalla (imagen extraída de http://www.boraonline.com).

Desde ya, y habiendo mencionado aquellos aspectos que los interconectan solidariamente, nómadas y sedentarios también se caracterizan por la defensa de su propia identidad. De los intercambios de bienes y servicios puede llegar a desarrollarse una situación de rivalidad, que al mismo tiempo podría conducir a la guerra y la conquista. En estos enfrentamientos el nómada suele ser considerado como “superior”, aunque esta superioridad sea solamente aparente, siendo consagrada por el dinamismo de sus estructuras sociales y por su agresividad. Esta superioridad se dice aparente porque no ha llegado a causar la destrucción de las sociedades sedentarias, sucediendo, por el contrario, una sedentarización de los nómadas.

Al mismo tiempo, un estudio de Michael B. Rowton[5] presenta a los nómadas como una unidad paramilitar, surgida gracias a su adaptación y supervivencia en el árido ambiente que tienen por hogar. La migración estacional anual implica a las tribus nómadas más numerosas que cuentan con mayor capacidad militar y fuerza política. Han sabido diferenciarse y sobresalir del resto, consiguiendo una presencia importante. Si los pueblos sedentarios les negasen las pasturas veraniegas, significaría una invitación a la guerra.

Desde un cierto punto de vista, algunos consideran que el nomadismo actuaba como elemento aislante. En tanto que las culturas que se encontraban más hacia el sur, este y oeste (China, India, Persia) progresaban en muchos aspectos, los nómadas se mantenían encerrados en sus propias costumbres de las que se manifestaban continuamente orgullosos. Sin embargo, los grupos nómadas también tenían ventajas sobre los sedentarios. La gran resistencia física (determinante en momentos de guerra) y su increíble capacidad de adaptación a diferentes climas y circunstancias, solía ponerlos un paso delante de los agricultores, quienes acostumbrados a un cierto modo de vida no cambiante sucumbían en muchas ocasiones a este poder. Al mismo tiempo, eran los mejores jinetes de la época, con una increíble habilidad para desplazarse sobre los caballos manejando al mismo tiempo los arcos. Así, les resultó muy difícil a los ejércitos organizados poder controlar a estos hombres que, según se comentaba, “eran uno con el caballo”.

Pero aunque los grupos nómadas contaban con excelentes estrategas y líderes militares, carecían de un sentido de administración apropiado (derivado de una organización interna de cierto nivel) para mantenerse en el poder una vez conquistada una región determinada. Esto podemos observarlo durante la dinastía Yuan en China, primera dinastía extranjera (mongol) en aquel Imperio, que gobernó desde 1271 hasta 1368. Luego de hostigar las defensas del ejército chino durante años, finalmente lograron acceder al poder. Sin embargo, su escaso conocimiento sobre las cuestiones burocráticas obligaron a contratar especialistas extranjeros para ayudar en la corte, o simplemente a confiar en los administradores locales. Esto debilitó significativamente el poderío conseguido, y marcó el inicio de un proceso de asimilación que finalmente catapultó, mezclado con otros factores que se fueron sucediendo, su rápida caída. En ese sentido, las sociedades sedentarias han demostrado ser mucho más complejas y organizadas, posibilitando la perpetuidad de su modo de vida y, como se ha mencionado anteriormente, impidiendo que el poderío nómada simplemente los elimine mediante la fuerza. Además, no hay que olvidar la gran cantidad de caballos que poseían los ejércitos mongoles, que una vez ingresados en los terrenos del Imperio (hogar de los agricultores) carecían del pasto de las estepas que tanto necesitaban, y esto también logró debilitarlos.

Con respecto a esto último, hay sin embargo algo para adherir. Según la exposición del antropólogo Marshall Sahlins en su obra Tribesmen, los pueblos avanzan gracias a una organización que podría describirse como “formal”, con leyes específicas y explícitas. Esto podría decirse que apela a una necesidad del hombre de contemplar todo tipo de organización como una estructura visiblemente compleja. Habiendo mencionado hace unas pocas líneas a los indios Sioux, es importante saber que, según lo explicado por el mismo autor: “la vida en las planicies era ambulante, pero la movilidad era dictada más por la caza de libres manadas de bisones que por las manadas de caballos domesticados en pastoreo. El búfalo seguía un ciclo natural de concentración y dispersión[6] (…) Los Indios respondían con un ciclo social paralelo, juntándose para ceremonias tribales y cazas en comunidad entrado el verano, y se partían en bandos más pequeños para la caza ordinaria”.[7]

Tomando esto en cuenta, no es difícil pensar que ese ciclo que repetían anualmente, en concordancia con el animal símbolo de su vida económica, fuese un tipo de organización latente en toda la comunidad, de lo cual resultan la caza para un bien común y una serie de pasos o fases que todo el grupo social respeta para lograr que esa actividad sea efectiva. Deberíamos preguntarnos entonces si esto no podría aplicarse en cierta forma a nuestros nómadas en Asia, que aunque carecieran de organización explícita (especialmente política), poseían una organización implícita en cada repetición del ciclo de pastoreo, que funcionaba con éxito ante las necesidades del grupo.

En épocas más recientes, la sedentarización de grupos nómadas en diversas zonas ha generado problemas de falta de vivienda y de puestos de trabajo, como es el caso de la población sahariana, que por la década del ‘70 se vio transitando una época de relativo progreso en sus núcleos urbanos que tentó a las comunidades nómadas.

Bibliografía

• SILVA CASTILLO, Jorge (comp.); Nómadas y pueblos sedentarios; El Colegio de México; México D.F.; 1982

• SAHLINS, Marshall D.; Tribesmen; Prentice-Hall Inc.; s.l. (Estados Unidos); 1968

• HARMATTA, János; History of Civilizations of Central Asia (Vol. II); UNESCO Publishing; Paris; 1994

• SALZMAN, Philip C.; Proceedings of the American Philosophical Society, Political Organization among Nomadic Peoples (Vol. 111, No. 2); American Philosophical Society; s.l. (Estados Unidos); 1967

• GARAUDY, Roger; Palestina: Tierra de los mensajes divinos; en http://www.islamyal-andalus.org/publicaciones/palestina/palestina1.htm (entrada el 23/12/06)
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[1] SALZMAN, Philip C.; Proceedings of the American Philosophical Society, Political Organization among Nomadic Peoples (Vol. 111, No. 2); American Philosophical Society; s.l. (Estados Unidos); 1967; Pág. 115

[2] Año de incursión del significado citado.

[3] DIGARD, Jean Pierre; A propósito de los aspectos económicos de la simbiosis nómada-sedentarios en la antigua. Mesopotamia: el punto de vista de un antropólogo sobre el Medio Oriente contemporáneo; en SILVA CASTILLO, Jorge (comp.); Nómadas y pueblos sedentarios; El Colegio de México; México D.F.; 1982; Cap. I; Pág. 15

[4] Trabajo, servicio al rey. Este dullu es una de las obligaciones que fomentaba el reconocimiento de las convenciones juradas que Asiria imponía principalmente a poblaciones de dudosa fidelidad al Imperio. Cf. Ídem; pág. 71

[5] ROWTON, Michael B.; Factores económicos y políticos en el nomadismo antiguo; en Ídem.; Cap.II; Pág. 21

[6] Entrado el mes de verano, se agrupaban para el apareamiento y transitaban las planicies. Se fraccionaban en invierno y primavera, repitiendo el ciclo anualmente.

[7] SAHLINS, Marshall D.; Tribesmen; Prentice-Hall Inc.; s.l. (Estados Unidos); 1968; Pág. 41 (Traducción del inglés por la autora de este artículo).

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