En agosto de 2006 tuve la oportunidad de viajar a Corea del Sur durante 10 días gracias a una beca obtenida por la Embajada de ese país en Argentina. En el presente artículo he tratado de dar a conocer algunas de las impresiones y sensaciones que he tenido en este increíble viaje. Sabrá el lector disculpar la redacción de esta bitácora, la cual traté de modificar lo más posible de la original para su mejor comprensión. Si bien es, líneas más, líneas menos, un “pantallazo” general de lo vivido en aquellas tierras, espero resulte, al menos por el momento, suficiente como para dar a conocer a todos lo que Corea ha sabido ofrecernos. Esta es mi manera de agradecer a todas las personas que hicieron de este viaje una experiencia inolvidable y única.

Día 1 – “¡Annyong hase yo!” [1]

La República de Corea nos recibió el domingo 6 de agosto de 2006 con una cálida bienvenida. Tan cálida diríamos, que ambas becarias sentimos fuertemente el abrupto cambio de estación respecto de nuestra ya lejana Argentina. No hubo tiempo de observar demasiado, y el cansancio de día y medio de viaje comenzó a sentirse. Eran alrededor de las 11 de la noche cuando nos recibió en el aeropuerto de Incheon uno de nuestros coordinadores, Andrei, un alto muchacho de origen ruso quien se encontraba haciendo un postgrado en Corea, mientras colaboraba con el desarrollo de este viaje y los becarios. A pesar del agotamiento que nos pesaba, la emoción era mucho más fuerte y nos mantuvo en vigilia hasta llegar a destino esa noche. Tomamos el bus que nos transportaría hasta el instituto donde descansaríamos, mientras con ansiedad mirábamos a través de las ventanas en busca de las novedades de este país al que habíamos arribado. Pero lo cierto era que la oscuridad impedía cualquier distinción clara de objetos o paisajes.

De repente nos sentimos invadidas por una luz de intensos y variados colores: habíamos llegado a zonas céntricas, y los centelleos de neón nos saludaban incesantemente. Nuestros ojos se abrieron superando el sueño, y se permitieron bailar al compás de estas luces hipnotizantes. Eran casi las 12 de la noche, y sin embargo, la ciudad estaba viva. Esa fue la primera sensación en Corea.

Si bien Argentina es conocida mundialmente por su variada oferta de actividades nocturnas, aquella sensación en Corea me dio a entender que había una diferencia. Quizás más movimiento en las calles, de hecho se observaban varios lugares abiertos aún. En Argentina, por lo menos en la zona céntrica, eso no es tan común los domingos por la medianoche.

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Una de las primeras imágenes de la noche de Seúl tomadas al llegar. Las luces de neón se repartieron en todo nuestro recorrido.

Llegamos finalmente a la sede del NIIED[2]. Al entrar a la habitación asignada, el sueño nuevamente hizo su aparición, pero esta vez le hicimos caso.

No pasaron muchas horas antes de que tuviésemos que despertarnos para comenzar el día. Mientras el calor seguía incesante, nos levantamos y preparamos para la Ceremonia de Bienvenida. Antes de asistir a la misma, tuvimos la oportunidad de encontrarnos con algunos de nuestros compañeros de grupo, por lo que la interacción comenzó inmediatamente en nuestro desayuno juntos en el NIIED. India, China, Rusia, Brasil, Argentina y Chile resultaron ser los países que enviaron becarios para esta experiencia. Luego salimos a recorrer las cuadras aledañas reconociendo el que sería nuestro barrio los siguientes 10 días. La cámara comenzó a registrar todas aquellas cosas que muchos de nosotros habíamos observado hasta entonces en revistas y libros. Luego de haber notado las luces de neón por la noche, el sol invitaba a reconocer un encanto más de la zona: los espacios verdes. Pero notaríamos que era algo común a toda la ciudad, especialmente en la zona de los palacios antiguos.

En la Ceremonia de Bienvenida realizada un poco más tarde, conocimos al Presidente del NIIED y al resto del equipo de coordinadores: Sharon, nuestra guía durante el viaje, y el Sr. Kim (o Mr. Kim, como lo llamaríamos siempre), quien a pesar de no poder comunicarse en inglés nos demostraba a cada momento del viaje su excelente predisposición y contento por vernos disfrutar de tal experiencia.

El día fue llegando a su fin luego de la exposición sobre Economía y Cultura coreanas. Si bien estaba programada la visita a Seoul Tower[3], muy amablemente se decidió pasarla para el día siguiente cuando los coordinadores notaron que necesitábamos un tiempo más de descanso para recuperar fuerzas suficientes.

A partir de esa noche nos quedamos en el Hotel Biwon, que según teníamos entendido era de 3 estrellas. De ninguna manera podría haber imaginado algo tan confortable y completo, no sé si ha de existir uno así de la misma categoría en Argentina, no entre los que he podido ver al menos, habiendo trabajado en el ámbito turístico en varias ocasiones.

Se decidió que nuestros compañeros de cuarto fueran chicos de distintas nacionalidades, para poder lograr un intercambio de cultura, experiencia y conocimiento mucho más fluido. Fue así como compartí varios días con una de las muchachas del grupo de China, con quien hablamos sin parar de nuestros respectivos países y sus costumbres.

Día 2 – Etiqueta

El despertar de un nuevo día en Corea nos sorprendió con el desayuno típico. “Kimchi” y “pab”[4] son algunas de las palabras derivadas de esta experiencia con la comida coreana que estaba recién comenzando. Admito que fue un tanto difícil acostumbrarse, sobre todo en el desayuno. Pero de todas formas muchos nos jactamos de una mejoría en el uso de los palillos para comer[5]. Y también es cierto, o por lo menos así se ha sentido en mi persona, que a pesar del cansancio de todos los días, la sopa caliente en las mañanas renovaba las energías perdidas y servía de soporte para el resto del ajetreado día.

Nuestra primera actividad luego del desayuno se relacionó con las costumbres de etiqueta coreana. Concurrimos a un espacio en plena ciudad reservado exclusivamente para la conservación y muestra de la milenaria cultura coreana. Nos vistieron con los trajes típicos (hanbok), enseñándonos las formalidades ante un posible invitado, así como también la delicada ceremonia del té.

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Todos los becarios, vestidos con hanbok (traje tradicional coreano), participamos de la tradicional ceremonia del té y aprendimos usos y costumbres.

 

La siguiente visita se concretó en el mercado de electrónicos. Este rubro en Corea se encuentra un tanto más barato que en países de Latinoamérica, lo que facilitó la adquisición de algunos objetos para muchos integrantes del grupo. Fue bastante sorprendente estar en lo que se podría describir como un “shopping de electrónica y electrodomésticos”, ya que tampoco he visto algo de ese estilo en Buenos Aires. Sharon nos explicó que las mujeres a punto de casarse concurrían a aquel lugar para elegir aquello que formaría parte de su nuevo hogar.

Seoul Tower fue nuestro siguiente punto a recorrer. Los flashes trataron de captar todos los ángulos de la ciudad que permitía la Torre. De todas maneras, la vista era espléndida desde cualquier lugar. Sucedió que al momento de realizar esta visita, había un grupo de niños de primaria que también estaban conociendo la Torre. Uno de nuestros compañeros de la India manejaba muy bien el idioma coreano, y dejó al resto del grupo conocer también su cariño por los infantes. Sin dudarlo, se acercó a ellos y muy hábilmente comenzó a interactuar. Gracias a este primer paso que él dio, el resto de nosotros comenzó a acercarse tímidamente hacia los chicos, y pronto fuimos el centro de atención, logrando un intercambio de cultura con los más pequeños y sus maestros. Durante el paseo probamos también el famoso helado de té verde, el cual sació la sed provocada por el incesante calor.

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La Torre de Seúl, y un ángulo apreciado desde la misma donde se puede observar el río Hangang, que atraviesa la ciudad.

Se nos condujo entonces a una zona de calles peatonales para poder disfrutar de un tiempo libre recorriendo. Si bien estoy familiarizada con la cultura pop japonesa y coreana, fue grande mi sorpresa al observar a todas las adolescentes coreanas vestidas a última moda, arregladas y sin lugar a dudas (incluso sin semejante producción encima) realmente muy bonitas. Asimismo, los muchachos coreanos no se quedaban atrás en este sentido, haciéndose dueños de particulares estilos modernos. Los negocios de ropa y zapatos se repetían por doquier, cada uno ofreciendo diferentes y exóticas prendas para una variedad interminable de gustos.

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Algunas prendas ofrecidas en los locales de la peatonal. Nótese la reminiscencia del hanbok (pequeño recuadro a la derecha) especialmente en el segundo modelo.

Más tarde fuimos llevados al río Hangang. En la ribera tomamos un bote y nos quedamos anonadados con las luces despedidas desde la ciudad. Fue un momento de tranquilidad y descanso de las intensas caminatas del día.

Día 3 –Tecnología

La Universidad de Kyung-Hee nos abrió sus puertas cálidamente para conocer sus increíbles instalaciones. El enorme campus de la Universidad, impregnado de verde, nos indicaba los caminos hacia los distintos edificios, como el de la Biblioteca y el Auditorio. Quedamos realmente sorprendidos ante esta visión de hectáreas y hectáreas que parecían no terminar. La bienvenida fue muy agradable: un grupo de estudiantes de la Universidad había ido a recibirnos, y, sólo por esa ocasión especial, se abrió el inmenso auditorio del campus donde se proyectó un video explicativo de la historia de la Universidad y sus objetivos para con el alumnado.

Luego, la interacción con los estudiantes comenzó sin vacilar. Divididos en grupos, becarios y alumnos de Kyung-Hee conversaron sin pausa, solicitando información de los representantes de otros países y sus Universidades. Amistades en Corea se forjaron tras este encuentro, ya que el intercambio de e-mails fue paso obligado para continuar con la comunicación luego de la despedida. Uno de los alumnos allí presentes había estado en Argentina hacía un tiempo, y mencionó el gran placer que sentía al escuchar tango, además de que se encontraba aprendiendo castellano. Yo le comenté que me gustaba mucho la música tradicional coreana, como por ejemplo el “samulnori[6], y que también quería aprender a hablar bien la lengua coreana. Así fue que prometimos estar en contacto para afianzar lazos entre nuestros países, y también para avanzar en el aprendizaje del idioma.

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Imagen aérea del inmenso campus de la Universidad Kyung-Hee. A la izquierda, el edificio principal; al fondo el auditorio Grand Peace Palace; a la derecha, la Biblioteca.

Más tarde visitamos una importante cadena de librerías subterránea, de donde prácticamente todos se llevaron algo. No puedo evitar mencionar la alegría que se sintió al conseguir libros tan inalcanzables en Argentina.

Continuando con el itinerario del día, presenciamos una muestra de la tecnología en la “Casa del Futuro”, donde con sólo mencionar una palabra se activan diversas funciones en la misma que liberan de quehaceres al despreocupado habitante. En el ámbito tecnológico la República de Corea nos ha dejado especialmente boquiabiertos. ¡Cuánto avance y cuánta inversión se produce en ese campo! Y lo que allí vimos planea implementarse en todo Corea del Sur (según se nos ha comentado) hacia el año 2010.

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La Embajada de Estados Unidos, cercada por la vigilancia. La presencia de aquel país es notoria en varios aspectos de la vida coreana.

La siguiente parada fue el World Cup Stadium. Si muchos éramos fanáticos de los “Red Devils” (el público que sigue a todas partes a la Selección de Fútbol de Corea del Sur), nuestro fanatismo y admiración quedó confirmado luego de esta visita. Impactó en especial el museo recientemente creado en el estadio, remarcando la importancia que tuvo para los coreanos alcanzar en el 2002 el cuarto puesto de la Copa del Mundo. Allí apareció un aspecto que fue en particular desarrollándose a lo largo del viaje: el gran sentimiento de identidad coreana en cada cosa que uno observaba o en el aire mismo que se respiraba. No era sólo algo relativo a la pasión del fútbol. Era algo mucho más abarcativo, nacional, un orgullo por ser lo que uno es. Ver y sentir eso me producía una extraña sensación de euforia, pero a la vez me recordaba que a la Argentina, en este asunto, le queda aún camino por recorrer. Y además, que nosotros debemos tomar los mejores ejemplos que observemos en el mundo para lograr avanzar. Creo que Corea es uno de ellos.

Finalmente, el día terminó en el Dongdaemun Market, lugar donde gastamos una buena parte de nuestro dinero. En el quinto piso de este enorme centro comercial se encontraban las diversas tiendas de souvenirs que ya habíamos estado buscando. Remeras, llaveros, cuadros, lapiceras… muchos de estos objetos terminaron en manos ansiosas de llevar los susodichos recuerdos a las familias que esperaban en países lejanos.

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La presencia del Cristianismo en Corea se observa con facilidad.

Día 4 –Tradición

La visita a Samsung Electronics impresionó a varios. Nuevamente se dieron muestras de la tecnología obtenida día a día. En el museo Samsung llegué a reconocer un viejo televisor que había estado en mi hogar durante 12 años, y que cambiamos recientemente por una rotura. Cuando estas imágenes se cruzaron por mi cabeza visitando el museo, esbocé inevitablemente una sonrisa. Lamentablemente, tanto en este como en otros lugares no se nos permitió sacar fotos, por lo que conservamos nuestro recuerdo únicamente. Al terminar el recorrido se nos entregó como souvenir una bonita imagen grupal de los becarios y coordinadores en el hall de entrada.

Al continuar con el itinerario del día, ingresamos en Folk Village, una villa donde se conservan las tradiciones coreanas en arte, danzas, música y vida cotidiana. Fue una de las visitas más bonitas, ya que grupos como el de “Udo Non-gak”[7] maravillaron con sus bailes y destreza, sumando así más entretenimiento para que fuese un día realmente hermoso a pesar del calor intenso. Produjo una linda sensación observar tradiciones vivas en un lugar determinado y con el aval del Gobierno de la República de Corea, para que las mismas no se pierdan y continúen sorprendiendo a coreanos y extranjeros.

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El grupo de non-gak realizando su presentación

Desde allí nos dirigimos a la cadena de televisión KBS[8]. Conocimos las instalaciones y nos sacamos fotos en los estudios de grabación de diversos programas. Algo que nos llamó poderosamente la atención es una especie de capilla anexada al edificio de KBS, donde eligen contraer matrimonio varios empleados que allí trabajan. Nuestro guía en la zona, una persona muy simpática, manifestó ante nosotros su deseo de casarse allí alguna vez.

Nuestra última visita del día fue a uno de los lugares más esperados por varios en el grupo: el Museo Nacional de Corea. Lamentablemente, debido a ciertos retrasos en el programa, llegamos media hora antes de que el museo cerrara. Sharon nos condujo eficazmente a través de las muestras más significativas del lugar, explicándonos el origen y diversos detalles de mucho interés. Si bien vimos aquello considerado lo más relevante, hubiéramos deseado tener algo más de tiempo para recorrer un lugar tan importante.

Día 5 – La Familia Kim

La visita en este quinto día de nuestra estadía en Corea estaba cargada de emoción, ya que hacia la noche sería el momento de pasar un tiempo con una familia coreana y sentir cómo es la vida cotidiana desde adentro.

Comenzamos nuestro viaje hacia Ilsan. Allí visitamos KINTEX[9], un centro de exposiciones recientemente inaugurado y realmente enorme en proporciones. Mayor fue la sorpresa cuando el personal del lugar nos comentó que lo inaugurado era sólo la cuarta parte del gran proyecto KINTEX, que al finalizarse en unos años, sería muchísimo más grande. En el momento de nuestra visita había una exposición de China y su cultura, a la que afortunadamente pudimos acceder. No sólo contaba con bonitas muestras de arte y expositores vendiendo sus artesanías. Resultó que se encontraba en la exposición un descendiente del gran pensador chino Confucio. Cada uno de nosotros se hizo a la espera de una foto con aquel hombre que tanto representaba debido a nuestros estudios sobre Asia.

Partimos, luego de KINTEX, en dirección a la ciudad de Goyang, donde nuestras familias adoptivas por una noche nos esperaban impacientemente. Llegamos muy cansados pero a la expectativa de conocer a quienes nos cobijarían esa noche. Ambas chicas de Argentina fuimos elegidas para estar con la Familia Kim, un matrimonio muy amable con una hija adolescente. Desde el momento de la presentación, hablamos casi sin parar. Kim Jamin, la hija del matrimonio, hablaba perfecto inglés ya que cursaba el colegio secundario en Canadá. Sohn Yeon Wha, su madre, también hablaba y comprendía bastante bien el idioma, y el padre, Kim Jung Ki, si bien no hablaba nos entendía. Esta situación facilitó nuestra comunicación. Jamin nos ofreció un pequeño show de samulnori ya que estaba aprendiendo a tocar desde hacía un tiempo. Nos pareció un gesto muy lindo, al cual respondimos cantando el Himno Nacional Argentino. El intercambio de ideas y cultura fue muy fluido y constante. Tanto hablamos, que perdimos noción del tiempo y salimos a pasear por la ciudad bastante tarde. El shopping a cielo abierto “ La Festa” (centro de diversión de los jóvenes de la zona) estaba casi cerrando. Jamin nos dirigió a una tienda muy popular entre los adolescentes coreanos, donde amigos se agrupan para sacarse pequeñas fotos que luego decoran a gusto, y que salen impresas al instante para guardar como recuerdo. En el centro de la ciudad de Buenos Aires solía haber de estas máquinas, pero poco a poco fueron desapareciendo ya que ese tipo de moda nunca llegó a instalarse en Argentina, salvo, tengo entendido, en el Barrio Coreano del Bajo Flores. Obtuvimos entonces nuestras diminutas y simpáticas fotos de recuerdo de ese día con Jamin.

Al seguir caminando llegamos a un supermercado de la cadena Carrefour, por el cual paseamos ya que era lo único que quedaba abierto dada la hora. Es lo primero que me hizo recordar plenamente mi país, ya que una sucursal de Carrefour es algo que se encuentra con eficacia cuando uno transita las calles de Buenos Aires.

A pesar del poco tiempo que compartimos juntos, adoramos nuestra estadía junto a la Familia Kim. Nos trataron muy cordialmente, hablaron con nosotras en forma muy abierta sobre distintos temas que se sucedieron, desde la Guerra con Corea del Norte hasta los problemas económicos de la Argentina. Y encontramos en esa charla compleja similitudes y diferencias entre ambos países que definitivamente enriquecerán nuestro estudio sobre Corea.

Uno de los regalos que entregamos a la familia fue dulce de leche. Fue interesante observar que tal como el kimchi nos resulta en verdad muy picante a los occidentales, el dulce de leche es demasiado dulce para ellos. Quedaron entonces en evidencia las diferencias en cuanto a cultura alimenticia.

Día 6 – Panmunjeom

Luego de nuestra inolvidable experiencia, el día nos despertó temprano para la que sería una de las visitas más esperadas de todo el viaje: conocer las instalaciones dePanmunjeom[10], el área de seguridad conjunta[11] de la zona desmilitarizada, en el límite entre Corea del Sur y Corea del Norte (paralelo 38).

Nos despedimos de nuestras familias, prometiendo mantener el contacto y con la voluntad y alegría de recibirlos si alguna vez deseaban ir a conocer nuestros países. Una vez en el bus rumbo a Panmunjeom, relatamos para todo el resto de los compañeros las experiencias en las casas de familia que se nos habían asignado. Fue lindo escuchar que cada uno había tenido vivencias diferentes aún dentro del mismo marco de estadía con una familia coreana. Sin dudas, fue mucho más enriquecedor.

De a poco, se podía ir notando en el paisaje una mayor presencia militar. Desde alambrados hasta casillas de vigilancia, el ambiente iba mutando a medida que el bus avanzaba hacia nuestro destino.

Pasaportes en mano, ingresamos a la zona de control. Grande fue nuestra sorpresa al enterarnos de que allí vivía gente que había rehusado un ofrecimiento del Gobierno de establecerse en otro lado, cuando se estaba moldeando la zona para la instalación de Panmunjeom. Se nos comentó específicamente sobre la existencia de dos importantes villas, enfrentadas la una a la otra, a un lado y otro del borde norte-sur. Es decir, esa gente que allí se encontraba debía prestarse a la identificación, tal como lo habíamos hecho nosotros, cada vez que salía de su residencia hacia algún lugar fuera de la zona de control, y lo mismo al regreso. Debía ser realmente duro.

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Al fondo, el edificio central de Panmungak. Las casillas azules están declaradas como “zona neutral”, allí se realizan las reuniones norte-sur. En el exacto punto medio de esas casillas corre el límite entre ambas Coreas.

El tour estuvo plagado de tensión. El control militar era estricto (muy pocas fotos podían tomarse, y sólo desde los sitios permitidos expresamente por las autoridades), algo que también aportaba al aire de “misterio” que se asentaba en toda la zona. Se nos advirtió también que no realizáramos ningún tipo de señal hacia el lado norte (como ser por ejemplo, un saludo), ya que podría ser filmado y utilizado como propaganda para el gobierno norcoreano. Muy pocos pudimos realmente creer de que estuviéramos allí, observando Panmungak y otros sitios de Corea del Norte desde tan corta distancia, lugares clave de tantos movimientos contemporáneos. No me equivocaría al decir que fue sin dudas una de las visitas que más me impactó. Fue inevitable a la vez pensar en todas las familias separadas por ese mismísimo límite donde uno se encontraba, y tratar de deducir cuándo y cómo el conflicto daría paso a la tan ansiada Reunificación.

Luego de esta actividad, y antes de arribar nuevamente al Hotel Biwon, dimos un paseo por la popular peatonal de Insadong, deleitándonos con más souvenirs y observando cómo era intensamente aprovechada la noche del sábado por miles de jóvenes.

Día 7 – El Palacio de Changdeokgung

La visita al mercado Namdaemun fue corta pero provechosa. Muchos nos quedamos con ganas de volver, ya que había muy interesantes artículos como té de Ginseng o chocolate de kimchi a precios más que accesibles. En este popular mercado, donde gente de menores recursos suele congregarse para conseguir diversos artículos, se dio también nuestra primera interacción con gente que no pertenecía al ámbito urbano. Varias vendedoras se ubicaban a lo largo de estas calles ofreciendo variedades de plantas, entre otras cosas. Sucedió que, sacando una foto panorámica del mercado en sí, despertamos sin intención el disgusto de una de estas comerciantes. Esta pequeña experiencia sin embargo, nos ayudó a conocer otro aspecto más de Corea que no se lee en libros, y que enriqueció nuestro estudio en cuanto a la composición de su sociedad.

Más tarde, al cambiar dinero en un banco cercano, el personal del mismo se enteró de que veníamos de Argentina y muy amablemente nos obsequió pañuelos de la Selección Nacional de Fútbol de Corea. Es increíble cómo, sin duda alguna, el fútbol argentino llega hasta los más insospechados lugares del planeta y nos adjudica un reconocimiento, aún cuando nosotras, becarias argentinas, no sabíamos siquiera patear una pelota.

El recorrido continuó por la Blue House o Casa Azul, edificio gubernamental equivalente a nuestra Casa Rosada. También en sus alrededores existía la prohibición de sacar fotos, salvo desde los lugares permitidos.

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La Blue House, custodiada constantemente.

Nos dirigimos luego al Palacio Gyungbokkung[12], seguido del Palacio Changdokkung[13]. Finalmente después de tantos días de haber pasado por sus frentes a la vuelta de otras actividades, ingresamos en dos importantes símbolos de la historia antigua de Corea. Era la primera vez que posaba junto a estas construcciones de estilo tan particular, habiéndolas visto únicamente en libros de estudio y revistas diversas. ¡Qué maravilloso contraste! Nos sentíamos como viviendo dentro de la milenaria historia, sin embargo bastaba girar nuestras cabezas en alguna determinada dirección para que modernos rascacielos interrumpieran de forma amena y fascinante aquel ancestral mundo. Pudimos también asistir al cambio de guardia del Palacio Changdokkung, acontecimiento del cual quedaron muchísimas imágenes registradas. El Jardín Secreto o “Biwon” del Palacio Changdokkung nos impresionó y refrescó del intenso calor que seguía sintiéndose como el primer día. Rodeados de estanques, naturaleza y construcciones antiquísimas, descansamos un poco de las intensas caminatas antes de continuar con el viaje hacia la ciudad de Daegu, próxima a la costa este de Corea del Sur, y por lo tanto a varios kilómetros de distancia de Seúl.

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Fachada del Palacio Changdokkung, y su guardia.

En el largo camino, comenzó la ronda de muestra de cultura que todos los representantes debían hacer sobre su país. Los becarios de China nos deleitaron con canciones típicas de su país, y luego se hizo una ronda de preguntas y respuestas. En los siguientes días sería el turno del resto del grupo de hacer presentaciones sobre sus lugares de origen.

Por la noche arribamos al Hotel Amigo en Daegu, y luego de una breve caminata por los alrededores, regresamos para dormir.

Día 8 –Industria Pesada

Al acabar nuestro desayuno comenzamos la actividad en forma inmediata y fue así que llegamos con el bus a POSCO, firma dedicada a la industria pesada de la construcción de navíos a pedido de diversas empresas internacionales. Esta visita me hizo recordar el momento en que, con nuestra profesora de Historia de Corea en la Universidad, estudiamos cómo este país siempre fue, desde tiempos muy antiguos en su historia, pionero en la tecnología de navegación. El tamaño de las moles que allí se ensamblan pieza por pieza logró impresionarnos, y más aún el costo de cada una de ellas.

Al finalizar la visita a POSCO, nos dirigimos a POSTECH, Universidad creada para la formación de profesionales del área de Ingeniería en particular. Este proceso, según se nos explicó, se desarrolló luego de la instalación de POSCO. Resulta interesante pensar que luego del establecimiento de una industria, distintas facilidades surjan gracias a la misma, como es el caso de la Universidad POSTECH u otros sitios en la ciudad de Pohang, donde nos encontrábamos. Esta fue una muestra más de la enorme capacidad de crecimiento que posee la República de Corea. En aquel momento al menos, no me fue descabellado imaginar que cualquier persona que decidiese hacer algo en Corea, por más ambicioso que fuese, lo lograría. Pensé en las mismas posibilidades en Argentina, pero realmente no tuve la misma sensación. Como había mencionado antes, queda aún mucho camino por recorrer en el “país de las pampas.

Luego de estas visitas, el programa nos llevó a la ciudad de Gyeongju, donde asistimos al Sokkuram Grotto[14] y nos fascinamos con el Buda que se encontraba en la cima de la montaña. La vista desde allí era realmente impresionante. Pero la fascinación no terminaba en aquel lugar, sino que continuó con el Templo de Bulguksa[15]. Por fin habíamos llegado a otro de los sitios más importantes de Corea y también otro impresionante patrimonio cultural de la humanidad. La prohibición de sacar fotos dentro de cada sector nos desalentó un poco, pero también nos hizo entender que aquello no era solamente algo conservado para turistas. El Templo estaba tan radiante como siempre, y seguía siendo utilizado como lugar de oración y reflexión al igual que hacía cientos de años.

La cultura se sentía más viva que nunca cada vez que ingresábamos a estos lugares tan llenos de historia.

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El Buda de piedra dentro de Sokkuram Grotto, y una vista de lado del Templo de Bulguksa.

Día 9 – Busan Metropolitan City

La ciudad de Busan no quiso hacerse esperar, así que pronto arribamos a la misma. El Mercado de Peces nos recibió con los brazos abiertos y con sus miles de extraños habitantes marinos. La comida de mar en Argentina es muy popular, pero aún así, dudo haber visto alguna vez especimenes tan raros y vistosos como los que apreciamos en el Mercado de Peces de Busan. También nos llamó la atención el hecho de que dentro de ese mercado todo estaba listo para comer. Simplemente se debía entrar, elegir alguno de estos seres de las profundidades, y el mismo era entregado en el momento para su inmediata consumición.

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Algunos de los curiosos animales apreciados en el Mercado de Peces.

Luego de pasear por el Mercado se nos condujo a un mirador, del cual desafortunadamente no recuerdo el nombre, donde sacamos algunas de las imágenes más bonitas de la costa. El calor entre los acantilados rocosos se hizo casi insoportable, pero valió la pena ya que la vista era exquisita.

Nuestro siguiente punto de visita fue la sede de APEC 2003, donde recorrimos las instalaciones utilizadas para las reuniones entre los representantes de los distintos países, en una de las zonas más exclusivas y caras de Busan.

Al llegar poco después a nuestro hotel frente a la costa, observamos con delicia el mar y muchos no dudamos en mezclarnos entre la gente que disfrutaba sin pausa del día de playa. Al ser un gran grupo de extranjeros, llamamos bastante la atención, lo cual en un principio nos pareció intimidante. Sin embargo logramos integrarnos exitosamente con los veraneantes. Cuando observé cuidadosamente la línea costera me pareció increíblemente similar a Mar del Plata, con sus torres y turistas sobresaliendo vigorosamente. La playa se encontraba repleta, pero más aún porque, algo que llamó nuestra atención nuevamente, todos los veraneantes ingresaban al mar con inmensos flotadores o salvavidas alquilados a pocos metros. Por esta razón, el mar se vestía de un amarillo pintoresco que resaltaba si se lograba observar desde las alturas de la habitación del hotel. Las olas no eran grandes, pero cada vez que alguna se acercaba el cuerpo entero de turistas coreaba “oohhh”, lo que resultaba realmente simpático. Me preguntaba si alguno de ellos se sorprendería en las costas argentinas o brasileras, donde las olas son mucho más frecuentes y estruendosas.

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Vista de la playa de Busan, teñida de flotadores color amarillo.

Tanta actividad nos dejó sin aliento pero más que satisfechos. Debíamos disfrutar al máximo, ya que la hora de volver se acercaba cada vez más.

Día 10 – Medios de Transporte

En el último día de estadía en Corea para muchos en el grupo conocimos la ciudad de Ulsan, que básicamente nuclea las actividades de Hyundai en la península coreana. Participamos entonces de un tour por la industria automotriz de la empresa, y observamos cómo Hyundai se encontraba impregnada en cada aspecto de la ciudad, como ser el Hyundai Department Store[16].

También fue el turno de Argentina de demostrar aspectos de su cultura al resto de los becarios. Un tango, un poco de folklore y la canción “No llores por mí Argentina” fueron interpretadas, y bailadas, si era necesario, lo más hábilmente posible. Distintos aspectos se hablaron luego sobre el país, pasando por la Guerra de Malvinas, Evita y el asado.

Finalmente, al llegar a la ciudad de Daegu otra vez, tomamos el “tren bala” KTX (que alcanza unos 300 km por hora) para volver rápidamente a Seúl. En Argentina hay planes de unir las ciudades de Buenos Aires y Rosario mediante un tren de este tipo, pero su desarrollo aún está en la faceta de discusión. El tren nos pareció una maravilla en todo sentido, desde los interiores mismos hasta las estaciones de cabecera, y en menos de lo esperado ya estábamos nuevamente de regreso en Seúl.

Una vez allí tomamos el subte para regresar al Hotel Biwon. Las estaciones no se diferenciaban demasiado de lo que se está acostumbrado a ver en Buenos Aires, pero sí es cierto que el orden está por encima de todo en Corea. Esto se podía notar en las marcas de pies existentes en el piso de la estación, indicando el lugar exacto en el que las puertas se abrirían, y donde se debía respetar una fila hacia atrás comenzada por la primera persona que hiciese coincidir sus pies con las marcas. Este detalle me pareció de lo más interesante, especialmente por la manera en que ayudaba a mejorar la circulación de las personas que de a miles han de optar por el servicio de subte todos los días.

Una vez arribados en la estación de destino, se nos ofreció una cena de despedida que emocionó a muchos. La mayoría de los becarios partiría al día siguiente, pero a las becarias argentinas nos quedaba un día más para conocer otros aspectos de Corea que Sharon muy amablemente se ofreció a mostrarnos.

Día 11 – Noraebang

La despedida grupal no tardó en llegar. Muchos esbozaron lágrimas, y la promesa del contacto a futuro se repitió en cada minuto previo a la partida. Las argentinas habríamos de quedarnos un día más ya que nuestro vuelo de regreso estaba programado último. Luego de los abrazos y palabras de agradecimiento, el contingente se dirigió en bus al aeropuerto.

Desde el momento en que llegué a Corea me sorprendí por la gran cantidad denoraebang[17] presentes en cada cuadra de la ciudad. Había decidido que sería visita obligada en algún momento, sin embargo el tiempo no había dado tregua para ir a disfrutar de esta particular y animosa actividad tan popular entre los coreanos.  Enterada de esto, Sharon nos invitó a su casa esa noche. Para llegar hasta allí, tomamos por primera vez un bus de transporte diario, el cual también contaba con ciertas diferencias respecto de sus pares argentinos. El sistema de cobro de boleto con una tarjeta era algo realmente novedoso, sólo puesto en práctica en los subterráneos de Buenos Aires.

Luego de una larga charla en casa de Sharon, salimos a cenar carne, algo que en verdad ya extrañábamos mucho viniendo de Argentina. Los restaurantes extranjeros como Kentucky Fried Chicken, Starbucks Coffee o Friday’s son muy conocidos y frecuentados en Corea, pero extremadamente costosos. No tuvimos manera de agradecerle a Sharon lo suficiente por aquella comida que nos invitó en uno de estos lugares. Inmediatamente después de esto asistimos a un noraebang de lujo. Allí cantamos durante un buen rato, sinceramente nos divertimos, y también fue la manera de Sharon de despedirse muy cariñosamente de nosotras.

El día había llegado a su fin rápidamente, y con una cierta tristeza dentro, comenzamos a empacar las valijas una vez de vuelta en el hotel. Habíamos concretado el viaje más importante hasta entonces de nuestras vidas. Pero a pesar de la nostalgia que comenzaba a aparecer, nos sentíamos invadidas de renovadas fuerzas para empezar a implementar cuanto antes en nuestro país todo lo aprendido.


[1] En idioma coreano: “¡Hola!”
[2] National Institute for International Education Development (www.ied.go.kr/english/)
[3] Torre de Seúl, símbolo de la capital.
[4] Kimchi: Repollo fermentado, plato picante típico coreano infaltable en cada comida y hogar. Pab: Arroz cocido, servido en pote separado. Ayuda a aplacar la sensación del picante.
[5] Los coreanos utilizan palillos de metal, menos redondeados y mucho más difíciles de maniobrar que los usualmente conocidos de madera.
[6]Samul” (cuatro objetos), “nori” (tocar). Música tradicional de tambores coreanos.
[7] Non-gak: También conocido como poongmul, es parte de la música tradicional coreana, que incluye tambores, canto y baile. Su práctica se remonta a los grupos de campesinos, quienes se lucían en las diversas festividades. Udo-nongak se refiere al estilo de “derecha” (con énfasis en las raíces chamánicas), siendo su contraparte el estilo de “izquierda” o Chwado-nongak (donde se enfatizan los orígenes militares).
[8] Korean Broadcasting System, transmisora pública de la República de Corea (su equivalente en Argentina sería ATC, hoy Canal 7).
[9] Korean Internacional Exhibition Center
[10] Panmunjeom hace referencia al área de control del lado sur, mientras que Panmungak es lo mismo respecto del lado norte.
[11] Conocida como “JSA” (Joint Security Area)
[12] Este palacio fue construido como edificio principal de la Dinastía Choson en 1395. Para ese entonces la capital se había establecido ya en Hanyang (Seúl), y el palacio fue el centro de la ciudad desde donde iniciaban las rutas y el resto de las construcciones. Fue completamente destruido durante la invasión japonesa de 1592, y fue restaurado recién 273 años después. (Beautiful Seoul, Sung Min Publishing House, pág. 55)

[13] Su construcción comenzó como un palacio separado del resto en 1405, siendo finalizado en 1412. Fue completamente quemado durante la invasión japonesa de 1592, y luego restaurado. Durante 270 años fue utilizado como palacio principal. Junto con su jardín posterior (denominado Biwon o Huwon, “Jardín Secreto”), fue declarado Patrimonio Mundial en Diciembre de 1977. (Beautiful Seoul, Sung Min Publishing House, pág. 5)
[14] Gruta de piedra artificial diseñada para adorar la estatua de Buda. Este tipo de templo-gruta se originó en India. Consta de una antecámara rectangular y una cámara interior redonda con una cúpula conectada con el pasillo rectangular. La antecámara representa la tierra y la cámara redonda el cielo. Una imagen grande de Buda sentado está en la rotonda. Declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO en diciembre de 1995. (Guía de la Herencia Cultural de Corea, Servicio de Información de Corea, págs. 125-127)
[15] Templo budista construido sobre una serie de terrazas de piedra. Fue erguido de acuerdo con las nociones antiguas de arquitectura y principios de geomancia que las estructuras hechas por los hombres no deben obstruir, sino armonizar con los contornos. Declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO en diciembre de 1995. (Guía de la Herencia Cultural de Corea, Servicio de Información de Corea, pág. 119)
[16] Shopping Mall de Hyundai
[17] Noraebang es la manera en que se llama al karaoke en Corea. Hay locales tanto exclusivos y costosos, como mucho más simples y con menos comodidades, y generalmente se alquilan por hora.

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