APROXIMACIÓN A LA IDENTIDAD MALAYA EN MALASIA: Historia de una identidad. La identidad de una historia

Ciertos comportamientos, repetidos en el tiempo, parecieran cobrar entidad. La vida de un hombre explica y forja su carácter, la historia de un pueblo expresa y define su identidad. El presente trabajo invita al lector a recorrer las distintas hebras que conforman la matriz cultural malaya a través de su milenaria hilación. Un acercamiento al corazón cultural de un mundo complejo y vivaz desde sus diferentes arterias: la raza, la lengua, la aldea, el país, la nación, las creencias. Malayo, dime tu historia y te diré quién eres.

Introducción

La identidad de un pueblo, se forja invariablemente a través del tiempo. La sucesión de hechos y la extensión a lo largo de la historia, cobran entidad. En este sentido, en el Asia Oriental, el establecimiento de usos y costumbres, conlleva al menos doscientos años; el afincamiento del concepto de cultura, implica varias centurias de consecuente actividad humana; y hablar de civilización, sólo es posible con el correr de los milenios.

Los años se contaron en miles en el sudeste asiático y sólo ha sido la variedad lo único invariable. Una ola tras otra de inmigrantes se ha batido sobre sus costas. Punto de llegada lo mismo que lugar de paso, guerreros, comerciantes, religiosos, conquistadores, y aventureros de todo tipo se han hecho de un lugar en su historia. Es en su diversidad donde el sudeste asiático ha debido encontrar, paradójicamente, su unidad.

Pero si la región toda se ha caracterizado por una constante receptividad a influencias foráneas, la península de Malaca lo ha sido por antonomasia. Centro neurálgico, punto central y emblemático, los territorios correspondientes a los actuales países de la Malasia y Singapur fueron, por sus estratégicas posiciones, los mayormente disputados. Pues si el comercio marítimo caracterizó a la historia del Asia sudoriental, fue esta sub-región su más claro exponente; aquel que dominaba el área poseía el control sobre los mares sudorientales, la versión marítima de la Ruta de la Seda.

La ambición transformó mercaderes en imperialistas, y huéspedes en subyugados. El natural intercambio cultural, con su consecuente replanteo de identidad, se vio cercenado por la política clasista de los nuevos gobernantes. El fomento a la inmigración trastocó los históricos niveles de capacidad de asimilación; grandes cambios demográficos se produjeron en desmedro de quienes se reconocían como autóctonos. Los recién llegados, a su vez, conforme crecían en número y nacían sus nuevas generaciones, dejaron de concebirse como meros invitados.

Excepción hecha del Reino de Tailandia, el Sudeste Asiático vio nacer el siglo XX totalmente sometido a los designios de las potencias extranjeras. Tras la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, una oportunidad única se presentó en todas sus regiones: la de despojarse de estos gobernantes foráneos y volver a tomar el control de sus territorios. Las ideas nacionalistas eran el gran motor de cambio, y prendieron en la misma medida en que los pueblos fueron tomando conciencia de sí, pues identificarse era también distinguirse del extraño, del agresor. De esta forma, las naciones se independizaron desde la periferia al centro, desde las zonas de menos diversidad, a la más mixturadas. La península de Malaca y el norte de Borneo fueron los últimos bastiones de dominio occidental. En esta sub-región, el desafío de obtener una identidad nacional no terminó, sin embargo, tras alcanzar la independencia.

La gobernabilidad resulta tanto más sencilla de gestarse y consolidarse en una sociedad simple, culturalmente fraguada, que en aquella que, caracterizada por su pluralidad, convoca a una variedad de formas disímiles, cuando no contrapuestas. Los cambios demográficos del período colonialista habían dejado en la recién conformada Federación de Malasia una población multiétnica, con grupos en clara oposición. El choque mayor se generaba entre las dos etnias mayoritarias, la “malaya”, reconocida como autóctona y por ello por derecho propio sustentadora del poder político, y los llamados “chinos de ultramar”, que igualaban en número a los malayos y detentaban el poder económico. La incompatibilidad de sus deseos llevará al fracaso el intento federal, y la división del territorio en dos entidades nacionales.

La conformación de una Malasia que no incluía Singapur, dejaba ahora a los malayos como etnia mayoritaria, pero el número de indios y sobre todo de chinos seguía siendo importante. Así, el problema multiétnico seguía vigente en el intento del gobierno de aunar, dentro de sus fronteras, los diferentes tipos de creencias y lealtades en una conciencia nacional única. El gobierno de Malasia prefirió ordenar los modos heterogéneos al de la etnia mayoritaria. Fue para ello necesario realizar un intenso trabajo de investigación; generar un corpus ideológico que otorgara aval a la imagen de una identidad cultural aglutinante, o bien, que fijara las distinciones en busca de una buena distribución de los beneficios. Los resultados acompañaron los discursos de los líderes políticos de turno.

Pero por propia naturaleza, las identidades grupales evaden cualquier descripción definitiva. Sus límites borrosos y, sobre todo, permeables, quedan siempre abiertos a la refutación. De esta manera, una segunda ola de investigaciones fue gestada por quienes, en la observancia de la gran cantidad de excepciones, juzgaban de subjetivas, reduccionistas y oportunistas, las afirmaciones políticas.

Este trabajo de responsa, buscaba poner en evidencia que, por sus características de inmediatez e inaprensibilidad, la identidad cultural no poseía existencia objetiva[1]. Se trataba -afirmaban- de una creación conceptual. Siendo los elementos con que daban crédito a sus opiniones de dos tipos:

– ejemplos de casos de difícil o imposible adecuación. Mostrando lo forzada y muchas veces contradictoria que resultaba la idea oficial al exponerla a la realidad. Y

– explicaciones de la razón política de tales definiciones en el marco de su necesidad histórica. Evidenciando la falacia de haberse realizado la investigación recopilando elementos que afirmaran una síntesis dada a priori.

Lejos de querer sumar aquí más pruebas en pos de una u otra postura, creemos inapreciable la posibilidad de valernos de los resultados de dichos trabajos a fin de extraer de ellos las piedras angulares y particular visión del mundo que poseen los malayos de Malasia. La información será ordenada a través de una serie de ejes temáticos, enmarcados dentro del esquema que Bernard Lewis realiza de sus llamadas “identidades primarias”[2], aquellas que se adquieren en el momento de nacer (basadas en la sangre, el lugar y la comunidad).

La riqueza de la contienda ideológica surgida a partir del caso de Malasia alrededor del tema de la existencia o inexistencia de una identidad cultural brindó a los orientalistas de una intensa actividad. Estos han sido criticados, sin embargo, ya se tratasen de europeos, norteamericanos o asiáticos, de poseer una mirada teñida de subjetivismo. Consideramos que es en este sentido que los orientalistas latinoamericanos nos encontramos en una posición de privilegio, al poder acercarnos al tema sin la tentación de partir de posiciones tomadas, de enfoques interesados, de posturas por defender o atacar.

Siendo así, no es, por supuesto, nuestro objetivo, la creación de una síntesis a priori, tal cual se les criticó a los políticos, sino exactamente el camino contrario: encontrarnos con ciertos principios que sólo recién nos permitan abordar a una conclusión. Tampoco se trata de ahondar en la certeza de una identidad cultural inaprensible. Poniendo entre paréntesis esa suposición, preferimos inclinarnos por un acercamiento (de allí el título de este trabajo) al mundo malayo que, aunque sabiéndose no definitivo, sea próximo a la verdad.

La división definitiva de la región que nos atañe, mediante la conformación de los actuales países de Malasia y Singapur, conlleva apenas 41 años de historia. Período que parecería insignificante frente a la milenaria existencia de los malayos en la región. Es por ello que, a continuación, utilizaremos genéricamente el nombre Malasia para referirnos a los territorios abarcados por ambas naciones. Reservando los nombres oficiales, Federación de Malasia y República de Singapur, para los casos en que sea menester hacer referencia a cada entidad en forma particular.

Las traducciones del inglés de los textos citados realizadas por el autor se señalaran en la cita mediante la siguiente abreviatura: [tr.a.].

Para los plurales de palabras malayas se utilizará la usual forma establecida entre los especialistas en el área de agregar una s en el sustantivo siguiendo la forma del lenguaje inglés, no recurriéndose a la forma malaya de duplicación del término.

Identificaciones primarias

La persona, desde su nacimiento, carga con un conjunto de características que le proveen de identidad. Se trata de adquisiciones involuntarias, de forma general muy ligadas unas con otras. Aquí, con fines analíticos, nos permitimos realizar el esfuerzo de distinguirlas conceptualmente en tres grupos. En primera instancia podemos hablar de aquellas que llegan vía sanguínea. Siendo la más evidente la raza de pertenencia, aquella que brinda un color particular de piel, que dota de manera indeleble de ciertas formas físicas particulares. Otro papel de primer orden juega la lengua, vínculo de unidad entre quienes la comparten, fuente de transmisión de un sinnúmero de ideas, símbolos y alusiones propias. Una segunda instancia viene dada por el lugar de nacimiento. Un entorno espacial que dota a la persona de un modus vivendu particular con implicancias en su estructura y escala de valores, su orden social, su lenguaje. Este espacio se encuentra en íntima relación con una realidad más amplia que lo contiene y explica, el país. El territorio cuya geografía dota a los habitantes de ciertas características identificatorias, y los vuelca a determinadas actividades económicas. La tercera instancia refiere a lo comunal, al conjunto de personas que comparten una historia y proyectan un mismo destino, conformándose en una Nación étnica. Un grupo humano homogéneo en constante interrelación, fuente de referencia, resguardo e identidad. Esta Nación entiende al mundo y actúa en él a partir de su estructura de pensamiento común. Un conjunto de creencias compartidas, la más holística de las cuales resulta ser la religión, cúmulo ordenado de pensamientos que sintetiza una visión particular del Universo todo, y que acorde a esta, permite el establecimiento de una escala de valores. Aún para el autodeclarado ateo, los lineamientos religiosos sobre los que descansa la civilización a la que pertenece lo modela y define. Todas estas características, que procedemos a continuación a describir individualmente aplicándola a los malayos de Malasia, son las que Bernard Lewis denomina “identidades primarias”.

1. La sangre
1.1 Raza malaya (bangsa malayu)
1.1.1 Procedencia

Afirma James Baker que “los malayos -el grupo étnico mayoritario en Malasia-  son racial y culturalmente, en mucho, un producto de la localización geográfica de la península”[3]. En tal sentido es posible aseverar que no existió nunca una raza malaya-polinesia que partió desde algún sitio para asentarse luego en esa amplia geografía que tiene por centro la península de Malaca y el archipiélago indonesio, y que es posible ampliar hasta lugares tan distantes como Madagascar al oeste, Taiwán al norte, y las islas del Pacífico al este. La raza malaya, tal como la conocemos en la actualidad, es, como la cultura malaya en su conjunto, síntesis de un largo proceso de mixturación[4]. Resultado de una continua actividad de migración y asimilación que tuvo lugar en la región por un período de más de 2500 años, en los cuales se vieron implicados, primordialmente, elementos indígenas, y pueblos austronesios.

Los grupos indígenas u orangs asli fueron principalmente dos. Los llamados negritos o semangs, de raza melanesia, cuyas características físicas fueron evolucionando a partir del Hombre de Perak, que habitó la península, según recientes descubrimientos[5], desde aproximadamente el 13000 a.C. Y un grupo mongoloide, mucho más tardío, llegado desde el norte en el período neolítico (desde aproximadamente el 2500 a.C.), que hoy reserva sus formas propias en los pueblos senois.[6]

Los pueblos austronesios, arribaron a la región por mar, desde el Este, y pertenecían a una raza mixta, de componentes caucasoides y mongoloides. Su lugar de procedencia puede haber sido el sur de China, desde donde migraron a Taiwán entre el 4000 y el 3000 a.C., pasando a Filipinas durante el período 2500-1500 a.C. y de allí al Norte de Borneo y Este de Indonesia, para finalmente ingresar a la península malaya desde aproximadamente el 1500 al 500 a.C. Algunos autores los denominan proto o deutero malayos, pues, por ser mayor en número, terminaron absorbiendo en gran parte a los orangs asli, y se impusieron como el componente más fuerte de los actuales malayos. No obstante ello, los pueblos austronesios llegaron en diferentes oleadas durante un largo período, lo que se tradujo en una amplia variedad de formas. Fue entonces en el continuo desplazamiento entre las islas, a lo largo de sus costas, y también adentrándose en el territorio siguiendo el cauce de los ríos, que los pueblos austronesios en su mutua fusión, conjuntamente con el intercambio mantenido con los orangs asli, forjaron la raza malaya.[7]

Por supuesto, han quedado enclaves de grupos raciales sin mixturar, y otros mixturados en diferente grado.  Resulta así entendible encontrarnos con catedráticos que afirman que en lo que respecta a “su unidad fundamental no hay duda de que es un hecho positivo, pero dentro de ella se incluye una inmensa variedad; decir malayo es precisar acaso menos que decir europeo…”[8].
1.1.2 Raza y linaje

La discriminación racial, ha estado desde siempre emparentada a la esclavitud, de igual forma que ésta lo ha estado a la conquista. Los pueblos subyugados, obligados a trabajar para el pueblo vencedor, eran distinguidos por sus características físicas, y consiguientemente considerados inferiores en sentido étnico.

Estando caracterizada la historia del sudeste asiático por la coexistencia de una multiplicidad de centros de poder en constante lucha, la práctica de la esclavitud no le resultó ajena. Su origen dentro del archipiélago y la península malaya hunde sus raíces en el mismo proceso de conformación al que nos referimos en el apartado anterior[9]. El avance de los pueblos austronesios por sobre los orangs asli guarda recuerdo en el término malayo utilizado para definir esclavitud: semang[10].

La posterior influencia india, iniciada aproximadamente a principios de nuestra era, aportó el concepto de casta. De hecho el término malayo para raza, bangsa, en “su origen sánscrito refiere a linaje o incluso casta. En los textos antiguos, aquel que no tiene bangsa, es de bajo nacimiento”[11]. Este cambio de acento fue trascendental. Desde entonces, y hasta el establecimiento de los ingleses a finales del siglo XVIII, lo racial, como elemento de diferenciación social, ocupó un lugar de importancia menor. Era la ascendencia, el otorgador de prestigio. De hecho, los extranjeros llegados durante ese largo período, aún cuando hallan inmigrado en gran escala[12] y estuvieran relacionados con las elites reinantes, sufrieron una gran mixturación racial con la población local. La primera razón de ello debemos hallarla en el hecho que, los indios, musulmanes de diverso origen, chinos e inclusos portugueses y holandeses que arribaron en Malasia fueron, casi exclusivamente, varones. Una segunda razón, precisamente en la importancia de la línea hereditaria, fue la permanencia de las elites autóctonas en el poder, sea este real o simbólico. Las influencias foráneas, de índole cultural, comercial, política o económica, no pudieron nunca transformarse en una distinción racial, pues debieron realizarse a través o a pesar de las familias ostentadoras del prestigio de sangre, a través de alianzas o de casamientos mixtos con las familias reales. Finalmente, una tercera razón a tener en cuenta, fue la existencia, paralela a la esclavitud por conquista, de la esclavitud por deuda. Las actitudes racistas que en otras regiones esclavistas existieron, perdían fuerza en Malasia en tanto una de sus dos formas más comunes de esclavitud, la esclavitud por deuda, podía incumbir, en su relación esclavo-amo, a personas de igual raza.

“…entre los malayos, los esclavos generalmente se dividían en dos clases: esclavos en el sentido occidental y obligados por deuda. La esclavitud por deuda ocurría cuando un individuo voluntariamente se ´hipotecaba´ a sí mismo en compensación por alguna asistencia financiera de parte de su acreedor, frecuentemente su gobernante o jefe. En tiempos privativos, después de una mala cosecha o cuando una aventura comercial había fallado, la obligación por deuda podía ser la única forma con que un agricultor podía aumentar sus finanzas. Si luego de un tiempo prescripto el individuo no pudiera redimir su deuda, él o ella eran absorbidos dentro del hogar del acreedor.”[13]

Si bien la esclavitud por deuda tuvo principalmente lugar entre gobernantes malayos y súbditos orangs asli (aquellos grupos indígenas que guardaron su raza, y que eran por ello considerados “no malayos”), el acento que ésta ponía en el derecho económico, terminó primando sobre el “derecho racial”. Así, cuando los ingleses pujaron por la abolición de la esclavitud[14], por considerarla moralmente degradante, la elite malaya creyó estar siendo estafada económicamente.
1.1.3 ¿Racismo ó racialización?

Paradójicamente, fue de la mano de los ingleses, que lo racial alcanzó una relevancia de primer orden. El conocido orgullo inglés se había mostrado de manera más franca en aquellas regiones conquistadas mediante el uso de la fuerza militar. Así, K.M. Panikkar declara que un “aspecto de la dominación británica en la India, durante este período [imperialista][15], era la convicción de todo europeo residente en el país de pertenecer a una raza de una definitiva y permanente superioridad”[16]. En Malasia, sin embargo, la conquista fue gradual y mayormente a través de acuerdos firmados por los mismos reyes locales en vistas de su clara desventaja militar, económica o diplomática. Es en virtud de esta modalidad que los ingleses afirmaban haber sido simplemente invitados. Y en defensa de tal afirmación, se vieron obligados a moderar su trato respecto de sus huéspedes.

De esta forma, so pretexto de resguardar a la población original, los ingleses desarrollaron una división económica sobre la base de lineamientos raciales: los malayos fueron reservados a la agricultura, mientras que los chinos y en menor medida los indios, llegados de manera masiva debido al incentivo británico, ocuparon roles de mayor importancia económica, como intermediarios entre los europeos y los autóctonos. Siendo “malayos”, “chinos” e “indios”, términos reduccionistas utilizados por los ingleses para aglomerar a grupos diversos.

En la actualidad, esta división racial de tareas ha sido denominada “racialización”. La acuñación del término ha buscado desligar a ciertas medidas políticas de la peyorativa carátula de “racistas”.

Las elites gobernantes, según nos lo aclara Sumit K. Mandal, se han apurado a aclarar que “racismo es una particular manifestación social y política de racialización que no necesariamente refleja la condición del Estado y la sociedad en Malasia”[17]. De esta forma, es materia de debate la consideración respecto si la política de racialización adoptada por los ingleses en el período colonial, ha sido o no particularmente racista.

Tras la independencia, Malasia se encontró ante una realidad de razas bien diferenciadas en materia de actividades, poder adquisitivo, y cultura. El legado inglés devenido de sus políticas de racialización fue tan profundo, que las historias políticas de la Federación de Malasia y la República de Singapur, pueden ser hilvanadas por la sola signatura del intento de acceder a una identidad nacional superando las divisiones raciales[18].

1.2 Lengua malaya (bahasa malayu)
1.2.1 Prehistoria

Una lengua, como un héroe, nace en un entorno cultural a partir del cual lentamente comienza a ser aceptada, socialmente confirmada. Más tarde conoce su momento de gloria, se transforma en un ícono representativo de su gente, quien le asigna un nacimiento sobrenatural. Los enemigos de su pueblo son sus enemigos. Lucha, y de resultas de tales batallas es conquistadora o conquistada. Muchas veces sobrevive a cambio de ciertas concesiones. Si el destino así lo quiere crece hasta asegurarse un lugar seguro en la posteridad, y el paso del tiempo la hace más y más grande. Por el contrario, si la suerte le es adversa, es fatalmente olvidada.

La historia de una lengua es fiel reflejo de la historia de un pueblo. Tal vez por ello es habitual confundir las razas con sus lenguas maternas, y utilizar iguales términos para identificarlas. Así, el malayo ha sido incluido dentro de la familia de lenguas austronesias, aquellas que hablaban precisamente los inmigrantes de raza homónima. Como hemos observado supra, los pueblos austronesios terminaron constituyendo el elemento fundamental de la raza malaya al conquistar a los pueblos que les precedieron, y por ello son habitualmente denominados proto y deutero malayos, según su momento de llegada. De esta forma, raza y lengua malayas han tenido comunes historias y denominación.

Aunque al hablar de cultura malaya, sea frecuente buscar su cuna en la península de Malaca (retrotrayendo ciertos elementos a las islas de Sumatra y, en menor medida, Java), al referirse a la lengua malaya, los lingüistas se inclinan por mirar hacia la isla de Borneo.[19] El “proto-malayo fue hablado en Borneo occidental al menos desde el 1000 a.C. y se trata, según se arguye, del lenguaje ancestral de todos los dialectos malayos”[20].

Desde entonces y por más de un milenio, la lengua malaya se fue extendiendo por toda la región. Sin embargo, al carecer de escritura, se diversificó en un sinnúmero de dialectos. Esta plurificación de formas fue enfatizada por los constantes movimientos poblacionales, pero además por la propia característica geográfica de la región. De hecho, “mientras la naturaleza y extensión de los movimientos demográficos dentro de la región se mantienen sin resolver, los investigadores generalmente acuerdan que las variaciones de lenguaje (…) entre los pueblos de la Península y Borneo han sido acentuadas por la adaptación al entorno y el desarrollo social.”[21]. Dice un dicho sobre el mundo malayo afirma que: “el mar une, la tierra separa”. Mientras que el mar facilitaba la expansión lingüística, el territorio abrupto pujaba por la creación dialectal acorde a la multiplicidad de células poblacionales, reinos y tribus con poca o ninguna conexión entre sí.

A principios de nuestra era, el conocimiento de la civilización india, pondrá por primera vez a los autóctonos ante la posibilidad de enseñorearse de la naturaleza y de establecer lazos a través de espacios geográficos más amplios. Nuevas instituciones, religiosas, económicas y políticas, serán propagadas por todo el sudeste asiático. El malayo, lengua de pescadores y agricultores, resultará claramente inadecuado para articularlas. El sánscrito y su forma escrita, vendrán a cubrir la carencia.

Mientras aquí y allá florecían reinos de aspiraciones imperiales, y en las cortes y templos se hablaba y escribía la lengua culta llegada de la India, el lenguaje autóctono permanecía en su forma verbal y restringido a nivel de aldea.
1.2.2 Escrituras y expansión

Las más tempranas inscripciones en malayo antiguo datan c.683-686 d.C.  La escritura utilizada en todas ellas es una forma del pallava correspondiente a la utilizada en el sur de la India y Sri Lanka en igual época. La inexistente diferenciación local en términos de grafía, ha llevado a algunos autores a considerar que el préstamo era entonces muy reciente.

La localización de estas inscripciones, por otra parte, nos revela el centro político del primer imperio marítimo de la región, Sri Vijaya. Aunque su nombre aparece en todas ellas, la inscripción de Kedukan Bukit (ubicada en Palembang y datada en el 683 d.C.) resulta sumamente significativa en tanto provee de una cronología de expediciones, ausente en el resto. Coedes cree ver en ella la conmemoración de la fundación del reino de Sri Vijaya.

La emergencia de Sri Vijaya siguió a la caída del reino de Funam en Camboya, único reino peninsular que dominó el comercio marítimo. Sucedía además en paralelo a una fuerte fragmentación en India y al establecimiento del Islam cuya prosperidad pronto expandiría el comercio por sobre India y hasta China vía Sudeste Asiático[22]. La madre cultural india se distanciaba, en la misma medida que Sri Vijaya tomaba las riendas de su propio destino, y ello tuvo su correlato en el uso cada vez más restringido del sánscrito, y la tremenda expansión del malayo y su escritura pallava.

Los hermanos Andaya afirman que es a Sri Vijaya a quien se debe la primera expansión y homogenización del malayo. El medio de llegada fue primeramente comercial. El lugar de establecimiento y la naturaleza de las inscripciones de Sri Vijaya revelan el carácter ambicioso de su política que buscaba rápidamente tomar el control de los nodos comerciales[23].

Los reinos vasallos emulaban la capital del imperio, pues el prestigio de Sri Vijaya no se limitaba a lo político y comercial. Centrado en los alrededores de la ciudad de Palembang en Sumatra, se convirtió en un foco de irradiación cultural y civilizatoria. Los gobernantes de turno apoyaron, por ejemplo, los estudios y fundaciones religiosas; sus obras trascendieron incluso los límites sudorientales: se sabe que un rey construyó un templo taoísta en Cantón mientras que otro reconstruyó un santuario budista en el Centro de Nalanda, en India.

La lengua malaya y su escritura se expandían así de Palembang a las cortes de los diferentes centros regionales. La extensión de tal influencia se hace evidente por la distribución de las escrituras y su datación. La última inscripción en malayo antiguo data c.900 d.C. y está ubicada en Bulakan, al sur de Luzón, en Filipinas. Se trata de un plato de cobre que refiere al endeudamiento de un individuo. La inscripción hace alusión a una larga lista de ciudades localizadas, todas ellas, con acceso al Mar Meridional de China, lo que nos habla de la llegada del lenguaje malayo en acompañamiento con la actividad comercial. Pero lo más interesante es que el texto ofrece un vocabulario puntual para la distinción de diferentes clases sociales; ello da crédito de la sofisticación de la sociedad de Sri Vijaya, pero por sobre todas las cosas indica el desarrollo de la lengua malaya.

La única afronta que el lenguaje de Sri Vijaya recibirá será de su vecina Java. Aunque por mucho tiempo se mantuvo a la sombra de Sumatra, siempre se trató de un brillante oponente político y cultural. El malayo en su forma javanesa llegó incluso a desarrollar una escritura distinta a la pallava, aunque derivada de esta, la kavi (que en sánscrito significa “poeta”). Si bien se han encontrado inscripciones tempranas de este sistema de escritura, se cree que su masiva adopción, limitada a la zona de Java y sus alrededores más inmediatos, se gestó recién con la emergencia del reino de Mohopahit, a mediados del siglo IX.

Hacia principios del siglo XIV, con la caída de Sri  Vijaya y el arribo del Islam, el pallava será reemplazado progresivamente por los caracteres árabes. Sri Vijaya había logrado para entonces esparcir el malayo por toda la región del archipiélago incluida la península de Malaca. La importancia de su herencia en materia lingüística nos la confirman Leonard y Barbara Andaya cuando refieren a un texto árabe datado c.1000 d.C. en donde se detalla lo significante del hecho que “la población comenzó a adoptar el término ´malayo´ como auto-referente”[24]. Más adelante, en esa misma obra, nos hablará de una inscripción en malayo antiguo datada entre el siglo XIII y XV que narra las aventuras de un héroe reconocido como “el rey del pueblo malayo”, teniendo éste último término un sentido lingüístico, y no racial.

El declinar de Sri Vijaya, y la emergencia de Malaca como nuevo eje de poder regional, pareció seguir la mecánica propia del archipiélago en materia de reconfiguración del orden regional: una pluralidad de centros se alía con el centro más poderoso, luego este declina a la vez que otro toma la delantera, volviendo a barajar el sistema de alianzas. Sin embargo, las dos fuentes clásicas más importantes para este período de transición, el Sejerah Malayu y la Suma Oriental de Tomés Pires, indican una continuidad en la realeza de Sri Vijaya a Malaca. Aunque los historiadores han tenido problemas a la hora de comprobar esta teoría en su aspecto político, en materia lingüística se puede afirmar que el proceso iniciado por Sri Vijaya de difusión del lenguaje malayo y su cultura inherente, se vio continuado y fomentado por Malaca.

La fundación de Malaca, c.1400, abrió un nuevo capítulo en la historia de su lengua. La impresionante ascensión del reino tenía una vez más razones comerciales,  pero el vehículo más importante en la imposición del lenguaje será el religioso. Las rutas terrestres centroasiáticas se hallaban cerradas desde la caída del Bagdad a manos de los mongoles (1258). La necesidad de especias de una próspera Europa renacentista, fue cubierta por los musulmanes a través de una nueva ruta que partía desde Gujarat hasta Aden, y de allí a Alejandría a través del Mar Rojo, para entonces sí ingresar en Europa vía Mediterráneo en naves con tripulación musulmana (solo a quienes abrazaban el Islam el califato egipcio les permitía salir de sus puertos). El éxito de Malaca fue debido principalmente a su posición de intermediaria en el comercio de telas y especias[25]. Pero para poder asegurarse ese rol fue crucial el apoyo temprano de China, que buscaba expandir su comercio internacional[26] y por razones estratégicas eligió singularmente a Malaca[27], y con ello garantizó su seguridad frente a la ofensiva tailandesa o birmana.

La adopción del Islam por parte de Malaca es tema de discusión académica, pero los historiadores tienden a resaltar las ventajas comerciales que suponía  compartir la fe con los comerciantes más prósperos del mundo de aquellos tiempos. Los musulmanes llegaban desde Gujarat, de las costas de Malabar y Coromandel, de Bengala, pero también de China, pues contaban con el favor de la corte imperial. Los emperadores de la dinastía Ming solían encargar a musulmanes chinos el manejo del comercio marítimo con el Sudeste Asiático.

En materia lingüística significó la sustitución del pallava y el kavi por la escritura árabe[28]. El jawi, la escritura árabe adaptada para la lengua malaya, se expandió rápidamente en la misma medida que los diversos reinos que estaban bajo la órbita de Malaca se convertían al Islam.

Malaca expandió su dominio en la región insular a la manera que había seguido Sri Vijaya. Como antes lo hiciera el reino sumatreño, Malaca fue un centro no sólo político y comercial, sino cultural y religioso, digno de admiración y emulación. El malayo -con su nueva escritura- se instaló de forma definitiva en la región, convirtiéndose en el preeminente lenguaje académico, comercial, diplomático y religioso. Malaca se convirtió en patrón de medida, y el lenguaje jugó en ello un papel primordial. El término bahasa, que significa literalmente, “lenguaje”, vino a asumir la idea de correcto comportamiento y conocimiento de las costumbres malayas. Durante mucho tiempo los límites geográficos de un pueblo terminaban allí donde se hablaba una lengua distinta. Malaca, en este sentido, se convirtió en un imperio. Por razones comerciales, a través del Islam, propagó el malayo sentando las bases para su pronta conversión en verdadera lengua franca y símbolo definitivo de identidad.
1.2.3 Lengua franca, préstamos, distinción, y romanización

En el Sudeste Asiático, los siglos XVI y XVII se corresponden con  la Edad Dorada del Comercio. Si bien la llegada de los europeos, tendrá consecuencias nefastas en el ámbito político (ya en el siglo XVII asistimos a una progresiva declinación –hasta su desaparición- del Estado comercial malayo), económicamente el período fue sin dudas un tiempo de retos y oportunidades.

La aceleración e intensificación del comercio, de una Europa ávida de especias, té, porcelanas, sedas y otros productos del Lejano Oriente, terminó la obra comenzada por Sri Vijaya y continuada por Malaca y sus herederos: la lengua malaya se “latinizó”, se convirtió en la lengua franca de toda esta región comercial entre India y China. Los comerciantes portugueses, españoles y holandeses la utilizaban para sus actividades comerciales.

La defensa del Islam, frente al ataque del cristianismo, tendió a afianzar la identificación del credo con la lengua malaya. Los misioneros cristianos fueron conscientes de ello e intentaron servirse del malayo como medio de evangelización.

Los progresivos avances europeos hacia una consolidación política colonialista también tuvieron como importante herramienta la utilización de la lengua malaya. La imposibilidad de imponer el lenguaje de la metrópoli terminará a la postre convirtiendo a la lengua malaya en bandera de identidad para los movimientos independentistas del siglo XX.

El jawi seguía siendo el sistema de escritura más utilizado. Floreció la literatura, lo mismo que abundaban los contratos comerciales, tratados teológicos, y crónicas históricas escritos en malayo con caracteres árabes. También surgieron los primeros textos escritos en malayo romanizado, generalmente de autoría europea.

La lengua malaya, como la cultura de la que es parte, fue permeable a influencias foráneas. Es en este período cuando tiene lugar el último cambio de importancia en lo relativo a estructura, y, sobre todo, a vocabulario. El malayo ya había tomado palabras del sánscrito (ej. bahasa, bumi, duka, guru), luego de la lengua franca de los musulmanes indios, el indostaní (ej. kuda, may, unta) lo mismo que del árabe de los musulmanes árabes (ej. dunia, jawab, kamus, syaiah) y del persa de los musulmanes iranios (ej. bandar). Ahora agregaba a su vocabulario palabras del portugués (ej. almari, bomba, limau, mangga, mentega) y del holandés (ej. aksi).

Además de estas apropiaciones, la expansión del malayo trajo como consecuencia la absorción de otros grupos étnicos a la esfera de identidad malaya, en el reemplazo de sus formas locales de lenguaje.

Los siglos posteriores se corresponden con el período colonial. En materia lingüística, el primer hito de importancia resultó ser la regulación de las zonas de influencias inglesa y holandesa establecida mediante el Tratado de Londres de 1824. Desde entonces la lengua malaya forjó dos formas principales, la indonesia y la malasia. Aunque este trabajo se especifica en Malasia, resulta importante agregar que, a principios del siglo XIX, era el sultanato de Johor quien ostentaba la calidad de sucesor de Malaca. Depositario del reconocimiento del mundo malayo, cuando en 1824 vio dividido su territorio de dominio directo (ver imágenes 1 y 2)[29], a ambos lados de su frontera siguió siendo referente cultural y símbolo de identidad.

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Ello tendió a acercar el lenguaje malayo y el indonesio, en mayor medida de lo que hubieran estado si la frontera se hubiera trazado en otra parte.

En Malasia, la participación imperialista inglesa, sumo vocabulario al malayo, tanto por influencia del inglés (ej. buku, kaunter, sains, sistem), como de las lenguas de los inmigrantes favorecidos por la política de división étnica de las tareas fomentada por la metrópoli inglesa: los distintos dialectos de los coolies chinos (ej. bihum, cawan, kongsi, tauhu, teko) y el tamil de los indios (ej. kapal, katil, misai).

Pero el aporte más importante del período colonial inglés será la adopción del alfabeto latino. Éste se llevó a cabo dentro del sistema educacional colonial, y a pesar de la postura política mayoritaria. Fue resultado, efectivamente, de movimientos individuales que iban en contra de una motorización de la educación a partir de la necesidad pragmática  de la colonia.“En el punto de vista colonial, sería suficiente para la mayoría de los chicos recibir una educación básica en su propio lenguaje que pudiera prepararlos para aceptar su rol permitido en el esquema colonial. Puesto crudamente, los europeos estaban para gobernar y administrar, los inmigrantes chinos e indios para labores extractivas y para el sector comercial, y los malayos para labrar el campo.”[30]

Consecuentemente, el número de escuelas destinadas a la enseñanza a la población rural malaya fue claramente menor a las puestas a disposición de las demás etnias[31]. La currícula incluía el aprendizaje del Corán, algunas piezas de literatura malaya, y una aritmética básica, teniendo las clases una duración de 4 horas. A principio del siglo XX R.J. Wilkinson asume como inspector de escuelas,  quien defiende la idea que la instrucción pública debe ponerse en beneficio de la deteriorada cultura malaya. Este cambio de acento fue fundamental. Wilkinson introduce la obligatoriedad de romanizar el malayo, como forma de simplificar el acceso a las obras clásicas de su cultura, aquellas que daban testimonio de su glorioso pasado. Las connotaciones de la adopción de los caracteres latinos eran tremendas, en tanto no sólo acarreaba a los malayos un beneficio directo, sino que, facilitando la lectura de las obras fundantes de su cultura a los extranjeros, ponía en evidencia la supremacía de su etnia en materia de soberanía.

Los ingleses establecieron en la península una división administrativa que cedía algunas provincias septentrionales a dominio siamés. Más tarde las incorporarían en calidad de “Estados No Federados” (ver imagen 3)[32]. La educación en tales regiones se llevó a cabo mediante el sistema pondok (“cabaña”). Bajo esta forma, los pupilos vivían en cabañas cercanas al lugar de enseñanza del maestro religioso. El fuerte acento de estos ulema (maestros religiosos musulmanes) en la enseñanza islámica, sirvió primeramente como defensa ante cualquier amenaza de aculturación tailandesa, y ya como Estados No Federados, otorgó una fuerte identidad étnica que los puso al frente de los posteriores reclamos de reformas dentro del sistema colonial Británico[33]. La utilización del jawi en el sistema pondok explica por qué aún continúa su uso en los Estados de Perlis, Kedah, Kelantan, Trengganu y Johor.

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2. El lugar
2.1 Aldea malaya (kampung malayu)
2.1.1 Cultura de aldea

Malasia es uno de los países más dinámicos de la ASEAN, soporta grandes urbes, y ha avanzado hacia una rápida modernización. Sin embargo, durante 2500 años ha sido en las villas, llamadas en malayo kampung, donde los malayos moldearon su cultura y forjaron sus valores.

Previo a la llegada del Islam, los orangs kampung (campesinos -literalmente “gente de las aldeas”-) concibieron un sistema legal basado en el valor de la cooperación. En efecto, las comunidades aldeanas, hasta hace un siglo atrás, permanecían aisladas e independientes. La sobrevivencia solo era posible gracias a la mutua asistencia de sus miembros. La ley tradicional o adat (costumbre) hundía sus bases en dos principios fundamentales: la mutua responsabilidad y la compensación.

El principio de mutua responsabilidad, colocaba a todos los miembros de la comunidad en situación de co-responsabilidad por los actos cometidos por cada integrante. La falta cometida por un individuo, obligaba a toda la comunidad al pago de compensación. El principio de compensación ajusticiaba el delito, de acuerdo a su gravedad, mediante el pago de una compensación material a la víctima, o la familia de la víctima[34]. En casos extremos de insolvencia quien delinquía caía en estado de esclavitud.

El cooperativismo era total, la persona se entendía en base a su función dentro del kampung, esa era la unidad mínima de identidad, y ser expulsado de ella era el peor castigo que podía recibir un integrante. La aldea era responsable del endeudamiento de sus integrantes, pero también tenía derechos sobre el enriquecimiento de cada uno de ellos. Esta mecánica impedía la diferenciación social en su sentido económico.

La distinción social en referencia a un status tampoco tenía lugar. No existía nada parecido a la forma piramidal de obediencia de la cultura china, ni la forma estratificada de la cultura india, tampoco eran fuertes los lazos simbióticos soberano-súbdito, y la lealtad al rey era totalmente relativa a las circunstancias. Los kampungs pequeños albergaban de 10 a 20 familias, que tendían a ser numerosas, si bien dentro de la aldea existía un líder, los integrantes tendían a ocupar un rol igualitario. De hecho, la división de tareas era mínima: todos hacían las tareas de todos.

La mujer, por ejemplo, ocupaba un lugar importante. Aunque esta característica puede ser extendida a toda el Asia sudoriental, es en el mundo malayo donde se mostró de manera más explícita. La práctica del infanticidio femenino frecuente en comunidades de subsistencia pertenecientes a culturas que luego se dieron cita en la península, como la china y la árabe, no tienen registro en el mundo malayo. Razón y consecuencia jugaron un rol de primer orden en la asimilación de extranjeros; durante mucho tiempo fueron sólo hombres los comerciantes indios, árabes y chinos que llegaban a la región, estos formaban pareja con mujeres locales, y de esta forma se integraban a la vida de aldea. La importancia de la mujer variaba de una región a otra, llegando a darse el matriarcado en algunos pueblos, como por ejemplo entre los pueblos de minangkabau de Sumatra. En los kampungs minangkabau era prioritario tener hijas de modo de asegurar la herencia que seguía formas matrilineales. El esposo iba a vivir a la aldea de la esposa, y el divorcio significaba para él el retorno a su primer hogar. En la península primó la forma patriarcal, pera aún así la mujer gozó de gran prestigio. Además, la inmigración dentro del propio mundo malayo tendía a mixturar las formas. Podemos citar a la inmigración de pueblos bugis de Sulawesi, que conllevó la propagación dentro de la península de un alto status para la mujer que la hacía partícipe de actividades públicas, prácticas políticas, y no rara vez la directa asunción del liderazgo de la comunidad. En efecto, la mujer malaya gozaba de “derechos y privilegios (…) que la mujer occidental no disfrutó sino hasta entrado el siglo XX y en algunas sociedades no los ha tenido incluso hasta hoy día.”[35]

La cultura del kampung fue cuna de identidad del pueblo malayo. Se habla de orang kampung (gente de aldea), bahasa kampung (lengua de aldea), cara kampung (modo de vida aldeana). Su importancia es tan visceral que, como nos aclara, A.B.Shamsul, “el término fue largamente tomado en cuenta por los especialistas en Malasia, quienes muy fácilmente adoptaban kampung como sinónimo de malayo y malayidad”[36].
2.1.2 Comportamientos

Tanto en la agricultura como en el comercio, la mutua asistencia entre los miembros de una aldea era necesaria. De igual forma, la cooperación con el entorno humano externo a la villa era vital. El vecino se mostraba como un aliado. En la agricultura, los sistemas de irrigación, por ejemplo, requerían muchas veces del esfuerzo mancomunado de más de un kampung, tanto para su construcción como para su mantenimiento. En el comercio, también era necesaria la relación con los pueblos autóctonos encargados de las tareas extractivas, y con los distintos pueblos malayos que hacían de puente hasta que la mercadería llegaba a los centros de recolección. El buen trato con las comunidades vecinas no sólo se traducía en prosperidad, también cobraba entidad dentro del sistema de valores. Las buenas formas resultaban esenciales dentro de la concepción del adat, el comportamiento y lenguaje inadecuados eran altamente descalificados. El uso de formas abusivas o agresivas era deshonroso. El lenguaje malayo da crédito de este comportamiento: “Al contrario del inglés o los dialectos chinos, el lenguaje malayo no contiene muchas palabras que sean gráficamente soeces.  Si uno quiere insultar a alguien en inglés o en chino, se acusa a aquel de un acto sexual no natural o se lo compara con una parte del cuerpo que se considera impura o sucia. El lenguaje malayo tradicionalmente no tiene un vocabulario de tal tipo (…) La peor forma de insulto de la mayoría de los malayos es kurang ajar, que se traduce como ´carente de buenas maneras´. La frase literalmente significa ´poca educación´. Su uso, es reflejo de la cooperatividad y cortesía de la vida de kampung. Mientras toda el sistema educacional imparte aceptables modos de comportamiento, para los malayos tradicionales, las buenas formas son lo más importante”[37].

El demasiado cuidado en la utilización de las buenas formas, hizo de los malayos gente susceptible ante el indebido uso del lenguaje o ante un comportamiento poco considerado. El trato que el prójimo dispensa es altamente valuado, y este es generalmente medido en términos de lenguaje y comportamiento social. Ser bien considerado, como dijimos anteriormente, es símbolo de status; en todo el Asia oriental, ello se relaciona con el concepto de “mantener la cara”. “Mantener o perder la cara”, significa, mantener o perder el buen nombre, la reputación, pero no en sentido simplemente de mérito laboral, sino en vista a un ordenamiento respecto del adat, a la posición y función individual dentro de la comunidad en concordancia con las buenas costumbres. En todo el extremo oriente de impronta o influencia china, el “perder la cara” se relaciona sobre todo con la ruptura pública del estricto orden piramidal confuciano. En el mundo malayo, sin embargo, el término está más asociado con los malos modos independientemente de la posición social de los actores en juego. La “pérdida de cara”, esta fuerte sensación de vergüenza cuando, por ejemplo, se es contradecido o apercibido sin la debida delicadeza, produce fuertes reacciones que van desde enojos hasta actitudes suicidas.

El reverso de esta susceptibilidad ante las formas agresivas, se traduce en una extrema cautela en el uso de cualquier modo que pudiera ofender (o producir una “pérdida de cara”) al prójimo. Esta gran represión en la exteriorización de las emociones que podrían causar desarmonía en la comunidad, en ocasiones provoca explosiones de momentánea locura, conocida en malayo como amok. Quien sufre de amok, cae en un estado pasajero de comportamiento desvariado e incontrolado. Esta crisis suele tomar la forma de fuertes carcajadas sin fin o el uso continuo de palabras y gestos obscenos, lo que demuestra la verdadera raíz del problema. Otras sociedades, como la japonesa, han observado reacciones similares, pero se producían en mujeres que pertenecían al rígido protocolo de la vida cortesana. En Malasia, esta situación puede desarrollarse en cualquier ámbito social y tampoco está necesariamente limitada al género femenino. Sin embargo son mujeres las que generalmente caen en este estado, observándose en ello el cambio de acento que en materia de géneros ocurrió cuando las creencias autóctonas fueron veladas por la adopción del Islam.
2.1.3 Valores de aldea frente al avance urbano

La mayoría de las villas, cumplieron un rol de importancia en la canalización del comercio, pero no así en la captación de beneficios. Estos fueron acaparados por los kampungs que tomaron la comercialización como su actividad principal y luego devinieron en centros de intercambio. El kampung tipo siguió teniendo a la agricultura del arroz como base económica, y nunca llegó a acumular demasiados bienes materiales. Fue reservorio de las formas malayas más tradicionales. Cuando las políticas inglesas promovieron la inmigración de chinos, los kampungs agrarios fueron los más perjudicados. “Fue imposible para los malayos competir con los inmigrantes chinos porque ellos sólo perseguían ocupaciones rurales y no estaban interesados en empleos urbanos (…) tal vez porque los malayos tienden a vivir juntos en kampungs lejos de las áreas urbanas, ellos parecían estar siguiendo ocupaciones tradicionales, pero el kampung fue un fenómeno social, no uno económico. Los malayos preferían vivir cerca de aquellos que compartían su religión y sus valores culturales. Ellos buscaban preservar sus valores de cooperación tradicional en contra de una abrumadora población extranjera”[38]

Tras la independencia, los kampungs agrarios fueron políticamente buscados como base cultural de la sociedad, pero paradójicamente, en el plano económico representaron una verdadera traba en la adopción de formas de libre comercio y actitudes capitalistas. “La familia extendida como una unidad económica y los kampungs como una unidad social van en detrimento de la construcción de una sociedad próspera. El capitalismo depende de manejos individuales y recompensas individuales como base de su progreso”[39].

El fenómeno globalizado del progresivo traslado de la población rural a las ciudades representa en Malasia un gran reto. La política, basada en distinciones raciales, debería asegurar a los malayos, como verdaderos “hijos de la tierra” (bumiputra) el dominio económico de sus tierras. Sin embargo los valores cosechados por los orangs kampung parecieran ineficaces dentro del contexto ciudadano. “Valores tradicionales generados en los kampungs no conducen particularmente al éxito en la ciudad. En la atmósfera competitiva de una economía capitalista valores de cooperación y coexistencia se vuelven progresivamente irrelevantes. La habilidad de un individuo para competir se vuelve más importante que la relación con sus vecinos. El status es determinado por la riqueza y las posesiones antes que por las buenas maneras. La casa donde se vive y el auto que se maneja son determinantes de la persona como individuo y proveedor de un estatus totalmente diferente del valor de formas de orientación comunal que determinan la estatura dentro de un kampung”[40].
2.2 País malayo (tanah malayu)
2.2.1Geografía

Mientras el SEA continental se divide en una variedad de pueblos con historias y formas culturales distintas, la península y la mayor parte del archipiélago conforma una identidad que, aunque globalizante de una gran variedad de formas, la nombramos y entendemos como una unidad: el mundo malayo. Su geografía impuso cotos a las posibilidades económicas, fijó el camino de las corrientes migratorias y del esparcimiento del idioma, estableció una visión particular del tiempo, instauró una dinámica de dominio político, marcó el carácter de la población, estipuló la intensidad del trabajo y sus tiempos. A la hora de buscar las raíces identificación, tal como nos afirma Hng Hung Yong:  “la geografía de la región explica porqué y cómo”[41]

El mismo término malayu fue, antes que nada, un topónimo. Tolomeo habló de un “malayu kulon” al oeste de su “península dorada” en el siglo II de nuestra Era y el geógrafo árabe Edrisi, ya en el siglo XII, también dejó testimonio de la rica isla de “malai”, donde abundaban el oro, las especias, y los elefantes. Recién cuando el Islam, el último factor de identidad primaria de los malayos, se establece firmemente como sello distintivo del reino de Malaca, avanzado el siglo XV, el término malayu comenzará a ser usado como gentilicio. Gente y geografía se unían algo después en las fuentes chinas del siglo XVIII cuando se utiliza por primera vez el término malayu (en chino wu lai yu), como sinónimo de área cultural, la cuál incluía a Filipinas[42].

El norte de la Federación de Malasia, único país de la región cuyo territorio posee una región peninsular, ha sido siempre el límite de este mundo y el comienzo del sudeste asiático continental.

Tanto su península como la región occidental de la isla de Borneo, sufren el paso de los fuertes vientos estacionales conocidos como monzones, que en una y otra dirección soplan durante todo el año trayendo una interminable y sobreabundante lluvia (se suele decir que Malasia tiene dos estaciones: una lluviosa, y otro más lluviosa aún).  Como podría suponerse de un país muy cercano al Ecuador, las temperaturas tampoco ofrecen variedad alguna. Esta monotonía climática no ha ayudado, como podría suponerse, a la fertilidad del suelo; la tierra arable de Malasia cubre solo una pequeña parte de su territorio.

Frente al calor y la humedad constantes, los malayos forjaron un trabajo lento y con horas de descanso intermedias. Esta actitud, lógica adaptabilidad a las condiciones, fue menospreciada por los ingleses, quienes la consideraron mera holgazanería. Tal caratulación, fue ampliamente aceptada, y sumo su parte a la política colonial que buscó inmigrantes para las tareas que se necesitaban. El dicho malayo “solo los perros locos y los ingleses caminan bajo el sol del mediodía”, ilustra la naturaleza de esta incomprensión.

La espesura de la vegetación y lo escarpado del terreno propiciaban el aislamiento de los kampungs, su necesidad de una semi-independencia económica y su conexión con otra gente mayoritariamente por medio de vías fluviales. Esto puso freno durante muchos siglos a aspiraciones imperiales, a medida que los kampungs entraron en la órbita de ciertos reinos, estos centros compitieron entre sí sin llegar nunca a absorberse o destruirse, sino que establecían acuerdos en post de aquel que ostentara el poder de turno. Pasado el período colonial, Malasia se estableció como una federación, cuyos Estados turnan el poder central.

La pasividad de las aguas de la región, actuó a favor del desarrollo de habilidades pesqueras y navegacionales. “La longevidad del conocimiento malayo del mar está atestiguada por evidencias arqueológicas y lingüísticas, y por un abanico de términos náuticos indígenas y una variedad de tipos de botes (…) mientras modelos externos han sido rápidamente copiados o adaptados, la adquisición de habilidades marineras fue primariamente una realización local.”[43]

Aunque es el Sudeste Asiático continental el que lleva el nombre de Indochina, comercialmente hablando es el mundo malayo el que debería haber adoptado tal designación. La topografía del Sudeste Asiático continental, explica por qué las corrientes migratorias siguieron generalmente una dirección norte-sur. Eran los ríos y no la tierra los que permitían el desplazamiento y el contacto. Esta noción debe también aplicarse al archipiélago aunque aquí, el movimiento migratorio se da en dirección este-oeste. Paso marítimo obligado entre las civilizaciones china e india, la localización del mundo malayo inclinó a su pueblo al desarrollo del comercio. Y dentro de éste fue Malasia la que ubicó un lugar estratégico: conectada con el continente, accedía al intercambio con el mundo no malayo sudoriental. Ubicada en el centro de la ruta más directa, se beneficiaba del paso de las distintas embarcaciones como verdadero corredor, lo mismo que dominaba el Golfo de Tailandia y el Estrecho de Malaca, ejes geopolíticos para el dominio del comercio regional. El estrecho, amparado de los monzones, era lugar ideal para el anclaje de los barcos (todavía hoy hay una marcada diferencia en el desarrollo económico de la península de Malaca occidental respecto de la oriental). El comercio marcó la medida del crecimiento poblacional. Los kampungs se transformaron en ciudades sólo a través del comercio. El término malayo bandar es utilizado para referirse a una ciudad, pero su significado real es “puerto”.

La geografía del archipiélago se ofrecía al desarrollo de la agricultura intensiva y el comercio internacional, y por milenios los malayos supieron desarrollar estas actividades, que en el resto del Asia sudoriental parecían incompatibles. La combinación forjó una identidad propia que hoy nos permite aunar una extensión muy amplia de territorio bajo el título de “mundo malayo”. La península de Malaca y el norte de Borneo, fueron, en muchos sentidos, las fuerzas centrífugas de esa identidad.
2.2.2 1º Actividad económica: agricultura

En la mayoría de los kampungs se destinaba un área al cultivo de vegetales y árboles frutales, la pesca era una actividad común, y aún sin alejarse demasiado se podía llevar una actividad extractiva de ciertos minerales, particularmente el estaño. Sin embargo, la vida se moldeaba en torno a los ciclos del crecimiento del arroz. La agricultura arrocera era la actividad por excelencia en lo que se refiere al forjamiento de patrones culturales, llegándose a hablar incluso de una “cultura del arroz”. Los dos pilares del adat malayo pueden descubrirse en ella. El espacio compuesto por el kampung y los campos arroceros es patrimonio de los valores malayos, allí se los concibe y aprende de forma natural. El arroz es base de su alimentación, y también de sus costumbres.

La agricultura del arroz en Malasia necesita del aprovechamiento del gran caudal de lluvia como así también de la buena canalización de los numerosos ríos. Las plantas jóvenes son primeramente dispuestas en viveros, para luego, conforme alcanzan la suficiente madurez, ser transplantadas brote por brote, a campos inundados. Más tarde llegará la hora de la cosecha y de la separación del grano. Todo el proceso es realizado a mano, en una labor sumamente intensiva. Al igual que China, Malasia posee un área muy reducida de tierras productivas obligando a la agricultura intensiva; pero a diferencia de aquella, el calor agobiante reduce la jornada laboral, y ello por mucho tiempo fue un impedimento para el crecimiento y mantenimiento de grandes poblaciones.

Esto último parecería irracional si se tomara en cuenta la increíble riqueza en fuentes de alimentos tanto en las junglas de las regiones interiores, como en los manglares costeros de la parte occidental de la península y la isla de Borneo. Pero eran éstos, ámbitos de pueblos no malayos, con los que los orangs kampung interactuaban, pero por diversas razones no invadían.

La jungla proveía maderas aromáticas, resinas, ratán, y especias como el alcanfor, haciendo conocido el comercio malayo. Ciertas regiones aisladas, además, eran ricas en diferentes tipos de piedras preciosas, entre ellos el oro, razón por la cuál la región fue bautizada por los geógrafos griegos como “Península Dorada”. Sin embargo, la extracción de estos bienes no fue realizada por los malayos: “Aunque los malayos han sido responsables de las actividades de comercio y distribución de los productos de las regiones selváticas, ellos no fueron los principales recolectores. Los establecimientos malayos se desarrollaron a la vera de los ríos y costas antes que en las regiones interiores, y los malayos raramente se aventuraron más allá del margen de la jungla”[44].
2.2.3 2º Actividad económica: comercio

En claro contraste con la mayoría de las culturas agricultoras de arroz de toda el Asia oriental, incluida China, los malayos no encontraron impedimentos éticos, sociales, políticos o geográficos para el temprano desarrollo de actividades comerciales. El comercio hizo popular la región a todo el mundo conocido, permitió el desarrollo de imperios a lo largo del archipiélago, pero por sobre todo, brindó una indeleble nota distintiva, -la segunda en importancia luego de la agricultura en lo que respecta a desarrollo de habilidades y valores en torno a una actividad económica-, y sello de identidad del mundo malayo.

La habilidad de los malayos, consistió primeramente en la apreciación de la riqueza de materias primas de su hábitat, y la extrema habilidad para hacerse de ellas a través de una fluida interacción con grupos nómades tanto terrestres como marítimos[45]. Culturas cazadoras y recolectoras desarrollaban específicos conocimientos extractivos de su área de dominio. Dentro de la impresionante variedad botánica, mineral e ictícola, ciertos tipos sólo se encontraban en determinado territorio, y su acceso y reconocimiento requerían de una total adaptación al entorno. Así, por ejemplo, solo específicas señales como el color interior de una corteza o el olor de cierta madera, permitían encontrar maderas aromáticas como el árbol gaharu, o dar con las semillas de alcanfor escondidas dentro del tronco del árbol.

Se asume que existía un importante comercio interno, mediante el cual, grupos no malayos, acercaban los productos de la jungla y los manglares a los kampungs, en ocasiones por caminos terrestres pero más frecuentemente mediante el uso de los ríos, por medio de rápidas canoas y balsas de remo. Más tarde estos productos eran llevados a un punto central de recolección que actuaba como mercado y se sitiaba cerca de un puerto importante.

La distribución no era solo interna sino que resultaba en un verdadero comercio internacional. Elementos arqueológicos confirman contactos comerciales con India desde fechas tan tempranas como el siglo II a.C. Originalmente este comercio se realizaba desde la Bahía de Bengala, vía marítima hasta una región norte de la península de Malaca cercana al Estado de Kedah actual y luego las mercancías eran transportadas al este de la península por tierra a la altura del istmo de Kra; es en esta región donde algunos kampungs crecieron en influencia hasta convertirse en pequeños reinos comerciales, gobernados generalmente por indios. Ya en el siglo II de nuestra era, China hacía referencia al comercio con reinos subyugados por Funam ubicados en el istmo de Kra. El reino de Funam, ubicado en el bajo Mekong, se desarrolló gracias a este intercambio que sólo podía llevarse a cabo a través de rutas costeras. En el siglo V, los avances técnicos en materia de navegación permitieron el establecimiento de una ruta comercial marítima que completara el trayecto entre India y China. Esto significó la desaparición del reino de Funam, y la emergencia del primer imperio comercial marítimo del sudeste asiático: Sri Vijaya. El control del comercio regional, había pasado entonces -y hasta la llegada de los europeos se mantendrá así- a manos de los malayos.

Sri Vijaya, y los imperios que lo continuaron (Malaca, Johor) basaron su economía en el comercio internacional, que fue desde entonces una actividad oficial. Cuando sus poderes centralizadores menguaban, reinos comerciales de menor envergadura comenzaban a cobrar sus propias tasas aduaneras, pudiéndose entender la piratería como la forma más extrema de recaudación de impuestos a los cuales estos pequeños centros recurrían[46].

Pero aún en los períodos de mayor auge, la influencia política de los imperios fue primordialmente costera. Los kampungs cercanos a los puertos comerciales se urbanizaron y estuvieron atados a las directivas económicas del gobierno central, pero el resto permaneció tan rural e independientemente económico como lo había sido durante siglos. Paradójicamente, los lineamientos de lealtad y legitimación a los reyes fueron más marcados entre la población rural que en la urbana. Los kampungs, históricamente, disponían sólo de un pequeño excedente de arroz, utilizable para el trueque con otros bienes. El desarrollo de los kampungs urbanos llevó, ya en el período de Malaca, a la necesidad de la importación de arroz. El adat malayo surgido del contexto agrícola, era menos rígido en las ciudades, donde el intercambio con lo extranjero era rutinario[47]. Se abría así una clara brecha entre comunidades “ceremoniales” (ortodoxas) y “comerciales” (heterogéneas)[48], que se iría acentuando, en el período colonial, con la intensificación tanto del comercio como de la inmigración.  Pero sería un error establecer esta dicotomía en términos de formas malayas y formas no malayas. Los kampungs, tanto rurales como urbanos, aún cuando incorporaran miembros externos, eran símbolo de identidad malaya[49]; identidad en la que, en sentido económico y a diferencia del resto de los pueblos del Asia sudoriental, convergen formas comerciales y agrícolas. Así, mientras en los kampungs rurales la identidad malaya se afianzaba por medio de la vida en comunidad, la tarea agrícola, lo racial. En los kampung urbanos, constantemente confrontados con pueblos de otras razas, fue la religión y el idioma el nexo que unía a los malayos[50].
3. La comunidad
3.1 Nación malaya  (bangsa malayu)

El término «nación», nos ha llegado a nosotros derivado del latín nascere, cuyo significado es «nacer». Se cree que comenzó a usarse en las Universidades medievales europeas para designar a las agrupaciones de viviendas en las que se alojaban los estudiantes de diversos orígenes, según precisamente los lugares de nacimiento. El término ha ido cambiando de connotación a lo largo de los siglos, y hoy pareciera imponerse la idea de que toda nación no es sino el conjunto de personas que ejercen soberanía sobre determinado territorio. La primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española avala esta idea: “Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno”[51]. Organismos internacionales como la  Liga de las Naciones o las Naciones Unidas utilizan el término en tal sentido.

Pero esta acepción actual resulta menesterosa a nuestro fin en tanto coloca a la tierra soberana, como condición suficiente de unión entre los compatriotas. Un territorio recién independizado, no necesitaría que sus habitantes posean cierta cultura común, o que su configuración haya tenido bases históricas o culturales (es decir, que no haya sido impuesta por fuerzas externas sino que responda a razones intestinas profundas), para ser considerada una nueva nación. Más aún, deja abierta la posibilidad de un cambio de nacionalidad, y con ello entramos en el campo de lo volitivo. La adhesión voluntaria se corresponde, en la estructura de Lewis que nosotros seguimos, a las identidades secundarias. Mientras que en las identidades primarias -aquellas que nos proponemos desarrollar en éste trabajo- lo primordial es su carácter de indeliberación, involuntariedad, tal como explicábamos supra.

Otra acepción del mismo diccionario nos afirma que “nación” es también un: «Conjunto de personas de un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común». Esta visión del concepto hace prescindible su ligazón con un territorio propio, agregando en cambio la necesidad de ciertos elementos unificadores. La noción etimológica de nascere sigue vigente aunque esta no refiere a un territorio soberano, sino al de la cuna étnica, es decir a la herencia racial y cultural. En el presente capítulo seguiremos entonces esta última línea. Cabe aclarar, por otro lado, que pese a la falencia en la acepción, es posible concebir el territorio como forjador involuntario de identidad, como hemos visto supra en la sección 3.2. Se trata de una noción ligada a lo geográfico y no a lo soberano o gubernamental.
3.1.1 Origen compartido

La búsqueda de un origen fundante es común a todos los pueblos. Sea por la característica insular, sea por lo escarpado del terreno, el mundo malayo fue, sobre todo antes del establecimiento del dominio imperial de Sri Vijaya, un cúmulo de incontables pueblos que desarrollaron sus propias historias mitológicas. Esta suerte de distribución celular fue tan patente, que los especialistas en mitología y creencias religiosas se han acercado al territorio malayo en busca de visiones primitivas ya desaparecidas en el resto del mundo. El tardío arribo de la escritura, fue otro elemento que evitaba una homogenización de una cosmogonía primera, limitando el campo de aceptación de una visión particular a nivel de aldea, donde las distintas generaciones se narraban la historia oralmente. Sin embargo, en algunas artes características es posible rastrear ciertas premisas de períodos pre indianizados. Así, por ejemplo, en el wayang-kulit, o teatro de sombras (wayang= sombra, kulit = cuero –en alusión al material en que se confeccionan los personajes-), se narran historias antropogónicas, ligadas por ejemplo al descenso de la montaña (gunuman) o del árbol (kekayon), nociones mitológicas previas a la influencia india que en el wayang adoptan la forma de personajes[52].

Resulta curioso además que todos los personajes se fijen a través de dos pisang, es decir, de falsos tallos del plátano, siendo exactamente ésta la planta utilizada en los mitos más conocidos de la región[53] para hacer alusión a una antropología ligada a la vegetación, en una concepción animista del mundo. También la característica de los héroes, que estos muñecos de cuero representan, remarcan el acento puesto en los ritos a los antepasados, pues algunos poseen tanta carga mágica que acuden en ayuda de los dioses convirtiéndose en uno de ellos[54]. Por supuesto también abundan historias etiológicas, en donde los dioses les enseñan al hombre oficios tales como la utilización del búfalo en el trabajo agrícola o la confección de armas.

Con la llegada de la escritura, la literatura india se popularizó, tanto en lo que hace a historias budistas e hindúes, como, sobre todo, aquellas ligadas con lo épico, como el Mahabharata y el Ramayana. La realeza malaya adaptó estas historias para acreditar su descendencia divina. La fundación del pueblo malayo, de la que ellos eran sus más ideales representantes, se retrotraía hasta los “tres reyes indios” (los dioses Indra, Visnú y Shiva)[55].

La llegada del Islam y su escritura jawi, dará un nuevo giro a estas genealogías reales, intercambiando los reyes indios por figuras musulmanas, y referenciando éstas a su vez, a un primer progenitor (la unicidad es factor fundante en el Islam) ¡representado en la forma de Alejandro Magno! Los anales malayos dan prueba de esta increíble extrapolación que liga a la realeza musulmana malaya a la Grecia preislámica. La ascensión de Alejandro el Grande a la categoría de primer rey enviado por Dios tiene cuna irania, posiblemente creada por los musulmanes de Persia para justificar su caída ante los griegos, considerada así una intervención divina[56].

3.1.2 “…generalmente una lengua común…”

El carácter no absolutamente necesario de un idioma común en la acepción de “nación” del Diccionario de la Real Academia Española es muy significativo. La Constitución de Malasia de 1957, en su artículo 160, parecía confirmar tal postura. Define a la nación malaya como aquella conformada por quienes “profesan la religión musulmana, habitualmente hablan el lenguaje malayo, y adoptan las costumbres malayas”. Solo respecto de la lengua habla de “habitualidad”, término ambiguo que puede referir al hábito pero también a la eventualidad. En este mismo sentido, James T. Collins, uno de los mayores especialistas en lenguaje malayo, afirma que “el lenguaje puede servir como símbolo de identidad, pero no puede servir como patrón de una identidad establecida”[57]. Según su visión, en muchas partes del archipiélago conocido como “malayo”, la idea de una nación monolingual resulta totalmente irrelevante. Sin embargo, Collins habla de diversidad principalmente en sentido dialectal. Así, si bien no existiría una nación de lengua malaya, sí podríamos hablar de una nación que presenta distintas formas de lenguajes “maláyicos”. Por supuesto que caben las excepciones, en el norte de la península, por ejemplo, en lugares como las islas Langkawi y Paktai, los habitantes hablan un idioma similar al tailandés, sin embargo son musulmanes y se reconocen como malayos. En Borneo, siendo paradójicamente cuna de la lengua malaya –como indicamos supra-, existen grupos bidayus (familiarmente conocidos como dayaks del mar), que mantuvieron sus lenguajes no maláyicos.  Aunque la mayoría han adoptado el cristianismo y/o mantuvieron sus cultos animistas, otros han sido influenciados por la cultura centrífuga de la península y han adoptado el Islam. Un grupo menor entre estos, terminó abandonando sus formas autóctonas, y se definen hoy como malayo, a pesar de poseer una lengua de distinta familia.

Por el contrario, en Malasia, quien combina el lenguaje malayo (o cualquiera de sus formas dialectales) con el culto islámico, aún cuando su raza no se corresponda con la malaya, se suele identificar a sí mismo como malayo, a pesar de la categorización que le otorgue la Constitución de su particular Estado dentro de la Federación de Malasia[58]. Si en Malasia la conjunción de lengua malaya y religión islámica parecieran prescindir de la raza malaya, en la formación de la identidad malaya esto guarda relación con la historia de la propagación del Islam y el malayo sobre todo en el período de llegada de los europeos. Efectivamente, el Islam y el idioma malayo, enfrentaron al cristianismo y a las lenguas europeas -en Malasia sobre todo a la portuguesa-. Por ello, si bien no existe una población con lenguaje occidental, musulmana y racialmente malaya, que no maneje asimismo la lengua malaya, sí se da el caso de habitantes cristianos de Sabah y Sarawak que, aunque posean lengua malaya y se los pueda emparentar racialmente con los malayos, no comparten su etnia en razón de su religión.

La lengua malaya (bahasa malayu) tomó nombre de un topónimo, como hemos visto supra. Sin embargo, de otro topónimo, Java, deriva jawi, el nombre de la escritura árabe para el lenguaje malayo, pero por extensión fue también usado para el lenguaje y la población. El término malayu como referencia al lenguaje comenzó a usarse luego del arribo de Malaca como potencia regional. Cuando en 1824, ingleses y holandeses acordaron la división de sus esferas de dominio, el lenguaje malayo por antonomasia quedó centrado en la península, mientras que el archipiélago volvió a referenciar a una lengua bautizada ahora como “indonesia”, y con centro nuevamente en Java.

En sentido amplio bahasa malayu incluye el idioma malayo en su estado más puro, y todas las formas maláyicas; de la misma forma que en la Federación de Malasia se utiliza el término bumiputra (“hijo de la tierra”), para referenciar a los malayos propiamente dichos y aquellos que poseen sólo cierto grado de parentesco racial. Cuando se quiere hablar sólo del lenguaje de grupos secundarios al malayo oficial, se habla de bahasa orang kampung, es decir, el lenguaje de los aldeanos[59]. Pero el bahasa malayu, en sentido estricto, también puede ser susceptible de división. Así, por ejemplo, se puede hablar de un bahasa dalem (malayo de corte), un bahasa gunung (malayo de los montañeses o agricultores), un bahasa bangsawan (malayo aristocrático), un bahasa kacukan (malayo comercial)[60] y un bahasa jawi (malayo del Libro, o malayo coránico).
3.1.3 Misma tradición

La conformación de una Nación, al contrario de la creación de los actuales Estado-Nación, conlleva un largo proceso. Una Nación-Estado posee una fecha de fundación, que en países colonizados se equipara a la declaración de independencia respecto del imperio subyugante. Como hemos visto, las naciones buscan también un principio, pero éste no tiene una fecha cierta sino que suele manejarse en un tiempo ancestral o mítico. La fijación del ilho tempore es además y siempre retroactiva. En la creación de un Estado-Nación surge la conciencia de esa identidad, y esa conciencia se suele materializar en esa creación. La materialización de esa conciencia funciona como fecha fundacional. En la creación de una Nación, la identidad colectiva se va forjando inconscientemente a través de los siglos, casi imperceptible hasta que, el encuentro con alguno elemento extraño produce la conciencia. Entonces se intenta descubrir el cuándo, la cuna temporal de la propia identidad.

Aunque el término malayu es posible rastrearlo hasta épocas tan tempranas como el siglo II d.C., en la historia del pueblo malayo no existió una palabra que expresara la idea de nación. El término actual para hablar de la nación malaya es bangsa malayu. Como hemos visto, significa literalmente raza malaya y nuestros registros más antiguos del término datan de alguna fecha entre siglo XIII-XV, lo que se correspondería políticamente con la caída de Sri Vijaya y el arribo de Malaca. Durante el reinado de Mansur Shah en el siglo XV, los grandes guerreros recibían el título de Hang. Según nos cuenta la narración épica Hikayat Hang Tuah[61] el mayor de estos guerreros fue el héroe Hang Tuah quien “responde a la descripción de la pureza del ser malayo en Malaca diciendo ´Nosotros somos malayos, pero también kacukan´, usando una palabra cuya raíz, kacu, significa mixtura o falta de pureza”[62]. La conciencia de una nacionalidad compartida por etnias emparentadas a la normativa de Malaca pareciera desprenderse del texto. La misma noción continuó con el heredero directo de Malaca, el sultanato de Johor, durante el siglo XVI y XVII, pero será tras el regicidio del sultán Mahmud de Johor, en 1699, cuando ampliará aún más su pluralidad. La muerte de quien era reconocido como el último heredero sanguíneo de la larga línea de reyes que unían a las realezas de Sri Vijaya, Malaca y Johor, tuvo consecuencias de largo alcance en la historia malaya. También lo tuvo en lo que respecta a identidad nacional. El vacío de legitimidad, fue aprovechado por pueblos más lejanos étnicamente al estereotipo peninsular. Formas culturales diferentes traídas por grupos bugis procedentes de Sulawesi, y minangkabau de Siak, en Sumatra oriental, se sumaron a la cosmovisión nacional, cuando estos pueblos se adhirieron a la realeza de Johor, como medio de alcanzar el poder político. A partir de entonces estos pueblos se volvieron “malayos” por asociación a la casa real de Johor, y sumaron su particular tradición a la construcción de la identidad nacional malaya. Podemos ver prueba de ello en los textos tradicionales que entonces funcionaban como verdaderos manuales de enseñanza. Uno de los más conocidos es el Hikayat Siak o Crónica de Siak, que enfatizan el mantenimiento del adat, el consenso y la posición del gobernante dentro de la sociedad, y posiblemente también, según autores como Timothy Barnard afirman, el uso de la violencia: “…el siglo XVIII fue un período donde Estados como Siak tuvieron que pelear por su identidad malaya… Esta violencia fue sostenida como un componente explícito e importante de la identidad malaya durante el período. En el siglo XVIII los malayos no eran dóciles campesinos o pescadores… violencia, adat y comercio se habían convertido en interconexiones en la formación de una identidad siak-malaya.”[63]

El siglo XIX será testigo de un nuevo giro en la visión autoreferente del pueblo malayo (orang malayu). Tras la conformación de los Establecimientos de los Estrechos, la política adoptada por Sir Stamford Raffles irá gradualmente asemejando el concepto de nación malaya al de raza malaya, y tal equiparidad será aceptada tanto por el poder colonial como por los mismos malayos. La masiva inmigración de población procedente de India, Sri Lanka y China, propulsada por los ingleses, forzará una identidad racial. La fuente de mayor riqueza descriptiva para éste período es el Hikayat Abdullah (“La Historia de Abdullah”). Abdullah Munshi fue un destacado maestro de la lengua malaya de los gobernantes ingleses, y escriba personal de Raffles. Testigo de la transformación que se estaba llevando a cabo en su mundo desde la llegada de los occidentales, Abdullah Munshi utiliza el término bangsa malayu como sinónimo de nación, en contraposición a los europeos y chinos. Su autobiografía está datada c.1840 y es la fuente más antigua que testifica este cambio hacia una noción racial de la identidad nacional. El censo de 1891, ya separará a los pueblos de Malasia por categorías raciales en chinos, tamiles y malayos, y desde entonces raza y nación serán difícilmente discernibles.

Ya en el siglo XX, desde la independencia del país, la historia de los líderes políticos puede ser descrita en términos de políticas de construcción de nacionalidad. El Dr. Mahatir Mohamed, quien se mantuvo en el poder como Primer Ministro malasio por mayor tiempo (1981-2003), promovió la visión multicultural y la armonía interétnica, política que paradójicamente fue bautizada o referida como bangsa malaysia o raza malasia[64].
3.2 Creencias malayas (akidah malayu)
3.2.1Creencias preislámicas

Mucho antes del desarrollo del proceso conocido como indianización, los pueblos del sudeste asiático poseían una clara impronta animista. Los objetos, los vegetales, los animales y las fuerzas de la naturaleza eran sublimados en espíritus. Los malayos creían en el espíritu del viento, del agua, del arroz, del banano, del bambú, del tigre, del cocodrilo, de la serpiente, de ciertas áreas de tierra, de la montaña, de los ríos, de las piedras, de los peces, de los botes, de los árboles, del cruce de caminos, de los cráteres, las joyas, las cavernas. La literatura malaya nos provee de un sinnúmero de ejemplos; historias en donde el hombre se relaciona personalmente con todos estos elementos, aunque claramente se alejan de la fábula, en tanto es siempre el espíritu el sujeto y no el elemento -que simplemente lo contiene-.

Estos espíritus podían ser benévolos y malévolos, y la forma más común de propiciar su benevolencia o evitar su malevolencia era a través de ofrendas. Las desgracias, ya se trate de simples enfermedades o de terribles catástrofes se atribuían al accionar de estos espíritus. Ciertos malayos -en general mujeres-, mostraban una especial habilidad en la comunicación con estos espíritus, y oficiaban de chamanes. Su actividad era requerida por la población sobre todo con el objeto de curar enfermedades. El médico brujo era, junto al jefe de aldea, el único elemento que dentro del kampung sobresalía socialmente en su función de liderazgo.

El animismo de los malayos era compartido con los pueblos autóctonos. De hecho, los orangs asli creían en una pluralidad de espíritus silvanos aún mayor, conforme era también más variada la flora y fauna de sus dominios respecto de los territorios costeros malayos. Los malayos no ingresaban a estas áreas extrañas, donde la convivencia con una vívida naturaleza guardaba una silenciosa relación con el terror a lo oculto. “Para ellos [los malayos] la jungla seguía siendo un reino extraño, la guarida de espíritus y demonios que debían propiciarse a través de ofrendas y actos de encantamiento”[65]. Las creencias animistas de los malayos parecían intensificarse en estas zonas. Los malayos preferían hacerse de los buscados productos de la jungla y los manglares a través del trueque. Las creencias jugaban en este mecanismo un lugar de primer orden. Los orangs asli sabían reconocer y encontrar estos artículos salvajes, pero los malayos sabían que más importante aún que el conocimiento del terreno por el que se desplazaban era su “pericia en los secretos y conocimientos esotéricos que se necesitaban para facilitar la búsqueda y aplacar a los espíritus de los objetos concernientes. De acuerdo con fuentes del siglo XIX tardío, esas creencias enraizadas que los colectores empleaban un lenguaje especial y observaban rígidas restricciones dietarias mientras recogían ciertos productos de la jungla”[66].
3.2.2 Indianización de las creencias

En los primeros siglos de nuestra era, un número de factores se combinó para dar por resultado la penetración de la civilización india en el mundo malayo y otras partes del sudeste asiático. La llegada de una cultura que no desconocía la escritura, que tenía una prolífera y bien desarrollada cosmovisión religiosa, que contaba con instituciones gubernamentales y una organización social estratificada, modificó muchos aspectos de la vida malaya. La evolución de su sociedad, de dispersas villas a organizados estados políticos, por ejemplo, se debió a esta influencia. Las recetas farmacológicas y avances en medicina, opacaron la posición del médico brujo, mientras que el jefe de aldea aumentó su poder al consagrarse en hijo de alguna divinidad, y por tanto divino en cierto aspecto.

El complejo de creencias malayas también se vio afectado. El panteón hindú y los distintos budas y bodhisattvas se sumaron al complejo de espíritus en que creían los malayos. Las historias épicas, como el Mahabharata y el Ramayana, enriquecieron el acervo de mitológico y legendario. Sus personajes se combinaron o entraron en relación con otros de creación autóctona. El wayang, como hemos visto, fue una de las formas características de arte sintetizador. La creencia en el espíritu de la montaña, tomó nuevos ímpetus y formas propias al trasladarse sobre este la idea del Monte Meru, la montaña sagrada de la India, el ombligo del mundo. La idea india de la reencarnación acentuó la creencia en la existencia de espíritus también en el hombre, y la posibilidad y la necesidad que este no muriera, como creían los malayos, sino que fuera sucesivamente encarnado. El desarrollo iconográfico de las religiones indias sorprendió a la población autóctona. Elementos religiosos indios se constituyeron en objetos de devoción y eran utilizados como amuletos para la protección de diversos males. El idioma malayo incorporó un sinnúmero de palabras  indias relacionadas con poderes sobrenaturales, como nereka (infierno) ó merdeka (poder / liberación).  La cosmovisión animista, derivó además en un sinnúmero de supersticiones, de acuerdo a las fechas faustas y nefastas de los calendarios religiosos indios.

Pero estos impresionantes cambios no trabajaban sobre suelo virgen, la cultura malaya se encontraba bien asentada en sus formas propias y la llegada de la civilización india, sólo consiguió indianizar ciertas formas, pero jamás duplicar su cultura. La influencia india, en la península y el archipiélago es tan rica como la del Sudeste Asiático continental, pero mucho menos notoria. “Las leyendas malayas no celebran ningún recuerdo de alguna conversión al hinduismo o al budismo como se observa en las dramáticas descripciones de la adopción del Islam, nada que lleve a suponer una línea divisoria cultural. La influencia india en las tempranas comunidades malayas procedió imperceptiblemente, profundizando y enriqueciendo una ya vital cultura.”[67]

La india dotó a una civilización en varias medidas similares a la suya, de una forma más elaborada y sintetizada, y esto aró la tierra para que la semilla del Islam prendiera con fuerza inusitada.
3.2.3 Islam

Cambios en Asia Central y Occidental desembocaron en la caída de Bagdad a manos mongolas en el año 1258; sus efectos se oirían con fuerza en las lejanas tierras malayas. Las rutas caravaneras que unían el Golfo Pérsico con el norte de Europa se cerraban, y la necesidad de abastecer a la demandante Europa renacentista impulsaba a los musulmanes a crear nuevas rutas marítimas que los conectaran directamente con las fuentes proveedoras de especias.

Como budistas e hindúes lo habían hecho siglos atrás, musulmanes indios y persas llegaron al Sudeste Asiático en busca de ganancia. Incluso quienes venían de lugares más lejanos, como ulemas de Egipto o La Meca, lo hacían buscando ricos mecenas. A través del comercio el Islam se instaló fuertemente entre los malayos, y aunque tardío en su historia terminó siendo un potente elemento de identidad.

Los reyes malayos adoptaban la religión de aquellos que dominaban las rutas comerciales hacia Occidente y que también contaban con el auspicio de la corte imperial china[68]. Sus móviles prosaicos sin embargo, tuvieron tremendas implicancias culturales. Malaca se convirtió en un emporio internacional. Si bien sus ambiciones políticas no lograron alcanzar el dominio territorial de su predecesor reino de Sri Vijaya, su influencia cultural fue mucho más allá de su esfera de dominio político, extendiéndose por todo el archipiélago malayo, y siendo el Islam el principal factor de transmisión.

La población musulmana actual de Malasia e Indonesia pertenece mayoritariamente a la ortodoxia sunnita, sin embargo, en los primeros tiempos, eran sobre todo las formas herejéticas chiítas provenientes de India y Persia las que se trasladaban hacia el oriente.  De hecho, aunque los modos en que las distintas corrientes islámicas lograron asentarse en la población son todavía materia de debate académico, se considera que fueron las escuelas sufíes las que tuvieron una importancia primera y decisoria. La influencia del lenguaje persa-indostaní en la lengua malaya es una prueba de ello. Muchas de las tácticas sufíes eran similares a las del período de indianización. “Ellos tenían un extraño y nuevo conocimiento; ellos clamaban estar habilitados para curar enfermedades y sacar afuera a espíritus; y ellos se casaban con las hijas de los jefes comunales y a través de ello influenciaban a otras aldeas.”[69] Los malayos sentían un natural atractivo hacia el panteísmo sufí, muy relacionado con su impronta animista. La veneración de héroes y santos sufíes engrosó la lista de guerreros y dioses de la literatura oral malaya, e india. A los efectos mágicos de las prácticas de encantamiento hindúes, y los mantras budistas, sumaban ahora los números y nombres místicos sufíes capaces de milagrosos efectos, como las 4 letras árabes que deletreaban el nombre de Alá y Mahoma, los 12 símbolos del zodíaco, los 12 imames de la shía duodecimana.

El Islam se mostró muy contemplativo de las formas propias malayas. Las prácticas y artes indígenas no fueron rechazadas, así por ejemplo, a pesar de la prohibición de la representación de formas humanas en el Islam, el wayang con sus títeres de cuero no fue atacado. Los sultanes tomaron títulos hindúes como Maharajá o Mandulika, los ulema se dejaron llamar gurú y sus discípulos sisya.

Sin embargo, paulatinamente, el Islam invadió todas las expresiones. Los dioses hindúes de la literatura y el wayang fueron sustituidos por profetas; los reyes volvieron a ser considerados humanos, pero en compensación rastreaban su árbol genealógico hasta el gran conquistador Alejandro Magno. Las buenas formas que la vida de kampung profesaba incluyeron ahora ciertas reglas de vestimenta “adecuada” y nuevos delineamientos de comportamiento. Se afianzaron las formas comunitarias del kampung al establecerse ahora una comunidad de creyentes que compartían igual sitio ante Alah, pero “la creencia en la poligamia, el divorcio por demanda masculina, la separación de la mujer  en la religión, como la división de los sexos en la mezquita, tendieron a otorgar a la mujer un rol secundario”[70].

Las concepciones indias de la lucha por la salida de la reencarnación, sus ideas de estratificación social, y la compleja metafísica budista con sus cielos superpuestos, sus budas, sus bodhisattvas, se opacaron frente a la idea de predestinación musulmana (que se adaptaba más fácilmente a las concepciones fatalistas que los orangs kampung tenían en la observancia de los repetitivos ciclos de la agricultura y la atmósfera), la horizontalidad de la umma o comunidad islámica, y la simple cosmología musulmana.

El período de mayor esplendor del mundo malayo, su Edad de Oro, corresponde a los siglos XVI y XVII, donde el Islam y la lengua malaya se propagaron por toda la península y el archipiélago, infundiendo una identidad fuerte frente a la llegada de los portugueses y holandeses. Muchos europeos aprendieron el malayo y lo utilizaron tanto en el comercio como en sus actividades de proselitismo cristiano. El Islam en cambio, se mantuvo como sello distintivo de la población malaya, y en los siglos posteriores de colonización inglesa e inmigración china e india, fue la principal base desde la cual afrontar la alienación. Tan fuerte fue la identificación de la nueva religión con lo malayo que los términos para referirse a la conversión al Islam fueron masuk malayu, literalmente “volverse malayo”.
Conclusión

¿Existe una identidad malaya o se trata de una mera dimensión conceptual? Hemos iniciado nuestro recorrido dando respuesta afirmativa a ambos términos de la conjunción disyuntiva.

La identidad malaya existe toda vez que los malayos se sientan hermanados por particulares visiones y comportamientos, por la conciencia de una historia común, por ciertas características raciales y medios de comunicación. Elementos que los distinguen claramente de otros pueblos, y que pueden ser explicitados y explicados en razón de su desarrollo.

La identidad malaya es también una dimensión conceptual, en tanto se trata de la idealización de una realidad inaprensible, dinámica, utilizada con diversos fines pero sin soportar materialidad, supuesta unidad que no es más que un compuesto de elementos, los cuales son susceptibles a su vez de mayores descomposiciones.

Aceptar tales premisas nos abren a la posibilidad de aventurarnos a la búsqueda de un confluir de formas sin molestarnos por las consabidas excepciones, rastrear en la historia las diferentes hebras que tejieron la matriz cultural malaya aún en el conocimiento de su inaplicabilidad al universo de casos puntuales.

Siguiendo el esquema que Bernard Lewis había aplicado al estudio de los pueblos del Cercano Oriente, las identidades primarias que hemos desarrollado se yerguen como los verdaderos pilares sobre los que descansa la forma de ser malaya. Como decía el poeta, se puede pertenecer a una cultura por dos razones: porque se es de esa cultura y porque se nos antoja serlo. Los malayos lo son en razón de raza, su lengua, su vida de aldea, su geografía, su nacimiento e historia, sus creencias. En ello no tienen elección. O en todo caso, han optado sucesivamente por una misma forma que a fuerza de repetirse se ha fraguado, cobrando materialidad, y cuya ruptura inferiría el quiebre de un movimiento inercial de miles de años de desarrollo. Las identidades primarias son fundantes por su característica no volitiva, pero aún más lo son por la imposibilidad de su desprendimiento, por su fuerte inmanencia.

Los ancestros de los actuales malayos, aquellos que los proveyeron de su nota distintiva racial, llegaron en diversas oleadas a la región que hoy identificamos como mundo malayo, desde hace 3500 años. La mutua mixtura y la combinación con elementos anteriores, dieron por resultado la raza malaya actual, que aunque con muchos matices, puede reconocerse como una identidad. Aquellos pueblos primitivos que mantuvieron en total o gran medida sus formas propias, conforman el elemento no malayo de los bumiputras. La capacidad de absorción de formas raciales diferentes, conjuntamente con la importación del concepto de casta, priorizó durante muchos siglos el linaje por sobre la distinción racial. Sin embargo el prejuicio racial inglés durante el período colonial actuó a favor de una diferenciación en base a las razas, que derivó en políticas de racialización, con serias implicancias hasta nuestros días.

Siendo Borneo la aparente cuna lingüística de la lengua malaya, la distribución del bahasa siguió patrones geográficos. La tardía entrada en la historia se tradujo en una temprana diferenciación dialectal, que comenzó a revertirse con la emergencia del primer imperio malayo, Sri Vijaya.  Las formas de escritura que Sri Vijaya importó de India les permitieron expandir su lenguaje y, por medio de éste, su cultura. Las fuentes epigráficas del período revelan el desarrollo del lenguaje malayo, conforme la datación de los elementos encontrados avanza en siglos. La asunción de Malaca como centro político y cultural de la región, se corresponde con la adopción del Islam y la adaptación de la grafía árabe a la lengua malaya. El lenguaje se expandía a través de la religión y su cúmulo de ideas, el bahasa pasaba a ser sinónimo de comportamiento acorde al adat malayo. La llegada de los europeos se corresponde con la mayor expansión del comercio, que implicó la latinización del malayo y la absorción de diferenciaciones dialectales. La lengua franca incorporará vocabulario de las lenguas extranjeras, lo mismo que ciertos cambios estructurales, para terminar de consolidarse en una forma definitiva. La postrera adopción del alfabeto latino facilitó el conocimiento de la literatura malaya en un país ahora caracterizado por la diversidad étnica.

Espacio vital de la vida malaya, el kampung se revela como fuerte símbolo de identidad; allí donde los orangs kampung, en razón de una actividad mancomunada, acordaron tácitamente un sistema de convivencia que tenía por base la mutua responsabilidad y la compensación. Este adat, con su acento en el cooperativismo, escapaba a la diferenciación social; el endeudamiento o el enriquecimiento individual era asumido como propio por el resto de la comunidad; la mujer disfrutaba del mismo status del hombre. Por otra parte, la necesidad de asistencia, priorizaba el trato cordial. Pero el cuidado de la expresión, volvía susceptibles a los malayos ante actitudes groseras e indecorosas que podían traducirse en una pérdida de “cara”. También los tornaba pudorosos y extremadamente reservados en la expresión de su sentir. Llevado al extremo, esta actitud solía derivar en un estado particular de locura pasajera que los malayos bautizaron como amok. A medida que la contemporaneidad avanzaba, la urbanidad cercaba a las aldeas. Los valores que aquella profesaba resultaban contrapuestos a las formas tradicionales del kampung. Por ello, los campesinos rechazaban el cambio, mientras que, los más jóvenes, se lanzaban a las ciudades sólo para comprobar que sus habilidades y modelos, resultaban inoperantes e incluso verdaderos impedimentos para el éxito urbano.

Pero la vida de aldea estaba circunscripta a un territorio, signaba por la topografía, la condición climática, la localización. Lo escarpado y tupido del terreno aislaba a los kampungs sometiéndolos a una forzada autosuficiencia pero también a una dinámica particular de contacto con la gente de los alrededores. El clima, en su monotonía de altas temperaturas y lluvias constantes, otorgó al malayo de un ritmo particular, y actuando en contra de la fertilidad del suelo obligó a una agricultura intensiva. El arroz era sembrado en campos inundados, y conformaba la base de una dieta que incluía frutas y pescado. Cualquier excedente era hábilmente intercambiado por productos de la jungla y los manglares, recolectados por los orangs asli. Este comercio básico creció en importancia ante el requerimiento de los centros portuarios. La ubicación de Malasia en las rutas comerciales que unían China e India, les brindó a los malayos de una inmejorable situación para la creación de un lucrativo comercio internacional, posibilitando el desarrollo de imperios. La combinación de agricultura y comercio fue uno de los sellos distintivos del mundo malayo, que los diferenció de los pueblos del Sudeste Asiático continental.

La búsqueda de un origen común fundante es un elemento de identificación nacional. Entre los malayos, la división celular y la carencia de escritura dificultaban la homogenización. Algunas artes plasmaban esas ideas y las popularizaban. Así, el wayang, permitía descubrir una concepción mitológica del hombre en su descenso de la montaña o del tallo del banano. Los procesos de indianización e islamización, con sus respectivas escrituras, devendrán en claras líneas hereditarias que unirán el linaje malayo con dioses indios o el mismo Alejandro Magno. El lenguaje también tiende un hilo conductor a lo largo de la historia malaya, y fue elemento de defensa ante el avance europeo. En sentido general las lenguas maláyicas unifican a los bumiputras. Llamarse “hijo de la tierra” guarda la idea de una tradición compartida. Muchos grupos no sanguíneamente pertenecientes al linaje de Malaca, terminan incorporándose a éste por adherencia. La nación malaya adquiere una pluralidad y una extensión mayor. La política inglesa equiparó la idea de raza al de bangsa. En la pluralidad de naciones de la Federación de Malasia los políticos llegaron hablar de un bangsa malasia.

Las creencias ordenan el actuar, y son un cúmulo de ideas que transmiten costumbres compartidas. Los malayos tuvieron un pasado animista que incluso hasta nuestros días sobrevive de manera inmanente. La pluralidad de espíritus era manejada por el médico brujo del kampung. Los orangs asli también debían entendérselas con los peligrosos espíritus de la jungla y los manglares. Con la llegada de la influencia india estos espíritus se sumaron o adaptaron a los dioses hindúes o los bodhisattvas budistas. Amuletos y calendarios indios influyeron la visión religiosa de los indígenas. El arribo del Islam tuvo una recepción rápida y total. Su forma sufí resultaba adaptable a las creencias mágicas locales; la simpleza de nueva la religión destacaba frente a las formas indias, y por otra parte, los ulemas fueron proclives a no atacar las bases culturales malayas. Sin embargo muchas formas fueron pronunciadas, trastocadas, o recibieron un giro según la normativa islámica. La mujer, por ejemplo, relegó su histórico lugar. El Islam fue símbolo de identidad, y bandera frente al ataque europeo. Abrazar la nueva religión dentro de la región, equivalía a convertirse en malayo.

Sangre, lugar y comunidad confluyeron para conformarse en la particular forma malaya. En la medida que creamos en la existencia real de una identidad, podemos desandar su camino y rastrear sus basamentos, comprobar que se trata de la identidad de una historia. Si en cambio suponemos a la identidad como un ente ideal, también podremos rastrear esta concepción a lo largo del tiempo, trazando la historia de una identidad.

Recorrer ese sendero nos pone ante la evidencia de una forma de ser particular, de una visión del mundo que, aunque con límites difusos y permeables, resulta igualmente distinguible. Como las constantes nubes que los vientos monzónicos trasladan por el cielo malasio, la identidad de los malayos es inasible, pero… allí está.

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[1] Se trata en definitiva de la misma crítica que le hicieron muchos estudiosos al libro “El choque de las civilizaciones”. Citemos el ejemplo de Gerald Piel: “Debemos sentirnos aterrorizados por las civilizaciones inventadas por Samuel P. Huntington por la misma razón que Nils Bohr nos prevenía de los fantasmas: ´los vemos y ¡sabemos que no están ahí!´”. Extraído de http://www.foreignaffairs.org/19930901faresponse5763/gerard-piel/the-west-is-best.html
11/02/07 [tr.a.]

[2] LEWIS, Bernard; Las identidades múltiples de Oriente Medio; tr. Alfonso Colodrón Gómez; Siglo Veintiuno de España Editores; Madrid; 2000; págs.4-5

[3] Cf. BAKER, James; Crossroads A popular history of Malaysia & Singapore; Times Editions – Marshall Cavendish; Singapore; 2005; pág.22

[4] Proceso que no se detiene una vez “conformado”. Leonard Andaya ha descrito a los malayos como “una etnia expansiva (…) porque en el pasado han absorbido diferentes grupos étnicos dentro de su redil”. ANDAYA, Leonard; Orang asli and the Melayu in the history of the Malay Peninsula; Journal of the Malaysian Branch of the Royal Asiatic Society; 2002; pág.39 cit. en BARNARD, Timothy P. (edit); Contesting Malayness. Malay identity across boundaries.; Singapore University Press; Singapore; 2006; pág. 249 [tr.a.]

[5] El descubrimiento del Hombre de Perak se realizó en el año 1990

[6] Se considera que, en Borneo, también habitaron pueblos melanesios desde períodos muy tempranos, pero estos no llegaron hasta nosotros. Los grupos indígenas de la isla son llamados genéricamente dayaks (término que significa “hombres”), y se trata de los primeros pueblos austronesios.

[7] La distinción racial entre malayos y dayaks es relativa. En términos generales los dayaks corresponden a componentes austronesios más antiguos que no se mezclaron con orangs asli, mientras los malayos sí lo hicieron y son de llegada más reciente.

[8] BOSCH GIMPERA, Pedro (edit.); Las razas humanas Su vida. Sus costumbres. Su historia. Su arte.; Vol. I «Asia y Oceanía»; Instituto Gallach de Librería y Ediciones; Barcelona; 1928; pág. 319

[9] Cf. VILLIERS, John; Asia sudoriental Antes de la época colonial; Historia Universal Siglo XXI, Vol. 18; tr. Fernando Santos Fontenla; Siglo XXI; México D.F.; 1992; pág. 23

[10] Cf. ANDAYA, Barbara Watson and ANDAYA, Leonard Y.; A history of Malaysia; Second Edition; University of Hawai´i Press; Honolulu; 2001; pág. 164

[11] REID, Anthony; Understanding malayu (malay) as a source of diverse modern identities en BARNARD, Timothy P.; op.cit.; pág.16 [tr.a.]

[12] La idea de una larga escala de colonización en el sudeste asiático ha sido motivo de debate entre la comunidad de académicos. Cf. WANG, Gungwu; Only Connect! Sino-Malay encounters; Eastern Universities Press; Singapore; 2003; Cap. XIV “Migration patterns in history: Malaysia and the region”; especialmente págs. 215 y s.s.

[13] ANDAYA, Barbara Watson and ANDAYA, Leonard Y.; op.cit.; pág. 164 [tr.a.]

[14] En la península la esclavitud fue abolida en el año 1882, y en Sarawak después de los edictos de 1881-1883.

[15] Panikkar llama al período 1858-1914, la Edad del Imperio, diferenciándolo del “de la Expansión” (1498-1750) y el “de la Conquista” (1750-1858).

[16] PANIKKAR, K.M.; Asia y la dominación occidental Un examen de la historia de Asia desde la llegada de Vasco da Gama (1498-1945); tr. Néstor A. Míguez; EUDEBA; Buenos Aires; 1966; pág.153

[17] MANDAL, Sumit K.; Transethnic solidarities, racialisation and social equality; en GOMEZ, Edmund Terence (edit.); The State of Malaysia Ethnicity, equity and reform; Routledge Curzon; London; 2004; pág. 58 [tr.a.]

[18] En este sentido, en lo que respecta a la Federación de Malasia, resulta elocuente el trabajo de HNG, Hung Yong; 5 Men 5 Ideas Building National Identity; Pelanduk; Selangor (Malaysia); 2004

[19] James T. Collins pone de manifiesto esta contradicción en su trabajo “Contesting Straits-Malayness: The Fact of Borneo”, en BARNARD, Timothy P.; op.cit.; págs.168-180

[20] ANDAYA, Leonard; The search of the ´Origins´of Malayu; en Ídem; pág. 58 [tr.a.]

[21] ANDAYA, Barbara Watson and ANDAYA, Leonard Y.; op.cit.; pág. 11 [tr.a.]

[22] Cf. BAKER, James; op.cit.; págs. 38-39

[23] Cf. ANDAYA, Leonard Y; en BARNARD, Timothy P.; op.cit. pág. 62

[24] ANDAYA, Barbara Watson y ANDAYA, Leonard; op.cit.; pág.28 [tr.a.] Nótese sin embargo que otros autores niegan absolutamente esto y hablan de una autoreferencia de la población como “malayos” recién a finales del sultanato de Malaca. Cf. REID, Anthony; en BARNARD, Timothy P.; op.cit.; pág.5

[25] Sin las telas llegadas de India que eran distribuidas en la región desde los puertos de Malaca, y sin las especias que Malaca recolectaba del archipiélago antes de ser enviadas a Occidente, Malaca hubiera sido sólo un centro más, especializado en productos locales. Se supone que los conceptos de compra, venta y regateo no existían. Malaca, a través de sus shahbandars (maestros de puerto), valuaba las mercaderías y coordinaba el intercambio de acuerdo a un sistema de reglas comerciales previamente fijadas, que incluía, lógicamente, impuestos portuarios. Cf. MEI GEK, Cheryl-Ann Low y MIKSIC, John N. (edits.); Early Singapore1300s-1819 Evidence in Maps, Text and Artefacts; Singapore History Museum; Singapore; 2005; págs.42-43

[26] El emperador Yongle de la dinastía Ming, asumió el trono en 1402, e inmediatamente reestableció el Buró de Comercio Marítimo.

[27] Malaca fue la primer Nación extranjera en recibir una inscripción imperial ming, una extraña distinción para un reino recientemente fundado. Cf. ANDAYA, Barbara Watson y ANDAYA, Leonard; op.cit.; pág.43

[28] Algunas inscripciones, como el caso de un antiguo megalito ubicado en la actual Negeri Sembilan (Malasia), poseen una mixtura de escritura kavi y jawi, dando crédito del proceso de traslado de una a otra.

[29] Imágenes 1 y 2 extraídas de BAKER, James; op.cit.; págs. 72 y 114 respectivamente

[30] ANDAYA, Barbara Watson y ANDAYA, Leonard; op.cit.; pág. 226 [tr.a.]

[31] Esto no sucedió en Sarawak y Sabah. En tales regiones las escuelas malayas fueron sustentadas tanto por musulmanes, como por misioneros anglicanos. Mientras los chinos y europeos tuvieron colegios en sus respectivas lenguas, los diferentes grupos locales de raza no malaya debieron adaptarse a los colegios malayos, tendiendo a su homogeneización lingüística. Pero no se trató de un efecto buscado, de hecho, tradicionalmente la única enseñanza organizada en la región previa a la llegada de los europeos había sido malaya (no se tienen registros de educación en otro lenguaje previa a la llegada de los europeos).

[32] Imagen 3 extraída de BAKER, James; op.cit.; pág. 140

[33] Cf. ANDAYA, Barbara Watson y ANDAYA, Leonard; op.cit.; pág. 239

[34] Nótese la diferencia entre el malayo pre-islámico y el árabe pre-islámico. Este último se regía por la ley del Talión.

[35] BAKER, James; op.cit.; pág.28 [tr.a.]

[36] SHAMUL, A.B.;  en BARNARD, Timothy. P.; op.cit.; pág.135 [tr.a.]

[37] BAKER, James; op.cit.; pág. 26 [tr.a.]

[38] BAKER, James; op.cit.; pág. 273 [tr.a.]

[39] Ídem; pág.388 [tr.a.]

[40] BAKER, James; op.cit.; pág. 358 [tr.a.]

[41] HNG, Hung Yong; op.cit.; pág.12 [tr.a.]

[42] Cf. REID, Anthony; Understanding Melayu (Malay) as a Source of Diverse Modern Identities; en BARNARD, Timothy P.;  op.cit.; pág. 4

[43] ANDAYA, Barbara Watson y ANDAYA, Leonard; op.cit.; pág.16 [tr.a.]

[44] ANDAYA, Barbara Watson y ANDAYA, Leonard; op.cit.; pág. 12 [tr.a.]

[45] Observemos en ello un antecedente histórico del actual concepto de bumiputra, que unifica a malayos con otros grupos autóctonos.

[46] Cf. BAKER, James; op.cit.; págs.40-41

[47] La importación del producto cuya producción dotaba al malayo de una cultura particular, implicaba también, análogamente, la importación de formas culturales diferentes.

[48] Cf. MIKSIC, John y  GEK, Cerril-Ann Low Mei; Early Singapore 1300s-1819 Evidence in Maps, Text and Artefacts; Singapore History Museum; Singapore; 2005; págs. 41-42

[49] Esto explicaría, por ejemplo, que, en ciertos kampungs urbanos, población portuguesa asentada en la península por siglos, reclame ser tratada como bumiputra. Cf. GOH, Beng Lan; Modern Dreams: An Enquiry into Power, Cityscape Transformations and Cultural Difference in Contemporary Malaysia; en KAHN, Joel S. (edit.); Culture and the politics of representation in Indonesia, Malaysia, Singapore, and Thailand; Institute of Southeast Asian Studies; Singapore; 1998; págs.184-191

[50] El seguimiento de los malayos en Singapur es un gran ejemplo de ello. Una ciudad cosmopolita que sin embargo se convirtió en un importante centro de ejemplaridad y enseñanza del lenguaje malayo y la religión islámica. Cf. BAKER, James; op.cit.; págs.111-112

[51] Diccionario de la Real Academia Española; vigésima primera edición; Madrid; 1997

[52] La conciencia mítica dibuja el paisaje en su presencia más inmediata. La montaña, por ejemplo, se le aparecía al primitivo, sin alegoría, como un ser viviente. El primitivo reconoce al contorno la misma realidad que se concede a sí mismo. Esa lectura mítica se ha perdido, hemos cesado de ver las montañas como otros tantos gigantes, pero nuestras palabras retienen inconscientemente los restos fosilizados de una visión del mundo desaparecida (siguiendo el ejemplo,  el vocabulario montañés utiliza palabras tales como corona, pie, garganta, seno, etc.). Cf. GUSDORF, Georges; Mito y Metafísica; Editorial Nova; Buenos Aires; 1960; Primera Parte “La Conciencia Mítica”; cap.I “La conciencia mítica como estructura del ser en el mundo”; págs.13-21

[53] Cabe mencionar, por ejemplo, el conocido mito de la Muerte de Hainuwele.

[54] Cf. WAGNER, Frits A.; Indonesia; tr. Manuel Sacristán; Praxis / Seix Barral; Barcelona; 1961; págs. 116-134

[55] Cf. BAKER, James; op.cit.; págs. 33

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