CHINOS EN EL CARIBE | Una migración transnacional en el siglo XIX

Introducción.

Aún y los escasos trabajos existentes, sorprende el desconocimiento de dos de los procesos migratorios transnacionales más destacados de la segunda mitad del siglo XIX, ligados con el colonialismo (Look Lai 1993, 1998;Wilson 2004; Laurence 1994). Nos estamos refiriendo a la migración china en el Caribe que supuso la llegada desde 1844 a 1874 de  casi 125.000 personas a Cuba y 18.000 súbditos del imperio chino a las Antillas británicas. Y la protagonizada por indios de Bengala, Orissa, Bihar, Kerala y el Tamil Nadu, contabilizada entorno a medio millón de personas y coincidente en el tiempo con la migración china.

En el texto que nos ocupa vamos a tratar la primera, en un intento de constituir un primer estado de la cuestión que recoja las fuentes bibliográficas existentes. Un trabajo del todo necesario para recuperar de la ignorancia, que aún provoca el contexto geográfico y cultural, el trabajo de los investigadores dedicados al tema dispersos por los distintos países del Caribe.

Dadas esas circunstancias, documentar el arribo de los primeros trabajadores chinos o coolies al Caribe se revela un trabajo laborioso, aunque necesario a fin de conocer con detalle, los inicios en ese espacio geográfico de uno de los grupos que conforma la amalgama étnica que vertebra y da coherencia a las sociedades de los países antillanos, tanto insulares como continentales. Ese colectivo, dada la actual eclosión de las economías asiáticas, en especial la china, en el panorama internacional, tiene un renovado interés para los científicos sociales, ya no sólo como elemento que ejemplifica una de las trayectorias geográficas de lo que se ha convenido en denominar diáspora china (Ma-Mung 2000), sino por el papel que puede jugar  ese colectivo en esa nueva situación económica internacional Hay que tener en cuenta que los colectivos y comunidades chinas son en muchos de los países del Caribe,  un colectivo, en la mayoría de los casos económicamente fuerte y políticamente comprometido o incluso incardinado en las elites políticas y culturales de alguno de esos países, citemos los casos bien conocidos del artista cubano Wilfredo Lam (1902-1982) o de Eugene Chen (1878-1944), trinitense de origen que acabo siendo miembro destacado del Kuomintang chino.

Además, junto con otros grupos étnicos como: árabes, libaneses, hindúes, europeos, afro caribeños y criollos las comunidades chinas  incentivan esa dinámica de búsqueda continua de identidades nacionales que se da en cada uno de los países caribeños, especialmente los insulares, más pequeños y de reciente formación. Igualmente, los propios cambios económicos producto de la globalización están articulando en la región caribeña una búsqueda de una identidad supranacional que justifique acciones económicas unitarias con el fin de superar  las competencias de los mercados internacionales. Unas identidades que se expresan por medio de la sistematización de formas muy diversas de etnicidad y actividad cultural que se mezclan para dar resultados propios, que en el caso de las comunidades chinas, y sólo por citar tres ejemplos, nos lleva a hablar de la creolización de la comunidad china en Trinidad o en Jamaica (Ho 1989); el imaginario literario chino en el contexto caribeño expresado por la literatura contemporánea con los ejemplos de tres autores recientes como son: Patricia Powell en su novela The Pagoda (1999), Margaret Cezair-Thompson con The True History of Paradise (1999) y  Cristina García con su novela de Monkey Hunting (2003) o la aparición de entes simbólico religiosos fruto del sincretismo como el San Fan Con cubano (Baltar 1997:173-184).

Por tanto, conocer la primera presencia china y por supuesto su posterior evolución y asentamiento en el territorio es una labor que explica a un grupo humano, el chino, que forma parte de esa amalgama social que se da en diversos países caribeños en mayor o menor grado.

Los primeros chinos  en el Caribe. Del galeón de Manila a la fragata Fortitude.

La presencia más o menos esporádica de chinos en el Caribe, en concreto en Cuba, tiene sus primeras referencias con la noticia de algunos viajeros que arribaron a la isla gracias al llamado Galeón de Manila, que hacia la vía Manila –Acapulco, en México. Se trataba de comerciantes esporádicos dado que esa ruta proveía de porcelanas, especias y otros objetos orientales a los mercados coloniales americanos (Ollé 2002).

Todo y ese precedente, debemos considerar que los primeros testimonios que documentan la  presencia de emigrantes chinos en el Caribe de forma continuada y desarrollando una actividad laboral  tienen una intima relación con los procesos jurídicos que significaron la abolición de la trata de esclavos, la Abolition Act de 1807 y posteriormente la esclavitud, con la Emancipation Act del 1 de agosto de 1934 (Hugh 1998:236). Entre ambas fechas, España sujeta a la presión del creciente imperio británico firmaba en septiembre de 1817, un tratado por el cual se sumaba a la lucha contra los comerciantes negreros. Un hecho más tarde reafirmado con la creación entre 1819 y 1821 del  Tribunal mixto anglo español de Sierra Leona, que venia a erradicar ese negocio (Arnalte 1985).

El cese de la trata de esclavos desde el África Occidental a las colonias españolas, y en especial Cuba, no fue inmediato, Este siguió siendo una actividad clandestina, pero esas prohibiciones legales si ocasionaron continuos y graves perjuicios a los terratenientes y hacendados propietarios de las plantaciones de caña de azúcar, donde la mano de obra esclava era habitual. Perjuicios que redundaron en un incremento del precio de la azúcar manufacturada y la pérdida de mercados y clientes.

La ilegalidad del tráfico, asociada al encarecimiento del precio de la mano de obra esclava, el aumento de precios y la perdida de mercados llevo a los propietarios de ingenios azucareros a importar mano de obra bajo contrato. Malteses, portugueses de Madeira, libaneses, armenios y sobretodo indios de la zona de Bengala y chinos del sur de China pasaron a engrosar las redes inmigración laboral que mediante intermediarios suministraban, substituyendo la mano de obra esclava, la  masa laboral necesaria para las plantaciones de caña de azúcar caribeñas.

Fruto de esa legalidad antiesclavista a la que aludíamos, se documenta el  primer trasporte de recursos humanos chinos a las Antillas. El mismo será una  iniciativa inglesa que debemos considerar un intento de dar solución a los problemas de mano de obra que la abolición de la esclavitud iba a provocar. Así, el 2 de octubre de 1806 arribaba a las costas de la isla de Trinidad, el Fortitude, un barco propiedad de la  East India Company que transportaba 192 chinos a bordo (Mahabir 2006).  Según Walton Look Lai se trataba de un viaje que recogía las experiencias que desde 1780 los ingleses de la East India Company realizaban transportando mano de obra china a Penang en Malasia (Look Lai 1999).

Esta operación pretendía colocar esa mano de obra oriental  en algunas de las plantaciones de caña de azúcar de la isla antillana. Esos trabajadores sujetos a contrato podían regresar al año, cosa que al parecer sucedió con un alto porcentaje de ellos, quedando veintitrés de ellos asentados cerca de Port Spain (National Library Trinidad and Tobago 2004). Se trato, sin duda,  de una operación experimental que trataba de vislumbrar las posibilidades de ese intercambio de mano de obra transoceánico. Hoy, para la comunidad china de Trinidad y Tobago ha sido un acto de reivindicación identitario a la par de vinculación con el estado trinitense (Trinidad & Tobago Chinese Arrival Committee 2006).

El coolie chino substituye al esclavo negro como mano de obra

Va a ser a partir de la prohibición de la esclavitud en el imperio británico, 28 de agosto de 1833, que se iniciará de forma más o menos continuada flujos migratorios de chinos, y también de gentes de la India hacia el Caribe.

Según Walton Look Lai (1993:56) se trata de los dos colectivos que más masivamente, además de ser substitutos de la mano de obra esclava negra, llegaran a las Antillas en la segunda mitad del siglo XIX.

Obviamente, la prohibición de 1833 fue el inicio de la serie de trabas que iba a encontrar la importación de esclavos negros del África Occidental. Esta  cada vez será más perseguida por ilegal, encareciendo el recurso humano y siendo una carga con dificultades en su transacción. Aun así, el hecho no impidió que el sistema esclavista se prolongará aún en la clandestinidad, en las Antillas  dominadas por los españoles y franceses e incluso diese sus postreros estertores con el arribo de los nuevos trabajadores asiáticos. A partir de la prohibición se iba a justificar la existencia de esclavos negros, aduciendo que estos se “criaban” en las propias plantaciones. No será hasta la entrada en vigor de las aboliciones de la  esclavitud, en 1848 en Francia, en 1870 en España, en 1873 para Puerto Rico y en 1880 en Cuba que realmente el fenómeno esclavista desaparecerá de forma definitiva.

Las llegadas de población china como mano de obra al Caribe van estar relacionadas con ese proceso de substitución de mano de obra y con la continuidad del modelo esclavista en las explotaciones agrícolas industrializadas. De hecho, no va ser extraño documentar continuos abusos y desmanes de los propietarios de las plantaciones y también revueltas y evasiones entre los inmigrantes chinos o indios que son incorporados a un régimen similar al que regia para los esclavos  en ingenios azucareros y haciendas, ignorando las condiciones y las bases contractuales del trabajo para el que habían sido captados en China (Baltar 1997:35-39).

Según historiador cubano Juan Pérez de la Riva se iniciaba así  “el último acto del drama de la esclavitud” (Pérez de la Riva 2000). Un acto que como los respectivos procesos migratorios chinos en los distintos países del Caribe esta perfectamente documentado, más en sus primeros momentos.

Una visión por países: el Caribe insular.

Cuba

Para el caso cubano (Corbitt 1971; Pérez de la Riva, 1975, 2000; Baltar, 1997; Hung, 1992; Jiménez Pastrana 1983. Chou 2002; Yu 2001) ,  el primer aporte de emigración china resulta un buen ejemplo para explicitar el método de captación, comercialización y transporte de ese recurso humano.

En 1844, Julián de Zulueta y Amondo (Anúcita, Álava 1814- La Habana 1878) que había emigrado a Cuba en 1832, era el propietario del ingenio azucarero: San Francisco de Paula, un hecho que le convertía  en uno de los hacendados más destacados de la isla. Este vasco era también  comerciante en víveres y negros. A nivel político  y años más tarde ocuparía  distintos cargos en la administración colonial como el de Consejero de Administrador de Hacienda; Cónsul del Real Tribunal de Comercio; presidente de la Comisión Central de Colonización y de las Juntas de la Deuda y de Hacendados y Propietarios. Seria alcalde de La Habana entre 1864 y 1876; coronel de voluntarios; senador vitalicio del reino por Álava; presidente del Casino Español de La Habana; presidente del Partido Español en Cuba ( Apaolaza 2003; Marrero 2005; Hugh 1998:7; Hugh 1973:188).

En 1844, y siguiendo con la transacción que nos interesa, presentó un proyecto ante la Real Junta de Fomento de Agricultura y Comercio para importar trabajadores chinos procedentes del puerto de Amoy. En esta operación aparecía como fiador Pedro Zulueta, propietario de la firma Zulueta and Company, con sede en Londres (Corbitt 1971; Reid 2004; Sherwood 2004). Esta firmo los contratos con las firmas Matía Menchacatorre, de Manila y  la londinense Tait and Company (Irick 1982), ambas sendas intermediarias de la contratación. Ambas compañías, como otras similares, captaban mano de obra china mediante agentes en el terreno, denominados popularmente  “chu chay tau” o capataz de cerditos o lechoncitos y también conocidos en las fuentes escritas como “chinos ladinos”. Estos eran la mayoría originarios de Macao, hablantes de inglés lo que les permitía ser intermediarios con compañías británica.  En zonas tradicionalmente de inmigrantes de China y también en otras sin tradición, aunque no fue lo habitual, captaban personal, mayoritariamente jóvenes, robustos, sanos  y agricultores, prometiendo riquezas seguras y rápidas si embarcaban hacia “Tay Loy sun” (La Gran España) (Chuffat 1927:12; Hung 1992, 78). Esa masa laboral así captada bien pronto será conocida con el nombre de “coolie”.

Estos corredores percibieron en los primeros años de este comercio entre 3 y 5 pesos por persona captada, para posteriormente, elevar las cantidades obtenidas a 15 y 20 pesos por “coolie”. Un mercado de intermediación que se sobrevaloro y llevo a algunos intermediarios a cometer diversos abusos y extralimitaciones como el engaño y el secuestro de personas (Hung 1992:79-83).

Volviendo a ese primer transporte de mano de obra de China a Cuba, este arribó a La Habana, el  3 de Junio de 1847 en el Oquendo. Eran  206  personas que habían soportado 131 días de navegación, en los cuales murieron 6 de los inmigrantes. Nueve días más tarde arribaba a la Habana, la fragata inglesa Duke of Argyle, con 365 coolíes tras 123 jornadas de navegación en las que  murieron 35 inmigrantes. Ambos barcos procedían de Xiamen, también conocida como Amoy, en la provincia de Fujian.

Julián de Zulueta y  la empresa británica “Zulueta and Company”, pusieron las bases de un negocio de transporte de mano de obra que les reportaba pingues beneficios. Aparentemente, el trabajador chino contratado o “coolie” firmaba un contrato con la compañía, que intermediaba entre el gobierno colonial y los empresarios azucareros interesados. El trabajador firmaba con la compañía por un periodo no inferior a ocho años. Esta le debía pagar mensualmente cuatro pesos fuertes y le debía abastecer  de ropa y comida. Por estos servicios, dicha empresa cobraba al gobierno colonial una comisión de 170 pesos por cada coolie que introdujera.

Bajo esta transacción se incardinaba al trabajador chino en un régimen de casi esclavitud, donde soportaba similares condiciones que los esclavos negros, aun habiendo sido contratado. Esas condiciones fueron avaladas legalmente con el Real decreto del 22 de marzo de 1854. A este trágico panorama se debía sumar las condiciones del viaje de llegada. No es extraño por tanto, que hubiera frecuentes  revueltas, suicidios, motines a bordo y  huidas de las plantaciones de coolies y que estas fueran reprimidas por los hacendados que incluso articularon un corpus legal que amparaba los castigos, datado en 1849 o que poco a poco y utilizando una banal comparación con los esclavos negros se articulará una conceptualización racista respecto al chino que supuraría en las mentalidades de las sociedades antillanas.

Un caso palpable del mismo lo tenemos en el artículo “Los chinos en Cuba” firmado por José Antonio Saco y publicado en la revista La América, editada en Madrid, el 12 de marzo de 1864.Saco amén de este escrito, había sido el autor, 1862, de una  obra tan polémica como divulgada, titulada: La Estadística Criminal , la misma incluía por primera vez datos de delincuencia y criminalidad de los chinos asentados en la isla. Un esbozo de artículo mencionado no deja lugar a dudas respecto al sesgo racista y a la controversia social que provocaba la presencia de coolies chinos en la isla caribeña (Saco 1864. La Habana elegante 2004):

(…) Lejos de acriminar yo la intención de los promovedores y primeros ejecutores de un proyecto que va llenando de chinos nuestra tierra, creo que procedieron de buena fe y movidos únicamente del deseo de fomentar la agricultura cubana. Pero este asunto, sencillo a primera vista, es muy grave en sus consecuencias, pues debe considerarse bajo de tres aspectos distintos, a saber: el de los intereses puramente materiales, el de la moral pública y el de los peligros políticos que encierra el porvenir. Por desgracia ni en Cuba ni en la metrópoli se atendió a más que a los intereses materiales, y sacrificando a éstos los morales y políticos, se ha complicado nuestra situación aumentándose los males con que hace algún tiempo nos amenaza la raza africana. Cuba empieza ya a sentir el veneno que en las costumbres públicas están derramando esos corrompidos asiáticos, y a seguir las cosas como van, no tardarán muchos años sin que se nuble nuestro horizonte y descargue alguna tempestad.
Los primeros chinos introducidos en Cuba en 1847, fueron los que en número de 600 contrató por vía de ensayo con un empresario particular la ya extinguida Junta de Fomento. No era libre su importación, y todo introductor necesitaba de un permiso especial del Jefe Superior de la isla. En 1852 concedióse uno tan extenso, que autorizaba llevar a ella 6000 chinos. La ordenanza provisional que regía en la materia fue abolida, cuando el real decreto de 22 de marzo de 1854 aprobó el reglamento formado para la introducción y régimen de los chinos en Cuba. La facultad de importarlos sólo se concedió por dos años, debiendo el introductor obtener previa licencia del gobierno y someterse a otras condiciones que se le imponían. Es de advertirse, que aquel reglamento no se le limitó a permitir la introducción de chinos, sino que se extendió a la de indios de Yucatán y colonos españoles; pero sucedió lo que era de esperar; sucedió que el espíritu de especulación, desatendiendo a éstos completamente, dirigió todos sus esfuerzos a la inmigración de aquellos.

Continuó la introducción de chinos en los años posteriores; y tan lucrativo era el negocio, que en 1860 había ante el gobierno supremo 40 peticiones solicitando el privilegio de llevarlos a Cuba; una de ellas ofrecía al Tesoro público por la concesión, la suma considerable de 900 000 pesos. El Consejo de Estado rechazó esta proposición, y consultó que la introducción de chinos confiada hasta entonces a ciertas compañías, debía dejarse a la industria privada. Conformóse el gobierno con este dictamen, y de aquí nació el nuevo reglamento, que, revocando el de 22 de marzo de 1854 y todas las demás disposiciones anteriores, fue comunicado al Capitán General de Cuba por el real decreto de 7 de julio de 1860. (…)
Aunque incompleto, tengo un estado de las importaciones anuales de chinos en Cuba; pero habiéndoseme traspapelado, no puedo hacer ahora uso de él. Limitareme pues a decir, que en los siete años, de 1853 a 1859, se introdujeron 42 501 chinos, y que éstos no figuraron en el censo que se hizo en enero de 1861, sino por 34 825, de cuyo número solamente hubo 57 mujeres. No es extraño que éstas fuesen tan pocas, aunque es permitida la introducción de familias chinas, porque no teniendo las mujeres, y particularmente los niños, la aptitud para el trabajo que los hombres y los muchachos de corta edad, no hallan colocación en Cuba; y empresario que a ella los llevase sufriría un gran quebranto. ¡Quiera Dios que este estado sea por siempre durable, porque si la importación de esas familias llegara a ser lucrativa, Cuba se convertiría en una pequeña China!
Ese racismo y una visión casi demoníaca del chino se exacerbó y extendió, al menos en Cuba, dado que no pocos coolies huyendo de las plantaciones cañeras pasaron a engrosar las filas de los rebeldes criollos que entonces combatían a la colonia española en la denominada Primera Guerra de independencia (1868-1878).

Conviene mencionar que la deplorable situación humana de los coolies chinos fue documentada por el propio gobierno imperial chino, en el denominada “Comisión de Cuba” ,en 1876 tras las numerosas noticias recibidas de tratos vejatorios a sus súbditos . Ese documento sirvió como base para articular un convenio hispano chino que regulaba el comercio y el trato humano de los inmigrantes chinos y que fue firmado el 17 de noviembre de 1877. Este era la culminación de la serie de tratados y convenios que los gobernantes de la dinastía Qin habían firmado con las distintas potencias europeas en un intento de regular el tráfico de súbditos chinos. Entre estos convenios hay que destacar el Tratado de Pekín entre Francia, Inglaterra y China , firmado en 1859 y que regulaba el transito de personas chinas entre esas potencias coloniales; Un convenio del 5 de marzo de 1866 que regulaba el transito de coolies a Cuba, firmado entre diversas potencias y China y el proyecto de reglamento del 1 de abril de 1868, presentado por el gobierno imperial chino a España, Francia y Gran Bretaña para regular ese tráfico de inmigrantes chinos a Cuba (Hung 1992:240).

Un fragmento de la misma nos pone en antecedentes del devenir esos inmigrantes (Pérez de la Riva 2000:321; La Habana elegante 2004)[1]:

“[…]  En 1870 el Capitán General demandó enfáticamente de Madrid el cese del tráfico de los culíes.  Él había notado las dificultades ocasionadas por los chinos, subrayando el rol que desempeñaban en la ayuda a los criollos rebeldes. Madrid, por otra parte presionada por Lisboa, prohibió el tráfico en 1871, pero los hacendados y sus clientes, quienes se beneficiaban del “tráfico amarillo,” se opusieron vehementemente a detener los embarcos. Durante 1872, 1873, y 1874, llegaron a Cuba 15,743 cantoneses, pero a partir de entonces la orden de Lisboa de poner fin a los embarques de cantoneses desde Macao, promulgada en diciembre de 1873, finalmente fue ejecutada.
De acuerdo con las garantías recogidas en las primeras regulaciones, cientos de culíes invocaron la protección del Capitán General al comparecer ante sus representantes en sus respectivas regiones.  Intentaron obtener reparaciones por los abusos físicos y las injusticias legales a que habían sido sometidos, pero descubrieron que los funcionarios – la policía y los empleados municipales de la Isla – eran los instrumentos de los corruptos hacendados. Como resultado de su fracaso para alcanzar reparaciones, los chinos, o huyeron, o se suicidaron, o se rebelaron quemando los campos de caña, negándose a trabajar, o asesinando a sus capataces. Muchos de ellos fueron eventualmente aprisionados o forzados a regresar al trabajo. Dos años antes del arribo de la Comisión Chen Lan Pin en 1872, el 20% de los chinos bajo contrato había escapado de las plantaciones, o sea, 8,380 hombres, de los cuales 1,344 fueron capturados y enviados a prisión en 1873. Entre 1850 y 1872, se produjeron aproximadamente 500 suicidios cada año entre los 100,000 chinos que había en la Isla; durante estos mismos años, el índice de suicidios entre los esclavos fue de 35 por año, pero hubo sin dudas otros intentos no reportados por los hacendados.
De acuerdo con el testimonio de los hacendados, cerca de 3000 jornaleros se las arreglaron para escapar de sus contratos. En 1870 el Capitán General expresó que desde 1868 en adelante, los culíes empezaron a ingresar en el ejército insurrecto a cambio de la promesa de emancipación. […] 

Aun con ese panorama, el arribo de coolies para trabajar en plantaciones en Cuba fue de 124.937 personas entre 1848 y 1874( Baltar 1997:32). La escasez de  mujeres en esos grupos obligo la progresiva mezcla racial La progresiva mecanización de la producción azucarera y la guerra hispano cubana supuso la progresiva desaparición del trabajo coolie. Este hecho llevo a los asiáticos a extenderse por distintos lugares de la isla, como trabajadores de la construcción, en tabacaleras o en las ciudades creando los primeros negocios de comestibles, lavanderías e incluso restaurantes y fumaderos de opio, estructurando zonas urbanas como el popular barrio chino de la Zanja en La Habana o toda una serie de organizaciones asociativas de distintas tipologías e incluso actividades artísticas como teatro, títeres, etc (Baltar 1997; Ramos 2003; Tang 2002; Kouw 2002;Linares 2001; Valiño 2001, López 2004).

En otras islas caribeñas, bajo dominación inglesa, holandesa y francesa las condiciones no fueron mejores tal como demuestra el dilatado trabajo de Walton Look Lai (1993:45; 2004).

De igual forma que el caso cubano, se documentan de forma muy pormenorizada esas primeras llegadas de emigrantes chinos en otras islas del Caribe. La exhaustividad de datos en palpable en los casos de Jamaica, Trinidad, Guyana británica, Panamá, Costa Rica e incluso Belice, la antigua Honduras Británica y la costa mexicana del Caribe. En las líneas siguientes referenciamos algunos de esos datos:

Jamaica.

En Jamaica, el 1 de noviembre de 1854 y el 18 del mismo mes arribaron a Kingston dos barcos, el Vampire, con 195 personas y el Theresa Jane, con diez. Se trataba de trabajadores chinos procedentes de Hong Kong que habían sido expulsados Panamá por la sospecha que algunos de ellos habían contraído la fiebre amarilla (Tortello 2003).

Para el caso jamaiquino, las cifras de arribo de coolies chinos entre 1854 y 1874 son de 1152 personas(Look Lai 1999:249). Además será la última isla del Caribe donde se documenta el arribo agrupado de trabajadores chinos para explotaciones hortifrutícolas, fechado entre 1884, con la llegada de 677 personas, 1885 con el arribo de 700 y en 1888 con la llegada de 800 (Tortello 2003).Igualmente, se observa una inmigración china que de forma destacada no proviene en primera instancia, directamente de China. Muchos llegaran a la isla desde Panamá, donde habían accedido a las obras del ferrocarril o desde otras destinaciones como Brasil o Estados Unidos y un cierto número de personas que incluso va ser reclutada desde Trinidad y la Guyana británica. En el caso de los trabajadores directamente captados en China, muchos tendrán su origen en la provincia de Guangdong y accedían a ese mercado labor al a través del puerto de Hong Kong. Su destino serán las plantaciones de azúcar de la isla, pero en la década de los sesenta, muchos de ellos, se tiene constancia de al menos 200 personas, laboraran entorno a las plantaciones de cocos y bananos, de capital estadounidense (Showers 2002:9). Estos últimos tenían un régimen contractual algo más laxo que el propio de las plantaciones de caña de azúcar y un contrato por tres años. Va ser esa dinámica diferenciada de captación de mano de obra china en Jamaica marcará la evolución de esa comunidad a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX. La movilidad y laxitud laboral de los orientales promovió casi de forma inmediata a aparición de uniones y matrimonios interraciales, permitiendo que la comunidad china-jamaiquina creciera rápidamente convirtiéndose en la segunda más numerosa del Caribe, después de la de Cuba (Anshan 2004; National Library of Jamaica 1997). Un hecho que llevo  a que se plantearan una serie de restricciones de entrada de emigración china en la isla , la primera en 1905 y la segunda en 1931.

Aún así, el censo de 1946 certifica ese destacado volumen poblacional, documentando 12.394 chino-jamaicanos, de los que 2.818 habían nacido en China, 4.061 habían nacido en la isla y 5.515 eran clasificados con el epíteto de ”Chinese coloured”. Un adjetivo que más tarde, seria substituido por el concepto “blasian”, sinónimo de la fusión y la amalgama entre las personas de raza negra y los asiáticos. La asimilación conllevo la perdida del mandarín o de los dialectos del sur de China de los primeros inmigrantes en favor del inglés o del patois jamaicano y también una anglización de los nombres y unas interesantes aportaciones gastronómicas a la cocina de la isla.

Trinidad y Tobago

En Trinidad y Tobago, tras el intento frustrado de captación de mano de obra china de 1806 para plantaciones. En 1853  se dará el siguiente arribo de 1.100 chinos, muchos  de ellos de la provincia de Guangdong  y otros de la etnia hakka. La vertebración de las identidades nacionales de los países caribeños a través de la integración de sus diferentes comunidades étnicas nos permite documentar con detalle pormenorizado del devenir de muchas de ellas.

Así, citamos la serie de fechas que reportan migración china a esta isla:

Tabla 1. Número de inmigrantes chinos y fechas de arribo a Trinidad.

Fecha Barco Nº de inmigrantes chinos
4/3/1853 Australia
23/04/1853 Clarendon
28/6/1853 Lady Flora Hastings Los tres en total 1100 personas
3/7/1862 Wanata 467 inmigrantes
18/2/1865
25/5/1865 Los dos en total 600 personas
12/2/1866 Dudbrook
24/2/1866 Little Red Ridinghood Arriban en los dos: 1917
personas

Fuente: Elaboración propia y S.A.(2004) The Chinese in Trinidad and Tobago. National library and information system authority . Trinidad and Tobago.  http://library2.nalis.gov.tt/Default.aspx?tabid=249

Las cifras evidencian un traslado a Trinidad de 3937 personas de origen chino entre 1853 y 1866. En concreto, los datos de los años 1862 y 1866 nos revelan que un total de 2984 emigrantes embarcaron de los puertos de Macao, Xiamen (Amoy), Guangdong (Cantón) y Hong Kong. De estos 367 eran mujeres, de las que arribaron sólo 309, hubo 154 muertes a bordo y 7 natalicios en la cubierta de los buques (TTCHAC 2006; NLISA 2004).

Cabe añadir, que la poca población de la isla, así como su bajo desarrollo agrícola, permitió una amplia movilidad a las comunidades chinas que iban arribando y que con el paso del tiempo, se instalaron en otras actividades. Esa circunstancia permitió que la isla fuese un lugar de atracción para la comunidades chinas de la Guyana inglesa e incluso de Surinam, mucho mayor sujetas al trabajo de la plantación cañera o la explotación agroforestal (Look Lai 1993:45).

Curaçao

La presencia de emigrantes chinos en este pequeño enclave colonial holandés según J. Hung está documentada desde los años ochenta del siglo XIX. Su actividad se centra en las tareas agrarias y probablemente se trate de grupos de coolies que proveían de las cercanas Guyana inglesa y holandesa. En 1915, la Compañía  Petrolera del caribe instalará una refinería en la isla, donde vendrán a trabajar técnicos chinos originarios de Sumatra (Hung 1992:106).

Aruba

El descubrimiento de yacimientos auríferos en la isla a partir de 1824 va a propiciar la continua atracción de buscadores de oro, básicamente de la vecina Venezuela. A los que a lo largo de la década de los cincuenta del siglo XIX se sumaran inmigrantes chinos que traían la experiencia minera californiana. Como en Curasao también se instará entre 1924 y 1929 dos grandes refinerías, una de la  Lago Oil and Transport Company, una filial de la Standard Oil , situada en el sudeste de la isla y otra denominada Eagle Oil Refinery en la costa oeste. En ambas laborará personal chino de origen indonesio que se instalará en la isla (Hung 1992:106; Leclerc 2006).

República Dominicana

Más escasas son las noticias de presencia china para República Dominicana. Se sabe de la llegada de diversos contingentes desde Cuba para trabajar a mediados de la década de los sesenta del siglo XIX para trabajar en una fábrica de ladrillos y la construcción del  ferrocarril  de “Sánchez –La Vega, en la zona del Cibao. Esta operación, tanto constructiva como de aportación de emigrantes asiáticos había sido promovida Gregorio Riva, un destacado hacendado de esta zona del nordeste dominicano, probablemente dadas las duras condiciones, entre pantanos, en las que  se construyo ese tramo de ferrocarril (Franco s.f.). Los coolies chinos acabarían asentándose distribuyéndose por la región, documentándose su trabajo en la construcción de edificios y almacenes en las poblaciones de Samaná, Yuna y Moca, todas situadas en el nordeste  de la isla y entorno a la población de San Francisco de Macorís (Azcarate s.f.).Se trata sin duda, de los inicios de instalación de una comunidad china económicamente muy significada en el contexto de este país caribeño (Severino 2006).

Las Antillas francesas

Únicamente tenemos noticias del arribo de trabajadores chinos a las Antillas francesas en el caso de las islas de la Martinica y Guadalupe. Este responde a las contrataciones realizadas desde Guangdong  a partir de 1860, tras la firma de un convenio entre China y Francia en materia de traslado de trabajadores. Se dio la circunstancia de que no pocos de los contratados por la compañías francesas fueron traspasados a los comerciantes cubanos de mano de obra. Otros arribaron a las dos islas, llegando a ver más de 2000 coolies chinos en cada una de las islas.

Para la Martinica el arribo se concreto en 978 personas, de las que  552 fueron embarcadas en  Shanghai y  426 salieron de Guangdong. Parece ser que el  56%  hablan el dialecto wu (propio de Shanghai) y los que partieron de Guangdong serian de etnia Hakka (L’ Etang 2003). Coincide esa emigración a esa isla con la llegada de indios de Tamil Nadu y poblaciones de la etnia congo del África central.

Se da la circunstancia que en la Martinica, una erupción volcánica de Mont Pelée del 8 de mayo de 1902 acabo con buena parte del barrio chino situado en Saint Pierre, la capital de la isla de donde fueron evacuadas cerca de 28.000 personas (Hung 1992:108). Este hecho, al parecer se aprovecho, para trasladar a un centenar de coolies a la Guyana francesa, en aquellos momentos una colonia penitenciaria francesa que presentaba necesidades de mano de obra para el cultivo de las plantaciones existentes.

Una visión por países: el Caribe continental.

De forma similar al Caribe insular se documentan las primeras transacciones migratorias chinas en el Caribe continental.

Honduras británica o Belice

Los  datos de emigración china en Honduras británica, actual Belice (Quan 1973; Premdas 2004:11; Bolland &Moberg 1995), nos certifican una captación de mano de obra destinada, no a los ingenios azucareros y si a la explotación de maderas preciosas y palo de tinte. Así, se data la primera presencia en 1865 con el arribo de 480 inmigrantes chinos en el barco The light of ages. Esa comunidad se incardino en el durísimo trabajo de la explotación forestal en las selvas y manglares de la cuenca del río Hondo y la zona de Corozal, en el norte de Belice. Se  trataba de una zona sometida a los influjos de refugiados producto de la guerra de Castas, que desde 1847 asolaba la península de Yucatán, fruto de la revuelta de las comunidades mayas frente al estado mexicano.

Este hecho va a propiciar un curioso ejemplo de integración racial. El historiador Nelson Reed nos indica que a los tres años, las duras condiciones de trabajo en la selva habían hecho sucumbir a la mitad de aquellos coolies que habían arribado con el The light of ages y 100 de ellos habían huido a la zona controlada por los rebeldes mayas, hoy el estado mexicano de Quintana Roo (Reed 1987:202; Ramos 1999).Allí, se acabaron integrándose en las comunidades maya, donde fueron, al parecer reconvertidos en lugartenientes de los caudillos mayas rebeldes tuvieron descendencia. Se sabe que cuatro de ellos, dejaron las selvas para pasar a instalarse en Mérida, en el actual estado mexicano de Yucatán.

Comentar, que en Belice no queda apenas rastro de esa primera presencia china, ya que casi la totalidad de la actual población de origen chino llego al país a través de diversos momentos entre los sesenta, los ochenta y los noventa. El censo nos registra para 1980,  214 chinos y en 1990, 748 (Look Lai 1999:249). Especialmente, hasta el 2002, el arribo de ciudadanos de la República popular y de Taiwán responde al fenómeno del denominado residente económico. Este realiza inversiones en el país a cambio de conseguir la nacionalidad beliceña, que al estar asociada a la Commonwealth permite unas condiciones de libre circulación en diversos países (Premdas 2004:13-15).

Guyana inglesa

En el caso de esta antigua colonia británica los estudios realizados sobre la presencia china han sido muy pormenorizados, ya que la propia comunidad ha tenido interés den recabar su memoria histórica. Kwok Crawford 1989; Laurence 1994; Choo-Shee Nam& Kwok Crawford 2003; Trev Sue-A-Quan 1999).  El primer arribo a la ciudad de Georgetown data del 12 de enero de 1853. Ese flujo migratorio se alargo hasta 1879 contabilizándose la llegada de  39 barcos con inmigrantes, en su mayoría procedentes de Guangdong.  Esas llegadas tuvieron sus máximos entre 1860 y 1866, donde se censaron a 10.022 chinos inmigrantes que eran repartidos como mano de obra por diversas plantaciones de caña de la colonia. La cifra se eleva a 13.533 inmigrantes chinos se contabilizamos la totalidad de los buques. Aún así se pueden constatar dos momentos de arribo de coolies chinos a la colonia, el primero entre 1859-1866 y el segundo entre el de 1874 y 1879. Igualmente, se documenta la muerte de muchos de ellos o la emigración a la vecina Surinam o Guyana holandesa o las islas de Trinidad, Santa Lucia y Jamaica (Trev Sue-A-Quan 1999).

Tabla 2 Población China en la Guyana Británica.

Año Hombres Mujeres Total Nacidos en China
1853 811 0 811 811
1861 5735 844 6579 659
1866 ~8300 ~1700 10022 ~9800
1871 ~5400 ~1500 6880 6295
1881 3905 1329 5232 4393
1891 2583 1131 3714 2475
1901 ~1700 ~1100 2840 ~1300
1911 1481 1141 2622 634
1921 ~1500 ~1200 2722 376

Datos extraídos de: TREV SUE-A-QUAN (2003) Cane Reapers: Chinese Indentured Immigrants in Guyana.

Consultable parcialmente en: http://CGRoots.tripod.com (Chinese in Guyana: Their Roots)

Cabe destacar en la Guyana inglesa, la creación de un asentamiento chino en la ciudad de Hopetown. Se trato de un asentamiento establecido por iniciativa del propio gobierno de la colonia, la Court of Policy, en 1865. Este fue puesto bajo la supervisión de un misionero chino, O Tye Kim, canalizando el arribo de persona desde Singapur, de donde era originario. De esta forma, la propia comunidad china en la Guyana inglesa documenta para  1874 la presencia de 800 personas chinas viviendo en Hopetown (Kwok Crawford, M.& Choo-Shee- Nam, R. 2003b). La mayoría se dedicaban a la manufactura de betún y calafate así como de tejas de madera para la construcción.

Guyana holandesa o Surinam

Muy escasas son las noticias que se disponen de la presencia china en Suriman. Se sabe de la presencia de coolies chinos trabajando en las extensas plantaciones de caña de azúcar de esta colonia holandesa, aun antes de la abolición de la esclavitud en 1843.

Los contingentes apuntados por J.Hung muestran la voracidad a la par que movilidad comercial de la compañía holandesa de las Indias Orientales quien canalizó el comercio de coolies de la China continental y de otros trabajadores asiáticos proveniente de Java y Sumatra. Así los trabajadores exportados lo son en número de 2096 entre 1833 y 1843 y 2430 entre 1865 y 1872 (Hung 1992:108-109).

Dos casos de países centroamericanos, con vinculaciones geográficas con el Caribe, merecen una aproximación dada la especificidad y características de la migración china que documenta en ellos.

Panamá

El caso de Panamá, en este sentido, es paradigmático. Entre 1850 y 1855, inmigrantes chinos, muchos procedentes de California o de México fueron llevados a Panamá, para trabajar en la construcción del ferrocarril. El historiador Ramón Mon nos informa que entorno a 1854 arriban 705 chinos para trabajar en la construcción del ferrocarril interoceánico (Mon 1994:53; Lock Reyna 2006). Estos procederán de Shatou.  Ese mismo movimiento laboral se daría en la década de los ochenta del siglo XIX, en este caso para participar en las obras del denominado “canal francés” y a inicios del siglo XX para participar en la construcción del canal de Panamá, desarrollado por estadounidenses (Chong Ruiz 1992:17). Ese movimiento laboral de trabajadores chinos en el país, acabaría culminando con el asentamiento de muchos de ellos con la consecuente abertura de establecimientos comerciales (Lock Reyna 2006).

Costa Rica

También en  Costa Rica se detectan tres momentos de llegada de inmigrantes asiáticos: Los primeros contratados en Panamá en 1855 para trabajar en los cafetales y bananos, en muchos casos resultado de excedentes de mano de obra del ferrocarril. Estos fueron contratados por dos haciendas: La de barón von Bülow  en número de 45 y otros 32 para la hacienda Lepanto (Rojas & Vargas 1996:88-90; Fonseca 1996:66; Sui Moy Li Kam 1997:222; Meléndez s.f.).

Posteriormente, se trajo más trabajadores chinos en 1873 para la construcción del ferrocarril del Atlántico. La historiadora Zaida Fonseca nos relata esta contratación (Fonseca 1996):

“ El 31 de enero de 1873 llegaron a Costa Rica 653 chinos por el puerto de Puntarenas. Al llegar al país, cada uno fue etiquetado con un número y con él se le conocía y se le vendía. La mayoría fue trasladada a campamentos, para que trabajaran en la construcción del ferrocarril, en el trecho entre Angostura y Cartago. Otros fueron vendidos para servir en las casas de las familias adineradas, en las haciendas cafetaleras (localizadas en las cuatro provincias más importantes: Alajuela, Heredia, San José y Cartago) y en las minas de oro del Aguacate, en la provincia de Puntarenas.”

En 1887,  de nuevo el Gobierno de Costa Rica autorizó la contratación de chinos para la misma obra (Chen Apuy 1992).

Conclusión

A lo largo de estas líneas hemos analizado de forma resumida la primera presencia de emigrantes chinos en el área del Caribe. Se trata de un proceso migratorio internacional que movilizó entorno a 200.000 personas. La mayoría de las cuales fueron trasladadas de las provincias del sur de China para incorporarse como mano de obra semi-esclava en el proceso productor de la caña de azúcar y otros trabajos agroforestales, casi siempre de gran dureza y en pésimas condiciones laborales y vitales. Destaca sobremanera, que asociada a esa migración, se diese una más numerosa la de gentes de Bengala y del Tamil Nadu y de otras más concretas y puntuales, por ejemplo la de los “congos” en  la Martinico o la de malteses en la Antillas británicas, concretándose uno de los fenómenos migratorios más destacados del siglo XIX, asociado al colonialismo.

Como se ha podido constatar por las fuentes consultadas, la mayoría muy dispersas, la presencia china culmino no con un retorno masivo y si con la instalación y asimilación de esas comunidades a los entornos caribeños. Creando en muchos casos, comunidades cohesionadas que han formado parte de las amalgamas étnicas que integran las sociedades de muchos países de la zona.

por Martín Checa-Artasu
U. de Quintana Roo (México)

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