Borobudur vs. Angkor Vat

El llamado proceso de indianización acontecido sobre la región geográfica actualmente conocida como Sudeste Asiático tuvo un efecto homogeneizante sobre la gran diversidad cultural preexistente. El arte en general y la arquitectura en particular fueron también testimonios de esta impronta india en su unificación de criterios. Los complejos de Borobudur y de Angkor Vat, se nos revelan como los mayores exponentes del arte arquitectónico local (aunque de importancia mundial) fruto de tal influencia. La comparación entre ambas obras resulta posible toda vez que poseen una ascendencia común. No obstante, las diferencias resultan igualmente notorias.

Introducción

El actual trabajo se propone abordar los complejos de Borobudur y Angkor Vat como obras edilicias desde un enfoque sinóptico que evidencie sus similitudes y distinciones. A tal fin se ha optado por seguir la siguiente mecánica de presentación de un fenómeno artístico: se ubicará primeramente al lector dentro de la realidad histórica-social, luego se esbozarán las características geográficas de las regiones precisas de construcción, para pasar seguidamente a mostrar el transfondo religioso-ideológico sustentador. Finalmente, se abordará a las obras propiamente dichas, desde las concepciones constructiva, simbólica y decorativa

Lógicamente, lo sintético del trabajo inhabilita un desarrollo exhaustivo de los temas detallados. Lejos de pretender agotarlos, aspiramos a esbozar ciertos lineamientos generales; una aproximación primera, que oriente al lector, y le brinde ciertas herramientas con las cuales avanzar hacia un estudio de profundidad mayor.

El factor tiempo: la historia detrás de las obras

Más de tres siglos separan a las construcciones de las dos obras arquitectónicas a las que habremos de referirnos. Borobudur, el mayor edificio budista del mundo, fue construido por la dinastía Sailendra, a finales del siglo VIII, en Java Central. Angkor Vat, el mayor complejo hinduista fuera de India, fue forjado entre los años 1113-1150[1] como acrópolis del emperador khmer Suryavarman II, en la actual Camboya. Será menester entonces encuadrar ambos momentos dentro de sus respectivas realidades.

El siglo VIII

La llegada del siglo VIII en el Sudeste Asiático marca una bisagra dentro de ese largo proceso conocido como “indianización”. Durante los primeros siglos de nuestra era,desde el Sur del Subcontinente, navegantes indios partieron masivamente hacia el Este buscando cubrir la demanda occidental, e iniciando de esta forma el proceso mediante el cuál se conformarían los primeros reinos indianizados del Sudeste Asiático. Pero tras la caída de Roma, el comercio euroasiático se verá cercenado hasta su reorganización, a partir del siglo VIII, por el Islam. Las rutas marítimas, ahora limitadas entre India y China, desplazaban del centro al Subcontinente, para dejar al Sudeste Asiático como punto intermedio. De esta forma, reinos comerciales como el de Sri Vijaya, en Sumatra, lograron un gran poder económico, y llegaron a dominar extensas áreas. La irradiación de la cultura india, empero, no terminó allí, pero sí tuvo un giro importante. Ya no serían los comerciantes indios, en su mayoría hinduistas, quienes influirán en el Sudeste Asiático, sino los monjes budistas, quienes sumaban a su natural actividad misionera, el hecho que, tras la caída de los Gupta, comenzaban a ser desplazados de su territorio de origen.

El otro gran imperio que proyectaba su sombra sobre el Sudeste Asiático era China. El siglo VIII también resulta significativo en lo que hace a su historia. La dinastía Tang, llega entonces a su cenit, devolviendo al País del Centro el prestigio que le correspondía bajo los Han. Dinastía budista por excelencia, los Tang sufrirán la pérdida del control de la Ruta de la Seda en el año 763, disputada desde entonces por los uigures y tibetanos. El aumento tanto del comercio marítimo como del peregrinaje budista a través del Sudeste Asiático, será el lógico contrapeso de aquella carencia. El reino de Sri Vijaya, se consolidaba como el poderío más firme en la región sudoriental, con un gran componente chino, con quien compartía religión y comercio.

El reino budista de Sailendra emerge en la realidad política de Java Central, en el momento en que el reino de Sri Vijaya, desde la isla contigua de Sumatra, había alcanzado afianzar su poderío. Las opiniones de los autores divergen respecto de los siguientes sucesos. Sin embargo, tienden a considerar que, a través de una previa unión matrimonial principesca entre ambos, el rey Sailendra se hizo del poder del reino de Sri Vijaya. De allí que los Sailendra sean recordados como “dinastía” (reinante sobre Sri Vijaya) y no como “reino” (haciendo referencia a su etapa anterior).

Con el advenimiento de la nueva dinastía, el reino de Sri Vijaya, hasta entonces meramente marítimo, afianzado en su actividad comercial y su fuerte armada, amplia su poderío interior. La religión budista, hasta entonces representativa de la elite gobernante, se expande entre la población. Y entonces las grandes construcciones, dejan de ser un monopolio de los reinos peninsulares: sobre tierra javanesa se levantan, unas tras otras, grandes edificaciones religiosas, entre ellas el más grandioso templo budista a nivel mundial: el Borobudur.

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El siglo XII

El cambio en el flujo indianizatorio que se había iniciado en el siglo VIII tocará fondo en el siglo XII. A fines de ese siglo, las invasiones musulmanas procedentes de Afganistán derrocarán a la dinastía Pala en India, y destruirán su corazón cultural, la Universidad de Nalanda. Esto acabará con 17 siglos de budismo en el Subcontinente, y será también el fin del movimiento de indianización del Sudeste Asiático.[2]

Mientras el Norte, desde el año 1000, se enfrentaba con el Islam, en el Sur de la India, los tamiles chola, fruto de un intenso comercio con el Sudeste Asiático, se transformaban en los más prósperos del Subcontinente. Durante el siglo XII disputaron la hegemonía al reino sumatreño de Sri Vijaya. La religión hinduista que los chola profesaban y que, junto con los pallava, se encargan de propagar de forma definitiva por toda India, los hermana con los reinos de Java oriental, desde donde, mediante apoyo económico y militar, merman el poderío del reino budista de Sri Vijaya, quien entrará en profunda decadencia.

La región peninsular sabe aprovechar ese vacío de poder encontrando un nuevo apogeo, el mayor de los cuales lo veremos plasmarse en el Imperio Khmer. Pero el auge era general:  “…es interesante observar que casi en el mismo momento los demás países del sureste de Asia llegan también al cenit de su desarrollo: Champa, bajo Harivarman IV; Birmania, bajo Anoratha y Kyanzittha (…) Todo ello sucedió, como si, desde la común indianización, hubiese germinado la misma semilla para dar simultáneamente los mismos frutos. Desgraciadamente ésta había de ser la última madurez, ya que en Camboya, como en el resto de la Península, había de anunciarse casi inmediatamente la decadencia de los estados indianizados.”[3]

China cumplió un papel preponderante en la limitación del poderío peninsular. La dinastía Song, propulsó aún más que la Tang el comercio hacia el Sudeste Asiático, contando con nuevos adelantos técnicos en materia de navegación. El poder económico de los chinos de ultramar debemos ubicarlo originalmente en este período.

Además del control marítimo, el gigante continental había avanzado territorialmente sobre la región de Annam, colonizando la región septentrional del actual país de Vietnam. El desconocido imperialismo chino tuvo ejemplo en esta región por un período de mil años. El avance del mundo chino tanto por el Este como por el Norte puso jaque a los reinos de influencia india de la península.

Pero el siglo XII aún desconoce tal decadencia. En él llega a la cúspide de su poderío el imperio Khmer. “Su filosofía, peculiar y al fin de cuentas estéril, le permitió alcanzar un nivel de centralización, cohesión y colectivización  gracias al cual produjo obras de arte de sublime grandeza y creó un Estado cuya organización fue la más altamente evolucionada de todos los Estados del Asia sudoriental”[4]. En el año 1113, Suryavarman II ordena para su gloria póstuma la construcción del complejo edilicio de Angkor Vat, que plasmaría para toda la posteridad, la madurez de la más magnífica de todas las civilizaciones del Sudeste Asiático.

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El factor espacio: la geografía detrás de las obras

El Sudeste Asiático se encuentra constituido por dos realidades geográficas netamente diferentes: la región peninsular, y la insular. Los dos monumentos que dan título a este trabajo, representan los pináculos de dos Estados geopolíticamente antagónicos, el uno con base en las islas, de carácter netamente comercial y ferviente protector del budismo, el otro con base en el continente, de economía agraria y creencia hinduista. La relación entre la geografía, la economía y la religión no resulta azarosa.

La región insular

El reino de Sri Vijaya, había emergido como primer reino indonesio, al saber aprovechar su situación geográfica estratégica. Ubicado sobre la ruta que utilizaban los comerciantes indios para llegar a las ciudades de Fu-Nam y Champa, obtuvo su poderío de la actividad mercantil. La región comprendida por las islas de Sumatra y Java había sido además “por siglos paso obligado de las distintas migraciones que poblaron la región insular del sudeste. Esto, sumado a sus características montañosas, la dotaba de una gran diversidad de grupos culturales, que difícilmente pudieran ordenarse a un poder central. El hinduismo, aunque aventajó al budismo en varios siglos, no podía arraigar su sistema de castas en una población tan desintegrada”[5] y diversificada. Cuando a fines del siglo VI el budismo comience en India su lento declinar a raíz de la caída del imperio Gupta, el proselitismo de sus monjes llegará a la región insular del Asia sudoriental. “La primera corriente en llegar será la hinayana, que al no distinguir castas fue bien recibida. Un siglo después le siguió su adversa mahayana. La mayor amplitud comunitaria que esta tenía, respecto del más restringido pequeño vehículo, se adaptaba más a un reino marítimo internacional. De esta forma fue rápidamente aceptada desplazando a su predecesora. Otra razón importante para el arraigo del budismo mahayana fue el importante movimiento de comerciantes chinos, que compartían dicho credo.” [6] La religión budista, auspiciadora de una base social igualitaria, impidió el establecimiento de una sociedad esclavista. Las grandes construcciones que la dinastía Sailendra llevó a cabo fueron realizadas por manos campesinas. Los agricultores, durante el período de descanso –entre la cosecha y la nueva siembra-, realizaban estas tareas que eran a la vez obligación estatal y exvoto.

El mantenimiento de la obra resultaba indispensable en esta región insular, caracterizada por las constantes e intensas lluvias que hacen fangoso todo terreno. El Borobudur, como veremos, implica una montaña artificial, que no aprovecha ningún desnivel del terreno. A pesar de ello la gran edificación tuvo una maravillosa red de desagüe. Al abandonarse, esta no funcionó más. Poseía una gárgola (cañería) por donde el agua corría. Al romperse, el agua penetró en el montículo convirtiendo al actual templo en una lejana visión del original.

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La región peninsular

Por el contrario, el Imperio Khmer, sufría del caso contrario: la sequía. Surgido en “las tierras altas de Indochina, debió ganar la afronta que la naturaleza poco dotada le ofrecía, transformándose en un pueblo guerrero, que forzaba una agricultura difícil a través de la mano de obra esclava. Este necesario carácter obstinado del pueblo khmer se condecía bien con el ideal ascético del sivaísmo, que tomaron al conquistar finalmente al reino de Funam. De igual forma, la esclavitud, encontró en el hinduismo una excelente razón religiosa, al instaurar la idea de una sociedad de castas rígidamente establecida. Además del sivaísmo, se permitió la entrada del visnuismo, formas ambas del hinduismo que la practicidad khmer terminó combinando en la figura del Harihara. Esta divinidad era esculpida con forma humana, la mitad de la cual poseía los atributos del dios Siva, mientras que la otra parte mostraba aquellos atributos correspondientes a Visnú. Si bien en la India se han descubierto esculturas de Harihara, ninguna de ellas posee la antigüedad de las encontradas en Camboya. El budismo, por otra parte, contrario a la diferenciación de castas, tendrá muy poca aceptación e incluso en determinados momentos será perseguido.”[7]

Angkor Vat será erigido, al contrario del Borobudur, no como un exvoto, sino sobre todo para gloria de su creador. Centro axial de la ciudad, la ya nombrada escasez de agua se veía apaleada por un sistema sumamente complejo de canales de irrigación.“De este modo, la ciudad angkoriana ya no es una simple reunión de habitantes en torno al templo del dios que los protege. Es el fulcro de un sistema racional de aprovechamiento del terreno, que utiliza del mejor modo los recursos naturales, y, según los casos, los integra o sustituye.”[8] La genialidad khmer utilizará el uso pragmático del agua para valorizar la construcción de sus santuarios y la de su mismo rey divinizado, dador de agua, dador de vida.nota01_04

El factor ideológico: las creencias detrás de las obras

Budismo

El establecimiento del budismo mahayana en Indonesia a partir del primer cuarto del siglo VII opacó toda otra religión importada anteriormente por las islas desde India. Hemos esbozado anteriormente algunas de las razones de tal adopción. Agreguemos, sin embargo, que fue sobre todo el vajrayana la forma mahayánica que, llegada desde Bengala, impactó de manera más fuerte en la población local. La razón de ello debemos hallarla en la conexión existente entre esta rama mágica del budismo y las creencias autóctonas de bases animistas. Lo mismo podemos decir respecto de los comerciantes chinos, tan importantes en el Estado de Sri Vijaya, que cargaban con la tendencia supersticiosa de su civilización. El famoso peregrino I Tsing dejó un invaluable testimonio de su paso por las islas, donde se dedicó a estudiar sánscrito y a traducir textos budistas en esta lengua al chino.[9] Los elementos vajrayanas que llegaron a Java y Sumatra fueron también exportados al Norte de India, de allí que exista a menudo “una sorprendente semejanza por ejemplo entre las estatuillas de bronce o utensilios de culto javaneses y los nepalíes o tibetanos; perceptible en el tipo de Bodhisattva, provisto de muchos brazos, o en el símbolo de Vajra, coronado de dientes o almenas.”[10]

Si bien históricamente la construcción del Borobudur se corresponde con el último período de fuerte influjo indio (que irá muy lentamente menguando hasta finalizar por completo en el siglo XII), y por tanto continúa de forma marcada el arte indio (en su caso el estilo gupta), lo hace ya con ciertas peculiaridades, como la combinación del viejo tipo de estupa con el del mandala vajrayana, dispuesto en forma de montaña artificial. Está última está firmemente unida al culto a la montaña característico de todo el Sudeste Asiático. Algunos autores llegan a considerar a Borobudur como un monumento dinástico de los Sailendra, vistos como Bodhisattvas, ligándolo de esta forma con la indígena divinización de la realeza.[11] Así, Villiers nos afirma que “Las inscripciones de la dinastía Sailendra en Java indican que el budismo del mahayana se interpreta allí, al igual que en Balí, conforme al culto de los antepasados reales, igual que ocurría con el culto del linga sivaíta entre los khmers.”[12] Otros autores, declaran en cambio que el Borobudur, es un ejemplo de arte puramente budista[13]. De todas formas, el gran sincretismo de la región insular entre el budismo, el hinduismo y las formas autóctonas tomará lugar recién tras la caída de la dinastía Sailendra.[14]

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Hinduismo

Habíamos nombrado supra la adopción del hinduismo, en sus formas sivaíta y vishnuíta, del pueblo khmer al conquistar al antiguo reino de Funam. Suryavarman II, el gobernante constructor de Angkor, fue un ferviente vishnuíta. Bajo su reinado se practicó un “culto a vishnuraja, en el cual la persona del rey estaba incorporada en una imagen de Vishnú. Este era sin duda el culto que observaba Angkor Vat, y su sacerdote principal fue Divakarapandita, que parece haber fundado el templo. Las decoraciones de Angkor Vat estaban inspiradas en la historia de Krishna, la principal encarnación de Vishnú, y en los bajorrelieves Suryavarman se identifica con la de Vishnú.”[15]

La visión hindú de morada del dios (mas que lugar de reunión de fieles), fue también trasladada a Camboya. “El templo khmer era relativamente pequeño, y la estructura de los santuarios comprendía una torre (prasat) para la divinidad y una o más torres para la esposa y el vehículo del dios”[16].

Otra idea importada del hinduismo y que ayuda a explicar ya no el aspecto ritual, decorativo o funcional del complejo de Angkor Vat sino mas bien sus impresionantes dimensiones, es la concepción de un rey universal. Es a partir de esta visión india que los reyes del Sudeste Asiático tendrán prerrogativas imperiales. Y será el Imperio Khmer de Suryavarman quien llevará tal idea hasta la cúspide. Se considera que la construcción del enorme complejo, digno de un rey dominador de los cuatro puntos cardinales, fue una de las razones del posterior deterioro del mayor imperio de toda Indochina.

Dharnidravarman II, el soberano sucesor de Suryavarman II, será el primer rey budista de Angkor, dejando su impronta en los edificios menores de la obra que nos toca. A partir de él, se genera una paulatina mahayanización del hinduismo khmer, forma sincrética que también verá su caída a principios del siglo XIII cuando el pueblo adopte el budismo hinayana. Maravillosamente, Angkor Vat llegará a ser un famoso monasterio theravada en el siglo XIV.[17]

Cultos locales y mitología india

La importancia sagrada de la montaña, en el Sudeste Asiático, fue anterior al proceso indianizatorio. Su origen se pierde en la misma conformación poblacional de la región, lograda a través de sucesivas oleadas migratorias llegadas desde el norte (desde las altas montañas). Esta direccionalidad ligada a una geografía escarpada, señalaba y daba evidencia a la vez, del primer padre civilizatorio que proyectó su sombra sobre el Asia sudoriental, China[18].

El culto a los ancestros que trajeron consigo estos pueblos, era fácilmente ligado al lugar que aquellos atravesaron en su trayecto: las regiones montañosas de Indochina septentrional. La divinización de los antepasados quedó de esta forma adherida a la montaña.

Esta creencia autóctona en la sacralidad de la montaña, permitió la rápida absorción de la creencia mítica india de la montaña primordial, el monte Meru[19]. Así nos confirma Eliade que tal simbolismo “explica la enorme construcción del templo de Borobudur en Java, que está edificado como una montaña artificial”[20].  Villiers también señala que “los nueve pisos de Borobudur corresponden a los nueve niveles del monte Meru”[21]. Y lo mismo podemos afirmar respecto de Angkor Vat, donde “la organización arquitectónica del templo simboliza los anillos concéntricos del universo hindú, dominado en su centro por el monte Meru”[22]. La importancia del agua dentro del Imperio Khmer a la que nos referimos supra, se incorpora a esta concepción metafísica, como las aguas primordiales que rodean al monte Meru, representado por un verdadero templo-montaña.

En opinión de Villiers nada ilustra mejor la fusión de elementos religiosos propios con aquellos recibidos de India, que el concepto del templo-montaña y su evolución.[23]

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Las obras: aspectos constructivos

Borobudur

Construido sobre una colina, aunque sin aprovechar ningún desnivel del terreno, se trata pues de una montaña artificial, de 9 estratos escalonados. Las primeras cinco terrazas tienen bases cuadrangulares, mientras que las siguientes cuatro plataformas son circulares. “Las terrazas  cuadradas forman entre una y otra corredores entre altas paredes, decoradas con relieves de varios kilómetros y numerosas estatuas de Buda. En cambio las plataformas redondas quedan abiertas y libres bajo el cielo y contienen 72 estupas campaniformes.”[24] Cabe aclarar que existe un nivel extra en la base que permanece enterrado, pero que podría no haberlo estado (se cree que la colina actual que posee hoy una altura aproximada de 34,5 mts.[25] debe haber sufrido un marcado hundimiento con el correr de los siglos). Para algunos autores podría haber sido un muro de contención, y esta postura pareciera estar avalada por el hecho de que los primeros arqueólogos franceses que destaparon este piso en la década de 1920 a fin de restaurarlo, volvieron luego a cubrirlo.[26]

Como la mayoría de los elementos edilicios de Java, la obra se construyó en piedra[27]. Precisamente en una piedra volcánica de color gris llamada andeasita, de aspecto áspero. Tal materia no estaba in situ, sino que fue transportada desde regiones volcánicas. La socavaban en la zona de los volcanes con agua, y la llevaban hasta la zona de construcción.

En los cuatro puntos cardinales encontramos escalinatas por las cuales acceder a los diferentes pisos. Es conveniente acercarse al templo desde el Este. Los frisos dobles sobre cada una de las dos paredes internas de los corredores se recorren a partir de allí. En ellos se puede apreciar un absoluto horror al vacío. Sobre los bajorrelieves, damos con nichos practicados a distancias regulares.

Luego se accede a las terrazas circulares concéntricas, totalmente desnudas, donde encontramos los 72 estupas campaniformes abiertos, llamados dagoba. En la última plataforma un único estupa esbelto y cerrado, dividido en dos.

“El Borobudur contiene en total 505 figuras de Buda: 92 Buda de los cuatro puntos cardinales en cada una de las cuatro terrazas cuadradas, 64 Vairocana en la quinta terraza, 72 en las pequeñas estupas y una en la estupa mayor. Por desgracia el estado de esta estupa central no es el original y su estatua incompleta de Akshobhya (¿o Shakyamuni?) con el Bhumiparsha-mudra no parece la primitiva. Se discute sobre la identidad del Buda original en el caso de que la estupa no estuviera vacía.”[28] Es precisamente la opción de un estupa vacío a la que adherimos por razones que explicaremos en el apartado relativo a los aspectos simbólicos.

La construcción del Borobudur se cubrió con estuco, y fue además policromada. Su aspecto habría sido fantástico, sumamente colorido, cualidad que con el correr de los siglos se fue perdiendo hasta conseguir el color gris oscuro actual de la piedra, muy porosa y rústica.

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Angkor Vat

Erigido sobre en el ángulo extremo Sudeste de la ya existente ciudad de Angkor, este complejo logra a través de la superposición de tres terrazas conformarse en una verdadera pirámide, en un templo-montaña (concepción a la que ya nos hemos referido supra), de orientación Oeste.

Se encuentra delimitado por un foso de 200 mts. de anchura, depósito de agua para los habitantes de la ciudad y probablemente también para el palacio del rey.[29] Una avenida flanqueada por una balaustrada de nagas, cruza el foso en dirección Oeste-Este, desembocando en la entrada de la muralla exterior de un ancho de 230 mts.

Superada la entrada nos encontramos con un claustro cruciforme, más allá del cual se halla el portal de tres cuerpos de la primera galería abovedada perimetral a la primer terraza de 185 x 210 mts. En ella encontramos dos “bibliotecas” junto a los laterales norte y sur, y en su centro oeste, a continuación de la entrada, tres galerías paralelas y una perpendicular que las corta formando cuatro sectores, que originariamente debieron estar dedicados al culto.

Una segunda galería abovedada perimetral rodea la segunda terraza, de 100 x 115 mts.“Frente a la entrada principal, una plataforma horizontal elevada une entre sí dos ´bibliotecas´ de modestas dimensiones”[30]

Finalmente, a través de empinadas escalinatas accedemos a la última galería perimetral que rodea la tercer terraza, en este caso cuadrada, de 60 mts. de lado.“Dos galerías de pilastras unen luego el santuario central con los pabellones elevados correspondiendo a los puntos cardinales, formando una vez más el motivo en cruz, que parece caracterizar todo el conjunto. Por consiguiente la terraza queda subdividida en cuatro patios internos…”[31]

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La totalidad del complejo de Angkor Vat fue construido en piedra. El abandono del ladrillo y el hecho de que los constructores se decidieran por ejecutar “una bóveda realzada sostenida al exterior por una fila (o doble fila) de pilastras e incluso a levantar una galería de tres naves”[32] son las razones en la que se basa Chiara Silvi Antonini para afirmar que “no es improbable que las condiciones determinadas por este estado de cosas influyeran en la forma de las estancias a construir, limitada de hecho por dos tipos: la torre cuadrada y la larga galería rectangular”[33]

La perspectiva es, en opinión de la mayoría de los autores, un elemento a través del cual Angkor Vat nos revela el genio khmer: “La obra está construida  con  un estudio perspectivo extraordinario, por lo que la altura de las tres terrazas parece aumentar a medida que se sube, y cada una de ellas está desplazada, retranqueada progresivamente, de modo tal que la estructura no cause la impresión, en conjunto, de estar inclinada hacia el espectador que se decide a subir”[34].


Las obras: aspectos decorativo y simbólico

El Borobudur

Los frisos dobles del stupa de Borobudur a los que nos hemos referido en sus aspectos constructivos, conforman 1300 relieves descriptivos. La temática a la que hacen alusión comprende la vida del Buda Sakhyamuni, los episodios de sus vidas anteriores y otras leyendas pías. Su lectura deja siempre el interior de la construcción a la derecha de quien la recorre.

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El Borobudur posee una gran significación simbólica tanto desde el punto de vista edilicio en general, como a través de sus bajorrelieves, estatuas y stupas. De allí que algunos autores hablen de él como un “camino de peregrinación psicofísico a través de las esferas del Universo, planos de reconocimiento y grados de salvación representados en cada una de las terrazas (…) una especie de curso de iniciación en piedra”[35]

Las bases cuadradas de las primeras terrazas son símbolo de lo terrenal, del mundo de las formas. La terraza que se encuentra bajo tierra posee frisos relativos a las más bajas apetencias, escenas de la vida cotidiana y los castigos terrenales, se trata del mundo de los deseos, el humano, el de los defectos, el de los vicios. Las siguientes 5 terrazas, muestran la vida del Buda terrenal, extraídas del Lalitavistara; luego las leyendas de los jatakas y del Avadana, destacando el espíritu de sacrificio y buena acción de sus vidas anteriores, para pasar luego a historias de piadosos (Sudhana, Asanga)[36]. Por fin pasamos a las 4 terrazas concéntricas de bases circulares, simbolizantes de lo informe. El peregrino ha dado un salto de la riqueza de los relieves y estatuas a las desnudas terrazas superiores. En ellas, los stupas de los primeros tres órdenes se encuentran abiertos, permitiendo ver a medias, las estatuas de buda halladas en su interior, cada uno efectuando un mudra particular. Y se llega entonces al último y más importante stupa, cerrado y vacío, símbolo del absoluto vaciamiento. Como hemos dicho supra, la estatua inserta allí en la actualidad carece de sentido original según nuestro pensar, en tanto nos inclinamos por abrazar la idea de un ápice simbolizante de la nada, del perfecto nirvana budista.

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Angkor Vat

De mucha mayor importancia que el arte estatuario y demás adornos de Angkor Vat, sobre los que aquí no nos explayaremos por problema de espacio, son los relieves. “La galería de la primer terraza les está totalmente consagrada. Para ello, la pared exterior está sustituida por pilastras y la luz, al entrar, inunda la pared interior sobre la que, al alcance del observador, se extiende un ininterrumpido friso en bajorrelieve de 2 metros de ancho y que en total comprende más de 2000 metros cuadrados de piedra esculpida”[37].

Estos relieves descriptivos, se encuentran tallados con poca profundidad, a través de una técnica mas propia de pintores que de escultores; se cree, efectivamente, que se grababa sobre la piedra, para luego pasar a modelar sobre esta talla y finalmente completar los detalles[38]. La soltura en la composición pareciera aseverar tal teoría.

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La lectura de los frisos obligaba a la circunvalación de las galerías y edificios en el sentido contrario de las agujas del reloj. No existe encuadre que ayude al espectador a comprender la finalización de un acto, y el comienzo del siguiente. La guía al respecto suele estar marcada por las figuras principales, de tamaño mayor, que dominan cada escena.

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La temática, al tratarse de un templo vishnuíta, se adhiere a materiales clásicos del hinduísmo: “la agitación del Océano dirigida por los dioses, la historia de Krishna, episodios del Mahabharata y del Ramayana, las famosas epopeyas indias como por ejemplo la batalla de Kurukshetra o la batalla de Lanka entre los simios de Rama y los guerreros de Ravana”[39].

Respecto ya a la concepción simbólica de la obra, digamos ante todo que su magnificencia expresa el afán imperial de Suryavarman II, quien construyó el complejo para servirle luego como templo funéreo. Allí se le rendiría culto divino, bajo su forma estatuaria de Vishnú, y con su nombre póstumo de Paramavisnuloka[40].

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Se trata pues del ya mencionado templo-montaña, rodeado por un foso de agua símbolo del “mar de leche” sobre el que éste se erguía. Pero además algunos autores consideran que estuvo más relacionado con un culto a los muertos que cualquier otro templo-montaña anterior. Varios son los hechos que podrían sumarse a esta suposición: los indicios de enterramiento de las cenizas del rey en el templo; el tratarse de un templo abierto hacia occidente, la dirección de los muertos; la circunvalación a partir de los frisos dejando las construcciones a la izquierda del observador, a la manera del rito funerario, y por último la existencia de un panel exclusivamente dedicado al Juicio Final.[41]

Conclusión             

El templo de Borobudur y el complejo de Angkor Vat se nos presentan como dos obras cuyas solas dimensiones les dan un relieve mundial. Creadas ambas durante el largo período conocido como indianización del Sudeste Asiático, y que supuso una influencia homogeneizante, poseen sin embargo características propias.

Temporalmente se corresponden con los momentos de mayor esplendor de quienes fueron los dos imperios más importantes de la región, uno insular, el otro peninsular. En el siglo VII, el reino de Sri Vijaya no conoce contrincantes en las pacíficas aguas del Asia sudoriental, varias razones lo llevan a abrazar el budismo en su forma mahayánica. El lento declinar del budismo en la India, a favor del resurgimiento del hinduismo tendrá su contrapartida en Indochina, durante el siglo XII, cuando se levante el mayor imperio allí conocido, el Khmer.

Geográficamente, ambos monumentos, fueron instalados en regiones naturalmente no benévolas. Borobudur por exceso de agua, Angkor Vat, por su escasez. La necesaria infraestructura necesaria para apalear tales problemáticas, fueron luego abandonadas, y ello marcó el rápido deterioro de las obras.

Si bien el Asia sudoriental se ha caracterizado por su gran sincretismo, el Borobudur puede ser enmarcado dentro una concepción budista pura (si bien existen opiniones en contrario), y el complejo de Angkor Vat concebido bajo parámetros hinduistas (al menos en su primer período constructivo al que nos hemos limitado en este trabajo). No obstante, bajo la impronta aborigen es posible observarlos como verdaderos templos-montañas.  Algunos autores, como Villiers, toman esta idea para aseverar que Borobudur había sido creado para gloria del rey Sailendra (como Angkor Vat lo había sido para Suryavarman II), según la divinización real propia de la región. Sin embargo, nosotros al igual que muchos otros autores poseemos una opinión en contrario.

El hecho de haber sido ambos construidos en piedra les permitió subsistir hasta la actualidad. El trabajo sobre tal elemento requirió de un gran esfuerzo humano. Dentro del imperio khmer se trató sin duda de mano de obra esclava, mientras que para Borobudur se cree que se utilizó a la población, en tiempos de descanso. Ideado a manera del mandala vajrayana, éste último posee 9 órdenes (10 si contamos aquella que sirve de basamento y se encuentra enterrada), las primeras de base cuadrada, y las más elevadas de base circular. Angkor Vat, con tres órdenes, juega únicamente con la forma cuadrangular, según algunos autores posiblemente por razones surgidas del desconocimiento estructural de la bóveda de medio punto. No obstante de estas limitaciones, los arquitectos del complejo dominaron a la perfección la perspectiva. En cuanto a la direccionalidad, Borobudur ha sido ideado para su ingreso desde el este, mientras que Angkor Vat posee su entrada principal en su sector occidental.

El aspecto decorativo de las obras posee tanto o mayor valor que su aspecto constructivo. Ambas incluyen un arte estatuario y de bajorrelieve. Es éste último el que adquiere un carácter sorprendente en cuanto a su extensión. En Angkor los frisos interrumpidos alcanzan los 2 kilómetros, cifra superada aún por el Bodobudur, aunque sumando los esculpidos en las distintas terrazas.  Al tratarse de relieves descriptivos, en el monumento javanés se narrarán historias budistas: la vida del Buda Sakhyamuni, sus vidas anteriores, la vida de otros santos; mientras que el complejo camboyano abundará en historias donde Visnú, deidad del panteón hinduista con la que se identificará el rey Suryavarman II, aparecerá en forma de distintos avatares.

El simbolismo de ambas obras es notorio. Borobudur estructurado como un camino de peregrinación que lleva al paseante desde los niveles humanos más elementales, a otros de mayor purificación, y finalmente a una situación de despojo de la forma, que desemboca en el perfecto vacío del nirvana. Angkor Vat, en cambio, fue ideado como templo de culto póstumo al rey. Esta veneración postmortum parece estar aseverada entre otras razones por estar enfocado el templo hacia la dirección de los muertos, y porque la lectura de los frisos supone una circunvalación mortuoria (la contraria a la de Borobudur, que sigue el sentido de las agujas del reloj).

Bibliografía

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ANTONINI, Chiara Silvi; BUSSAGALI, Mario; SANTORO, Arcangela; TAMBURELLO, Adolfo; VERGARA, Paola Mortari; Arquitectura oriental ; dr. Mario Bussagali; Historia Universal de la Arquitectura; tr. Juan Novella Domingo; Aguilar; Madrid; 1974

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EMBREE, Ainslie T. – WILHELM, Friedrich; India. Historia del subcontinente desde las culturas del Indio hasta el comienzo del dominio inglés; trs. Antón Dieterich y María Isabel Carrillo; Historia Universal Siglo XXI tomo 17; Siglo XXI; México D.F.; 1974

GROSLIER, Bernard Philippe; Indochina y Malaca; El Arte de los Pueblos; tr. Margarita Fontseré; Praxis / Seix Barral; Barcelona; 1962

HUMPHREY, Caroline – VITEBSKY, Piers; Arquitectura sagrada La expresión simbólica de lo divino en estructuras, formas y adornos; tr. Francisco Páez de la Cadena; TASCHEN; Singapur; 1997

LO COCO, Martín; El proceso de indianización del Sudeste Asiático como elemento revelador de las culturas que le preceden; en cd de ponencias del Congreso Nacional ALADAA Argentina; La Plata; 2004

SECKEL, Dietrich; Arte budista; El arte de los pueblos; tr. Féliz Formosa Torres; Praxis / Seix Barral; Barcelona; 1963

THAPAR, Romila; Historia de la India I; tr. Carlos Villegas García; Fondo de Cultura Económica; México D.F.; 1969

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[1] Cf. GROSLIER, Bernard Philippe; Indochina y Malaca; tr. Margarita Fontseré; Praxis / Seix Barral; Barcelona; pág. 166

[2] Cf. GROSLIER, Bernard Philippe; op.cit.; pág.51

Cf. también  EMBREE, Ainslie T. – WILHELM, Friedrich; India. Historia del subcontinente desde las culturas del Indio hasta el comienzo del dominio inglés; trs. Antón Dieterich y María Isabel Carrillo; Historia Universal Siglo XXI tomo 17; Siglo XXI; México D.F.; 1974 ; págs.138-139

Cf. también THAPAR, Romila; Historia de la India I; tr. Carlos Villegas García; Fondo de Cultura Económica; México D.F.; 1969; págs. 140-149

Cf. también CAHEN, Claude; El Islam. I. Desde los orígenes hasta el comienzo del Imperio otomano;  tr. José María Palao; Historia Universal Siglo XXI, tomo 14; Siglo XXI; Madrid; 2002; págs. 166-183

[3] GROSLIER, Bernard Philippe; op.cit.; pág.161

[4] VILLIERS, John; Asia sudoriental. Antes de la época colonial; ; Historia Universal Siglo XXI, Vol. 18; tr. Fernando Santos Fontenla; Siglo XXI; México D.F.; 1992; pág.195

[5] LO COCO, Martín; El proceso de indianización del Sudeste Asiático como elemento revelador de las culturas que le preceden; en cd de ponencias del Congreso Nacional ALADAA Argentina; La Plata; 2004

[6] Ibídem.

[7] LO COCO, Martín; op.cit.

[8] COEDES, G. cit. en ANTONINI, Chiara Silvi; BUSSAGALI, Mario; SANTORO, Arcangela; TAMBURELLO, Adolfo; VERGARA, Paola Mortari; Arquitectura oriental; dr. Mario Bussagali; Historia Universal de la Arquitectura; tr. Juan Novella Domingo; Aguilar; Madrid; 1974; pág.196

[9] Cf. VILLIERS, John; op.cit.; págs.75-76

[10] SECKEL, Dietrich; Arte budista; El arte de los pueblos; tr. Féliz Formosa Torres; Praxis / Seix Barral; Barcelona; 1963; págs.43-44

[11] ANTONINI, Chiara Silvi; BUSSAGALI, Mario; SANTORO, Arcangela; TAMBURELLO, Adolfo; VERGARA, Paola Mortari; op.cit.; pág. 187

[12] VILLIERS, John; op.cit.; págs.42-43

[13] Cf. SECKEL, Dietrich; op.cit.; pág.47

[14] Cf. Ídem.; págs.46-47

[15] VILLIERS, John; op.cit.; págs. 150-151

[16] ANTONINI, Chiara Silvi; BUSSAGALI, Mario; SANTORO, Arcangela; TAMBURELLO, Adolfo; VERGARA, Paola Mortari; Arquitectura oriental ; dr. Mario Bussagali; Historia Universal de la Arquitectura; tr. Juan Novella Domingo; Aguilar; Madrid; 1974; pág.194

[17] SECKEL, Dietrich; Arte budista; El arte de los pueblos; tr. Féliz Formosa Torres; Praxis / Seix Barral; Barcelona; 1963; pág.55

[18] Muchos autores tienden a minorizar la importancia de la influencia China, que además limitan al sector de Tonking y Annam, pero en opinión del autor de este trabajo, la civilización china tuvo una impronta fuerte y anterior al inicio del proceso de indianización.

[19] Cf. referencias a tal mitología en ELIADE, Mircea; Lo sagrado y lo profano; trs. Luis Gil Fernández y Alfonso Díez Aragón; Paidós Orientalia; Barcelona; 1998; pág. 33 También en ZIMMER, Heinrich; Filosofías de la India; comp. Joseph Campbell; tr. J. A. Vázquez; EUDEBA; Buenos Aires; 1965; 121

[20] ELIADE, Mircea; op.cit.; pág. 35

[21] VILLIERS, John; op.cit.; pág.42

[22] HUMPHREY, Caroline – VITEBSKY, Piers; Arquitectura sagrada La expresión simbólica de lo divino en estructuras, formas y adornos; tr. Francisco Páez de la Cadena; TASCHEN; Singapur; 1997; pág. 23. Cf. también ANTONINI, Chiara Silvi; BUSSAGALI, Mario; SANTORO, Arcangela; TAMBURELLO, Adolfo; VERGARA, Paola Mortari; op.cit..; pág.195

[23] Cf. VILLIERS, John; op.cit.; pág.40

[24] SECKEL, Dietrich; op.cit.; pág.133

[25] La altura primitiva debería rondar los 42 mts., según nos lo confirma SECKEL, Dietrich; op.cit.; pág 135

[26] Cf. SECKEL, Dietrich; op.cit.; pág.133

[27] Cf. AUBOYER, Jeannine; BEURDELEY, Michel; BOISSELIER, Jean; MASSONAUD, Chantal; ROUSSET, Huguette; Asia Forms and Styles; Office du Livre; Bratislava (Eslovaquia); 1994; pág.268

[28] Cf. SECKEL, Dietrich; Idem.; pág.135

[29] Cf. GROSLIER, Bernard Philippe; op.cit.; pág. 167

[30] ANTONINI, Chiara Silvi – MAZZEO, Donatella; Civilización Khmer ; Grandes civilizaciones; tr. J. Blanco Catala; Mas-Ivars Editores; Verona; 1972; pág.110

[31] Ibídem.

[32] Ídem.; pág.112

[33] Ibídem.

[34] ANTONINI, Chiara Silvi; BUSSAGALI, Mario; SANTORO, Arcangela; TAMBURELLO, Adolfo; VERGARA, Paola Mortari; op.cit.; pág.212

[35] Cf. SECKEL, Dietrich; op.cit.; pág.136

[36] Ibídem.

[37] Cf. GROSLIER, Bernard Philippe; op.cit.; pág. 172

[38] Cf. ANTONINI, Chiara Silvi – MAZZEO, Donatella; op.cit.; pág.121

[39] GROSLIER, Bernard Philippe; op.cit.; pág. 172

[40] Cf. Cf. ANTONINI, Chiara Silvi – MAZZEO, Donatella; op.cit.; págs.107-108  Cf. también VILLIERS, John; op.cit.; pág.151

[41] Cf. GROSLIER, Bernard Philippe; op.cit.; 1962; pág. 174

 

 

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