Corea: La primera batalla de la Guerra Fría

En tiempos en que la situación entre las dos Coreas vuelve a ingresar en la Agenda Internacional, es bueno recordar y reflexionar sobre los acontecimientos que originaron la división en la península. Esta es precisamente la propuesta de los autores de este artículo.

Introducción

En el siguiente artículo analizaremos las posiciones adoptadas por los principales países que intervinieron en la Guerra de Corea. Intentaremos esbozar una primera respuesta sobre los verdaderos motivos y orígenes de la división de la península coreana persistente hasta el día de hoy.

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Nos acercaremos, desde distintos pensadores, documentación y perspectivas, a las posturas ejecutadas por –a modo de síntesis- Estados Unidos, La Unión Soviética, Naciones Unidas, China, el gobierno de Seúl y el de Pyoung Yang.

Establecimiento de la división coreana (paralelo 38)

Tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial el 15 de Agosto de 1945, las potencias vencedoras se reunieron en Yalta y luego en Potsdam para acordar la liberación de Corea después 35 años de cruenta colonización japonesa. Estados Unidos, gobernado aún por Roosevelt, ya había manifestado su preferencia a favor de una tutela internacional del territorio coreano. Moscú, por su parte, acepta en una conferencia posterior de ministros dicha tutela por un plazo de 5 años. El fracaso de esta iniciativa se debió a que todos los partidos coreanos (excepto el comunista) se opusieron a la medida, reclamando la independencia inmediata. El pueblo coreano estaba convencido de que la independencia del país se lograría en el mismo momento de la derrota de Japón. Corea no tenía dudas de que la liberación implicaba la inmediata independencia.

Esta situación sumada, según Charles Zorgbibe, al desinterés por parte de los Estados Unidos respecto a la situación de Corea, marcó la imposibilidad de avanzar sobre otras alternativas políticas, convirtiéndose las líneas de separación establecidas en Potsdam (paralelo 38) en fronteras prácticas y políticas. Los ejércitos de ocupación americanos y soviéticos comenzaron a arribar a la región. La zona al norte del paralelo 38 quedó bajo influencia soviética, que procedió a ocupar Pyoung Yang, mientras que la zona sur, quedó bajo influencia norteamericana, ocupando Seúl.[1]

En agosto de 1947, Estados Unidos, presenta la cuestión de Corea ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Vale aclarar que pocos años antes, en 1943, Estados Unidos, Gran Bretaña y China realizaron la Declaración de El Cairo en donde establecían que: “Considerando el estado de esclavitud al que está sometido el pueblo coreano, las tres potencias mencionadas anteriormente determinan que Corea será liberada e independizada en el momento oportuno”.[2]

Con este precedente, Estados Unidos propone ante la ONU la creación de una Comisión temporal y la constitución de un gobierno nacional coreano. Esta medida es boicoteada por el bloque soviético y así es como las elecciones sólo se desarrollarán en Corea del Sur, siendo estas favorables para el viejo líder de la “República en El Exilio”, Syngman Rhee; mientras que en el Norte, se estableció una Asamblea: “Asamblea del pueblo de toda Corea”, en la cual –bajo un lista única- se proclamó a Kim-Il-Sung como presidente, implementando un política de inspiración netamente Marxista, pero también utilizando un canon de simbolismos y rituales propios de la idiosincrasia coreana. Bajo esta dictadura comunista, muchos coreanos del Norte cruzaron el paralelo 38 hacia Corea del Sur. Según Ki-baik Lee, para el año 1947 el número de personas que emigraba hacia el sur ascendía a 800.000.

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Kim-Il-Sung

 

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Syngman Rhee o Lee Seungman

 

Por otra parte, las fuerzas norteamericanas establecieron un gobierno militar y se encargaron de la administración en el Sur. Pero en contraste con Corea del Norte, se permitió la actividad política sin restricciones, que desembocó finalmente en una caótica profusión de partidos políticos.

Esta situación derivará en que la Unión Soviética y su bloque reconozcan a la República Popular Democrática de Corea (Norte) mientras la Comisión temporal de la ONU proponía el reconocimiento de la República de Corea (Sur). En diciembre de 1948, la URSS ordenaba el retiro de sus fuerzas de ocupación, al igual que lo haría Estados Unidos en Junio de 1949, desoyendo las advertencias de la Comisión de la ONU que alegaban que la retirada era imprudente. Este fue el escenario que desembocó en la formación de un muro de acero sobre el paralelo 38.

Uno de los factores que va a desencadenar la guerra coreana, señala Zorbibe, es que a diferencia de la situación en Alemania, la fuerza de las dos grandes potencias ya estaba ausente del territorio coreano. Situación que posibilitó el rearme y la pretensión de expansión de diferentes tendencias, las cuales ya no se sentían inhibidas o amenazadas por las ahora “virtuales” fuerzas de ocupación.

Continuando con la opinión del autor, éste describe a la guerra que comienza en Corea, a diferencia de otros conflictos de Asia productos de la descolonización, como el primer enfrentamiento directamente ligado a la Guerra Fría recién iniciada.

Desarrollo de la Guerra

El 25 de Junio de 1950, las fuerzas norcoreanas inician un ataque de grandes dimensiones a lo largo del paralelo 38. Si bien el gobierno de Seúl había recibido distintas advertencias respecto de un inminente ataque, las mismas no habían sido tomadas en cuenta. Vale destacar que los jefes de división del ejército surcoreano recién habían asumido su posición careciendo, en su mayoría, de experiencia en el cargo.

Zorbibe comenta que desde el 25 de Junio Truman estaba decidido a reaccionar debido a la irritación que le producía ver la pasividad y la humillación de las democracias occidentales ante las agresiones del eje nazi-fascista. El interrogante que lo retuvo, en un primer momento, fue cómo interpretar la acción norcoreana y el apoyo soviético. Este ataque podría tratarse de una medida de distracción para atraer a Asia a las fuerzas americanas y dejar así a Europa a merced del avance soviético. Por esto, Estados Unidos comienza adoptando medidas prudentes hasta que el estado de la situación vuelve inevitable una mayor participación en el conflicto.

Dentro del ámbito de las Naciones Unidas, la Unión Soviética había iniciado una inadecuada estrategia de boicot a dicha organización, absteniéndose de ocupar su banca como forma de protesta contra la representación de la Isla de Taiwán nacionalista en nombre de China continental. Esto por un lado permitió al mismo Secretario General de la ONU declarar la agresión norcoreana como una “guerra contra la ONU” y por el otro, la banca vacía de la URSS en el Consejo de Seguridad anuló su posibilidad de veto respecto a la resolución que adoptaría dicho organismo.[3] En esta resolución se aprobó un exhorto al alto al fuego ordenando el inmediato e incondicional retiro de los norcoreanos hacia el paralelo 38.

Posteriormente el hecho de que Corea del Norte se negó a respetar la resolución del Consejo, habilitó una nueva resolución en donde se autorizaba a Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda a responder inmediatamente, como a otros países a contribuir con asistencia humanitaria a Corea del Sur. Por último también se estableció una misión de las Naciones Unidas bajo un mando y dirección unificada por el ejército de los Estados Unidos.

En una primera fase del conflicto, el avance de las fuerzas norcoreanas fue tal, que prácticamente toda Corea había quedado bajo su mando obligando a las fuerzas surcoreanas y sus respectivos aliados norteamericanos a replegarse cada vez más. Pero la intervención de mayores fuerzas americanas y sobre todo, la utilización de los aviones caza, provocó el inicio de una reversión casi total a favor de Seúl y Washington.

En esta segunda fase, la URSS y los norcoreanos fueron quienes promovieron por diferentes medios –y luego del fracaso de sus acciones expansionistas sobre Corea del Sur- el retorno al paralelo 38. Esto fue rechazado por Seúl y sus aliados, quienes ya vislumbraban un plan para la reunificación de toda Corea bajo mando propio.

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Zorbibe explica que el factor que generó el fracaso del proyecto de Corea del Sur fue la inminente intervención china en el conflicto. El gobierno americano nuevamente había desestimado esta amenaza considerando que las tensiones que ya habían comenzado entre China y la URSS evitarían su avance. China a su vez venía anunciando que “Corea es la vecina de China y el pueblo chino no puedo desinteresarse del desenlace del asunto coreano”[4]. También, los diarios nacionalistas declaraban que China no permanecería pasiva frente a “(…) la salvaje invasión por los imperialistas de un pueblo vecino”[5].

La desestimación de estas declaraciones provocó el carácter sorpresivo de la intervención china y el hecho de que en poco tiempo fuese capaz de revertir gran parte del avance surcoreano. Esto generó en la opinión pública occidental la sensación de que una tercera guerra mundial era prácticamente inminente.

Pero sólo después de que Estados Unidos reforzara sus tropas en la región, es que la situación volvió a ser favorable para el Sur. Esta vez Truman decide ser prudente con su victoria y reprimir los intentos expansionistas tanto de su propio ejército como del gobierno de Seúl derivando en el año 1953 en la aprobación de un armisticio donde se estableció una “línea de tregua”, ligeramente al norte del paralelo 38. De esta forma concluyó un conflicto que provocó un millón seiscientos mil soldados muertos, doscientos cuarenta y cinco mil civiles muertos y trescientos treinta mil civiles desaparecidos de las dos Coreas.

Responsabilidad del inicio de la guerra

A modo de conclusión, analizaremos distintas perspectivas sobre las responsabilidades del inicio del conflicto.

Existe una corriente de historiadores revisionistas americanos que atribuyen la responsabilidad del conflicto a los mismos Estados Unidos. Alegan que, la administración americana, al no dar una indicación clara sobre los límites en las líneas defensivas respecto al sitio de Corea, dejó la sospecha sobre posibles aspiraciones expansionistas, las cuales desencadenaron la posterior reacción de Corea del Norte. Desde esta perspectiva, el primer ataque realizado por Corea del Norte, puede interpretarse en términos puramente defensivos.

Oponiéndose a esto, Francois Godement, describe el argumento anterior como “hueco” y falto de sustento, comparándolo al mismo alegato empleado en la Guerra del Golfo, sobre quienes escribieron que Saddam Hussein cayó en una trampa puesta por los Estados Unidos. La falacia de este tipo de argumentos es que consideran que la responsabilidad de los hechos puede atribuirse completamente a lo realizado u omitido por una sola parte en el conflicto, desestimando la capacidad de acción del resto de los actores.

Zorgbibe reconoce que si bien el presidente surcoreano Syngman Rhee adopta como lema “la marcha hacia el Norte”, afirma que “(…) la responsabilidad esencial incumbe realmente al régimen del Norte, apoyado enteramente por los soviéticos, y a su líder Kim Il Sung, que tras haber eliminado de manera sanguinaria a todos sus rivales había creído poder prolongar su totalitarismo, extendiendo su maquinaria del terror al plano intercoreano”[6]. A su vez, agrega que Kim Il Sung, no forzó la acción de Stalin ya que los soviéticos eran conscientes de las consecuencias de las decisiones de agresión adoptadas.

Desde la perspectiva del autor coreano Ki-baik Lee, “El pueblo coreano, si bien conciente de su unidad étnica, se vio obligado a enfrentar la trágica realidad de que su nación estaba dividida y que las esperanzas de una eventual reunificación eran muy remotas”[7].

Nosotros, por nuestra parte, podemos concluir que más allá de las grandes diferencias entre el régimen establecido en Seúl y Pyoung Yang, la misma lógica generada por la configuración del mundo en el marco de la Guerra Fría, transformó a Corea en una primera víctima del enfrentamiento entre las grandes potencias del momento. Esto nos demuestra que la Guerra Fría lejos de ser un mero conflicto a punto de estallar sin nunca conseguirlo, se cobró infinitas víctimas reales desde su mismo surgimiento.

De todas formas, esta afirmación no pretende negar la responsabilidad de los propios líderes coreanos frente al inicio y desarrolló de los enfrentamientos. Intenta situarla en su adecuado contexto, el cual fue aprovechado por los líderes de ambas Coreas con el fin de expandir sus propias pretensiones.

 

Bibliografía

CHARLES ZORGBIBE, Historia de las relaciones internacionales -Del sistema de Yalta hasta nuestros días-, Vol II, tr. Miguel Ángel Vecino Quintana, Alianza Editorial, Madrid, 1997.

KI-BAIK-LEE, Nueva historia de Corea, tr. Buan Ko, Eudeba, Argentina, 1988.

Actas literales y resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y Consejo de Seguridad. Extraídas de la base de datos SAD de las Naciones Unidas (http://documents.un.org/welcome.asp?language=S). Entrada 26 de Mayo de 2007.

 por Agustina Varela y Uriel Aiskovich

[1] CHARLES ZORGBIBE, Historia de las relaciones internacionales -Del sistema de Yalta hasta nuestros días-, Vol II, tr. Miguel Ángel Vecino Quintana, Alianza Editorial, Madrid, 1997.

[2] Extracto de la Declaración de El Cairo fruto de la reunión cumbre desarrollada en dicha localidad en diciembre de 1943.

[3] Esta será una de las pocas resoluciones adoptadas por el Consejo de Seguridad durante la guerra fría, y prácticamente la única en la que se adopte una posición claramente desfavorable a uno de los miembros permanentes de este organismo. Cabe recordar que en el momento de formación de las Naciones Unidas, se estableció que en el único órgano en que se puede adoptar resoluciones de carácter vinculante es en el Consejo de Seguridad. Allí existen cinco miembros permanentes que tienen la capacidad de vetar cualquier proyecto que consideren desfavorable.

[4] Telegrama enviado por Chu-En-Lai a la ONU.

[5] Diario del Pueblo de 23 de Septiembre de 1950.

 

[6] CHARLES ZORGBIBE, Historia de las relaciones internacionales -Del sistema de Yalta hasta nuestros días-, Vol II, tr. Miguel Ángel Vecino Quintana, Alianza Editorial, Madrid, 1997, P. 174

[7] KI-BAIK-LEE, Nueva historia de Corea, Eudeba, tr. Buan Ko, Argentina, 1988, P. 399

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