A continuación presentamos un artículo escrito por el Sr. Tariq Ramadan para el Nieman Reports de la Universidad de Harvard, en su edición del verano de 2007. De acuerdo a este autor, la exposición del “tema musulmán” en el mundo entero a través de los medios carece del examen profundo y del respeto básico que merece, y que sí reciben los análisis de otras cuestiones político religiosas, como las judías y cristianas. En la mayor parte de la cobertura sobre los musulmanes, encontramos una “llamativa falta de claridad y una atmósfera de incomprensión que sólo puede generar sospecha y miedo”.
Agradecemos al Sr. Tariq Ramadan y a la Sra. Melissa Ludtke, Editora, Nieman Reports, el permiso para reproducir el presente artículo.

Nunca antes el Islam y los musulmanes han sido sujetos a un escrutinio tan implacable. Nunca antes los periodistas han dedicado tantos artículos, entrevistas y análisis al “Mundo Islámico” o a “los musulmanes de Occidente”. Y sin embargo, nunca antes ha sido el conocimiento sobre el Islam, sobre los musulmanes, y sobre sus circunstancias geográficas, políticas y geoestratégicas tan superficial, parcial y frecuentemente erróneo, no sólo entre el público en general, sino también entre periodistas e incluso en los círculos académicos.
Cuando se esparce la confusión, la nota dominante es la sospecha. Los términos de referencia rara vez son definidos, los matices apenas reconocidos, las áreas de investigación son trazadas en la forma más irregular. Demasiado a menudo los periodistas o los intelectuales públicos presentan sus hallazgos en proyectos de investigación, artículos, transmisiones de radio o televisión con la aseveración de que se han tomado gran trabajo en distinguir entre musulmanes radicales, conservadores o promedio. Pero cuando examinamos sus ofrendas más de cerca, notamos una llamativa falta de claridad y una atmósfera de incomprensión que sólo puede generar sospecha y miedo.

Comencemos con una simple proposición: el Mundo del Islam es tan complejo como los Mundos del budismo, judaísmo o del cristianismo en términos de sus corrientes intelectuales, espirituales y religiosas. Por el contrario, no debemos empezar por clasificar a los musulmanes según los esquemas heredados de la era colonial, dividiéndolos en musulmanes “buenos” y “malos”, “moderados” y “fundamentalistas”. No es sorprendente que los primeros parecen ser invariablemente aquellos que comparten “nuestros” valores, dejando a todo el resto para ser clasificados como peligrosos, ya sea directa o potencialmente.

Un gran número de políticos, intelectuales y periodistas han adoptado un sistema tal, con una fina capa de sofisticación. Es un sistema tan científicamente insostenible e intelectualmente superficial como lo es políticamente peligroso. Creado ya sea de la ignorancia (un asunto grave de por sí) o derivado de la construcción ideológica de un nuevo enemigo islámico (un asunto aún más grave), es de hecho una proyección.

Ha llegado el momento de hacer un llamado a intelectuales y periodistas para que ensanchen su marco de referencia. Ha llegado el momento de aprender a aprehender la dinámica islámica en sus propios términos, a través de su terminología, categorías internas y estructuras intelectuales. Ha llegado el momento, mientras entran a otro universo referencial, de hacer el esfuerzo de distinguir entre aquello que da unidad a ese universo y aquello que aclara y hace posible su diversidad.

Los niveles de diversidad del Islam

En el sentido más amplio hay sólo “un” Islam, como es definido por la unidad de su credo (los Seis Pilares de la Fe) y por la unidad de su práctica (Los Cinco Pilares del Islam). Esta unidad, en ambas tradiciones, la Sunita y la Chiíta, se basa en el reconocimiento compartido de dos cuerpos de textos fundantes (el Corán y la Sunnah). Tal vez haya desacuerdo sobre la autenticidad de ciertos textos, pero el reconocimiento común de las fuentes basadas en la escritura y de la unidad de la Fe y la práctica apuntan al reconocimiento de una sola referencia islámica. A este nivel, el nivel supremo de unidad con el que todos los musulmanes del mundo pueden identificarse, el Islam es uno.

Existe, sin embargo, un primer nivel de diversidad tan antiguo como el mismo Islam. Desde el principio, y particularmente entre dos de los Compañeros, Abd Allah ibn Umar[1] y Abd Allah ibn Mas’ud[2], existían ya notables diferencias en la lectura e interpretación de los textos. Lecturas e interpretaciones literalistas, tradicionalistas, reformistas, racionalistas, místicas y estrictamente políticas aparecieron desde temprano; una realidad que ha perdurado hasta el presente. La historia del Islam no sólo ha sido testigo del surgimiento de más de 18 escuelas legales (cerca de 30 contando las de la tradición Chiíta), también se han desarrollado diversas maneras de leer los textos. Durante siglos emergieron escuelas de pensamiento que reflejaban interpretaciones que iban desde el literalismo y el tradicionalismo hasta la mística y el reformismo. Confrontaciones intelectuales y, a menudo, políticas acompañaron y dieron forma a la coexistencia de estas tendencias.

Toda esta comprensión nos lleva lejos de los sistemas de clasificación binaria de musulmanes “buenos” y “malos”. La actitud religiosa tiene, de hecho, poca correlación con la postura política: un punto de vista racionalista o liberal en términos religiosos no se corresponde necesariamente con una actitud democrática en el sentido político, de la misma forma que todos los conservadores no son, por supuesto, partidarios de la dictadura. Los periodistas occidentales han sido a menudo mal guiados (y han mal guiado a su público) por un reduccionismo de esta clase (lo que no sería tolerado en referencia al judaísmo o al cristianismo, donde los puntos finos de la orientación política son mejor conocidos y entendidos).

Pasando más allá este primer nivel de diversidad, debemos tomar en cuenta la multiplicidad de culturas que hoy influencian la manera en que los musulmanes expresan su pertenencia al Islam. Aunque basados en un solo credo y en las mismas prácticas, los musulmanes del mundo forman parte, naturalmente, de una multitud de medio ambientes culturales. De Occidente al norte de África, de Asia a Europa y Norteamérica, se despliega una rica variedad de culturas que hace posible que los individuos respeten los principios del Islam mientras adoptan estilos de vida, gustos, expresiones artísticas y sentimientos que pertenecen bastante específicamente a una u otra cultura en particular. Los musulmanes árabes, africanos, asiáticos, norteamericanos, o europeos comparten todos la misma religión, pero pertenecen a diferentes culturas – un hecho que esgrime una influencia determinante en sus identidades, su sentido de la pertenencia y de su visión de asuntos contemporáneos.

Islamismo y los peligros del reduccionismo

Muchos observadores reconocerán fácilmente, en un sentido amplio, esta diversidad elemental en el Islam. Pero ellos también caen rápidamente en otra clase de reduccionismo, que puede ser igualmente inútil y finalmente cargado de peligro: la tentación de oponer al Islam (con toda la diversidad que hemos delineado) contra el Islamismo, visto como un objeto de rechazo o incluso de oprobio. Aunque sea un poco más sofisticada que la primera variante, este reduccionismo cambia las perspectivas, pero se encuentra fundado, en último término, en el mismo modo binario simplista: musulmanes “buenos” vs. islamistas “malos”.

La definición de Islamismo es a menudo vaga, dependiendo de los periodistas, intelectuales y estudios académicos implicados. Oímos con frecuencia del “Islam político” en el sentido amplio, de “Salafistas[3]” o “Wahabíes[4]”, de “Islam radical” o incluso de Al-Qaeda. Las líneas de demarcación entre las diferentes tendencias son rara vez aclaradas. Toda la evidencia disponible señala la conclusión de que sí existe tal cosa como un solo “Islam político”, que constituye una amenaza, que cualquier distinción que haya es en el mejor de los casos insignificante, y en el peor, el resultado de la manipulación hecha por Islamistas propagando la imagen del “Islam moderado” para calmar a Occidente.

Los análisis de este tipo son legión en Europa, donde los “expertos” y periodistas han generado una corriente de informes y estudios del universo aparentemente monolítico del “Islam político”. Cualquier académico que se atreva a aplicar tal enfoque al cristianismo, al judaísmo o al budismo sería inmediatamente despedido por superficial y por la naturaleza no-científica de sus conclusiones. De hecho, ¿sería posible reducir la actividad política de los cristianos (cristianismo político) a fundamentalismo?
Sabemos que hay teólogos de la liberación que rechazan la lectura dogmática de las fuentes de las escrituras bíblicas y están profundamente comprometidos en política en la izquierda del espectro político. Más hacia el centro, y a veces bastante a la derecha, como también a la izquierda, encontramos cristianos demócratas, que participan activamente en política en nombre de sus convicciones religiosas cristianas. ¿Pero quién podría justificar (en los términos analíticos de las ciencias sociales y políticas) relegar a todos estos cristianos a una sola categoría, la de los “fundamentalistas”: que el teólogo de la liberación Leonardo Boff[5] no es más que el rostro adornado de Mgr. Marcel Lefebvre? Uno sólo podría sonreír ante un acercamiento tan fantasioso al universo de referencia cristiano, pero parece que esto puede ser fácilmente acomodado (ya sea por ignorancia o por tendencia ideológica) cuando el sujeto es el “Islam político”.

Las complejidades del Islam político

Pero el estudio del Islamismo – del “Islam político” – revela complejidades igualmente tan significativas como las del estudio del Islam en sí mismo. Entre las posiciones de los promotores de la liberación política a través del Islam, tales como al-Afghani [6]y Abduh[7] en el siglo XX, y las posiciones extremistas de los líderes de al-Qaeda hoy, existe un océano de diferencias, tanto en términos de su comprensión del Islam como de su acción política.

Lo que es válido para el estudio de la línea de tiempo histórica, puede aplicarse también al estudio comparativo de las palabras y acciones de los movimientos modernos que se encuentran hoy en día activos en política en nombre del Islam. Es imposible reducir la experiencia turca bajo Recep Tayyip Erdogan[8], o los 25 años de poder político islámico en Irán, o los 80 años de actividad de la Hermandad Musulmana en Egipto a la misma lectura de las fuentes, a la misma posición en el espectro político que la del ideólogo de al-Qaeda Ayman al-Zawahiri, quien es rápido para condenar tanto a sus predecesores como a sus contemporáneos como traidores a la causa, incluso dentro de los límites del Islam político.

Ya sea que uno esté de acuerdo o no con las tesis de estos movimientos, el estudio sistemático y el esfuerzo serio para entender las fuerzas que trabajan dentro del Islam político requieren una aproximación triple:

1. Un estudio de los apuntalamientos teológicos y legales de los movimientos (literalista, reformista, místico u otro).

2. Conocimiento de la profundidad histórica de estas manifestaciones; numerosos movimientos y/o líderes, tales como Erdogan en Turquía y Ghanoushi[9] en Túnez, han cambiado su posición en el curso de su participación política.

3. Un estudio detallado de las realidades nacionales que han chocado en el crecimiento y la evolución de los movimientos Islamistas.

Sólo esta clase de examen triple puede proveernos de un marco de trabajo apropiado para entender el fenómeno del Islam político, lejos del reduccionismo ignorante o la manipulación ideológica de la “amenaza Islamista”. Esta indagación no se trata de estar de acuerdo o en desacuerdo con tal o cual tesis político-religiosa, sino de tratar científicamente con el asunto bajo estudio.

Los intelectuales, el público en general, y los periodistas a menudo se encuentran presionados por el tiempo. Pero tiempo, más estudio, un esfuerzo mayor, y humildad intelectual son necesarios para comprender la realidad del Islam y de los musulmanes hoy, como así también la amplia diversidad de pertenencias y las demandas expresadas por el Islam político. Nuestras simplificaciones políticas tal vez nos reaseguren, pero nos guían sólo hacia el miedo al mundo. La reconciliación con la complejidad del mundo musulmán tendrá, paradójicamente, el efecto contrario.

En lugar de ver al “Otro” como una emanación del “mal”, una meta que los extremistas persiguen cada día en los medios, debemos tomar conciencia de la existencia de una multiplicidad de miradas y de millones y millones de musulmanes que, en su extraordinaria diversidad política y religiosa, le dan la espalda a la violencia diariamente, hacen lo posible por la democracia y la libertad, y rechazan el extremismo. Es tiempo de que todos demostremos humildad, de que apreciemos la complejidad que demanda un estudio mayor, y la suspensión de los juicios apresurados y riesgosos. La característica del respeto por los otros es reconocer en ellos la complejidad que encontramos en nosotros mismos, reconocer su sed de dignidad humana, y darse cuenta que, como nosotros, sólo piden ser respetados.

Tariq Ramadan
Traducido del inglés por Darío Seb Durban

Fuente:

Nieman Reports
Edición del verano de 2007
Islam: Reporting in Context and With Complexity
Vol. 61, No. 2

http://www.nieman.harvard.edu/reports/07-2NRsummer/index.html [26/09/07]

www.tariqramadan.com

Biografía

Tariq Ramadan es profesor de Estudios Islámicos (www.tariqramadan.com). Es investigador mayor del St. Antony´s College (Oxford), de la Universidad de Doshisha (Kyoto), y de la Fundación Lokahi (Londres), y profesor visitante en la Universidad Erasmus (Holanda). Ha escrito más de 23 libros, incluyendo “In the Footsteps of the Prophet: Lessons from the Life of Muhammad[10]”, (Oxford University Press, 2007) y “Western Muslims and the Future of Islam[11]”, (Oxford University Press, 2004).

 


[1] Abd Allah ibn Umar (cca.614-693) fue hijo del segundo califa Umar ibn Khattab. (N. del T.)

[2] Abd Allah ibn Mas’ud (muerto cca. 652) fue el sexto hombre en convertirse al Islam luego de que Muhammad comenzara su prédica. (N. del T.)

[3] El Salafismo es un movimiento reformista islámico surgido durante el s. XIX en Egipto. (N. del T.)

[4] El Wahabismo es considerada una corriente religiosa fundamentalista musulmana. Fue creada por Muhammad Ibn Abd Al-Wahhab (1703-1792), reformador religioso, en el siglo XVIII. (N. del T.)

[5] Leonardo Boff (n. 14 de diciembre de 1938) es un teólogo, filósofo y escritor nacido en Concórdia, Estado de Santa Catarina, Brasil, conocido por su apoyo activo a los derechos de los pobres y excluidos, y además al movimiento ecologista. http://es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_Boff [26/09/07] (N. del T.)

[6] Jamal al-Din al-Afghani (1838-1897), uno de los más prominentes líderes y filósofos musulmanes del siglo XIX. http://www.muslimphilosophy.com/ip/rep/H048 [26/09/07] (N. del T.)

[7] Muhammad Abduh (1849 – 1905), jurista egipcio, académico y religioso, reformista liberal, a quien se le atribuye la fundación del Modernismo Islámico.
http://en.wikipedia.org/wiki/Muhammad_Abduh [26/09/07] (N. del T.)

[8] Primer ministro de Turquía desde marzo de 2003.
http://es.wikipedia.org/wiki/Recep_Tayyip_Erdo%C4%9Fan [26/09/07] (N. del T.)

[9] Rashid Ghannoushi (1941- ) político tunecino, influyente en la política de su país desde 1980.http://www.associatedcontent.com/article/12157/rashid_ghannoushi_islam_and_the_founding.html[26/09/07] (N. del T.)

[10] “En las huellas del Profeta: lecciones de la Vida de Mahoma”. (N. del T.)

[11] “Los musulmanes occidentales y el futuro del Islam”. (N. del T.)

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