En el presente texto, su primera colaboración con Revista Seda, el profesor Wixted, autor de The Song-Poetry of Wei Chuang (836-910 A.D.); Poems on Poetry: Literary Criticism by Yuan Hao-wen (1190-1257); Translation of Yoshikawa Kôjirô, Five Hundred Years of Chinese Poetry, 1150-1650: The Chin, Yuan, and Ming Dynasties; Japanese Scholars of China: A Bibliographical Handbook y A Handbook to Classical Japanese, repasa las principales aproximaciones al clásico texto sobre las mutaciones.

El I Ching (en japonés: Eki-kyō) es un texto especialmente difícil. Pero en los estudios sobre China y Japón, es una obra tan fundamental y proteica que no puede ser ignorada. Se ha escrito tanto sobre el I Ching en idiomas occidentales, y tanto ha sido malinterpretado o desatinado, que pensé que los lectores de la Revista Seda podrían estar interesados en algunas sugerencias sobre traducciones y estudios del texto confiables, especialmente algunos recientes.

Primero, algo sobre el título del libro. En las lenguas occidentales se refieren a él como el I Ching (según el sistema de romanización de Wade-Giles, de amplio uso hasta hace poco tiempo). Yijing es la forma actual de romanización (según el sistema de romanización Pinyin en uso en China comunista, y ahora adoptado mayormente en todo Occidente). Pero, dado que el texto se conoció en Occidente como el I Ching (o variaciones como I King, Yi Ching, etc.), muchos autores han mantenido la romanización I Ching para que sus lectores supieran sobre qué trataba su obra. De cualquier manera, el título significa El clásico del cambio (aunque es ampliamente conocido, de acuerdo con la traducción más famosa del mismo hecha por Richard Wilhelm, como El libro de cambios).

Veamos lo que era el texto originalmente y en qué se transformó, tanto en China como en Japón. La primera versión manuscrita del I Ching, también llamada el texto Mawangdui que data del siglo II a.C., fue excavada en China recién en 1973. Somos muy afortunados en tener una traducción al inglés completa y confiable (con el texto en chino convenientemente impreso al costado) en la versión de Edward L. Shaughnessy, I Ching: The Classic of Changes (New York: Ballantine Books, 1997). Como Shaughnessy aclara en esa y otras obras, en esa etapa el I Ching era usado para adivinación.

El primer comentario completo sobre el texto fue escrito en el siglo III d.C. por WANG Bi, que interpretó la obra como un libro de sabiduría moral y política. (Para dejar en claro, los apellidos de Asia Oriental se escriben aquí en mayúscula la primera vez que aparecen. Usualmente se escriben con el apellido primero en los escritos que son, u originalmente fueron escritos, en idiomas del Asia Oriental, y con el apellido al final para aquellos escritos que fueron hechos primero en idiomas occidentales.) Tanto el texto como el comentario fueron admirablemente traducidos al inglés por Richard John Lynn en The Classic of Changes: A New Translation of the ‘I Ching’ as Interpreted by Wang Bi (New York: Columbia University Press, 1994).

Thomas E. Cleary dio con la original idea de escribir distintos libros enfocando en interpretaciones muy variadas del texto. Ha traducido un I Ching Daoista, un I Ching Budista, y un I Ching Neo-Confuciano, basados respectivamente en comentarios sobre la obra de LIU Yi­ming (siglo XVIII), ZHIXU Ouyi (siglo XVII), y ZHENG Yi (siglo XII) – concretamente, The Taoist I Ching (Boston: Shambhala, 1986), The Buddhist I Ching (Boston: Shambhala, 1987), e I Ching: The Tao of Organization (Boston: Shambhala, 1988) – así como su propia versión del original, I Ching: The Book of Change (Boston: Shambhala, 1992). Estos son todos “libros de sabiduría,” aunque el uso del I Ching como texto de adivinación está siempre latente y a veces destacado. Thomas Cleary ha escrito otros dos libros relacionados con el I Ching, uno es una herramienta “para el aprendizaje hecho con la totalidad del cerebro lo cual ayuda al estudiante a visualizar los patrones e inter-relaciones entre los trigramas y hexagramas del I Ching,” el otro es una traducción de Las Analectas de Confucio “en el orden del I Ching”: a saber, I Ching Mandalas: A Program of Study for ‘The Book of Changes’ (Boston: Shambhala, 1989) y The Essential Confucius: The Heart of Confucius’ Teachings in Authentic ‘I Ching’ Order (San Francisco: HarperSanFrancisco, 1992). Cleary es un brillante y hábil estudioso del chino clásico, cuyas docenas de volúmenes de traducciones a veces se desmerecen por la carencia de formalidad académica.

Otras traducciones clásicas y anteriores del I Ching incluyen al inglés por James Legge (1882) y al alemán por Richard Whilhelm (1923). Esta última fue traducida al inglés (por Cary F. Baynes en 1950; 3ra ed., 1967). Como Shaughnessy ha destacado, “aunque no puede ser usada para un estudio histórico del texto, tiene la virtud de presentar fielmente el texto tal como era interpretado por los estudiosos Confucianos chinos tradicionales hacia el fin de la dinastía Ch’ing [Qing] [1644-1911].” La traducción de Wilhelm también ha sido traducida al castellano (por D.J. Vogelmann en 1976). La obra de Wilhelm es una rareza: la traducción de una traducción (del chino al alemán al inglés, y del chino al alemán al castellano) que ha mantenido su valor.

Tenemos la fortuna de tener en castellano el reciente volumen de la estudiosa argentina Olivia Cáttedra, Oráculo y Sabiduría: Guía para el Estudio del I Ching (Buenos Aires: Edición de Autor, 2003). Como se refleja en el título, Cáttedra ha captado bien los dos usos principales a los que ha sido sometido el texto. Luego de una larga y sugestiva introducción sobre las implicaciones filosóficas del texto, trabaja la obra en dos secciones principales en cuanto a sus aspectos de oráculo y de tecnicidad. Cáttedra parte de una seria formación en el pensamiento tradicional de la India, su área de especialización. (Probablemente por esta razón, cuando cita nombres del Asia Oriental lo hace al revés, usando primeros nombres cuando la cita requiere un apellido, por ej. “Wing Tsit” en lugar de “Chan,” “Masayoshi” en lugar de “Kobayashi”). Sus fuentes son los trabajos de Shaughnessy, Cleary, and Wilhelm anteriormente mencionados, así como otras obras de los mismos autores y otros estudiosos confiables. Es fascinante ver, entre las obras citadas en su bibliografía, cuántos han sido traducidos al castellano: no sólo volúmenes relacionados con el I Ching por Cleary y Wilhelm (tanto el padre Richard como su hijo Hellmut), sino también estudios clásicos sobre el pensamiento tradicional chino por FENG Yu-lan, Marcel Granet, and Wing-tsit CHAN.

Para apreciar el impacto que el I Ching ha tenido sobre el pensamiento japonés, es de inmensa ayuda el reciente libro de Wai-ming NG, The I Ching in Tokugawa Thought and Culture (Honolulu: University of Hawai‘i Press, 2000). Ng traza la historia de la recepción que el I Ching ha tenido en Japón desde la antigüedad hasta el período Tokugawa (1603-1867), detalla los usos que el texto ha tenido durante la era Tokugawa, y destaca la influencia de la obra en la medicina, el pensamiento militar y la cultura popular del Japón. El autor afirma la importancia de la obra con el siguiente dato: la cantidad de comentarios escritos sobre el texto por japoneses del principio de la era moderna es muy superior a los comentarios escritos sobre otras obras del pensamiento clásico de Asia Oriental. El I Ching fue apropiado con fines políticos (para dar apoyo ideológico al régimen de Tokugawa), reclamado por los tradicionalistas así como por los estudiosos Confucionistas, y hasta se le dio un pedigrí japonés (HIRATA Atsutane y sus seguidores afirman que la obra fue originalmente escrita por una deidad Shinto japonesa, una que en realidad descendió a la tierra y aconsejó a los primeros sabios chinos). Ng reconoce a la interpretación del texto del grupo Hirata como la que ayudó a abrir el camino para una posterior armonización entre el Occidente y Asia Oriental en campos de estudio como la medicina.

Para obtener información útil sobre las diferentes tradiciones del pensamiento en Japón (necesaria para ubicar mejor al I Ching en un contexto), se podría leer el original y muy útil estudio de Jesús González Valles, Historia de a la filosofía japonesa (Madrid: Editorial Tecnos, 2000).

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John Timothy Wixted (B.A., University of Toronto; M.A., Stanford University; D.Phil., Oxford Univer­sity) es Profesor Emeritus de Lenguas Orientales en Arizona State University (Tempe, Arizona), donde enseñó lenguas y literaturas de China y Japón por más de veinticinco años.

Es autor de cuatro libros y traductor de un quinto: A Handbook to Classical Japanese (Ithaca, N.Y., 2006); Japanese Scholars of China: A Bibliographical Handbook (Lewiston, N.Y., 1992); Poems on Poetry: Literary Criticism by Yuan Hao-wen (1190-1257) (Wiesbaden, Germany, 1982); The Song-Poetry of Wei Chuang (836-910 A.D.) (Tempe, Ariz., 1979); y Five Hundred Years of Chinese Poetry, 1150-1650: The Chin, Yuan, and Ming Dynasties por Yo­shi­kawa Kojiro (Prince­ton, N.J., 1989).

Casado con una argentina, divide su tiempo entre Mar del Plata y Harbert, Michigan. También es miembro asociado del Center for East Asian Studies en la University of Chicago y del Center for Chinese Studies en la University of Michigan.

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