Presentación del libro Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida.

Marcos Ana es de aquellos personajes a los que uno quiere sin conocer. Sus poemas y su biografía nos acercan a una historia que es la de una lucha constante por la libertad y un ejemplo de resistencia política. Sus textos, que parten de una España atravesada por la guerra civil y el franquismo, disparan hacia todas las latitudes, hacia cualquier pueblo que haya sufrido la opresión de una dictadura; por lo que, sin duda (salvando las distancias correspondientes), cala hondo en esta, nuestra tierra.

Nacido en Salamanca en el año 1921, bajo el nombre de Fernando Macarro Castillo, vivió una infancia marcada por la humildad de sus orígenes. Al estallar la guerra civil en 1936, con sólo 16 años, ya miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, no pudo marchar al frente por ser menor de edad y se dedicó al trabajo político. Dos años más tarde, se incorporaría al ejército hasta el final de la guerra. Al poco tiempo, víctima de una traición, es capturado, enviado a la cárcel de Porlier y condenado a muerte por primera vez (condena que habría de repetirse más tarde). Allí, entre la lucidez y la tortura, comenzó el encierro que habría de durar 23 años. Fue el hombre que más tiempo seguido ha pasado en las cárceles franquistas.

En la década del ’50, inspirado en lecturas de Rafael Alberti y Pablo Neruda, a las que por supuesto accedía clandestinamente, comenzó a escribir. Sus textos lograron salir al exterior y empezaron a circular entre los opositores al régimen. Amnistía internacional consiguió, en 1961, su liberación. Una vez libre, se instaló en París. Recién en 1976, año de la declaración de la amnistía, pudo volver a España.

La cárcel fue su escuela, su universidad; las piedras entre las que le tocó crecer. Una vez afuera, lo más difícil fue la libertad. “Fue como si me hubieran abandonado en un planeta extraño”, dice. Sus memorias, que son las de un poeta, abarcan hasta el año 1977, y dan cuenta, desde el dolor, aunque en ningún momento desde el resentimiento o el odio, de un profundo amor a la vida. La solidaridad, la lucha por los derechos de los presos políticos y la democracia son y han sido siempre su bandera.

Ofrecemos aquí la presentación de su biografía Decidme cómo es un árbol. Memoria de la prisión y la vida, que tuvo lugar el lunes 28 de abril en la 34a Feria Internacional del Libro. Esta obra es, en palabras de su autor, un regalo para las nuevas generaciones: “Las ideas están por encima de los hombres y sus organizaciones, su esencia sigue siendo la misma y hay que seguir luchando por un mundo diferente”. Que así sea.

marcos ana

Buenas noches, gracias por asistir a este nuevo encuentro, he visto también rostros de compañeros, de amigos entrañables que vienen repitiendo su presencia en los diversos actos que he tenido aquí en Buenos Aires desde que llegué hace algunos días. Yo no encuentro nunca palabras para expresar la felicidad que siento de estar con vosotros y, en este caso, en esta bella Feria del Libro, que es una expresión evidente y curiosa de Cultura y Libertad.

La Cultura es una eterna alborada siempre naciente e invencible, tiene poderosos enemigos sin embargo, que van con su noche a cuestas, descargando su oscuridad sobre toda luz que nace o permanece. Muchas veces la Cultura ha sido secuestrada y quemada viva, porque la Cultura es ante todo una vocación de libertad, una lucha que viene desde hace siglos derribando sombras y patíbulos para abrir nuevos y más anchos caminos al pensamiento y a los sueños de la humanidad, por ello es una alegría participar en esta Feria del Libro en Buenos Aires que es una fiel exponente de la libertad de creación y de la luz felizmente rescatada.

Ha pasado ya mucho agua y mucha sangre bajo los puentes de la historia, pero los que sufrimos durante tantos años la pérdida de la libertad, vosotros y nosotros, valoramos estos acontecimientos culturales con orgullo y con una sensibilidad muy especial. Yo agradezco a los editores de mi libro, al grupo Urano y a Umbriel Tabla Rasa, que me hayan dado la oportunidad de estar hoy con vosotros presentando mis memorias que, repito, es un exponente de cultura y de felicidad para todos.

Sabéis que yo en Buenos Aires estuve hace muchos años, cuarenta y cinco ya, casi una vida, pero sin embargo para mi ha sido muy entrañable encontrarme con los amigos aquí, los que me acompañaron entonces. Algunos ya ven blanquear sus cabezas, pero sin embargo, su corazón sigue joven porque mantienen las mismas ideas, son perseverantes en la lucha por un mundo mejor. Yo vine, entonces, a traer la gratitud de mis hermanos, los presos políticos españoles, por la solidaridad que el pueblo argentino nos había prestado siempre, al que le debemos mucho y, en este caso, vengo para presentar mis memorias, que son las memorias de toda una generación, la generación de los vencidos, los que perdimos la guerra en el año 1939. Estas memorias tienden sobre todo a cooperar en la recuperación de la memoria histórica. Una memoria, la de la represión franquista; hay intereses oscuros que pretenden ocultarla y lo llevan haciendo ya durante más de dos décadas, en muchos casos adulterando la verdadera historia para que no la conozcan nuestros hijos ni nuestros nietos. Ahora, por ejemplo, en España hay un movimiento muy simpático y muy entrañable de nietos y nietas que ahora, a los treinta años de democracia, se han enterado de que sus abuelos han sido fusilados; ellos no sabían si habían muerto de una pulmonía o los había atropellado un automóvil y ahora se están enterando. Es un movimiento muy vivo que se llama Memoria y Libertad, que trabaja mucho por Internet, que va recuperando cada día más pistas para encontrar el lugar en donde fusilaron a sus abuelos y que, al mismo tiempo, está tratando de agrupar en torno a esta memoria y a esta libertad, a muchos jóvenes que, aún no teniendo familiares fusilados, están de acuerdo con estas ideas y son solidarios con nuestro presente frente a aquel futuro terrible para España.

He escrito este libro de la manera más sencilla posible, podría haber sido un libro complicado, como ha sido mi vida, pero he trabajado mucho para que el libro sea sencillo y se pueda leer como se lee una novela, aunque hay acontecimientos trágicos y momentos estremecedores, pero en todos he encontrado la solución, repito, para que la gente lo lea con sencillez y, sobre todo, para que los jóvenes lo lean con interés. Y hasta ahora las pruebas que tengo dan cuenta de que este libro está llamando la atención de la juventud sobre todo, que es lo que me interesa más; esto no quiere decir, por supuesto, que no respete a los veteranos y a las personas mayores, pero es claro que nosotros, no es que seamos ya el pasado, pero no somos tampoco el futuro, el futuro representa a las nuevas generaciones y para mí el interés mayor está en llegar con este libro, con estas memorias, al corazón y al pensamiento de las nuevas generaciones para que continúen nuestra lucha por un mundo mejor.

Repito que recibo cartas hermosísimas y he contado sobre todo la anécdota (la repito siempre porque es impresionante) de que en Madrid, luego de presentar mi libro, cuando estaba firmando los ejemplares, se me acercó una mujer con los ojos arrasados en lágrimas para decirme: “dedique este libro, por favor, a un muchacho que tiene veinticuatro años y se ha intentado matar”. “¡¿Cómo que se ha querido matar?!”. “Sí, ya intentó suicidarse una vez y lo salvamos por milagro”. Entonces, yo dedique ese libro y además de la dedicatoria puse mi dirección y mis teléfonos para que recurriera a mí si me necesitaba y en algo le podía ayudar. A los quince o veinte días este muchacho me llamó para decirme que agradecía el libro que había recibido, la dedicatoria, que se había aprendido de memoria, y me prometía que iba a vivir, porque si un hombre como yo había sido capaz de sobrevivir a tantos sacrificios, a tantas vicisitudes, pues él se consideraba una basura si no era capaz de resolver sus problemas; volvió a la universidad (que había dejado), comenzó a vivir con intensidad y lo que me pedía a cambio por haberle sacado del pozo era que, si podía. lo recibiera un día en mi casa para estrecharme entre sus brazos y agradecerme lo que había significado para él leer este libro. Entonces eso me ha hecho pensar, -hay una historia dramática de por qué este chico quería quitarse la vida, que ahora no viene al caso-. Pero el hecho de que yo le salvase la vida, el hecho de que recuperase la capacidad para vivir y para ser feliz, me ha llevado a pensar en cuántos jóvenes, que a lo mejor piensan que su vida es una vida sin sentido, vacía y llena de evasión, leyendo este libro comprenden que hay otros caminos más hermosos, que es la lucha por la libertad de un pueblo, la lucha por un futuro mejor, por un mundo distinto, más humano, del que nos ha tocado vivir.

Yo estoy contento porque en la cárcel, por ejemplo, hacíamos muchos manifiestos políticos; pero yo he visto y comprobado que la poesía, la que hice en las prisiones, me llevó directamente al corazón de los otros y, en este caso, este libro que se titula Decidme como es un árbol, está llegando al corazón de la juventud sobre todo, y para los mayores es un premio también porque habla de las consecuencias de la lucha, de los valores que nosotros hemos llevado a la juventud, del sacrificio que hemos tenido en esta lucha. Yo creo que para todos es una buena cosa que haya escrito este libro, que haya vencido las resistencias personales que tenía para hacerlo, sobre todo porque en esta época en que está el tema de la Memoria Histórica en España, aquí en la Argentina, y en otros países latinoamericanos, este libro es la contribución que yo podía hacer a esta memoria, con mi vida, que es la vida de muchos (nunca he pensado que mi vida sea muy singular, pienso que es la vida de una generación, la de los vencidos); y me parece que ha sido importante que me decidiera a escribirla. Es un libro que, como decía antes, he procurado hacer con la mayor sencillez, he relatado incluso los momentos más dramáticos de mi vida por el costado más humano y más cercano al corazón de la gente. Porque quiero que la gente lo lea y disfrute con ello y aprenda también lo que hemos vivido y lo que no puede volver a pasar nunca más en nuestro país ni en ningún otro lado, la pérdida de la libertad.

El libro, como veis, tiene una portada que es una fotografía que hizo mi hijo -para lo cual pedimos permiso a la Dirección Nacional de Prisiones, para ir a la prisión de Ocaña-. Esta puerta es la puerta de una celda ciega donde yo pasé ciento siete días castigado, no entraba la luz nada más que cuando abrían un pequeño portillo que tenía aquella puerta de hierro, por donde pasaba el plato de aluminio con mi comida. Precisamente allí es donde sacamos esta fotografía para que figurase en la portada del libro.

El libro, como veis, tiene un título aparentemente un poco difícil, Decidme como es un árbol; no se explica por qué, y alguno puede pensar que se trata de un tratado de botánica, pero es el primer verso de un poema que yo escribí en la prisión de Burgos, cuando llevaba ya veintidós años encarcelado y comprobé con tristeza que me costaba recordar las cosas más simples y más normales de la vida, que ya ni los sueños me llevaban a la libertad. Años antes, a través de los sueños, volvía a la familia, volvía a realizar mis sueños virtualmente; pero llegó un instante en el que ya comprobé con tristeza que la cárcel se impuso definitivamente en la noche y en los días de mi cautiverio. En ese momento, escribí un poema que se titula “La vida” y que dice así:

Decidme cómo es un árbol.

Decidme el canto de un río

cuando se cubre de pájaros.

Habladme del mar, habladme

del olor ancho del campo,

de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte,

sin cerradura y sin llaves,

como la choza de un pobre.

Decidme cómo es el beso

de una mujer. Dadme el nombre

del amor, no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman

de enamorados con tiemblos

de pasión bajo la luna?

¿O sólo queda esta fosa,

la luz de una cerradura

y la canción de mis losas?

Veintidós años… Ya olvido

la dimensión de las cosas,

su color, su aroma… Escribo

a tientas: “el mar”, “el campo”…

Digo “bosque” y he perdido

la geometría del árbol.

Hablo, por hablar, de asuntos

que los años me borraron.

(No puedo seguir, escucho

los pasos del funcionario).

El libro, como veis, los que lo hayáis leído, los que lo leáis en el futuro, termina justamente el 9 de abril de 1977; esa es la fecha en que fue legalizado el Partido Comunista de España. El problema de la transición en nuestro país fue muy difícil porque no hubo una ruptura política, es decir, no acabamos con el Régimen; Franco murió de una enfermedad y desapareció hecho cachos, pero no tuvimos nosotros fuerza suficiente para derrotarle y por lo tanto tuvimos que negociar con los llamados reformistas del régimen, los que comprendían que había que encontrar una salida para ser compatibles con Europa, ¿no? Y ellos buscaban una salida que fuera lo más tenue posible y, de ser posible, sin los comunistas, y todos los procesos de la transición estribaban en eso, el nudo gordiano de la transición era ver si se podía conseguir que los comunistas no participaran de la legalidad democrática. Eso fue muy difícil, aunque se hicieron grandes esfuerzos para tratar de conseguirlo, incluso nos propusieron que renunciáramos a nuestro nombre de comunistas y nos presentáramos como independientes para salvar las dificultades que había, naturalmente nosotros no aceptamos y no lo aceptó tampoco Europa, porque era inadmisible que el partido que más había luchado por la libertad en España durante cuarenta años de represión fuera excluido de la legalidad democrática y, finalmente, no tuvieron más remedio que legalizar nuestro partido. Yo termino allí este libro, primero, porque ya era suficientemente voluminoso pero, sobre todo, porque ya íbamos a entrar en una etapa distinta para la que no servía el lenguaje que yo utilizo en Decidme cómo es un árbol. Yo aquí hablo de mi infancia, hablo de las prisiones, de la vida y las dificultades que me produjo adaptarme a las mismas, y por lo tanto he podido utilizar un lenguaje poético para tratar esas circunstancias y esos períodos de mi vida; sin embargo, si yo hubiera continuado describiendo lo que fue la transición, el problema de la situación política en el país a partir de la transición, pues lógicamente hubiera tenido que utilizar otro lenguaje, un lenguaje más frío, más estadístico, propio de historiadores y de analistas, por lo tanto yo preferí terminar este libro aquí y luego si tengo fuerzas veré si hago la segunda parte; pero, repito, tendría que haber utilizado un lenguaje que no es el más propio mío, que es el lenguaje de la poesía, el lenguaje del corazón.

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Este es un libro que hay que leerlo con los ojos del corazón, de verdad, para que pueda ser entendido y, hasta ahora, la prueba que tengo es que la gente lo lee casi de un tirón, porque tiene todos los elementos, hasta suspense; está muy cerca de la novela, aunque es una historia verídica. Pero está escrito de tal manera que es para llegar lo más directamente posible al corazón de la gente. Y es un libro que no es iracundo, que no es rencoroso, es un libro que es excesivamente generoso, si queréis, incluso para analizar los momentos más extremos; y lo he hecho así porque es mi naturaleza, es mi manera de entender la vida y la lucha. Yo creo que me sentiría profundamente desgraciado, un poco mísero, si pensara que después de veintitrés años de prisión lo que iba a buscar era la venganza personal, tratando de hacer que los que me torturaron fuesen torturados, que los que me hicieron sufrir sufrieran como yo lo hice. No, a mí me parecía que eso no correspondía a las personas que tenemos un ideal, porque la venganza no es un ideal político ni es un fin revolucionario. Por eso, cuando me preguntan si tengo deseos de venganza yo digo que podría haberme convertido en una bestia, porque he sido bárbaramente torturado, he sido dos veces condenado a muerte, he sufrido nada menos que veintitrés años de prisión… Pero me sentiría mal, yo creo que la única venganza que puede compensar los años de cárcel y los sufrimientos pasados es ver triunfante un día los ideales por los que yo luché y por los que tantos miles de hombres y mujeres en España y en el mundo han luchado y siguen luchando.

Este es un libro que no está escrito pensando en mis camaradas, es decir, pensando en mis correligionarios (aunque también, por supuesto); sino que fundamentalmente está escrito pensando en esa inmensa mayoría que no nos conoce y que tiene de nosotros una imagen prefabricada y a veces infame de lo que somos y de nuestra lucha, y es a ellos a quienes yo quiero llegar, para conseguir una relación de fuerzas mayor que nos permita llevar adelante con más éxito la lucha que tenemos planteada.

Yo vivo en Madrid, en una calle que es pequeño burguesa, que tiene muchos ciudadanos de derecha; allí yo hago una vida de barrio, porque me gusta charlar con todo el mundo y todos saben que soy comunista. Y es curioso que cuando les digo que soy comunista me dicen: “¡Ay!, si todos fueran como usted…”. Porque tienen esa imagen que les han dado, esa imagen del anticomunismo. Cuando yo presenté el libro, en Madrid, en el Circulo de Bellas Artes, que por cierto se quedaron más de quinientas personas fuera, pues me encontré con mucha gente de mi barrio, que eran de derecha, pero conocidos incluso como miembros del PP, y estaban ahí; y yo decía: “Pero si venís a escuchar la historia de un comunista”, “No, no, venimos a escuchar la historia de una gran persona, de una persona muy buena”. Y por eso digo que a veces no nos conocen y hay que lograr que nuestras ideas luchen por nosotros también y lleven a los demás lo que somos, por lo que hemos luchado, y lo que queremos para el futuro del mundo.

He escrito también el libro, sobre todo, pensando en la juventud. Porque queramos o no ellos son el futuro, y si no somos capaces de comprender a la juventud pues no podemos pensar en el porvenir, porque ellos son nuestro porvenir, desgraciadamente no lo soy yo ya, mi futuro se va achicando y el de mucho de nosotros también, y son ellos a quienes tenemos que conquistar para nuestras ideas y para nuestra lucha, y los tenemos que conquistar de una manera que tenga respeto hacia la juventud pues muchas veces los veteranos, que estamos cargados de historia, tenemos la tendencia de hablarles a los jóvenes como apóstoles o como mártires, dándoles lecciones y hablándoles de nuestro sacrificio, y así no podemos conseguir que nos comprendan, podrán tener piedad de nosotros, pero no quiere decir que compartan nuestras ideas, tenemos que colocarnos al nivel de la juventud, saber cómo es, cómo piensan, y partiendo de cómo son, aunque a lo mejor no son como nosotros quisiéramos que fuesen, pero partiendo de cómo son hay que tratar de hacerles que sean como queremos y para eso, repito, hay que comenzar por comprender los problemas que tiene la juventud de hoy. Hoy hay una gran parte de la juventud que busca los caminos de la evasión, los caminos de la litrona, como decimos en España, incluso más tristemente los caminos de la droga, y yo quiero que cuando lean este libro lleguen a la conclusión de que hay una vida más hermosa, hay una vida mucho más noble, como es la vida de luchar por algo que vaya más allá de nosotros mismos, por un mundo mejor, por un mundo posible, como muchos jóvenes de vanguardia hoy dicen. Y yo creo que esa es la tarea principal que tenemos hoy los veteranos y que tienen también los partidos políticos que deben tender a rejuvenecerse en las ideas y en la práctica de las ideas porque sino es muy difícil que la juventud nos comprenda, porque ellos parten de la idea de que los partidos políticos han fracasado, que no hemos sido capaces de resolver los problemas que tiene la vida y que tiene la juventud y buscan otros caminos que son respetables, aunque muchas veces no tengan razón, pero nosotros tenemos que prestar oído a lo que piensan, a su lucha porque, repito, ellos son el futuro.

A mí estos días, aquí y en Madrid, me da por hablar de una cosa que resulta muy polémica para los veteranos, para los que hemos combatido tantos años y que estamos cargados de historia, y me da por decir que la experiencia puede ser a veces conservadora y, en algunas ocasiones, contrarrevolucionaria porque si esa experiencia que nosotros tenemos no la actualizamos, no la ponemos en nuestro tiempo, pues puede ser un tapón, una dificultad para que se abran paso nuevas ideas y nuevos intentos de encontrar caminos de progreso y de libertad. Y por eso digo yo que a los jóvenes no les podemos hablar así, como si nosotros supiéramos todo, sino que hay que aprender de la juventud, saber cuáles son sus ideas. Ellos parten de que hemos fracasado como partidos políticos, lo cual no es una verdad absoluta porque una democracia tiene que basarse forzosamente en un régimen de partidos políticos, que lo hagan mal es una cosa, pero evidentemente una sociedad democrática está basada en diversos intereses, hay distintos sectores de la sociedad con intereses diversos y tiene que haber lógicamente partidos que representen esos intereses y eso nosotros lo aceptamos porque queremos que esas diferencias se hagan con ideas constructivas y no como está haciendo el Partido Popular en España, que está sembrando el terror todavía, y diciendo que volvemos al pasado, que estamos tratando de avivar las cenizas de la Guerra Civil y no sé cuántas cosas más. Yo creo que es muy importante que nosotros cambiemos un poco las cosas; y repito que es hora no de comunicar solamente, porque comunicar es una idea vertical, sino de comunicarse; hay que comunicarse con los demás. No sólo comunicar, que es lo que hemos hecho muchas veces hasta ahora sino comunicarse, comunicarse con los demás, y eso es lo importante para que nuestras ideas salgan adelante.

Yo he procurado en este libro, como decía antes, suspender la realidad por el costado más humano, porque sé que a veces la gente tiene cierta prevención a leer los libros biográficos e históricos, les parece que son un poco pesados, se inclinan más comúnmente a la ficción porque les entretiene más; y por eso yo he tratado de que este libro sea no una novela pero sí que se lea como tal, para que se pueda llegar al corazón del libro de la mejor manera. Podría pensarse que la creación de un libro tan sencillo como es este es más fácil que hacer un libro un poco subido, yo recuerdo que he contado algunas veces una anécdota: el Premio Nobel guatemalteco, Miguel Ángel Asturias, me contaba en una ocasión, yo era miembro de la Presidencia Mundial de la Patria -también lo era él, lo era Neruda, lo era Alberti-, y después de las sesiones que teníamos en cualquier parte del mundo, cuando nos reuníamos (pues siempre quedábamos de tertulia y ellos me tenían un gran cariño por saber que yo había salido de las cárceles y que me habían rescatado ellos mismos con su trabajo solidario), me acuerdo de que un día charlando con Miguel Ángel Asturias me decía que él, cuando escribía tenía siempre una preocupación por enriquecer el idioma, lo cual me parece razonable y justo, y que siempre tenía a su lado un diccionario de sinónimos para que cuando encontraba un adjetivo o una frase que le parecía muy común, pues buscaba siempre en el diccionario un adjetivo que fuese más inédito, menos conocido; yo lo he hecho justamente al revés, yo tenía también un diccionario de sinónimos, pero cuando encontraba un adjetivo en el que tenía interés porque conocía su significado, pero no era común, para que fuera accesible a todos, iba a buscar en el diccionario el más popular, el más sencillo y el más comprendido por la mayoría. Y repito que hacer un libro sencillo es bastante difícil, pero la prueba que yo tengo ahora es la de cientos y cientos de cartas y correos electrónicos que me escriben saludando y felicitando por el libro, agradeciéndome que lo haya escrito, y lo que más me gusta es la cantidad de cartas de gente joven que recibo, que es a los que más les impresiona lo que he escrito. Y eso es lo más interesante para mí, que la juventud me comprenda, me lea, y luego del boca a boca haga que este libro sea un mandamiento de compromiso para la mayoría de los jóvenes. Yo he hago una vida casi entre la juventud, porque por mi mentalidad soy bastante joven, aunque tenga ya la figura de ochenta y ocho años, a pesar de que digo que tengo ochenta y ocho de edad pero sesenta y cinco solamente de vida, porque no me cuento los de prisión, ¿no? Pero, aparte de eso, porque de verdad tengo un temperamento joven, me siento muy feliz entre la juventud y no soy un extraño para ellos. Yo una vez al mes tengo una comida con un grupo de jóvenes estudiantes que tienen un club y me invitan siempre, y el único que tiene más de veinticinco años soy yo, y sin embargo me siento muy bien entre ellos, no me siento un personaje extraño allí, y es porque utilizo su lenguaje, el lenguaje de la juventud, y aprendo mucho de ellos, me intereso por escucharles, no porque me escuchen a mí, dedico más tiempo a escucharles a ellos, y creo que eso es lo que deberíamos hacer en general. El otro día visité la sede del Partido Comunista, pues me invitaron a tomar una copa y fui, como a todo lo que me inviten, yo no hago diferencias para nada, y les explicaba lo importante que es atender a la juventud, ganar la batalla de la juventud, que es la batalla de nuestro tiempo, porque han pasado muchos años, hemos sufrido muchos naufragios, muchos contratiempos y tenemos que tratar de rejuvenecer nuestra lucha y eso sólo es posible si conseguimos que la juventud se coloque a nuestro lado y sean hombres de lucha por la libertad y por un mundo más humano.

A mí me preguntan muchas veces, después de estos años que hemos tenido, que son evidentemente de un gran fracaso, si yo sigo siendo comunista, y yo les digo que sí, que sigo siendo comunista porque la bondad de las ideas, la sustancia de las ideas, está por encima de los hombres y sus equivocaciones, de los partidos y sus errores y de los llamados países socialistas que malversaron el tesoro de nuestro ideal y, en algunos casos, lo constituyeron ensombreciendo la esperanza de la humanidad. Y yo sigo siendo comunista porque me imagino una sociedad comunista, un mundo sin hambre y sin guerra, sin desigualdades sociales donde el sol salga caliente para todos; es un ideal hermoso. Entonces, cuando me preguntan si yo sigo siendo comunista, les digo: “Bueno, si usted me ofrece algo mejor, lo pensaré; pero va a ser un poco difícil”.

Una de las pruebas de que el libro ha interesado a la gente es que ha tenido un éxito editorial enorme, y que no sólo me llamen de todas partes para que lo presente, no sólo en todas las capitales y muchos pueblos de España, sino también en muchas capitales europeas y latinoamericanas (como está ocurriendo en este caso). Se han vendido ya más de 25.000 ejemplares. Y ¿por qué ha tenido este libro tanta aceptación?, ¿por qué se ha abierto camino tan fácilmente? Yo creo que, como comenté al principio, porque es un libro en el que se ven reflejados los viejos y los jóvenes, es el libro de una generación, es un libro sencillo, lo cual facilita la lectura; es un libro generoso en sus ideas y eso es lo que ha contribuido no sólo a que sea muy leído sino también a que cineastas, como por ejemplo Pedro Almodóvar, que es el más universal de nuestros cineastas, se haya interesado y hayamos firmado con él un contrato para llevar mi vida a la pantalla.

También quería decir que, como he dicho anteriormente, este libro ha sido escrito para contribuir a la Memoria Histórica, porque, desgraciadamente, a pesar de que llevamos más de treinta años de democracia en España, todavía sigue oculta esa etapa tremenda del franquismo que duró cuarenta años, además de los tres años de guerra. No sólo sigue oculta sino que muchos la adulteran y la falsifican. Y parece mentira que en treinta años de democracia todavía tengamos que estar luchando por que se reconozca a los que hemos sido demócratas, los que hemos sido luchadores por la libertad, a los que se debe que tengamos en España un Régimen democrático, y sin embargo parece que no hay ningún interés en demostrar quiénes somos, cómo pensamos y lo que hicimos para que esa realidad en España hoy sea posible. Por ejemplo, hemos tenido un éxito últimamente, pero un éxito parcial, y es que a finales del año pasado, por primera vez en esos treinta años de democracia, haya aparecido una Ley de la Memoria Histórica, donde hay cosas positivas, como es algunas reparaciones que estaban pendientes, como es reconocer que los guerrilleros que eran considerados como bandoleros sean considerados como héroes en la lucha por la libertad de España; se ha conseguido, por decreto, que se retiren todos los símbolos franquistas, es decir, que desaparezca la simbología del franquismo, aunque hoy todavía hay muchas calles y muchas plazas en España que llevan el nombre de Franco, o el nombre de la Cruzada… eso va a costar mucho trabajo porque en muchos sitios hay resistencia todavía, en los pueblos donde domina el Partido Popular y la derecha más radical de nuestro país. Y sin embargo, lo que a nosotros nos parece que es una insuficiencia de esta Memoria Histórica es una cosa tan sencilla como anular los procesos y las condenas dictadas por la dictadura militar y ejecutada por tribunales que eran ilegales, es increíble que sea tan difícil de conseguir, que no figure eso en la Memoria Histórica, ¿no? Yo unos días antes de venir y de emprender el viaje para aquí recuerdo que me encontré con la viuda de Julián Grimau, que fue una de las víctimas de la Guerra Civil, ella lloraba como siempre que nos encontramos y me decía: “Es increíble que en treinta años de democracia todavía no se haya reivindicado la memoria de mi marido, que tenga que figurar como un asesino, que fue juzgado y condenado como un asesino”, su memoria y la memoria de tantos y tantos, ¿no? Y digo que es incoherente porque en el año 2002, en España, se aprobó por mayoría que el Régimen de Franco había sido un Régimen impuesto por las armas y que por lo tanto era un régimen ilegal, y si es un régimen ilegal y fueron ilegales también sus tribunales militares pues no veo qué dificultad hay en que no hagamos en España lo que se ha hecho en Alemania, por ejemplo, cancelar todas las condenas dictadas por el nazismo y, por lo tanto, en España yo creo que es incoherente que eso no se haya logrado todavía. Es una asignatura pendiente por la que seguimos luchando. La situación nuestra es, claro, diversa a la vuestra, la de los argentinos, donde el tema es más reciente, donde duró menos años; pero en España la diferencia sustancial estriba en que hubo primero una Guerra Civil, donde España estuvo dividida en dos bandos y donde hubo muertos, miles de muertos, un millón de muertos, y claro, había muchas secuelas que había que superar, y cuando se produjo la transición, pues algunos nos reprochan que hicimos demasiadas concesiones, que no colaboramos en restaurar la República, como forma de Estado, que tuvimos que aceptarla monarquía, pero es que de verdad en aquella situación, después de cuarenta años de dictadura y de terror, el problema no estaba planteado entre la Monarquía y la República, el verdadero dilema estaba planteado entre la dictadura y la libertad, y la gente lo que quería era vivir tranquila, que llegase la seguridad a todos los hogares y que no vivieran como lo habían tenido que hacer durante cuarenta años, que volvieran los presos a sus casas, que hubiera una amnistía, y hubo que hacer muchas concesiones, porque todo en la vida es una relación de fuerzas y nosotros tuvimos que negociar con los reformistas del franquismo, con la gente del franquismo que veía que el Régimen tenía que modificarse, que era incompatible con la Europa de nuestro tiempo y tratamos de buscar las salidas más tenues; pero mientras nosotros estábamos negociando con los representantes de esa parte un poco más liberal del franquismo, pues en los cuarteles los militares estaban todavía con las manos en las empuñaduras de sus espadas vigilando ese proceso para que no fuera una democracia y una libertad verdadera, y por eso tuvimos que hacer muchas concesiones, yo mismo no estoy seguro si hicimos las necesarias, pero la historia nos seguirá juzgando. Lo importante es que hoy vivimos un Régimen de libertades, con una derecha muy extrema, muy radical, más que la que hubo en la transición, mucho más, que desarrolla una política muy obstructora, muy destructiva, porque no piensa más que en recuperar el poder, ellos durante dos lustros han perdido el poder y la única obsesión que tienen es la de volver al poder. En estas últimas elecciones, una serie de organizaciones más o menos grandes había conseguido poner dos diputados, y la causa ha sido, sobre todo, una agrupación de votos en el Partido Socialista. La gente tenía tanto miedo a que esos cafres de la derecha llegasen al poder, que incluso militantes de Izquierda Unida votaban al Partido Socialista para agrupar allí los votos, un voto útil que impidiera que esta derecha tan nefasta que tenemos en España pudiera recobrar el poder. Eso y luego después una ley electoral que tenemos en nuestro país, que es una catástrofe, que consiste en que nosotros para conseguir un diputado necesitemos medio millón de votos; para los dos diputados que ha conseguido Izquierda Unida, han hecho falta novecientos mil votos, casi un millón, y sin embargo, el Partido Popular con cincuenta mil votos puede conseguir un diputado. Pero en fin, de todas maneras nosotros seguimos luchando por todo lo que hay pendiente todavía, con la esperanza de ir ensanchando nuestras fases y tratando de encontrar nuevos lenguajes para que la gente nos comprenda, y tratar de recuperar fuerzas para nuestras ideas. De todas formas, nosotros estamos contentos, por supuesto, de que las elecciones las haya ganado el Partido Socialista y que hayamos impedido que esta gente haya regresado al poder.

Yo quisiera terminar, como termino siempre que tengo una presentación, hablando del final de mi libro, que es una reflexión que yo pienso que es colectiva porque en estos años de recesión, de naufragios que hemos tenido, de decepciones personales (puesto que se acaba nuestra vida sin conseguir lo que queríamos), mucha gente se ha replegado sobre sí misma y vive una vida un poco más marginada, pensando que ya ha contribuido bastante a la lucha y que ya no es su hora. Yo también he tenido a lo mejor ese pensamiento y lo utilizo aquí para llegar a las reflexiones finales de mi libro, que es como un pequeño testamento:

Ahora, al terminar de escribir estas memorias y recuerdos, acabo de cumplir 87 años de edad. No sé si tendré tiempo para prolongarlas y para asumir los numerosos compromisos que me rodean. Sigo viviendo en una vorágine. A veces me entran deseos de poner punto final, no descolgar el teléfono, no responder el correo, vivir sin la angustia de controlar mi tiempo y leer y pasear rompiendo el aire con la cabeza vacía de preocupaciones…

Mi vida se ha formado en el sacrificio de la lucha, en una entrega total, sin reservas ni cálculos personales.

Hoy, cargado de años y de heridas, unas tristes, otras luminosas, con mi espalda reclinada en el atardecer del otoño “podría decir” frente a las obligaciones que aun siguen exigiéndome: dejadme ahora el resto que me queda para vivir o desvivirme, dueño de mi tiempo, egoísta por primera vez, encerrado en mi pellejo sin la más leve porosidad. Dejadme andar por dentro de mí mismo, recuperar los paisajes perdidos o los sueños que nunca se hicieron realidad.

Entregué el azul más azul de la primavera, la roja pasión del estío, la dorada madurez del otoño. Dejadme ahora, solo y libre, adentrarme en el invierno final, abrigado por el rescoldo de lo que fue o pudo ser mi vida.

Pero no tengo derecho ni a pensarlo. La vida y la lucha por un mundo más justo continúan. Y solamente el que se excluye se siente verdaderamente solo. He vivido la vida que he preferido vivir, la vida dura pero noble de un revolucionario. Y a pesar de los naufragios sufridos y las decepciones que la lucha y la vida a veces nos deparan, si mil veces naciera mil veces volvería a ser lo que soy y a pensar como pienso.

Replegarme ahora sobre mí mismo sería encerrarme en la soledad más temible: la de sentirme solo en medio de los demás. El bosque de mi generación se va despoblando poco a poco y yo sigo en pie como un árbol milagroso, quizás porque no he perdido la apasionante costumbre de vivir y de luchar para algo que vaya más allá de mí mismo. Sigo y seguiré en el camino, luchando, amando, repartiendo las rosas tardías de mi vida «aparcada» tanto tiempo. Llegué muy tarde a mi juventud, pero como dijo Picasso «hace falta tiempo, mucho tiempo para ser joven».

Sería imposible, aunque trate de ocultarlo, que a mis 87 años no piense en esa sombra oscura que me ronda y se acerca poco a poco y que me acechó tantas veces. La siento, percibo sus pasos sigilosos, ahora no viene armada de fusiles, sino con su inapelable Ley natural bajo el brazo…

Cuando recobré la libertad no pensaba en el tiempo perdido o arrebatado. Tenía cuarenta y dos años, salía con la juventud intacta, la vida me abrió sus brazos generosamente y la viví con intensidad, como la soñaba en la cárcel:

Si salgo un día a la vida

mi casa no tendrá llaves.
Siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.

 

Que entren la noche y el día
y la lluvia azul, la tarde.
El rojo pan de la aurora;
la luna, mi dulce amante.

 

Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrina el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.

 

Mi casa y mi corazón
Nunca cerrados: que pasen
Los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.

Todo era futuro para mí y el final del camino estaba lejos. Me sentía eterno. Los años pasados en prisión en lugar de angustiarme daban más valor a todo lo que vivía, en una dimensión especial, con un goce profundo y tembloroso. Sentir la libertad, pisar la hierba, mirar el azul del cielo o las estrellas, amar a una mujer, poner mi mano sobre la cabeza de un niño, estrechar a mi hijo entre mis brazos, todas esas sensaciones que para los demás son como bienes naturales, a mí arrebataban de placer y sorpresa y me estremecía de felicidad al descubrirlas y poseerlas.

Es ahora, cuando el río está a punto de llegar al mar y desvanecerse en la nada, cuando me angustian aquellos 23 años que me robaron, toda mi juventud y la mitad de mi vida. Aunque quizás no debemos contar la vida por años, sino por la intensidad con que la hemos vivido. Y los años sufridos en prisión fueron más bien ganados que perdidos, pues los viví con tanta pasión en aquel crisol de dignidad, que dieron una dimensión especial y un sentido más profundo a mi existencia. Pero el tiempo, mi tiempo, se va, no puedo negociar con él, ni detenerle, me agarro a sus crines y me arrastra desbocado y silencioso hacia el final de la vida.

Ya no me queda futuro para ver la victoria plena de redentores y nobles ideales. La verán y la disfrutarán nuestros hijos, o los hijos de nuestros hijos. Las medidas humanas no siempre coinciden con las medidas históricas y es muy difícil que los procesos revolucionarios de fondo se culminen en el espacio de una vida. Confío en las nuevas generaciones, en cuyos surcos hemos sembrado nuestra historia. Ellas proseguirán nuestra lucha por un mundo más justo y humano, un mundo sin hambres y sin guerras, sin desigualdades sociales, donde el sol salga y caliente para todos.

Estoy orgulloso de mi vida, de los camaradas que me acompañaron en la lucha, de las nobles ideas que dieron sentido a mi existencia, y sigo pensando que vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo.

…Has de saber morir por los hombres,
y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es vivir.

Nazim Hikmet

Me ha pedido un compañero, que ha estado en las prisiones aquí, que recitara “Mi corazón es patio”, y lo voy a dedicar a los que sufrieron cautiverio como yo, a los hombres y mujeres que carecieron de libertad. El patio es la cárcel, el patio es la prisión. Por lo menos en Burgos, donde yo me encontraba los últimos años de mi cautiverio, los últimos dieciséis años de mi vida, pues el patio era el lugar donde nos encontrábamos; por la mañana nos abrían las cancelas y nos reuníamos todos, era cuando hablábamos de nuestros proyectos, donde clandestinamente nos pasábamos los materiales; en fin, era media vida para nosotros, pero todo dependía de la voluntad o la inclemencia de la naturaleza, porque en Burgos hay un clima, como sabéis, glacial. Este poema lo hice porque en una ocasión, María Teresa León y Rafael Alberti, aprovechando el paso por Buenos Aires del actor Paco Rabal, me mandaron un yérsey que María Teresa me había hecho con sus propias manos y una pequeña nota donde se interesaban por mi vida y me pedían que les contase cómo era mi vida. Me pasaron esta nota en un tubo de pasta de dientes, protegido por un papel impermeable y yo recuerdo que les contesté con un poema muy breve, y les dije:

Mi vida
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo

donde a veces pasan
una nube perdida

y algún pájaro huyendo de sus alas.

Y este poema, que mandé también clandestinamente aquí, a Buenos Aires, me dio idea de hacer un poema con más aliento que es este, “Mi corazón es patio”, y está dedicado, por eso, a María Teresa León:

La tierra no es redonda:

es un patio cuadrado

donde los hombres giran

bajo un cielo de estaño.

Soñé que el mundo era

un redondo espectáculo

envuelto por el cielo,

con ciudades y campos

en paz, con trigo y besos,

con ríos, montes y anchos

mares donde navegan

corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio

(Un patio donde giran

los hombres sin espacio)

A veces, cuando subo

a mi ventana, palpo

con mis ojos la vida

de luz que voy soñando.

y entonces, digo: “El mundo

es algo más que el patio

y estas losas terribles

donde me voy gastando”.

Y oigo colinas libres,

voces entre los álamos,

la charla azul del río

que ciñe mi cadalso.

“Es la vida”, me dicen

los aromas, el canto

rojo de los jilgueros,

la música en el vaso

blanco y azul del día,

la risa de un muchacho…

 

Pero soñar es despierto

(mi reja es el costado

de un sueño

que da al campo)

 

Amanezco, y ya todo

-fuera del sueño- es patio:

un patio donde giran

los hombres sin espacio.

 

¡Hace ya tantos siglos

que nací emparedado,

que me olvidé del mundo,

de cómo canta el árbol,

de la pasión que enciende

el amor en los labios,

de si hay puertas sin llaves

y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo

-fuera del sueño- es patio.

(Un patio bajo un cielo

de fosa, desgarrado,

que acuchillan y acotan

muros y pararrayos).

 

Ya ni el sueño me lleva

hacia mis libres años.

Ya todo, todo, todo,

-hasta en el sueño- es patio.

 

Un patio donde gira

mi corazón, clavado;

mi corazón, desnudo;

mi corazón, clamando;

mi corazón, que tiene

la forma gris de un patio.

(Un patio donde giran

los hombres sin descanso)

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