En esta nueva colaboración con Revista Seda, el Dr. Checa-Artasu desarrolla el derrotero económico político de China como potencia emergente en la última década y sus relaciones últimas con ciertas regiones del continente negro. 

Es bien sabido, que la paulatina y cada vez más evidente eclosión de China en la economía mundial muestra  diversas caras. Más allá de la simple creencia de que la República Popular de China es un simple receptor de inversiones, existe una dinámica inversora por parte de la propia China hacía otros países, especialmente, aquellos denominados países subdesarrollados, tanto de Asia, África como de Centroamérica y  el continente sudamericano.

Se trata de una nueva tendencia en la relaciones sur-sur  que esta transformando los tradicionales parámetros del desarrollo económico y que va más allá del simple aumento de las inversiones y los flujos comerciales entre África y Asia.  Coincide además, con esa eclosión económica aludida, no sólo la de China sino también la India y sobretodo, con la muy  lenta pero paulatina transformación africana en una búsqueda de su rol mundial (Boardman, 2007).

Igualmente, esa relación promueve un marco de relaciones internacionales donde el multilateralismo y las relaciones no hegemónicas vienen a ser reforzadas en un mundo globalizado como el actual en busca de un poder hegemónico emergente (Arrighi, 1999 , Wallerstein, 2006).

El principal detonante de ese nuevo marco de relaciones entre China y África fue propuesto en el Foro de cooperación China-África, creado en octubre de 2000 con la asistencia de 45 países en Beijing. El mismo evento se volvió a reunir en diciembre de 2003 en Addis Abeba, capital de Etiopía, país con importantes inversiones chinas en el sector de las obras públicas, en donde se firmaron acuerdos por 460 millones de dólares entre 17 empresas chinas y sus pares africanas (Letian, 2005 ; Blenford, 2007).  En noviembre de 2006, de nuevo en Beijing, quince máximos mandatarios africanos se volvieron a reunir en la tercera ronda del mencionado foro. En esa ocasión el gobierno chino aprovecho para el lanzamiento del plan New Asian-African Strategic Partnership que busca activar la participación de empresas chinas en mercados estratégicos africanos.  Ese plan, había sido propuesto en el Asian-African summit, organizado en Beijing con el fin de conmemorar el 50 aniversario de la conferencia de Bandung. Un plan que recogía las nuevas premisas de partenariado entre chinos y africanos que como nos indica Aicardi (2004) se van a concentrar en  países africanos de alto potencial, ya sea por las materias primas, por ser mercados potenciales o por tener una influencia diplomática significativa en la región.

El resultado de esa sinergia sino-africana, se muestra fehacientemente en las cifras económicas. La inversión china en África ha pasado de los 10 millones de dólares en el año 2000 a los 20.540 millones de dólares en 2005. Siendo las cifras de exportaciones chinas de 9.590 millones y las importaciones de 10.950 millones, según datos del ministerio de comercio chino. Ese mismo organismo estima que se debe elevar el volumen comercial bilateral a 100.000 millones de dólares para  2010 (Xinhuanet, 2006).

Sin embargo, en términos de política exterior, tal como nos apunta Martins (2005) esta relación sino-africana tiene sus raíces en el momento fundacional de la Republica Popular de China en 1949. La diplomacia china de esos años, incipiente, balbuceante y con una fuerte carga ideológica derivada de la dialéctica del marxismo,  se basaba en el presunción del entendimiento entre los pueblos que había estado o estaban oprimidos. Ese referente, a tenor de las actuales acciones, si bien se ha minimizado a nivel ideológico, se ha incrementado ante las nuevas dinámicas, no en vano China mantiene relaciones diplomáticas con 48 países africanos de un total de 53, se ha involucrado en operaciones de paz de Naciones Unidas en Liberia o la República del Congo. En  2004, más  de 1.500 soldados del ejercito rojo mantenían su presencia como cascos azules en África y ha apoyado explícitamente a que los candidatos africanos: Sudáfrica, Egipto y especialmente Nigeria ocupen un asiento permanente en el consejo de seguridad de la ONU (Servant, 2005).

Diplomacia china en África, una evolución de más de medio siglo

Enrui Yang (2005) nos plantea cuatro fases en ese marco de relaciones exteriores que la República popular de China ha mantenido en la esfera internacional y por ende con los países africanos. Estas son:

1. La inclinación única. Unión con los otros desfavorecidos (1949-1950)

2. Altruismo revolucionario y la diplomacia entre pueblos (1951-1956)

3. Antagonismo chino soviético y la revolución mundial (1957-1972)

4. Uniéndose con el tercer mundo y con Estados Unidos.  (1972-1979)

Ciertamente, la evolución de las relaciones bilaterales entre China y los países africanos se fue dando en base a una serie de coordenadas eminentemente ideológicas, al menos hasta el inicio de relaciones bilaterales entre Estados Unidos y la República Popular de China en 1971. Primero, con los influjos de la relación sino-soviética, que al menos para el contexto africano, sólo permitieron aproximaciones muy limitadas. Más tarde, ya en la segunda fase, y con progresivo distanciamiento entre la República popular de China y la Unión soviética se establece esa Diplomacia entre pueblos, resultado, sin duda, de los influjos de la conferencia de Bandung de 1955, donde se manifiestan las ideas anticolonialistas y antiimperialistas,  pero sobretodo como una respuesta o solución a la nueva situación de China en el contexto internacional. La diplomacia china ve necesaria una confraternización entre los países que han surgido tras la caída de los imperios coloniales, en África y en Asia, de ahí su adscripción inicial al movimiento de los países no alineados. Todo ello tenía como finalidad el posicionamiento internacional frente al peso creciente de Estados Unidos en la zona y la transmisión del ideal maoísta y su aplicación a otros lugares del orbe. Esos postulados de Bandung y otros extraídos de la transmisión superficial de las bondades del comunismo a la china van verse reflejados en las doctrinas políticas de lideres africanos como el congolés Patrice Lumumba o el ghanés Kwame Nkrumah, activos en esos años.

La tercera fase de la evolución diplomática china se da tras la ruptura con la Unión Soviética. Está, la URSS,  para el maoísmo ya no cumple el paradigma de baluarte ideológico y China pretende obtener esa llama, sumada a la consideración de que la URSS y EE.UU. son los enemigos a eliminar. Esa llama que se transmuta en ocho principios de ayuda internacional (Martins; 2005:255) y  que va a tratar de aplicar, especialmente en África. Esos principios; respecto a la propia independencia, a  las problemáticas internas, ayuda mutua, cooperación, entre otros no serán óbice para que la China de Mao de apoyo a los independentistas argelinos inmersos en su guerra de independencia que reciben el apoyo soterrado militar chino, el apoyo explícito a Nasser durante la crisis del canal de Suez o la relación retroalimentada mutuamente entre el primer ministro de Ghana, Nkrumah y, Mao, que aprovechando los flujos comerciales del cacao sirvió para la construcción de ese país, antigua colonia inglesa, del África Occidental.

Entre 1955 y 1977 China va a vender  por valor de 142 millones de dólares, armamento a África, a la par que las universidades chinas abrirán las puertas a más 15.000 estudiantes africanos.

La cuarta fase coincide con la real politik y la dominancia  hegemónica de los Estados Unidos  que obliga a un acercamiento entre los dos países. Sin duda, el acercamiento sino estadounidense permitió una mayor aproximación china a los “otros pueblos”. El temor a la “infección ideológica comunista” se reduce tras la firma de esa nueva relación. Un hecho que permitirá unas relaciones entre África y China más explicitas, siendo la base del actual flujo y de esa vía abierta de comercialización sino-africana.

Así se explica que entre 1970  a 1978 China concediese ayudas a 37 países y que esta fuese una vez y media mayor que la dada entre 1950 a 1970 (Martins; 2005: 257). En esos años se va a dar un proyecto que supone el primer antecedente palpaple y de calado, de lo que hoy en día es una realidad, la inversión china en África. Entre 1970 y 1975 se va a construir el ferrocarril  Tanzania-Zambia  con un costo de 455 millones de dólares (Martins; 2005: 257).

Esa actividad, a caballo entre la inversión y la ayuda técnica, se regulariza en época de Deng Xiaoping. China esta más preocupada por su apertura económica, que requiere unas relaciones exteriores plácidas e incluso capaces de empezar a canalizar la creciente producción china. Esa evolución va llegar a nuestros días con el papel destacado de los premieres chinos Jiang Zemin y Hu Jintao.

China necesita vender sus productos, requiere aún de inversiones foráneas pero cada vez más debe presentar su propuesta como potencia económica emergente, necesita donde invertir, pero también donde adquirir materias primas y cubrir sus necesidades energéticas para continuar su avance económico.

La diplomacia china, en más de cincuenta años ha dado un cambio copernicano con respecto al continente negro. Se ha desprendido del pasado ideológico para acometer con una enorme practicidad su política exterior, basada en cuatro principios: confianza mutua, beneficio recíproco, igualdad y coordinación. Esos mismos principios son los aglutinantes del llamado Foro de cooperación China-África, creado en 2000.

Las relaciones económicas entre China y África en la actualidad

Hoy en día, y tras esa evolución de la propia  diplomacia china, las relaciones entre ambas unidades geográficas se han transmutado en un remedo a medio camino entre  la ayuda económica y la asistencia mutua, obviando la vía del endeudamiento forzado, y optando por la vía de la inversión china en el territorio que busca ampliar base para su imparable mercado de productos pero también ganar una buena imagen en aras de beneficios estratégicos para la propia China.

Uno de ellos es la mejora de un posicionamiento chino en la geoestrategia global del petróleo (Cole; 2003). Donde especialmente China Nacional Petroleum  Corporation ha extendiendo su actividad extractora por el continente: Angola, Nigeria, y especialmente Sudán. En este último caso, el binomio: crisis de Darfur y petróleo ilustra el doble juego chino en la región. La República popular de China donó 400.000 dólares a la Unión Africana para la crisis de Darfur a cambio de evitar sanciones a Sudán en el Consejo de Naciones Unidas, uno de los principales exportadores de petróleo a China.

Similar dicotomía encontramos en Angola, donde la necesidad de crear infraestructura extractiva para el petróleo descubierto en el país ha provocado que el gobierno chino aplique ayudar a esa antigua colonia portuguesa devastada tras años de guerra civil en la reconstrucción de país concediendo ayudas  e inversiones valoradas entre 8000 y 12000 millones de dólares.

Caso similar se da en Somalia, con presencia de uranio y petróleo en su suelo y la donación de ayuda china tras el tsunami de 2004. (Blendford, 2007)

El petróleo permite  también incidir en la generación de empresas extractivas y complementarias que generan lo que Boardman (2007: 34)  nos recuerda:

“Africa to build on the strength of its endowment of natural resources and develop backward and forward linkages to extract more value from processing, and in some cases participate in modern global production-sharing networks.”

Hay algunos ejemplos de esto, la extracción y refinado de gas en Argelia, desarrollada bajo el paraguas de la cooperación técnico científica y la sinergia económica, eficazmente promovida por Hu Jintao a partir de 2004 (Porcu, 2006) y el anuncio de la construcción de la primera refinería de petróleo en N’djamena, capital del Chad (BBC chinese, 2007) y que hoy es una de los proyectos en suspenso dada la conflictividad bélica en ese país.

Se trata de un papel diferente al que se propone desde la Unión Europea e incluso, desde Estados Unidos, respecto a África, anclado aún en la articulación de la deuda y ayudas miserrimas y segmentadas como las repartidas por EE. UU. El crecimiento comercial chino-africano significa una oportunidad  para los países africanos participantes, ya no sólo por la exportación de determinados productos, léase recursos minerales y energéticos, sino como importador de bienes de consumo producidos en China. Estos permite la activación de un mercado aún pequeño y débil: el propio mercado regional africano. Igualmente, la ayuda técnica permite la generación de ofertas laborales diferentes e incluso inéditas para no pocas regiones donde la inversión china se deja sentir, es el caso de Etiopia, por un lado, una joint venture entre la etiope Tacase Hydropower station y la China Hydropower Joint group supone un importante proyecto de gestión de agua en ese país y que a la vez lleva asociado la construcción de una carretera por parte de la China Road and Bridge Corporation (CRBC). Ambos proyectos son generadores de mano de obra en cantidades significativas. Esta vía ligada al proyecto de gestión hídrica es sufragada en un tercio por parte del gobierno chino (Blenford, 2007).

Los datos y los ejemplos nos hablan de una sinergia entre dos mercados derivados de una economía en auge y de unas economías en construcción, esa es la tesis que parece apuntar, Boardman. No se debe obviar el papel de Chinas tras su acceso a la Organización mundial del Comercio (OMC) junto con  las cortapisas y barreras de entrada que todavía existen de diversos productos, más de 190 en África para su libre acceso al mercado chino y otros tantos del lado chino para África, para ver que la emergencia de esta relación aún debe dar más frutos.

Aun y esa situación al parecer muy favorable para ambos lados no se debe obviar la alerta, que Gitli y Arce (2001) planteaban, para el caso del Caribe pero absolutamente útil para este caso. La agresividad comercial china usa un guante de seda en unas relaciones diplomáticas más o menos consensuadas que enmascara una voracidad en materias primas y necesidad de colocación de productos que China desarrolla para prolongar su crecimiento económico y su posicionamiento en el mundo.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

AICARDI DE SAINT-PAUL, M. “La Chine et l’Afrique, entre engagement et intérêt”, Géopolitique africaine 14, Paris, 2004

ARRIGHI, G. et al.  “Geopolítica y finanzas”. ARRIGHI, G, SILVER, B. Caos y orden el sistema-mundo moderno. Editorial Akal, 1999

BLENFORD, A. China in Africa: Developing ties. Friend or foe?  BBC news. 26 de noviembre de 2007. < http://news.bbc.co.uk/2/hi/africa/7086777.stm> Consultado el 12 de noviembre de 2007

BBC CHINESE China National Petroleum Corporation to Build Chad’s First Oil Refinery. BBC Chinese news, 26 de octubre de 2007.< Link> Consultado el 12 de noviembre de 2007

BOARDMAN, H. Africa’s silk road. China and India’s New Economic Frontier. Washington: The International Bank for Reconstruction and Development / The World Bank, 2007

COLE, B.“Oil for the Lamps of China”—Beijing’s  21st-Century Search for Energy. McNair paper, 67 Institute For National Strategic Studies. National Defense University, 2003

ENRUI YANG, E. Mao Zedong y Deng Xiaoping: medio siglo de diplomacia china. RIOS,X. (ed.), Política exterior de China. La diplomacia de una potencia emergente, Barcelona: Bellaterra, 2005. p.19-43

GITLI, E. Y ARCE,R. El ingreso de China a la OMC y su impacto sobre los países de la cuenca del Caribe. Revista de la Cepal, nº 74, Agosto de 2001

MARTINS Dora A.E.“China en el liderazgo de los países subdesarrollados” a Xulio Ríos (ed.), Política exterior de China. La diplomacia de una potencia emergente, Barcelona: Bellaterra, 2005.

LETIAN PAN “China to promote cooperation with Ethiopia.” Xinhua, 28 de noviembre de 2005. http://www.gov.cn/misc/2005-11/28/content_111610.htm > Consultado el 12 de noviembre de 2007

PORCU, S. Argelia: la sinergia económica con Pekín y la preocupación de Washington y París. Equilibri. Simply a new perspective on global affairs. 16 de noviembre de 2006.

<Link > Consultado el 12 de noviembre de 2007

SERVANT, J.C. “China’s trade safari in Africa”.Le Monde diplomatique, mayo 2005

WALLERSTEIN, I. El mundo incierto. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006

XINHUANET. COM  Comercio China-Africa superará 100.000 MDD en 2010. 6 de noviembre de 2006.  < Link> Consultado el 15 de noviembre de 2007

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