En el siglo VIII los ejércitos musulmanes comenzaron a ganar control sobre la Ruta de la Seda en Asia Central. Aunque la ley islámica ofrecía protección a la “Gente del Libro” (cristianos, judíos, y, en un principio también, los seguidores de Zoroastro), los antiguos musulmanes eran generalmente hostiles hacia los budistas. Se referían a ellos como “adoradores de ídolos”. Como resultado de la gran presencia musulmana en la Ruta de la Seda se hizo más dificultoso para los monjes y peregrinos budistas viajar entre India y China. Ya en la segunda mitad del siglo XI este contacto cesa por completo.
La Ruta de la Seda rodeaba las prohibidas tierras altas de la meseta tibetana, pero algunos caminos poco recorridos conectaban el Tibet con las vías de las tierras bajas. Pinturas e inscripciones en rocas cuentan el paso de mercaderes cristianos y maniqueístas. El Budismo llegó a Tibet desde India, por Nepal al sur, y desde China por la Ruta de la Seda.
Las relaciones del Tibet con China, no siempre buenas, también afectaron la influencia del Budismo chino en Tibet. El Tibet, por necesidad política, debió poner un límite a la hegemonía cultural de China, según fuentes hindúes.
Cristianismo, Nestorianismo y Maniqueísmo
En la zona Este del Imperio Romano se encontraba una región compartida por cristianos y judíos, mientras que en la zona irania comenzó a surgir el Maniqueísmo.
Cuando en estas épocas una política resultaba ser más fuerte, los rivales eran declarados heréticos. Y esto llevaba al camino de la persecución y ejecución. Los que perdieran en esta guerra debían elegir el exilio, la única forma que tenían de sobrevivir. Así, huyeron hacia el este fuera del alcance de sus perseguidores, tomando naturalmente las caravanas de la Ruta de la Seda en esa dirección.
El Cristianismo surgió como un movimiento entre la sociedad judía en la Palestina Romana. Pero en el Cristianismo había desacuerdos al interpretar lo que debía creer el fiel y cómo debería practicar su fe. Uno de los puntos más conflictivos durante varios siglos fue la discusión que se planteó con respecto a la verdadera naturaleza de Jesús. Sobre la base de esta discusión se realizaron los concilios de Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (431) y Calcedonia (451), que condenaron sucesivamente a las herejías del arrianismo, el apolinarismo o monofisismo, y el nestorianismo.
El primer contacto del Cristianismo con la Ruta de la Seda fue a través de los judíos babilónicos. De allí, en la parte oeste del Imperio Parto, las comunidades cristianas crecieron entre los judíos y otras sectas, además de cultos locales.
En el 224 d.C. los Sasánidas vencieron a los Partos, y para este momento los cristianos ya eran numerosos en el mundo iranio. Los primeros tres emperadores Sasánidas mantuvieron la tolerancia. Sin embargo, un sacerdote zoroastriano de nombre Kartir, que había estado intentando colocar al Zoroastrismo como la religión oficial del nuevo imperio, se vio forzado a eliminar cualquier organización religiosa que viera como rival, entre ellos a los judíos y cristianos, pero no logró tener muchos seguidores que apoyaran esta idea. En cambio, las diversas comunidades cristianas dispersas en Irán se juntaron para organizar una iglesia común y reforzar así su posición. Se declararon independientes administrativamente del Oeste. El Cristianismo continuó expandiéndose por la Ruta de la Seda.
Los cristianos bajo el Imperio Sasánida vivieron muy precariamente, sirviendo en el ejército. Al mismo tiempo, los intentos para desterrar esta religión y asumir el Zoroastrismo no culminaron. El emperador Shapur II, por ejemplo, realizó un decreto con puntos en contra del Cristianismo y a favor del Zoroastrismo, señalando que los cristianos destruyeron sus enseñanzas sagradas, que enseñaban brujería y enterraban a sus hombres en la tierra. Por suerte para los cristianos, estos decretos no encontraron el apoyo esperado, y tanto ellos como los judíos pudieron vivir en paz.
La adopción del Cristianismo como la religión oficial del Imperio Romano tuvo dos grandes efectos en el Cristianismo Iranio. Primero, los cristianos romanos usaban pretextos de distintos tipos para perseguir a los cristianos iranios. Por otro lado, ahora que el Cristianismo estaba en lo más alto del mundo occidental por su adopción en Roma, las disputas doctrinales eran ganadas por los partidos que recibían el apoyo del gobierno, pudiendo suprimir con ese poder a sus rivales.
Nestorianismo
Durante el siglo V, Nestorio fue coronado Patriarca de Constantinopla, enseñando la visión del Cristianismo que tenía la escuela de Antioquia. Los nestorianos, en contra de la doctrina ortodoxa[1], afirmaban que la forma divina y la forma humana en Cristo actuaban como una si fueran una sola, pero que no se fundían ni mezclaban para componer la unidad de un solo individuo. Por este mismo motivo rechazaba el nombre que le daban a la Virgen María como Madre de Dios, pues “no podía imaginarse a Dios como un niño pequeño”. El sostenía que María había sido la madre del Jesús humano pero no del Hijo divino.
En el año 431 fue convocado un Concilio, en el que la posición de la escuela de Antioquia fue condenada como herética. Nestorio fue entonces depuesto y exiliado a Egipto.
En Siria y hacia el Este, el Nestorianismo se hizo dominante y formó la Iglesia del Este, situada en la capital del Imperio Sasánida. Desde ese momento, la iglesia nestoriana comenzó a ser identificada con el mundo persa en oposición al Imperio Bizantino. Poco tiempo después, el Nestorianismo se convirtió en una de las doctrinas oficiales del Asia Cristiana.
Los mercaderes sogdianos jugaban un papel principal en la Ruta de la Seda. Algunos de ellos abrazaron el mensaje cristiano de Nestorio, mientras que otros adoptaron el Budismo. Muchos textos nestorianos se encuentran en la lengua sogdiana, señal de que la mencionada rama cristiana se diseminó por la Ruta especialmente en este idioma.
Durante muchos años la lengua sogdiana fue la más recurrente a través de la Ruta de la Seda, pero la necesidad de comunicarse entre extranjeros continuamente hizo que no se dejaran de lado otros lenguajes.
En la región de Sogdiana nunca hubo ortodoxia religiosa, siempre fue un sitio de paso. Tanto griegos como sakas, turcos, partos y sasánidas dejaron influencias en la zona.
La religión nativa de los pueblos turcos y mongoles de Asia Central suele clasificarse como chamánica. Su dios supremo, es Tangri, principio masculino que es a su vez balanceado por la tierra, el principio femenino. Los rituales que realizaban se referían a las necesidades básicas como la caza o la fertilidad, y el mundo espiritual era accesible por los chamanes. A todo esto, los nómadas turcos aprendieron el arte de la escritura de sacerdotes persas nestorianos, alrededor del 550 DC. Aparentemente algunos de estos sacerdotes fueron percibidos como chamanes, por lo que la aceptación del nestorianismo resultó una tarea no muy complicada. Hubo conversiones masivas con el correr de los años.
Hacia la caída del Imperio Mongol, el Cristianismo era ciertamente la religión más difundida entre los pueblos esteparios. Pero lo cierto es que hay poca información sobre la manera en que el Cristianismo era practicado entre ellos. Muchos rituales tradicionales habrían sido simplemente cristianizados.
Como se había comentado anteriormente, algunos emperadores de la dinastía Tang sentían fascinación por todo aquello llegado del Oeste. Así fue como comerciantes sogdianos e iranios introdujeron el Cristianismo Nestoriano en China durante el siglo VII. En un principio, los chinos pensaron que la fuente de esta religión se encontraba en la región del Irán, por lo que la llamaron “la religión irania”. Esto fue corregido a mediados del siglo VIII.
Según fuentes Tang, en el año 638 ingresó a China un sacerdote iranio llamado A-lo-pen, trayendo consigo escrituras que fueron traducidas para el entendimiento del emperador. Éste las aprobó, dándole libertad de propagar su fe a través del imperio.
Los sacerdotes trataron de adaptar las concepciones cristianas al Budismo, equiparando sus textos a los sutras o a los santos cristianos conBodhisattvas. Sin embargo, no parece haber habido un número significativo de conversos en tierras chinas. La mayor parte de la comunidad nestoriana de China estaba compuesta de forasteros, como era también el caso del Judaísmo y el Zoroastrismo. Los cristianos y maniqueos eran apreciados especialmente por sus conocimientos en astrología y medicina.
En el año 845, el emperador chino Wu-tsung de la dinastía Tang, quien era partidario el Taoísmo, expulsó a todas las religiones extranjeras. Desde aquel momento, el Cristianismo estuvo casi desaparecido hasta que pudo retornar de mano de los mongoles 300 años después.
Maniqueísmo
El profeta Mani nació dentro de una de las sectas que alrededor del 200 d.C. proliferaban en las zonas de Mesopotamia. Fue criado en un contexto ascético, y se dice que recibió su primera revelación a los 12 años, y la siguiente a la edad de 14. Desde la segunda revelación, Mani tomó el rol de profeta (siendo antecedido por Zoroastro, Buda y Jesús) y se encaminó a predicar su mensaje.
Las primeras regiones sobre la que ejerció cierta influencia fueron las tierras kushanas del noroeste de India. El marco teórico budista fue esencial para la formación del pensamiento religioso de Mani. La trasmigración de las almas pasó a formar parte de las creencias maniqueas, y la estructura divisoria entre monjes hombres y mujeres (“los elegidos”) y sus seguidores (“los oyentes”) parece basarse en la sangha budista.
Mani intentó ubicar su fe como la religión oficial del Imperio Sasánida, convirtiendo para este propósito a dos príncipes de la casa reinante. Durante el reinado del emperador Shapur, Mani contó con patronazgo oficial y protección, pudiendo de esta manera enviar a sus seguidores a predicar por los territorios. La nueva religión ganó conversos rápidamente, pero no tendría estas ventajas por mucho tiempo.
Luego del acceso al trono de Bahram I, su fortuna cambió y fue arrestado en el 276. La acusación que pesó sobre él no se refirió a la religión que había fundado, sino al rechazo de sus obligaciones civiles. Es decir, que no fue considerado bueno para nada que se observase propicio al desarrollo del Imperio. Esto sugeriría que los líderes religiosos eran más valorados por sus habilidades como doctores que como guías espirituales. Así, el emperador sentenció a Mani a prisión, donde murió a la edad de 60 años.
La religión maniquea es usualmente vista dentro de un sistema gnóstico, donde la separación radical es vista como espíritu (lo bueno) y materia (lo malo). El universo es visto como un lugar de conflictos entre el bien y el mal. La figura más relevante de la mitología maniquea es Jesús. Mani se refiere a sí mismo como “el Apóstol de Jesucristo”, tomando este Jesús maniqueo 3 formas:
a) Jesús el Hombre: el Jesús histórico de los cristianos, pero cuya muerte en la cruz Mani considera una ilusión.
b) Jesús el Alma Viviente: el Jesús que sufre, la fuerza de la bondad que se encuentra en todas las cosas vivientes.
c) Jesús el Esplendor: es el cuerpo de Luz que visitó al Primer Hombre y retornará como Salvador.
Mani enseñaba que la reproducción era incorrecta y se relacionaba con el demonio, ya que con cada generación que aparece las partículas de luz atrapadas en cada individuo se dividen entre los descendientes de uno. Los maniqueos “electos” practicaban así la abstinencia.
Mani también redactó sus propias revelaciones, produciendo por lo menos siete trabajos canónicos que son la base escrita de su religión. Como también creía en el poder de las imágenes para transmitir la verdad religiosa, ilustraba sus propios libros.
Los elegidos se distinguían llevando túnicas blancas, y adherían a una estricta dieta vegetariana. Al no poder prepararse siquiera su propia comida (ya que dañarían las partículas de luz presentes en todas las cosas vivas), eran por demás dependientes de los oyentes.
La religión de Mani comenzó a gozar de popularidad en el mundo mediterráneo, y aún antes de la conversión de Roma al Cristianismo, tanto él como sus seguidores fueron intensamente perseguidos. El Maniqueísmo sobrevivió en Europa hasta la Edad Media.
Durante la vida de Mani, la religión influenció a través de la Ruta de la Seda más allá del río Oxus, actual Amu Daria. Los sogdianos nuevamente jugaron un papel principal en esta difusión, traduciendo textos y llevando consigo la fe por los distintos caminos.
Si bien se permitió en un principio su prédica en China, en el año 705 los regentes del Imperio Tang comenzaron a mirar al Maniqueísmo en forma sospechosa, por lo que lanzaron un edicto permitiendo la conversión sólo a los no chinos.
Básicamente, el Maniqueísmo intentó mostrarse como un Cristianismo esotérico para el Oeste, y como un tipo de Budismo en el Este.
Entre los turcos Uighures la religión fue aún más popular, llegando a ser establecida como religión de estado. Los maniqueos se vieron instantáneamente elevados a una clase social superior en estas tribus luego de las conversiones. Poco a poco, fueron perdiendo terreno frente a los budistas y cristianos, luego de prevalecer en la región del Turkestán por unos 500 años.
Islam
Ninguna religión en toda la historia del mundo favoreció tanto el comercio como el Islam. El mismo Profeta Muhammad era un hombre de negocios, empleado por Khadiya (una exitosa comerciante) cuando tenía 20 años. Poco después ambos contrajeron matrimonio.
Alrededor del año 610, Muhammad, a quien le gustaba pasar tiempo meditando solo en las montañas fuera de la ciudad de La Meca, comenzó a recibir la revelación del dios uno y único Allah a través de su mensajero, el arcángel Gabriel.
La Meca fue un pueblo desértico con muy poco para subsistir más allá del comercio. Muchas de las revelaciones que recibió Muhammad tenían que ver con la injusticia social, lo cual era un problema en Meca. La religión fue ganando adeptos poco a poco, pero también se ganó el disgusto de aquellas clases superiores que se veían directamente atacadas por el mensaje divino.
En el año 622, los ciudadanos de la ciudad de Yathrib se vieron envueltos en disputas entre facciones que no podían resolver. Habiendo escuchado de la reputación de Muhammad, lo invitaron para arbitrar los conflictos en la ciudad. Él aceptó, y con él fueron también la mayoría de sus seguidores. Esta migración desde La Meca hacia Yatrib es conocido en el Islam como hijra (hégira), y marca el inicio del calendario islámico.
Una vez en Yathrib, los musulmanes disfrutaron de una posición especial. En forma organizada, interceptaban caravanas provenientes de La Meca no sólo por las provisiones sino también como una forma de retribuir las persecuciones de las que habían sido víctimas años antes. Luego de varias batallas contra los mecanos, Muhammad y sus seguidores lograron negociar la posibilidad de regresar a La Meca como parte de una peregrinación a la sagradaPiedra de K’aba.
El asalto a caravanas era parte de la vida económica de Arabia. La única regla era que no se podían atacar caravanas de clanes con los que se había hecho un pacto de no agresión. De hecho, gran parte de la expansión musulmana se debió a la antigua costumbre árabe del asalto a caravanas.
Con el tiempo, muchos de estos clanes enviaron miembros para conseguir este tipo de pactos con Muhammad. Estas profesiones de lealtad fueron luego descritas por escritores musulmanes como “sumisión”, palabra que en árabe es Islam.
Luego de la muerte de Muhammad en el 632, muchas de estas tribus que mantenían un pacto con él se rebelaron. Los musulmanes inmediatamente eligieron un seguidor o califa, Abu Bakr, quien fue el primero de cuatro gobernantes principales con esta denominación.
Hacia el año 660, la familia gobernante del clan de los Omeyas (que sucedió a Abu Bakr) se estableció en Damasco, y pronto se ganaron la no aceptación de varios musulmanes por su estilo de vida poco islámico. El grupo que provocaría en parte la caída de los Omeyas estaba compuesto por no-árabes que habían decidido adoptar la religión islámica.
Inicialmente, en el período Omeya se refirió a la religión musulmana como “religión árabe”. A medida que el imperio crecía, se imponía la ley musulmana sobre los pueblos conquistados, pero no se consideraba un requerimiento esparcir y lograr la adopción de fe. Una vez que se accedía localmente a someterse a la autoridad musulmana y a pagar un pequeño impuesto, se protegía a las comunidades, que usualmente practicaban alguna de las “religiones de Libro”. Esto es justamente lo que provocaba el rechazo de los musulmanes árabes ante los no árabes que quisiesen convertirse, ya que se veían afectadas directamente tanto sus fuentes de ingreso y su sistema distributivo de las mismas a través de los musulmanes. Hacia el siglo VIII los conversos no árabes probablemente ya estaban superando a los musulmanes árabes.
El Islam intentó eliminar la distinción entre clases y etnias, pero nunca se logró por completo. Los más antiguos conversos y sus descendientes tenían un estatus y privilegio mayor que los conversos tardíos. El problema mayor era que, al estar la sociedad de Arabia compuesta por clanes a los que uno se remitía para mostrar su posición, los musulmanes conversos no contaban con este respaldo que garantizaba de alguna manera cierto estatus. La forma de solucionarlo era que alguna de estas familias tribales tomara bajo su tutela a los conversos como “clientes”, pasando así a ser una especie de miembros honorarios del clan.
Mientras todo lo anterior sucedía, el califa omeya Mu’awiya se rehusó a reconocer el nombramiento del primo y yerno del Profeta, Alí, como Cuarto Califa. Una minoría importante de musulmanes sintió que el liderazgo debía entregarse por condiciones de autoridad carismática a través de la línea familiar del Profeta. Para los partidarios de Alí, los Omeyas habían sido usurpadores.
La situación impulsó la revolución Abbásida, en la cual Abu Muslim, apelando a su ascendencia de Abbas, el tío del Profeta, tomó el poder con el apoyo de los partidarios de Alí. Los nuevos ministros y funcionarios fueron en su mayoría iranios, recientemente conversos desde el Zoroastrismo, Cristianismo e incluso Budismo. La capital se trasladó a Bagdad en el 762.
De todas formas, es importante aclarar que los iranios siempre se habían considerado orgullosamente como provenientes de una de las más grandes civilizaciones antiguas. Para muchos de ellos, ser conquistados por los árabes, a quienes consideraban bárbaros, fue un gran trauma en su historia.
En Sogdiana por ejemplo, hubo un movimiento de resistencia durante el año 777, formado alrededor de la figura de Muqanna, un hombre que se había declarado a sí mismo profeta y cuyos seguidores, como los maniqueos, usaban túnicas blancas. Este movimiento fue realmente exitoso en Asia Central. Fuentes cuentan que Muqanna era una especie de maestro de la ilusión. Cuando la gente le pedía que se revelara, sus asistentes utilizaban espejos para crear efectos con la luz del sol e impresionar así a la muchedumbre. Varios creían entonces haber visto a Dios. Luego de 9 años de conflicto con los musulmanes, éstos pudieron rodearlo. Muqanna se lanzó entonces al fuego, pero previamente a esto se dirigió a sus fieles diciendo que iría al cielo y traería con él ángeles para ayudarlos.
El Islam se hizo presente primero en áreas urbanas a lo largo de la Ruta de la Seda, y sólo después incursionó en el interior de las regiones. La religión establecía que los hijos nacidos de matrimonios mixtos debían ser criados como musulmanes. Esto facilitó la expansión de la religión, imponiéndose sobre aquellas tradiciones que pudiese encontrar en su camino. Sin embargo, es un hecho que en las regiones interiores este avance fue más moderado, pudiendo sus habitantes conservar sus costumbres y religiones nativas por mucho más tiempo que en las urbes. El proceso de islamización de los campesinos se llevó a cabo en mayor medida a través de los sufíes, quienes se cargaron sobre sí esta misión. Su gran carisma fue esencial para lograr las conversiones, pero también sus interpretaciones personales sobre el mensaje del Islam. Estas interpretaciones se acomodaban a las creencias y prácticas locales.
La islamización de Kashgar comenzó en la primera mitad del siglo X, cuando Satoq Bughra, un muchacho turco local del clan de los Karakánidas, se convirtió. Poco después, Satoq Bughra se posicionó como khan de Kashgar y proveyó al Islam como religión oficial. Desde ese momento se registraron unas doscientas mil conversiones.
En el caso de China, podemos hoy en día encontrar alrededor de 5 millones de chinos musulmanes, conocidos como Hui. Los comerciantes persas y árabes musulmanes viajaron desde los principios de la expansión del Islam hacia China.
Los musulmanes son mencionados entre aquellos que ayudaron a restaurar el poder Tang. En recompensa por estos servicios, tierras en China central fueron repartidas a soldados musulmanes. Muchos de ellos se asentaron y tomaron a mujeres chinas como esposas. Los Hui se presume que son descendientes de estos grupos mercenarios que colaboraban con Tang. Otro motivo para el anclaje del Islam en China era que las comunidades musulmanas también crecieron por su costumbre de adoptar a los hijos no queridos de parejas chinas.
Los musulmanes en China vivían en enclaves definidos y resistiendo a la sinización. Tenían sus propios sistemas de educación, sus propios líderes de comunidad, y su propia economía conectada a través de la Ruta de la Seda con los musulmanes residentes en el oeste. Durante la dinastía mongola Yuan en China, musulmanes persas y árabes fueron favorecidos con puestos de finanzas y recolección de impuestos en la corte. Esto provocó que los chinos vieran cada vez más a los musulmanes como estereotipos de comerciantes poco confiables.
BIBLIOGRAFÍA
• FOLTZ, Richard C.; Religions Of The Silk Road, Overland Trade and Cultural Exchange from Antiquity to the Fifteenth Century; St. Martin’s Press; New York; 1999
• DRAGONETTI, Carmen; Dhammapada – La Esencia de la Sabiduría Budista; Asociación Budista China en Argentina; Buenos Aires; S/D
• G. SCHIRMER INC.; Silk Road en http://www.schirmer.com/silkroad/; 2001 (Entrada 2005)
• SILK ROAD STUDY GROUP; Silk Road en http://gallery.sjsu.edu/silkroad/intro.htm; 2000 (Entrada 2005)

[1]La doctrina ortodoxa mantenía que Cristo tiene dos naturalezas, una divina y otra humana, las cuales, aunque distintas, están unidas en una persona y misma sustancia.

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