Escritor, antropólogo y arqueólogo, Marcio Veloz Maggiolo lleva escritas muchas novelas, varios libros de poesía y de ensayo. Nacido en 1936 en Villa María, Santo Domingo, dedicó sus letras a retratar y profundizar en la identidad dominicana y caribeña. De visita en Buenos Aires con motivo de la presentación de varias de sus novelas en nuestro mercado, el autor dialogó con nosotros.

Tanto en “Ritos de cabaret” como en “La biografía difusa de Sombra Castañeda” hay una reminiscencia africana en varios personajes. ¿Cuánto de la cultura africana sobrevive hoy día en Santo Domingo?

En la isla de Santo Domingo se inicia la esclavitud en América. En 1511, Fernando el Católico autoriza el uso de esclavos y es a partir de ahí en que aparece la presencia del negro que se prolonga a lo largo del tiempo y al día de hoy se refuerza con la presencia africana en Haití, pueblo fronterizo con nosotros. De modo que hay una base negra, africana, de varios grupos tribales que estuvo siempre y está aún vigente en la vida cultural dominicana. Durante algún tiempo lo negro fue ocultado, pero a partir de la muerte de Trujillo que, como usted sabe, hizo una matanza de negros muy importante en la frontera, a partir de ese momento la literatura dominicana va hacia una visión del negro que no es folklórica, sino crítica, que la nueva literatura está a veces tan fuerte y tan vital como en el caso de la literatura haitiana, que es la contrapartida realmente negra de la isla.

Dividida la isla en dos, en dos espacios de los cuales uno fue siempre hispánico, porque en un comienzo la totalidad de la isla era hispánica hasta que Francia se apropia del occidente y trae el proceso esclavista del azúcar, la sácarocracia, y entonces el africano pasa a ser un poder político muy importante hasta que llega la rebelión de 1795 y se proclama en 1804 a Haití como república, mucho antes que otras repúblicas latinoamericanas, nuestra república negra en la cual Bolívar, por ejemplo, encontró grandes promesas; todo el mundo antillano está en Carpentier y en otros autores muy repetidos.

¿Qué me puede decir del misticismo negro? En “La biografía difusa de Sombra Castañeda” aparece un misticismo que no sé si es literario o histórico.

No es literario. En Santo Domingo, por ejemplo, la presencia del vudú es una realidad. Por el contacto durante tres siglos, entre los grupos de esclavos que hoy es Haití, y los grupos dominicanos que asimilaron en gran parte esas tradiciones. Es un proceso histórico muy interesante porque hay un momento en que la parte oriental de la isla tenía una dispersión muy grande de población y el elemento popular captó en cada lugar aquello que para ellos era fundamental, su realidad esotérica. Nosotros tenemos hoy un vudú dominicano muy fuerte, hay un estudio de Carlos Esteban Deive “Vudú, imagen y Santo Domingo”, que incluso analiza el fenómeno del vuduismo en cada una de nuestras tribus. Desde luego en la poesía y en la literatura dominicana está presente este misticismo no como un fenómeno de carácter folklórico sino como una realidad.

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¿Usted como antropólogo alguna vez abordó este tema o sólo lo hizo desde la literatura?

Hay un libro mío titulado “Sobre la cultura dominicana y otras culturas” donde lo abordo. También en otro libro que escribí sobre mestizaje abordé el tema en varias publicaciones y también en reiteradas oportunidades como conferencista, pero no soy un especialista en ese campo. Simplemente puedo analizar los elementos típicamente dominicanos dentro de esa religiosidad. Literariamente, abordo esa realidad en la última parte de mi obra, en la que narro la vida en la isla posterior a la muerte de Trujillo.

Hablemos de la figura de Trujillo, ¿cómo marca su historia personal?

Trujillo era nieto de haitianos, aunque él abordó el tema de la hispanidad como un tema ideológico. Como nosotros nos liberamos de Haití en 1844, porque no sé si sabes que luego de la revolución haitiana la parte occidental se unificó con un presidente BOUYAER y la invasión vino desde Haití durante 22 años. Entonces es evidente que hay un sustrato también dominicano que tiene una recurrencia contraria al pueblo haitiano, casi de orden pasional yo diría. El choque entre la cultura haitiana y la comunidad dominicana, que era una sociedad mulata donde el elemento religioso predominante era el católico, impuesto por la iglesia que tenía dominado todo ese territorio que era la parte fronteriza. Además hay que hablar de la mezcla fronteriza que nosotros llamamos el rayano habitadas por dominicanos haitianos o haitianos dominicanos, gente que maneja los dos esquemas de valores. Esta frontera es una zona inexplorada que recién en los últimos años ha comenzado a reconocerse. El poeta Manuel Rueda tiene un admirable estudio poético titulado “El rayano” y yo mismo en la novela “El hombre del acordeón” tomo el elemento rayano como un elemento fundamental de una cultura intermedia que posee muchos valores y que estamos descubriendo recién desde hace treinta, cuarenta años.

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Marcio Veloz Maggiolo

Volviendo al tema de Trujillo, ¿usted pasó su infancia y juventud bajo su mandato?

Yo viví la era de Trujillo, porque yo nací en el ’36 y Trujillo llegó al poder en el ’30. Lo matan recién en 1961, imagínese para ese entonces yo ya era un joven. Yo tengo un libro que se llama “Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas” donde relato mis experiencias de barrio, es un libro grueso en que la cotidianeidad es un elemento clave, porque la era de Trujillo nos impactó no sólo políticamente, sino que nuestra cotidianeidad, los valores dominicanos, fueron subvertidos. La dictadura se fue convirtiendo cada vez en algo más sesgado, donde todo debía ser consultado con el régimen, de manera tal que el dominicano tenía miedo en muchas ocasiones de hablar con sus propios familiares, por ejemplo. De modo que Trujillo conformó en parte el ethos dominicano. Había frases o refranes como por ejemplo: “esto es un gancho”, que quiere decir “esto es una trampa que tú me estás tendiendo para delatarme con el régimen”. Había un psiquiatra dominicano que sostenía que nosotros, los dominicanos, teníamos el complejo del gancho, y lo mantuvimos aún después de muerto Trujillo y la caída del régimen, porque no confiábamos en nadie.

Teníamos que ir a los desfiles militares, a las fiestas del Partido Único, en las escuelas teníamos que cantar el himno del partido, teníamos que cantar las loas al generalísimo… Era una sociedad completamente adocenada, en la cual todos los elementos de la oposición eran muy fuertemente reprimidos, llegando incluso al asesinato en muchísimos casos. Hasta las mujeres eran asesinadas. Cotidianamente había un amigo que desaparecía, esa fue la era Trujillo, pero Trujillo era vuduísta aunque lo escondía. Su abuela era hija de haitianos y muchos de sus asesores ejercían o estaban casados con mujeres que ejercían el vudú. Trujillo adoptó el fenómeno del vuduísmo. Muchos de nuestros libertadores, próceres y dictadores creyeron en el vudú. Es una verdadera religión, tiene sus ritos, sus sacerdotes, sus creencias, sus dioses, sus intermediarios; por eso el vudú quedó hasta el día de hoy. En las islas, en Cuba, en Santo Domingo, el vudú tiene incluso una base católica. El africano tomaba la imagen de un santo católico y la vestía como un santo africano, o viceversa. En Santo Domingo es imposible pensar ahora que catolicismo y vuduísmo son dos religiones diferentes, en general la gente practica ambas por si acaso.

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Recién me decía que su barrio era Villa Francisca, escenario de varias de sus novelas. ¿Cuánto hay de memoria y cuánto de construcción literaria en ese escenario?

Es una memoria en parte, porque también el artista tiene que crear. La memoria verdadera está dada en ese libro “Trujillo, Villa Francisca y otros fantasmas”, que es donde revelo las características del barrio, pero en mis novelas aunque es recurrente la historia de Villa Francisca tiene un elemento faulkneriano, yo diría, como también lo hizo Durrell con su Alejandría, porque un barrio siempre tiene muchos elementos diferentes. Es la gente, es el paisaje, es un perfume, mientras quedan restos del barrio en la mente del escritor, el escritor puede usarlos y no se va a repetir. En ninguna de mis novelas se repite el barrio como un escenario permanente. Se repite el escenario pero tomado desde diversos lugares como una forma estética.

¿Los personajes de “Ritos de cabaret”?

Son imaginarios, aunque hay algunos como, por ejemplo, el general de la guerra brasileño que nunca había oído un disparo que es un personaje histórico. Lo tenían en un hotel enseñando estrategias y es el que encabezaba la tropa. Los americanos tomaron de cada paisito un par de soldados y construyeron así un cuerpo de paz. Ese señor era el director de la fuerza de paz. Era un fantasma, un fantoche, un burócrata. En “Ritos de cabaret” mi enfoque viene del absurdo, más aún en mi novela “Los ángeles de hueso”, el absurdo es un punto clave, y hay personajes históricos que lamentablemente refuerzan ese absurdo.

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En “La biografía difusa de Sombra Castañeda” muchos de sus personajes junto con el protagonista nacen en 1936, el año de su nacimiento.

Ahora que me lo dices, no me había dado cuenta (se ríe). Evidentemente, para mí es un momento clave, el momento de la inocencia del recién nacido. Es un emerger inocente dentro de la dictadura. En esa novela también hay elementos que son parte del pasado colonial, como el indio Miguel con su pene; o parte del pasado haitiano. También hay una parte mágica que está dada por el chamán con sus mujeres enfermas de una enfermedad de las gallinas. La novela también participa del absurdo, porque la historia dominicana a mí me parece absurda. Que un presidente dominicano sea descendiente de haitianos y se dedique en su presidencia a aniquilarnos es una de esas contradicciones que sólo se dan en el Caribe, donde según García Márquez nace el mundo de lo absurdo, el mundo de la absurdidad.

En “La biografía difusa de Sombra Castañeda” usted incluso inventa un lenguaje.

Así es, hay un lenguaje inventado que se mestiza con los “nativismos” y se basan más en la fonética que en la realidad. El personaje central es Trujillo, esa sombra del título es Trujillo que después de muerto quiere continuar su dictadura. La sombra lo que busca son afiliados a su manera de ser. Pretende fundar un gobierno de la sombra sumando voluntades haitianas y dominicanas. Es una novela muy simbólica, sobre cómo un dictador se va suicidando lentamente con sus propios hechos. Nuestra responsabilidad como intelectuales es evitar que se repita la dictadura, aunque en nuestros países muchas veces las dictaduras vienen disfrazadas de democracia.

¿Cómo ve hoy en día la situación de Latinoamérica?

Hay un florecimiento de la democracia en general, pero con modalidades muy diferentes en cada país. La izquierda no lo es tanto, o por lo menos sus representantes no están tan a la izquierda, es como un ponerse al día para ser revolucionario entre comillas, dentro de un proceso democrático que cuando empieza a rendir sus frutos genera una reacción negativa en el mismo gobernante. Así es el Caribe.

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¿Cómo ve la literatura de su país actualmente?

Es una literatura que va en crecimiento, no es una literatura imitativa. En muchos casos es una literatura muy personal, hay escritores como Ramón Francisco o Miguel Rueda que tienen una dimensión del idioma muy diferente a la que se usó durante largo tiempo. Estamos viviendo un proceso de renovación, porque la era de Trujillo le cerró los caminos al escritor dominicano.

¿Y la literatura joven?

La literatura joven busca su camino, principalmente la poesía. Porque hay novelistas jóvenes que tienen una literatura bastante moderna, pero la poesía joven está a la búsqueda de unos parámetros que, a mi juicio, no encuentran. Yo considero poesía a la que dice cosas, no a los florilegios. No creo que la literatura tenga que ser sí o sí realista, pero sí que deba llevar un mensaje.

¿Y cómo ve la difusión de la literatura dominicana fuera de su país?

Cada vez mejor, desde la muerte de Trujillo lentamente algunos autores fueron saliendo. El problema que tiene nuestro país es la carencia de grandes editoriales. Argentina tuvo grandes editoriales nacionales desde el siglo XIX; nosotros no. Por eso dependemos más de la suerte, de que un editor extranjero se interese por nuestra obra; a excepción de Cuba, cuyo régimen siempre se ocupó de publicar a gran cantidad de autores, éste es el talón de Aquiles de los escritores caribeños. La aparición de la internet también está favoreciendo la difusión de muchos de nuestros autores. Muchos buenos, y muchos no tanto, es cosa de perder un poco de tiempo investigando (risas).

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Sobre El Autor

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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