Agustín niño, por el solo hecho de serlo, incorpora datos de una existencia fantaseada, que al tiempo de acceder a la realidad, deviene en rebeldía. Pero su adolescencia se inicia y transcurre frente a una autoridad particularmente degradada –la de sus padres-. Agustín asume la conducción de su propia vida, cuando advierte que las alternativas son, dejar de desear y entonces dejar de ser, o mantener el deseo enfrentando todo aquello que se oponga a su realización –incluido su núcleo familiar-.

El punto de inflexión podríamos encontrarlo una vez transcurridas dos etapas. La primera marcada por la intolerancia, la siguiente por la indiferencia –aquí la crisis-. El más fuerte de los pilares que sostiene a una familia suele ser la solidaridad por vía del reconocimiento recíproco. Mientras sus padres existen y lo reconocen, Agustín existe en ese vínculo y, desde ese lugar, desde el reconocimiento, la familia pudo subsistir conservando ese espacio simbólico que antes los reunía. El amor nos destrozará es la primera novela de Diego Erlan.

EL AMOR NOS DESTROZARÁ

Agustín pierde primero a su hermana, y después a sus padres, ¿cómo asume el conflicto parental? ¿Qué rol se auto adjudica Agustín en ese divorcio vincular producto del abandono? ¿El de sujeto activo o pasivo?

Creo que ese es el conflicto: la lucha del sujeto por modificar una actitud pasiva a otra activa. ¿Cómo se puede crecer en una familia absolutamente quebrada? Esa es una de las preguntas que me hice para Agustín. Y la respuesta: es un sobreviviente. En ese sentido, los jóvenes de la novela sobreviven a la herencia de silencio y fracaso que tuvieron nuestros padres. Heredar ese fracaso es una desgracia pero uno no puede acostumbrarse a ese fracaso, no puede aceptarlo como natural. También hay que rebelarse contra esas esquirlas y enfrentarse a ese liberalismo existencial que afecta lo sensible. Cada uno de los jóvenes que aparecen en la novela sobrevive como puede. Alonso empieza a correr hacia ningún lado. Agustín no lo entiende muy bien pero la única revolución íntima que le queda es tener la fuerza (o la capacidad) de tomar una decisión. Es muy simple: su futuro está en decidir querer buscar una respuesta (“el final es el principio”, se dice en la última página, citando los Cuatro cuartetos, de Eliot). No importa si se llega a esa explicación, tampoco importa si existe esa explicación. Toma la decisión que no puede tomar el padre (mandar al carajo la familia, mandar al carajo la educación formal). Y en este proceso es empujado por una mujer, Monserrat, porque creo que las mujeres son las únicas que entienden algo de todo lo que pasa. Greta, Soledad, Monserrat, incluso la madre, en su locura, entiende por qué Soledad hizo lo que hizo, por qué ella tomó esa decisión.

Una expresión que se repite dando vueltas en esta historia es “quiero acordarme”, ¿qué podés decir al respecto?

Quiero acordarme es una especie de mantra. Y creo que funciona de esa manera en la estructura de la novela (una frase que advierte su intención pero también su fatalidad: quiero acordarme, pero no estoy seguro si podré hacerlo). La memoria funciona como una fisura, como un agujero negro. No sabemos qué hay del otro lado, cómo se reconstruye la memoria (en base a experiencias, fantasías, perversiones, traumas). Agustín quiere acordarse, tiene la intención de hacerlo, pero no sabe si podrá, si el idealismo de la infancia le hará ver las cosas de otro modo. Quiere acordarse, y en esa letanía quiere volver a escuchar la voz de su hermana, quiere recuperarla. Es lo único que busca. Pienso que la memoria también es una distorsión. ¿Qué pasa cuando empezamos a olvidar el rostro de alguien que alguna vez amamos? Una novia. Una hermana. Una madre. Al darnos cuenta de ese olvido nos enfrentamos a una profunda tristeza. Pero ante ese olvido no podemos hacer nada.

Su lugar en un placard, cada pasillo, el camino de las hormigas, las palomas. ¿Qué representan en el universo de Agustín?

Para Luis Gusmán, que además de ser un escritor extraordinario es psicoanalista, el placard funciona como el lugar del misterio, donde Agustín encuentra la bolsa negra con los casetes de la hermana. No me interesa dar explicaciones, porque considero que eso le corresponde a la crítica, pero sólo pienso en ese misterio. Digo: en el misterio de la muerte, que es el enigma de la historia. En los placares se guardan los vestidos, las camisas, es decir la ropa de las personas. Sin el cuerpo. Un lugar donde se expone de una manera radical la ausencia. Y ese espacio, que también le pertenece al voyeur que espía la vida de los otros, es el que elige el protagonista para esconderse, para resguardarse de toda la violencia contenida de la familia. Es un lugar oscuro, a veces húmedo, que puede provocar terror. Porque estar encerrado en ese lugar es también una forma de estar muerto. O de estar en el universo que ahora habita la hermana. Pienso en esas cosas, pero las pienso ahora: en el proceso de escritura esas interpretaciones no estaban manifiestas. Los pasillos son una constante también de Agustín porque fue en un pasillo donde encontró muerta a la hermana. El pasillo tal vez es el paso de la vida a la muerte. Por eso siempre cuando atraviesa un pasillo de noche siente que hay una mano que lo intenta agarrar. Las hormigas, no sé, una fascinación de infancia. Hay quienes vieron en las hormigas una metáfora de la familia porque al principio, en una botella de vidrio, las hormigas se están comiendo a una cucaracha. Y la cucaracha sería Agustín. Pero esa interpretación me resulta demasiado kafkiana. Las palomas, por otro lado, tienen demasiado buen marketing: se las considera un símbolo de paz, pero en realidad son una plaga inmunda que transmite enfermedades. Por eso me parecía bien que un gato las matara e hiciera justicia. Aunque el vuelo de un pájaro, desde una terraza de Barracas, fue la forma que encontré para que el tema Love Will Tear Us Apart se materializara en la escritura. Un tema de una profunda oscuridad, pero también absolutamente hermoso que además se materializa en otro vértice de la historia que es el suicidio de Adrián, que se tira de esa misma terraza de un edificio de Barracas.

 

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Diego Erlan

De un lado, su grupo familiar convertido en un mundo hostil, una rutina gris que lo arrincona y una salida de emergencia a “la terraza”, Adrián y Casimiro Alonso; del otro lado el gordo Aníbal, “los invisibles”, la libertad y todo lo que existe. ¿Una opción, un desafío, o un efecto natural por tanta ausencia de luz?

Los universos con los que Agustín se cruza son parte de su educación sentimental. Opciones, desafíos, efectos naturales. No demonizo a la familia, aunque sea una sociedad erigida en base al amor, el afecto y la intimidad pero en la que el combo también viene con dosis de odio, asfixia, autoritarismo e incomprensión.

Las madres, la de Agustín, la de Casimiro, la de Simón; ellas cumplen un papel fundamental en cada caso, ya sea por acción o por omisión. ¿Hasta qué punto son determinantes, si es que lo son?

No sólo las madres. Las mujeres son determinantes en la novela y también lo son en la vida. Creo que son las únicas que entienden algo de todo lo que pasa. Greta, Soledad, Monserrat, incluso la madre, en su locura, entiende por qué Soledad hizo lo que hizo, por qué ella tomó esa decisión.

“¿Por qué nunca hablamos de lo que pasó con soledad?”. ¿Por qué?

La novela es una exploración por el silencio. Por las cosas que no se dicen. Ese es el núcleo. Hace un tiempo, luego de leer la novela, Juan José Becerra me escribió un mail conmovedor donde decía que una de las cosas que le había interesaba de la novela era el asunto de la experiencia, porque el libro le quita todo lo que tiene de acontecimiento retardado, de evocación megalómana y de patrimonio arrogante. Según él, la novela es una expendedora de experiencias, pero no de esas experiencias pelotudas del que “las pasó” sino como materia prima ilegible para el que la padece; y en eso podía advertirse que la experiencia es considerada como una aventura, es decir un “no saber”. Estoy de acuerdo. Quería escribir desde la imposibilidad de saber. Que la muerte de la hermana nunca se vea fue un buen recurso de poder literario, del tipo ves o nos ves, pasás o no pasás, pero orientado a lo que, Becerra consideraba, sostiene la intriga de la novela, que es una intriga formal: la de una censura del cómo.

“El juego de la vida”; “mezclar y dar de nuevo”; “el amor nos destrozará… de una vez por todas hasta que seamos libre”. Por medio de palabras hacemos presente “algo” en la imaginación. Por eso, ¿en qué medida las fuerzas de las palabras habitan en el adolescente y lo habilitan? ¿En qué medida la música genera figuras que pueden rescatarlo de un mundo de sombras y de miedos? Y, ¿en qué medida el efecto puede ser adverso?

Tanto con las palabras como con la música el sujeto entra en una especie de trance. Y eso es lo que busco: una forma de explorar estados alterados de conciencia. Por otro parte, no creo que haya que rescatar a nada ni a nadie de un mundo de sombras y miedos. No podemos rescatar a nadie porque ni siquiera nosotros podemos rescatarnos. El desafío es de qué manera enfrentar ese miedo y esas sombras. Eso es lo excitante.

¿Tu opinión sobre Joy Division y sobre Ian Curtis?

Es una banda tremenda. La escuchaba desde la adolescencia pero esporádicamente. Mientras escribía esta historia, durante siete años, escuché sus dos discos de una manera obsesiva, tal vez un poco enferma. Quería capturar la desolación y la violencia que atraviesan sus discos. Espero haberlo logrado.

 

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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