El 9 de abril de 1948 muere asesinado Jorge Eliécer Gaitán, uno de los líderes populares más carismáticos de la historia de Colombia. El magnicidio funciona como puntapié inicial del episodio conocido como el Bogotazo, en el que el pueblo, sublevado por la muerte del líder político, estalla en violentas y desorganizadas protestas que llevan al desorden y a la represión en la capital Colombiana. Muchos consideran al Bogotazo como el quiebre que inaugura la hora más oscura de este país.

Miguel Torres decide rescatar este momento con todos sus claroscuros para intentar explicar a las nuevas generaciones el derrumbe de un proyecto político que supo convocar a buena parte de su pueblo.

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¿Siempre fuiste un escritor, un artista ligado a la política?

No. Es decir, yo me defino como un artista…y ligado a la política nunca he estado. Pero los temas de mis obras contienen temas políticos…

Más que nada de muy joven yo fui actor, actor de teatro, digamos dramaturgo también.

Fue mi actividad principal durante mucho tiempo, aunque también simultáneamente empecé a escribir otras cosas.

Como narrador, ¿qué formato preferís?

En la literatura empecé con los cuentos…. Me encantaba escribir cuentos… Pero luego decidí escribir novelas. La primera novela fue rechazada por diez editoriales… pero finalmente ganó un premio internacional de literatura en Colombia. Su título era Imaginación en el umbral.

Estas dos novelas que estás presentando pertenecen a una serie inconclusa que titulaste La trilogía del fracaso. ¿Cuál es el proyecto, idea o modelo que fracasa con la muerte de Gaitán?

Pues, yo creo que el 9 de Abril significó el gran fracaso del siglo XX para Colombia. Con la muerte de Gaitán el país dio una torcedura total. Todos los planes y proyectos que tenía Gaitán para con el país se vieron truncados y a partir de ahí, el país tomó el derrotero tenebroso de los años 50, la dictadura, lo que se denominó el frente nacional -compuesto por los partidarios liberales y conservadores- que efectuaron un pacto de alternancia en el poder de cuatro años cada uno indefinidamente y excluyeron a todos quiénes no pensaran como ellos, a los partidos de izquierda -comunistas, sindicalistas, estudiantes-. Esto creó un dique de contención ideológico, la gente no tenía manera de expresarse. Y se desbordó con la aparición de las primeras guerrillas de los años 60.

Gaitán en el 33 funda el Movimiento Unión Izquierdista Revolucionaria, el que disuelve casi de inmediato para unirse al partido liberal. ¿Cuáles fueron las cercanías y las distancias de Gaitán con el núcleo del partido?

Gaitán se declaraba liberal pero no encontraba respuestas en las ideas liberales tradicionales. Él quería ir más allá. En realidad él era un socialista, y ese movimiento tuvo una vida muy breve, con muchas turbulencias, choques y diferencias respecto de los liberales. Y Gaitán resolvió quedarse sólo. Y se dedicó a formar una carrera política de credibilidad, entre otros puestos ocupó el de alcalde de Bogotá y el de ministro de educación. Luego, en 1946, Gaitán estaba listo para ser candidato presidencial por el partido liberal, pero el partido no lo quería porque era un hombre distinto, de una familia pobre y no aristócrata. Entonces lo rechazan como candidato y se lanza sólo. Esa decisión es la que produjo la gran división. A partir de allí Gaitán comienza una carrera ascendente de mucha popularidad, reuniendo las ideas socialistas de redención, solidaridad, trabajo, apoyo, empleo, salud, educación.

 

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Miguel Torres

Una de las primeras cosas que plantea Gaitán es la necesidad de una reforma agraria. ¿Cómo está estructurado el agro en Colombia? Te lo pregunto porque acá en Argentina también se ha planteado y nunca se ha podido hacer nada.

Eso nunca se pudo hacer. En Colombia es igual. Paralelamente al ascenso de Gaitán se dio una época de mucha violencia en Colombia y en el campo, en ese momento, era imposible instalar este tipo de planteos, especialmente por ser un feudo auspiciado todo por el partido conservador. Había unos ejércitos paramilitares que se llamaban “chulavitas”, compuestos por policías civiles, que desbarataron cualquier proyecto que viniese de un cambio real.

¿Cómo decidiste el enfoque de la primera novela del ciclo, El crimen del siglo?

Gaitán era de quién hablaba todo el mundo en los barrios, las vecindades, los obreros, los zapateros… No dejó herederos políticos.

Siempre tuve presente esta figura. Aparecieron varias biografías, obras de teatro, se lo retrató en las artes plásticas, pero en la literatura poco… Entonces empecé a investigar sobre él. Había muchos estudios académicos, pero el pueblo no sabe qué hacer con eso y, mientras tanto, en el mundo de la política no se toca ese tema.

Lo que más me interesó fue el misterio del asesinato. A partir de este misterio se creó toda la historia. Había mucha leyenda sobre este crimen político.

Hay quienes dicen incluso que Roa Sierra, el presunto autor material del hecho, ni siquiera estaba presente en ese momento y en ese lugar. Hay quien dice que fue una conspiración tejida por el propio estado colombiano en connivencia con Estados Unidos para sacar de en medio a Gaitán.

El asesinato se dio justamente en el marco de la Conferencia Panamericana, que fue el antecedente fundacional de la OEA.

La principal intención de Estados Unidos era aplicar una especie de Plan Marshall en Colombia, inyectar mucho dinero en un país que en ese momento era muy pueblerino para luego tenerlo de rehén… ya sabemos cómo son las “ayudas” de los Estados Unidos.

Gaitán era uno de los principales opositores a este plan. De hecho no fue invitado a participar de estas conferencias dado que el canciller Laureano Gómez, líder del partido conservador, lo odiaba. En respuesta, los liberales se negaron a asistir, pero Gaitán los convenció para prestar resistencia desde dentro. El hecho de que lo hayan matado precisamente en ese momento puede haber sido un llamado de atención a toda Latinoamérica, que en ese momento tenía sus ojos puestos en Colombia y en estas conferencias.

Otra hipótesis que circuló mucho fue que el asesinato estuvo organizado por la KGB, ya que nos encontramos en el auge de la guerra fría, los comunistas trataban de extender su influencia por el continente y trataron de seducir a Gaitán para que tomara el gobierno por la fuerza, a lo que él se negó rotundamente. Porque si bien simpatizaba con el comunismo, no era comunista y no creía en una acción violenta como lo es un golpe de estado. Él estaba convencido de que iba ser presidente en dos años.

La Iglesia Católica también lo detestaba.

Me pareció entonces más interesante centralizar el relato en la historia del presunto asesinato, para poder jugar con todas estas teorías conspirativas.

 

CUB EL CRIMEN DEL SIGLO

¿Y cómo fue tomada esta obra por la sociedad colombiana?

Hablemos mejor de los lectores, que no necesariamente representan a toda la sociedad colombiana. Creo que es un libro que fue interpelado principalmente por estudiantes e intelectuales, por artistas y por la clase media. Fue acogido por este público con gran interés, en especial por las nuevas generaciones, para quiénes este tema había permanecido a oscuras -incluso la figura de Gaitán-. Muchos consideraron esta novela como un aporte para llegar a la verdad, cosa que si bien me enorgullece, me genera también una sensación ambivalente, ya que no estaba en mis intenciones clausurar este tema sino precisamente abrirlo a una nueva discusión. Mi intención era sembrar interrogantes, no certezas.

El Incendio de Abril, la segunda parte de la trilogía, comienza con un concierto de voces que reciben la noticia de la muerte de Gaitán y pintan un fresco de ese momento histórico. Entre esos personajes hay una mujer con tu mismo apellido que pierde a su hijo en la multitud…

Es mi madre. Es una pequeña manipulación de mis recuerdos y de los de mi familia sobre ese momento puntual. El resto de los personajes son todos invenciones literarias, salvo tres que se basan en entrevistas reales. Esta fue mi estrategia para crear un matiz de verosimilitud. La idea de usar diferentes puntos de vista, es construir la certeza de que la “verdad” es absolutamente relativa. En ninguna de las dos novelas, El crimen del siglo ni en ésta, se puede aseverar cómo acontecieron los hechos.

¿Por qué cerrás esta última novela con el relato de esos aristócratas acuartelados en el interior de una casa?

Quería contar un universo ambicioso, que contuviera todas las clases sociales. En la primera parte reflejo la reacción del pueblo, que se enardeció, se emborrachó y se enfureció sin dirección, sin una organización política que los dirigiera. Ese sismo social aterró a la burguesía. A ello ayudaron ciertas emisoras alarmistas que decían que “la chusma” luego de incendiar el centro de la ciudad se dirigían a la zona norte para “quemar y matar a los ricos de Bogotá”.

¿Cómo influye tu formación teatral cuándo encarás una narración de largo aliento?

Es algo inconsciente, tengo un gran cuidado en la construcción de los personajes y de sus voces. Los años de teatro me han dado eso. En teatro los personajes son de carne y hueso, hay algo de eso que se traspasa a mis novelas. Trato de mantener los grises, de desvincular a los personajes de mis propios prejuicios.

 

Sobre El Autor

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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