Álvaro trabaja en una inmobiliaria. Lleva siempre consigo un juego de llaves. Todas las noches vuelve a recorrer los espacios vacíos: recrea, imagina, inventa una escena de su pasado. Las consecuencias invisibles de la violencia puertas adentro. Una interrogante se instala y permanece: ¿todas las heridas pueden cicatrizar?

portada-siempre-sera-despues_grande

Cómo nace Siempre será después

No siempre es fácil contar cómo nacen las novelas. Es un proceso complejo, una vez terminadas uno empieza a rebobinar y termina preguntándose: “-¿cómo llegué a escribir esto?”.

Creo que en toda mi obra hay una búsqueda por trabajar todos los vínculos familiares y, aunque yo no me lo propuse así, esta es una novela que tiene que ver también con la familia. Si uno ve las anteriores, particularmente Apenas diez o Qué hacer con lo no dicho, la familia es el entramado que he convertido en objeto literario. Por otro lado, creo que en mi obra los vínculos familiares están atravesados por problemáticas sociales, en este caso la violencia dentro de una casa. Creo que la novela surge articulando esas dos vertientes, el tema de los vínculos familiares y el tema de las problemáticas sociales que atraviesan esos vínculos. Después hay otra parte, y es que la violencia, en el caso de Siempre será después, está centrada en lo que le pasa al hijo de una pareja violenta y creo que ese es el núcleo de la novela, que surge a partir de un interrogante mío como ciudadana que vive en una sociedad violenta preguntándose cómo procesarán los hijos de una pareja que se destruye así el resto de sus vidas, eso que les ocurrió.

¿Considerás Uruguay una sociedad violenta?

Absolutamente.

¡Nosotros somos una de Tarantino entonces!

Mirá, esta es una discusión que tengo con todos los argentinos (risas) y te confieso primero mi pesimismo: no te voy a convencer, porque no he logrado convencer a un solo argentino de lo que te voy a decir, pero es una discusión permanente.

El asunto es el siguiente: Uruguay es un país de tres millones de personas y, cuando los argentinos miran a Uruguay, se olvidan que lo somos. En Montevideo, que es una ciudad sumamente extendida (desde Colón a Carrasco no se cuántos kilómetros hay) vivimos un millón y medio de personas nada más, es un barrio de Porto Alegre; entonces, todos los números en Uruguay son muy pequeños y, como uno no hace la proporción matemática, parece que las cosas fueran distintas. Uruguay es una sociedad violenta con violencia familiar, en cantidad de suicidios, en consumo de psicofármacos y en accidentes de tránsito. Por ejemplo, comparado con Brasil, Uruguay es una sociedad que tiene un índice muchísimo más alto en accidentes de tránsito, pero si yo te digo que mueren 600 personas por año, comparado con la cantidad de personas que mueren al año en Brasil en accidentes de tránsito esos 600 parecen pocos, pero 600 en tres millones es una proporción mucho más alta que en Brasil. En Uruguay muere asesinada cada tres días una mujer… ¡Hacé esa proporción en un país de tres millones!

Los propios uruguayos tenemos muchas veces una idea de nosotros mismos que se corresponde con un país de hace 50 años. Hay algo de distorsión, por ejemplo eso de que somos tranquilos y lentos. No, somos pocos, por eso no es lo mismo caminar por Avenida Corrientes que por la 18 de Julio, pero es un problema de cantidad.

Yo tengo una imagen muy crítica de la sociedad en la que vivo y, a su vez, creo que el arte, y en concreto la literatura, es un instrumento de mirada crítica a la sociedad.

¿Por qué te parece que cuesta tanto que los autores uruguayos crucen el charco?

 Tengo la impresión de que el uruguayo lector, no la elite intelectual sino el uruguayo que compra libros en la librería, compra más europeos, norteamericanos y japoneses que de cualquier país de América latina incluyendo al Uruguay. Autores importantes como Martín Kohan, Pauls o Aira, no son los que el lector encuentre fácilmente en una mesa en Uruguay. Creo que hay una batalla cultural que hay que dar sobre esto, incluso para conocernos los que estamos escribiendo. Conocer Uruguay no significa solo conocer a Onetti, Marosa o Felisberto… Hay una cantidad de otros escritores que son importantes y que no trascendieron lo suficiente de este lado del charco, como ser Henry Trujillo, Hugo Fontana, Alicia Migdal, Tomás de Mattos, Mario Delgado… Y al revés también. Creo que es una reacción a una sobre exposición del Boom latinoamericano.

Realmente hace falta una batalla cultural por ganar este espacio simbólico.

 ¿Fuiste militante política?

  Milité comprometidamente antes de la dictadura, cuando digo comprometidamente quiero decir como opción importante de vida, porque después uno siempre participa de los movimientos populares. Por supuesto que milité cuando hicimos en el Uruguay, en el 89, el plebiscito contra la ley de caducidad, que perdimos. Pero refiriéndome más a una militancia como opción, lo hice más cercana a mi adolescencia, previo a la dictadura.

Si tuvieras que marcar una diferencia entre las dictaduras de los dos países, ¿cuál sería?

Creo que el método de represión en la Argentina fue fundamentalmente el de la desaparición. En Uruguay fue otro, también existieron las desapariciones, pero ese no fue el método predominante, y esto tiene muchas consecuencias post dictadura. Porque el drama de los desaparecidos es un drama inconcluso, es decir, la sociedad se construye sobre un vacío, algo que no está, treinta mil seres humanos que no están. En el Uruguay, la mayoría de las víctimas de la dictadura están, y eso cambia mucho la política posterior al golpe; no son ausentes, son el vecino de la esquina, la vecina de al lado, y eso ha hecho que las víctimas directas de la represión (porque todas son víctimas las que viven bajo una dictadura) sean curiosamente más invisibles en el Uruguay. Porque esa persona volvió a insertarse en la sociedad, puede ser tu dentista, o el almacenero de la esquina. Esta invisibilidad ha generado más dificultades para poder visualizar a las víctimas de la dictadura como tales.

 ¿Qué diferencias políticas encontrás hoy?

 Veo fundamentalmente dos. Una es que en Argentina se habla mucho de Mujica, porque en Argentina hablan mucho de los individuos. Mujica llegó al gobierno porque está en el Frente Amplio, el que llegó al gobierno fue el Frente Amplio, partido que nace en el 71, que dura apenas dos años antes de la dictadura, y que luego de esta siguió existiendo. Lo que quiero marcar es que en Uruguay, claramente, es un partido político el que gobierna, no hay una personalidad, más allá del indiscutible carisma de Mujica, y antes el carisma de Tabaré, pero el Frente Amplio va más allá de sus individuos, por lo menos así ha sido de momento. Esta identidad de partido político fue muy reforzada durante la época de la dictadura. Esa es una diferencia central que noto respecto de Argentina, aquí veo siempre una tendencia a exaltar la figura del individuo. La segunda diferencia es que sin duda el gobierno de los Kirchner, y particularmente creo que el de Cristina, ha tenido una política de confrontación con el gran capital mucho mayor que la del Frente Amplio. Así también ocurre con la liberación del tema de los Derechos Humanos. En el Uruguay, que es una sociedad que tiende siempre hacia lo más moderado, a lo amortiguado, hay una dificultad para trabajar con un adversario, en el Uruguay se intenta que no haya adversarios, y cuando esto es así nos estamos engañando, porque siempre hay adversarios. Tengo la impresión de que esto incluso le cuesta a la oposición en Uruguay.

 

marisa

Marisa Silva Schultze

Marisa Silva Schultze nació en Uruguay en 1956. Es profesora de historia y escritora. Realizó el Posgrado de Investigación en Historia Contemporánea del Claeh. Es autora de los libros de poesía Taller de juguetes (1987), Las casas son una ilusión necesaria (1994) y Leyes de gravedad (inédito). Sus poemas han obtenido importantes distinciones y han sido incluidos en publicaciones especializadas. Es autora de Qué hacer con lo no dicho (Alfaguara, 2000), La limpieza es una mentira provisoria (Alfaguara 1997, 2005), Apenas diez (Alfaguara 2006, PDL 2010) y Aquellos comunistas (Taurus, 2009). Por la novela La limpieza es una mentira provisoria, obtuvo el primer premio del Concurso de Narrativa Inédita de la Intendencia Municipal de Montevideo y una mención en el Concurso de Narrativa Édita del Ministerio de Educación y Cultura. Es colaboradora del semanario Brecha.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Damian Blas Vives

Actualmente coordina el Centro de Narrativa Policial H.Bustos Domecq de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fue hasta 2016 coordinador del Programa de Literatura de esa institución y editor de la revista literaria Abanico desde 2004. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas