Nombre de perro es la tercera novela de la saga que tiene como protagonista al inspector “Zurdo” Mendieta. Se trata de policiales crudos, escritos con una prosa torrencial maquillada de ironías y traspasada por algunos momentos despiadados. En contraposición, su autor, es una de las personas más afables del mundo literario. Agradable en la conversación y en el trato, Elmer Mendoza nos contó cómo le dio forma a su universo literario y nos dio algunos consejos para los escritores que recién comienzan.

Muchos lectores argentinos piensan que tu carrera comenzó con esta trilogía del Zurdo Mendieta, pero su primer libro es del ´78 ¿Cómo decidió dedicarse a la literatura?

Bueno, yo soy muy dormilón, o más bien, soy disciplinado a la hora de dormir. Me duermo temprano y me despierto temprano y un día, cuando tenía 27 o 28 años compré un cuaderno y estuve toda la noche escribiendo. Cuando amaneció me pregunté qué había ocurrido que no había ido a la cama y, qué me había emocionado tanto como para pasar la noche sin dormir escribiendo cosas en un cuaderno de 100 páginas. Esa mañana vi la luz por la ventana y dije: “bueno, pues soy escritor”. Luego me pregunté qué necesitaba para ser un escritor bueno y entonces yo mismo me respondí que había que estudiar literatura en la universidad y así empezó todo este asunto. Claro, yo antes era lector y escribía cositas, pero como lo hace todo el mundo.

En tu charla en Azabache mencionaste que pasaste una niñez rural. Luego te dedicaste a la ingeniería electrónica (con la fantasía de trabajar en la NASA) y recién después se dedicó a las letras. ¿Cómo influyó ese tránsito en tu perfil de escritor?

Bueno la niñez rural es absolutamente distinta a la urbana, la convivencia con la naturaleza es mágica porque está llena de seres, de verdad –claro, son sombras y son aires y son movimientos de los árboles, todo lo que tu quieras- pero todas las personas que viven ahí y sobretodo los niños, crean seres a partir de eso. Y yo no solamente creaba seres sino que les ponía nombres a esos seres, a esas sombras que veía –cuando me acuerdo me parece fantástica esa etapa de mi vida-

Cuando ya me nacen deseos de dedicarme a la ciencia, de trabajar en la NASA, es como ser grande, ser una persona importante, hacer algo que no es fácil y que si puedes, debes hacerlo. La mayoría de los mexicanos son derrotistas, yo en cambio tengo este problema, que es que soy siempre muy optimista y pienso que lo puedo hacer –no todo- pero aquello para lo que nací, se que lo puedo hacer muy bien. Yo creía que podía ser un muy buen físico y que podía ayudar con la conquista del espacio. Creo que esa imaginación y ese optimismo son partes sustanciales de mi quehacer como escritor.

Creo que fue Sietecase quien planteó en Azabache la dificultad, o la inviabilidad de escribir un buen policial teniendo en cuenta la imposibilidad de pensar, imaginar y, por lo tanto escribir, un policía bueno. Sin embargo “el zurdo” Mendieta, a pesar de algunas relaciones peligrosas que tiene y que cultiva y ciertos vicios que conserva de su formación, logra conquistar el corazón del lector ¿Cómo manejás esa empatía con el lector?

Bueno, yo creo que toda buena novela debe tener un elemento entrañable como base fundamental para conseguir una unión distinta, no intelectual sino emocional, entre el lector y la novela –no con el autor-. Creo que para eso hay que encontrar distintos instrumentos de unión. En “el Zurdo” hay cierta cotidianeidad que puede resultarle cercana al lector; su infancia traumática ha provocado mucho afecto, sobretodo en las mujeres. En todas partes me encuentro con mujeres que me dicen que están enamoradas del personaje, que les gustaría cuidarlo… Ahí me doy cuenta que el factor entrañable está funcionando.

La crítica te nombra como padre de la narcoliteratura mexicana. ¿En qué consiste esta estética?

Creo que, en primer lugar, es el trabajo con un territorio que no había sido trabajado en profundidad. Estaban los colombianos pero, hasta hace poco, ellos desarrollaron más bien la figura del sicario. Al menos la literatura que yo conozco tenía más que ver con la historia del sicario que con la narrativa del trasiego, lo que tiene que ver con el transporte hasta los centros de consumo. Mi literatura tiene que ver con esa parte, pero sobre todo, tiene que ver con determinar las personalidades de este grupo de delincuentes que, si bien lo encuentro parecido a muchos otros grupos, está de moda, es un grupo de mucho poder y que no teme exhibirse, es un grupo que disfruta ser evidente y, con esto, crea un nuevo perfil. Un nuevo perfil que puede rayar en la locura o en el control absoluto del espacio donde se mueven. Con esto quiero decir que controlan al gobierno, a las instituciones encargadas de administrar justicia. Imponen su forma de ser a la sociedad que los rodea; una sociedad que, en gran parte, pasa a depender de ellos, pues se trata de un grupo que invierte en mejorar la calidad de vida de las sociedades y de los grupos sociales que los contienen… yo creo que he señalado alguno de esos puntos en mis novelas y creo que a partir de eso un día me pusieron esa calificación.

¿Tiene que ver con una estética de moda o con una reflexión social, la narcoliteratura y la narcofilmografía?

No creo que tenga que ver con ninguna reflexión social, es una moda; pero una moda que el gobierno ayudó a construir. Yo siempre he querido ser un escritor distinto, con una propuesta estética pero que tenga que ver con el discurso, más allá de los temas, y el asunto del lenguaje, del ritmo narrativo, de tonos, es decir de mezclas, de la utilización de instrumentos que ya son tradicionales como la música y la poesía… todo lo que puede caber para crear un discurso muy dinámico. El trabajo con los aspectos de la puntuación y todo eso. La economía en la descripción…. –mis novelas no son demasiado disgresivas, nunca serán gruesas- Sin embargo mis lectores identifican a la realidad y yo no puedo ir en contra de ellos, porque al fin de cuentas ellos pueden hacer la lectura que les de la gana, si mis lectores identifican mis novelas con la realidad, pues está bien, es algo que se ha hecho parte de mis novelas, pero aún no me lo tomo como algo que yo deba hacer, el hecho de denunciar o señalar. En algunos sitios mis novelas son clasificadas como novelas sociales, he incluso algunos de mis críticos dicen que hay un señalamiento muy profundo de la corrupción en un país y ese sería un elemento o una forma de novela social. Según estos mismos críticos, ése es el valor de mis novelas, eso es lo que va a quedar de las mismas, así que bueno, será cuestión de esperar a ver si tienen razón…

¿Cuáles fueron los autores que te ayudaron a forjar tu estilo?

Dumas, fue básico. El conde de Montecristo y toda la saga de Los tres mosqueteros, que son la perfección de la novela de aventuras. La novela policíaca de principios del siglo XX, la inglesa con Arthur Conan Doyle y la norteamericana con Dashiell Hammett, Raymond Chandler, James Cain. Esas fueron lecturas de juventud, de cuando todavía no estaba en mis planes ser escritor. Cuando decido dedicarme a las letras, entonces tengo que elegir mis precursores y mis influencias, entonces, como cuentista yo creo que Cortázar es mi jefe y después de él, Borges. Como novelista en cambio, creo que voy a Rulfo y sobretodo Fernando del Paso con su novela Noticias del Imperio, esa fue la que me descubrió el camino a seguir.

En el aprendizaje de un novelista están las cosas grandotas, que yo me las aprendí con estos dos autores, todo lo que tiene que ver con trascender el género. Lo otro, los detalles creo que me los aprendí de Saramago, lo de no ser digresivo y el manejo de integrar los diálogos. Y algo que ya estaba en del Paso, con Rudolf Fonseca aprendí el tratamiento de la ironía, la finura en la investigación, la figura del investigador culto…

Luego están, desde luego, los maestros del boom: García Márquez, Vargas Llosa… Todos ellos fueron fundamentales en lo que fue aprender una forma que tiene que ver con el tratamiento de la historia que eliges para contar o, como decía Cortazar, que te eligió a ti para contarla.

En tu quehacer académico sos formador de narradores. ¿Qué consejo le darías a un narrador que está comenzando?

Algunos consejos. El primero es que tiene que leer y partir de la idea de que no puede escribir un a buena novela personal, es decir, donde él ya practique lo que sería su voz, sin haber leído 500 novelas de todo tipo. También hay que seguir unos principios fundamentales, por ejemplo: Siempre hay que tener la idea de que uno puede escribir la línea que no se ha escrito. Esto va con los poetas pero yo creo que los narradores tenemos que entrar en este juego también.

Están también las que llamo las reglas de Louis Armstrong, el trompetista. Él decía que los chicos deben tener su instrumento. Es decir en qué escriben y con qué escriben; pues si forman parte de un taller no pueden llegar y decir “no traje nada porque se me dañó la impresora…” Eso es inadmisible, ¡tienen que tener pasión! Un escritor tiene que ser pasional hasta lo enfermizo. Creo que eso es lo que lo puede conducir al éxito.

Recapitulando, el primer paso es tener su instrumento (lápiz y cuaderno, laptop o lo que sea que usa); el segundo es aprender todas las técnicas (para eso son los 500 libros que debe leer, cosa que, con empeño le llevaría 4 años, 4 años y medio -Un médico, para ser especialista en algo debe estudiar a razón de ocho años de su vida, pués un escritor debe hacer lo mismo, pasar esos ocho años de aprendizaje, de práctica, echando material perder y todo lo que ello conlleva-. Una vez que tienes tu intrumento y conoces las técnicas, tienes que escribir con todo lo que tienes, Armstrong decía, hay que tocar con el alma, y en nuestro caso es parecido, hay que escribir con todo lo que eres.

¿Cómo ves a las nuevas generaciones de escritores latinoamericanos?

Pues yo tengo mucha fe. Creo que tienen que ser continuadores, hay todo ese proceso inicial que ha habido siempre que es como que uno está imitando a alguien, pero hay un momento en que tienen que encontrar su propia voz, yo creo que siempre los autores importantes son los que encuentran su propia voz y nos hacen seguirla. Es cuando uno celebra los cumpleaños de los libros y así. Si te fijas pasa con muy pocos, pero todos los autores tenemos que aspirar a lograr eso.

A veces, la sensación que me queda de las novelas que me llegan de los jóvenes, es que están imitando a alguien, pero bastante mal. Yo quiero que se instalen en una grandeza emocional, que se instalen en genios incluso y que se den contra la pared, veremos luego quien la cruza de golpe.

Sobre El Autor

Actualmente es el Director de Gestión Cultural de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Entre 2016 y 2020 coordinó el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq de dicha institución y antes fue Coordinador del Programa de Literatura y editor de la revista literaria Abanico. En 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirigió durante una década el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional, que ahora continúa de manera privada. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal. Ideó e impulsó el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel, coordinándolo en sus dos primeros años, 2014 y 2015. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique. En 2015 funda el sello Evaristo Editorial y es uno de sus editores.

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