¿Cómo funciona la mente de un escritor?
La parte inventada busca respuesta a esa pregunta adentrándose en la vida de un escritor que trata de escribir su propia historia, o de reescribirla a su manera. La historia de alguien que conoció cierto éxito hace unos años, en el siglo y milenio pasado, pero que ahora siente que ya no hay lugar para él, ni en el mundillo literario ni en el gran mundo. Y que entre las partículas aceleradas de letras de Francis Scott Fitgerald, música de Pink Floyd, un antiguo juguete a cuerda y el paisaje de las playas de la infancia, cree que ha llegado el momento de contar su versión de las cosas…

El tema convocante, desde La parte inventada, es la literatura; este arte que utiliza la palabra como instrumento. Quisiera poner el foco en los elementos estéticos, en la expresión artística y, desde luego, en el compendio de ideas y sentimientos que se mueven dentro del libro, en ese marco de amplísimo contenido. ¿Por dónde empezar?

Yo creo que habría que empezar por la primera página. Seamos conservadores y fundamentalistas, en ese sentido. El libro tiene un trabajo… si bien es un bombardeo de ideas y contenidos, una estructura bastante fractal y, a veces, conduce a un cierto efecto buscado de aceleración centrífuga, también tiene un orden muy claro, muy ordenado, que en los primeros tramos parecería que está muy escondido o que hay que descifrar, lo que enseguida se revela al lector. A mí me gusta mucho trabajar con la parte estructural de los libros, de hecho es la parte que más me divierte, planear cómo se va a ordenar un libro. El libro tiene siete secciones en este caso, y no es que yo empiece o termine una sección, sino que, voy escribiendo las siete al mismo tiempo, y voy saltando de unas a otras. Siempre hay alguna duda;  en este libro hay una duda muy puntual: varios lectores me hicieron comentarios sobre la posibilidad de alterar el orden de las secciones. Pero me parece que tomé la decisión correcta.

Habría una tendencia a instruir y, en cierto sentido, a moralizar alrededor del acto de escribir. Por momentos el libro se hace trinchera y, desde ella, se disparan críticas -algunas abiertas de par en par-. ¿Reconoce en su obra una aspiración didáctica?

Más que didáctica yo digo que es evangélica;  es la idea de comunicar la buena nueva, la de predicar en tierras baldías o en desiertos, o en bosques impenetrables, los placeres de la lectura. Los placeres primarios de la lectura y, en todo caso, los placeres secundarios de la escritura, que son una consecuencia de leer. La parte crítica que puede tener el libro está puesta  en boca de un alter ego mío,  que no soy yo sino que soy una especie  de Rodrigo Fresán con el volumen subido al máximo. Pero no  son críticas de estructura, son críticas que se acercan  a la desesperación  y al desconcierto por vivir en un mundo donde cada vez se lee y se escribe más, pero no necesariamente mejor.

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Por un lado, la literatura entendida como “principio y fin de todas las cosas”. Por otro lado, vista como fortaleza en parte sitiada para apoderarse de ella.  ¿Dónde podemos ubicar la silueta del peligro?, ¿entre los que escriben, entre los que leen, o entre los que no?

Los peligros acechan desde todas partes.  Estamos rodeados. El peligro está entre los que leen mal, los que escriben mal y  entre los que piensan que son escritores por lanzar twitters envenenados en medio de la noche oscurísima como si fuesen flechas.

Quiero decir que, cada uno haga lo que quiera… no estoy censurando  a nadie pero,  me parece que la escritura que se hace, en la red,  se ha visto envuelta últimamente en un aire de violencia, un aire revanchista y de ajuste de cuentas, incluso, difamante y ofensivo, que antes  no tenía. Como que es mucho más fácil cuestionar, insultar,  denostar o destruir a alguien simplemente porque se tiene un tiempo libre  y, lo que es más grave, muchas veces refugiándose en un anónimo o  en un seudónimo. Lo que se hace en Internet a la vista de todos es lo que se hacía antes en los livings… o en voz baja en las presentaciones de los libros; me parece que ése era el lugar que correspondía.

Ahora también esto produce un efecto un poco gracioso; me parece bien que la gente converse en twitter….sin darse cuenta de que se la puede “escuchar”; entonces después te encontrás con tipos que estuvieron hablando  de vos de maneras horribles y te dicen  “Qué tal!!!, cómo estás!!!, qué bueno tu último libro!!! “….  Y uno dice…perdón, vamos a sincerarnos, seamos sinceros… Porque, quiero decir, la exposición absoluta, para no ser sincero después, me parece un poco ridícula. Es un poco eso.  Y me parece muy revelador. Yo no soy un lector de blogs ni estoy surfeando (siempre surfeé en mi cabeza, no necesité el vértigo de saltar de un lado a otro con una pantalla), pero a mí me sorprende mucho y lo pongo como síntoma revelador, porque de tanto en tanto leo blogs literarios y me sorprende que una entrada elogiosa de algo despierta dos o tres comentarios, y en cambio si en la entrada se destruye algo, aparecen cientos de comentarios de gente  que parece que estuviese ahí, agazapado, oliendo la sangre y esperando ver “qué cacho de carne”, por decirlo brutalmente, puede sacar de todo eso -muy a menudo  desde el anonimato, desde la sombra-. Me parece un comportamiento bastante miserable.

¿Cómo otro lugar de la crítica…?

Pero la crítica literaria seria es con un editor de por medio, que chequea que no haya nada personal, que no haya cuestiones extrañas que se estén dirimiendo. Y ahora es el far west. Te comprás un revolver y salís a la calle con un pañuelo alrededor de la cara, eso es lo más grave. Todos son el llanero solitario.  El llaneros solitario era bueno! Ahora… es un llanero solitario malo.

¿La finalidad de la lectura se agotaría, o no, en un comprender desde un “ver a través?

Yo no pienso en la lectura como una finalidad que se pueda agotar. A mí me parece que la gente que no lee se pierde algo muy importante. Y además nunca entendí por qué se lo pierde.  Yo doy siempre el mismo ejemplo;  tengo 50 años  y difícilmente ya, aunque todo es posible, me vaya a enrolar en un buque ballenero con un capitán loco, al que le falta una pierna,  saliendo a buscar una ballena blanca,…pero al mismo tiempo puedo hacerlo. Entonces por qué privarse de eso. Hay mucha gente que está renegando de la lectura y hay otra gente, – es un fenómeno más reciente- que  pone un énfasis muy especial  en afirmar que,  el “gran género” ahora es la no ficción y  que hay que leer cosas verdaderas, cosas que suceden. Como si hubiera una mayor autenticidad en narrar la realidad. La misma literatura argentina que siempre fue  muy suelta, muy fantástica y muy “sin límites”, como  decía Borges: “Nuestro tema es el universo por nuestra fatalidad de ser argentinos”…. Tal vez me equivoco porque yo estoy afuera, pero me parece que desde la crisis desde el 2000, 2001, aquí hay como una especie de  reivindicación de lo actual, de lo presente, incluso de lo barrial,  de contar pequeñas historias realistas y de muy pocos autores que…

 

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¿Como una estética realista pero de este siglo?

Claro, y no me parece mal. Lo que me parece mal es que tenga que ser una cosa o la otra. De un tiempo a esta parte, nuestra habitual novela, con desaparecidos y militares, con las consecuencias del proceso, etc., etc. a esta altura me parecen muchas veces meramente testimonial y temático, a mí ya no me alcanza.

También hay una especie de épica de la post crisis y una nueva camada argentina de muchos escritores jóvenes que  dicen que  el noventa fue la década satánica porque fue de Menem, entonces todo lo que se produjo en los 90  es un decir de un “gran Satán”, como Osama Bin Laden habla de Estados Unidos. Es un poco tonta esa compartimentación, sobre todo dentro de una literatura y de una manera de escribir  de la Argentina, que siempre fue por la suya. Basta con ver las grandes novelas argentinas. Ni siquiera están comprometidas con el “formato” novela. Son todas muy raras: Rayuela,  Sobre Héroes y Tumbas, Adán Buenos Aires, Respiración Artificial, El Pasado; no son novelas en un sentido estricto. El Facundo, de Sarmiento, ¿qué es el Facundo de Sarmiento? Es como el Bing Bang, el punto inicial de todo.

Entonces,  a mi me preocupan un poco estas ganas de poner límites o fronteras a algo que realmente  está mucho mejor sin límites ni fronteras.

Hay una “parte inventada” y hay una línea más o menos débil entre lo ficcional y lo llamado “cierto”; el pasaje de lo real a lo irreal. ¿Cómo deberíamos entender esto?

R. F: Por lo que creo entender de la pregunta, el producto de lo que se narra sería como una tercera instancia,  ni una irrealidad ni la imaginación, sino algo entre medio.  En ese punto sí, yo creo que todo lo que se escribe es autobiográfico  en tanto sale de adentro tuyo, por lo tanto es real. Y la gracia está ahí en deslizar o irradiar algunas partículas  de extrañeza sobre eso.

En lo que hace a La Parte Inventada, ya con el título hay una declaración de intenciones, lo cual no quiere decir que no haya intenciones que busquen engañar y confundir un poquito…

Hay un personaje que es un alter ego mío, que no soy yo,  que es una especie de Fresán a la máxima potencia de sus defectos y de sus afectos. Que  se diferencia muy puntualmente de su vida,  con hechos muy concretos, por ejemplo,  no tiene un hijo ni está casado, y está abrazado a esta especie de fantasía adolescente de “no voy a tener hijos, voy a tener libros”, “no voy a tener mujer, voy a tener musas” etc…; que llega a los cincuenta años bastante percudido, entonces siente que todo se le está viniendo un poco abajo.  Una especie de  cruck up fitzgeraldiano (una presencia clave del libro).

Vivimos en una constante falsificación de la realidad,  desde los manuales de historia hasta lo que nos contaron nuestros padres sobre sus propias infancias. De hecho, nosotros mismos, la construcción que hacemos  de nuestra infancia es a posteriori, la infancia la vivimos y luego la construimos. Entonces estamos todos como “blowing in the wind” como decía  Bob Dylan. Hay muchas  preguntas y las respuestas están soplando en el viento.

Pero creo que está bien que así sea,  porque si tuviésemos una capacidad absoluta de verlo todo, de recordarlo todo, o comprenderlo todo y consensuar nuestra idea de la realidad con la de todos, el mundo sería un lugar que, podría funcionar mucho mejor pero seguramente, sería un lugar muy aburrido.

Hay una frase de Nabokov (Nabokov está muy presente en el libro) que dice que “la realidad está sobrevalorada, que la realidad no es más que información y especialización”. Nabokov dice que no todo es una “realidad común neutral y neutra” como en Suiza, donde esto para mí es un grabador y para vos también es un grabador. Pero que si hay un técnico de reparación de grabadores, este grabador es otra cosa; será para él algo que nunca va a ser para nosotros.

Y todo es así… Estamos en una especie de entramado  mucho más sofisticado que Internet.

 

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En “La parte inventada”, estructura, textos, contenidos y estilo; todo está perfectamente definido. ¿Podemos decir que el personaje conlleva la mixtura del entretejido que resulta de la imaginación pero también de una transferencia del autor?

Sí, es una especie de mutación. El escritor no soy yo, yo soy Madame Bovary en todo caso. Es una posibilidad de mi persona, nada más,  y es una posibilidad donde se enfatizan los aspectos  literarios. Es la parte escritor y lector. Porque es alguien que ha decidido convertirse en  un escritor puro… en el sentido más peligroso del término… y vivir y existir sólo para la escritura, lo cual  para mí era una posibilidad que me atraía en la adolescencia probablemente, pero ….uno crece, uno mejora,  y él ha quedado como Peter Pan, un poco prisionero de esa fantasía. En un mundo donde además la escritura, no es que importe cada vez menos, pero no tiene el peso social que tenía en el siglo XIX.

Por eso la novela es un poco gruñona, furibunda,  y desconcertada en ese sentido.  Y es una furia y un desconcierto y una “gruñones”  que, a mí también, al entrar en un plano de influencias y de escritor, también me remite mucho a la literatura judío-americana con estos personajes que son como demonios de Tasmania que van girando y arrasando con todo a su paso con una sonrisa. Me gustaba mucho esa idea.

La galería de personajes es digna de ser destacada, pero mi voto es por “Mamabuela”.¿De dónde salió?

No salió de ninguna parte. Bueno… sí existe,  hay un referente real de Mamabuela a la hora de describirla. La parte física que es Chavela Vargas. Es una especie de Clint Eastwood medio enanil, femenino, con un poncho y pelo cortado así al rape  e implacable.  Es una mezcla de Chavela Vargas con Bette Davis con Clint Eastwood. Pero… no conozco a nadie que se parezca si quiera mínimamente a ella…. por suerte…

En las novelas se cierran varias puertas antes de abrir la de salida. ¿En este caso, podría haber terminado con algún otro final?

Yo quería un final feliz, que es un  final donde el escritor vuelve a escribir,  después de mucho tiempo de no hacerlo y preguntarse por qué y para qué. Entonces termina el libro dándose una nueva oportunidad, como un avión aterrizando y saliendo de ahí. Así termina: “Mañana empiezo”, son las últimas dos frases del libro, y  lo que va a escribir obviamente es un libro llamado La Parte Inventada. Yo me siento muy satisfecho de haberlo terminado.

¿La parte inventada, puede verse como un punto culminante? ;como haber alcanzado el punto más alto, el más elevado; el punto cumbre entre objetivos y  desafíos planteados.

¿En relación a mí mismo o al “universo cósmico? Te doy las dos respuestas: en relación al universo cósmico no tengo una relación tan puntual, tan acabada como para pensar que he alcanzado algún tipo de cima. Pero sí conmigo mismo y dentro de mi obra, me parece  que  es un libro que uno no diría que es una obra maestra pero, sí diría que es un gesto importante. No es haber llegado a la cima pero, es como haber alcanzado una buena escala, como cuando escalás altas montañas,  por eso estoy muy contento y trato de no mirar hacia abajo, y mucho menos hacia arriba.

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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