En un futuro no muy lejano, en una región tóxica llamada Iris, se encuentra el Perímetro, territorio de las fuerzas colonizadoras. En el Perímetro viven Xavier, un soldado que debe lidiar con una traumática herida de combate, y el capitán Reynolds y su unidad, que, cansados ante las victorias de los irisinos liderados por Orlewen, deciden emprender su guerra particular. El Perímetro es también el hogar de Yaz, una enfermera que se encuentra allí en busca del jün, planta sagrada que ofrece visiones psicotrópicas y trascendencia.

Pero el combate no sólo se libra en la capital. La lucha se traslada a Malhado, un valle florido donde -cuentan las leyendas irisinas- vive el temible Malacosa, y a Megara, centro de la explotación minera y de los mitos en torno a Xlött, el dios demoníaco en nombre del cual se inicia la batalla final por la independencia de Iris.

es2

Edmundo Paz Soldán

¿Cuál es la idea matriz detrás de la novela?

Es una novela de guerra, ambientada en un mundo muy hostil. Me interesaba explorar, cómo reacciona el ser humano en un estado extremo, en una situación extrema que puede ser una situación de guerra. A qué excesos se puede llegar… Me interesaba explorar los estados de conciencia alterados producidos por un espacio muy hostil, los límites.

Planteás un escenario donde se reposa una cosmovisión antropológica, aspectos religiosos, políticos, sociales, militares… ¿Cómo encaraste el proceso creativo a la hora de dar verosimilitud a este mundo?

Quería crear una cosmovisión coherente. Inventé un lugar que se llamaba “Iris”, y me empecé a preguntar como era la gente que vivía en ese lugar y a partir de ahí al principio utilicé unas tradiciones de las minas en Bolivia, tradiciones que exploré a través de estudios antropológicos y también de relatos y crónicas que vienen desde la época colonial. Este es un lugar hostil, el dios de este lugar no es precisamente un dios benévolo. Tomando ese punto de partida para la creación de este dios y esta religión, nace un mito, que también es un mito de Bolivia. Es la leyenda de “el tío”, que es un ser demoníaco que se encontraba en la entrada de las minas en Bolivia, al que había que entregarle una ofrenda para entrar a la oscuridad. Ese es el territorio del “tío”, es el dueño.

Ese mito del “tío” me sirvió de punto de partida para crear este dios, el dios del Panteón Irrisión, y a partir de ahí, comencé a adentrarme en otras culturas, otras religiones… para ver qué podía incorporar a la visión irisina de manera que fuera coherente digamos.

Pero sí, la base está en estas tradiciones de las minas bolivianas.

También trabajás muchísimo el lenguaje, hay una puesta tanto estética como conceptual a la hora de crear un protolenguaje para los personajes…

Para ambientar una novela del futuro, hay muchos cambios tecnológicos, muchos cambios culturales, me parecía un error no mostrar estos cambios sin mostrar como el lenguaje también podía cambiar…

Entonces necesitaba crear un lenguaje que mostrara una diferencia, sometido a una tensión, y eso fue tal vez lo más difícil en la novela porque experimenté con varios registros, hasta encontrar uno por donde la novela funcione. Tiene que ser legible, pero a la vez hacer ver que este es un lenguaje diferente. Tiene que haber un extrañamiento dentro de lo familiar.

Entonces intentaba a veces registros demasiado extraños y otros demasiados convencionales, era una búsqueda de encontrar un punto de apoyo para el lector pero a la vez una muestra de diferencia.

¿Te ayudó tu conocimiento del inglés, tu trabajo de traductor?

Sí, sin duda, como vivo en EEUU allí es muy común hablar en “spanglish”, entonces ni te das cuenta y en una conversación puedes decir algo en inglés, algo en español….Pero a la vez no quería que mis personajes sólo hablaran “spanglish”, era un punto de partida, pero había que intervenir un poco más ese lenguaje, transformarlo en una cosa más políglota, con robos de palabras de otros lenguajes. Con ciertas contracciones, ensambles. Yo sentía como que era una parte fundamental ese juego, creo que los poetas tienen más conciencia que los novelistas en cuanto a la idea misma de esta parte lúdica del lenguaje. A veces los novelistas privilegiamos el aspecto comunicacional del lenguaje, pero a veces también surge ese deseo de jugar con las palabras. Para mí fue una parte del juego, pero también sabiendo al mismo tiempo que estaba escribiendo una novela en español, al público a quien iba dirigido.

 

portada-iris_grande

 

En Iris existe la figura del imperio, el colonizador, el colonizado, pero se evita el panfleto. ¿Cuál es tu visión política acerca de esta problemática?

Alguien me lo hizo notar, yo no me había dado cuenta hasta el final que la novela está contada la mayor parte desde el punto de vista del colonizador…quizá no sea una novela políticamente correcta, pero lo más importante para mí es que no fuera maniquea. Sería muy fácil caer en eso…Quería meterme en estos soldados del imperio, que se venden por sus actos. Esos actos, muchos de psicópatas, son actos totalmente aborrecibles… Pero el juicio moral, yo creo que eso es para el lector. Yo parto de una base común, creo para todos, que estos soldados lo que están haciendo es aborrecible, despreciable. Si asumo eso como punto de partida me queda mucho más espacio para meterme en la piel de esos soldados, y ver cómo es que se llega a hacer determinadas cosas, cómo ha sido el viaje. Son soldados adolescentes que hacen eso sin saber bien en dónde se están metiendo y cómo han terminado. Entonces se trata de meterse en la conciencia de estos personajes y, quizás al final, puede ser que no aceptes lo que estás haciendo, pero la idea es que lo veas desde su punto de vista y al menos entiendas cómo ha llegado a eso. Yo creo que eso ayuda a evitar el panfleto, evitar las generalizaciones y que todo funcione en la construcción a nivel de la conciencia de cada uno.

Hace veinte años ya que estás en EEUU, me imagino que pasar el 11 de septiembre -el miedo, la paranoia- ha influido en tu escritura, también en tus otras novelas…

Si, bueno, de hecho la novela comenzó de manera realista, relacionado con la violencia imperial, la violencia de la guerra era un proyecto….A partir de los hechos del once de septiembre aparece esta idea de los soldados psicópatas… Incluso alguna vez pensé en hacer una novela en clave realista, después me di cuenta de que por ahí no iba la cosa, pero sí quedaron de base algunos elementos… el perímetro por ejemplo. La novela está basada en el espacio, en la base que los EEUU tenía, o tiene aún, no sé, en Bagdad, después de la guerra de Irak, entonces sí, hay muchas correlaciones con estas aventuras, o desventuras imperiales de EEUU.

¿Y considerás que todo esto es terreno fértil para la “iristopía”?

(Risas) Demasiado fértil….tanto es así que los dos proyectos que estoy escribiendo ahora están relacionados con Iris.

¿Tu acercamiento a la ciencia ficción como lector?

De adolescente era lector de clásicos, Bradbury, Orwell…más adelante comencé con Philip K. Dick. Es un género que me ha fascinado porque no es tan escapista como se puede pensar con tanta película de superhéroes. Yo en el colegio era muy político en mi forma de ver las cosas. No me interesa tanto la parte más visionaria del género, como qué va a ocurrir dentro de 50 años, sino la forma en que la ciencia ficción te permite hablar de manera tangencial, alegórica, sobre las ansiedades, los miedos, los desafíos del presente. A mi me sirve para pensar el presente pero de manera desplazada, como que estás viendo el futuro pero bien firme en el presente.

Con el paso de los años ha cambiado la mirada sobre los géneros menores, la ciencia ficción y demás… ¿Considerás que la cultura pop, audiovisual, ha colaborado a cambiar esta mirada sobre el género?

Si bueno, en Latinoamérica hemos tenido una tradición en los ´20 y los ´30, tú ves como alguien como Borges trabajaba lo policial, lo fantástico… pero no tenemos tradiciones tan categóricas, también Piglia con la novela histórica y con la novela policial. Pero la cultura popular ha hecho mucho para que este género que ya estaba en nuestra base fuese mucho más aceptado, incluso más respetado por la crítica. Hay una tendencia por lo popular o comercial como algo negativo y puede que lo comercial no sea lo mejor de nuestra cultura pero tampoco hay que generalizar o subestimar, esos exponentes pueden servir para pensar ciertos problemas y tratar de trascender también esos modelos…el género como un punto de partida para tratar de generar otras cosas.

¿Cómo ha cambiado tu mirada sobre Latinoamérica luego de tantos años en el extranjero?

Estoy en contacto continuo, ahora por ejemplo estoy viviendo en Brasil… Quizá lo que te da vivir en otro continente es una mirada, paradójicamente, más latinoamericanista. Yo viví mi infancia y mi adolescencia en Bolivia y no conocí muchos latinoamericanos hasta que me fui. Primero viví unos años en Argentina, pero fue en Estados unidos en donde conocí mexicanos, venezolanos, cubanos… eso me ha ampliado muchísimo la mirada, desde la cuestión cultural hasta incluso la informativa. Intento seguir de cerca los procesos que viven nuestros países, escribo mucho para los periódicos y trato de observar lo que está pasando en el continente.

¿Y específicamente sobre Bolivia, tu país?

Está a travesando un momento fascinante, un momento de cambio histórico, y se está logrando que ocurra sin hechos de violencia. Hay un cambio cultural muy fuerte, ha habido una incorporación al espacio público, al espacio político de grupos tradicionalmente relegados. Eso era una asignatura pendiente para un país con una mayoría indígena y creo que Evo ha hecho mucho por esa inclusión social. También ha tenido la fortuna de transitar un buen momento de la economía para las materias primas de Bolivia. Porque no se trata solamente de materias primas, sino de qué hacer con ellas. Creo que ha tenido suerte, pero ha logrado manejar bien la economía boliviana. Quizás una de las cosas más interesantes del legado de Evo de sea que, si bien usa un discurso bastante fuertemente latinoamericanista y antiimperialista en cuanto a los derechos indígenas, su economía también es bastante conservadora y ortodoxa. Ha habido un fuerte crecimiento de la clase media, de la sociedad de consumo con grandes centros comerciales, muchas franquicias norteamericanas que quizás tú, al comienzo, no ibas a asociar con la imagen de un gobierno como el de Evo Morales. Creo que ese es un fenómeno interesante a explorar, esta especie de aparente contradicción entre su discurso y lo que se ve. Se han nacionalizado importantes sectores de la economía -como la cuestión del petróleo- pero en general se trata de una economía de mercado la que está haciendo.

boliviano-Edmundo-Paz-Soldan_LRZIMA20120104_0013_3

Edmundo Paz Soldán

¿Y todos esos cambios se ven traducidos en la realidad boliviana?

Curiosamente todavía no. A veces las sociedades tardan más en procesar los cambios, en tomar distancia… Sí quizás veo en los cuentos, un intento por trabajar lo que ha sucedido con la clase media de las ciudades, que quizás en principio se resistió a la llegada de Evo Morales al poder. Pero todavía no hay cosas muy explícitas.

Creo que hay más trabajo en la crónica. Hay un libro muy importante que se llama Bolivia a toda costa, con crónicas que trabajan el momento actual. Hay cronistas muy importantes que están haciendo muy buenas cosas como Alex Ayala por ejemplo, en La Paz. Entonces sí creo que se está acompañando el proceso desde diferentes perspectivas, pero la perspectiva de la literatura es más lenta, necesita más tiempo.

Con este panorama, ¿qué funcionalidad le das a la crítica política, desde un país como EEUU?

La crítica política es un instrumento fundamental en una sociedad como la norteamericana, en la que la prensa tiene muchísimo poder. El gobierno puede cometer muchos abusos, pero la prensa siempre termina denunciándolos y esas denuncias siempre van a tener repercusiones políticas, como Watergate. Yo tengo que agradecerle a la libertad de prensa de los EEUU, que ha permitido develar los abusos que se han cometido con las libertades ciudadanas. El derecho a la privacidad y todo eso.

Creo que es fundamental para un país democrático, para la salud de la democracia que haya una prensa libre y que haya una crítica política que permita develar los excesos del gobierno.

 ¿Ves este funcionamiento de la crítica política en EEUU actualmente?

 Ahora sí, en los años post 11 de septiembre, en la “era Bush”, hubo una época de auto censura por el miedo de ser “antipatriotas” y hacer algún tipo de crítica al gobierno que caiga en este sentido. Ya a finales de la anterior década, la prensa tendió a recuperarse, se perdió ese miedo de ser antipatriota y pudo dar a conocer algunos documentos del gobierno con una mirada más autocrítica. Pero para eso tuvieron que pasar casi diez años de distanciamiento. Uno en la era de Bush tenía que cuidar mucho sus palabras.

¿Eso lo notaste en la academia también?

En la Academia no tanto, pero el espacio académico suele ser un espacio estanco. La Academia no está muy conectada, es decir, no hay muchas repercusiones de la vida pública de los Estados Unidos.

Uno de los temas que se está debatiendo hoy en los Estados Unidos es ver qué se hace para que las universidades vuelvan a ocupar un lugar relevante. Es decir, el trabajo intelectual de las universidades no debería beneficiar solamente a los estudiantes, sino que debería ser partícipe de la sociedad general.

A nosotros, en los artículos que escribimos, se nos está incentivando a buscar otros canales de expresión que vayan más allá de la revista especializada. El debate ahora en las universidades de Estados Unidos es ver cómo hacer eso.

Por Roxana Maldonado y Damián Blas Vives

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Roxana Maldonado

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas