El presente texto fue expuesto por Diego Grillo Trubba, narrador, periodista y sociólogo -autor de la saga Crímenes coloniales y La mafia política entre otros titulos- durante el Primer Encuentro Internacional de Literatura Fantástica, en la mesa dedicada a explorar el género fantástico en la historieta del mundo.

En el campo de la historieta, de los productores más que de los lectores de historieta, suele hacerse la diferenciación entre “historieta mainstream” e “historieta independiente”. Podríamos resumir la “historieta mainstream”, dos palabras, a otras dos palabras, “Marvel” y “DC”, mientras que la “historieta independiente” se construiría por oposición: “todo lo que no es Marvel ni DC”. Esta división resulta problemática ya que, en la última década y media al menos, Marvel y DC publica historietas de autores surgidos del riñón de su opuesta, la historieta independiente. Por dar algunos nombres: Brian Michael Bendis, Charles Soulé, Ed Brubaker, Neil Gaiman, Robert Kirkman, Alan Moore, Grant Morrison, Greg Rucka, por decir solo algunos, se formaron al margen de las grandes compañías, luego fueron reclutados por estas y más tarde se afianzaron allí o renunciaron o fueron expulsados o consiguieron poner una pata en una o las dos grandes editoriales al mismo tiempo que desarrollaban o desarrollan obras en el ámbito independiente. En ese sentido, el de los nombres, no hay posibilidad de que la diferenciación entre “historieta mainstream” e “historieta independiente” sea efectiva.

En verdad, creo que “historieta mainstream” e “historieta independiente” es una diferenciación que se refiere, fundamentalmente, a los modos de producción: mientras en DC o Marvel los autores deben desarrollar en casi todos los casos personajes creados por otros y en el marco de una planificación editorial ajena, en la historieta independiente el autor debe crear su personaje, su historia, su universo. Sería infantil suponer que, por esto que describo, en el universo independiente existe una mayor libertad de creación. La diferencia, digo, se da por hacerse cargo de un pasado o por empezar todo de cero. Vivimos en un país donde cada década nos gusta empezar de cero, borrar todo trazo del pasado, hacer malabarismos fundacionales, por lo que no es ilógico que aquí haya prendido más la idolatría a la “historieta independiente”.

Prefiero anclar estas palabras más en los resultados que en los procesos de producción. Si es por los resultados, no existen diferencias entre “historieta mainstream” e “historieta independiente”. En ambas los resultados pueden ser óptimos, y también pueden ser paupérrimos. La necesidad de hacerse cargo de un pasado al desarrollar historietas para DC o Marvel no implica que deba hacerse algo malo, ni siquiera que deba hacerse algo poco original. Basta recordar lo realizado por Alan Moore con La cosa del pantano, donde tomó las raíces del personaje creado por Len Wein para transformarlas en otra cosa, muy superior, con una originalidad y genialidad pocas veces vistas.

imagen 1- Swamp Thing

Me gusta hacer una comparación entre la “historieta mainstream” y la música. Desarrollar superhéroes para Marvel o DC es como el ejercicio hoy de la música clásica. Un artista se hace cargo de una partitura preexistente, que el público conoce de memoria, pero su forma de materializarla transformará esa creación ajena en algo propio, único. A veces mejor, a veces peor que los antecesores. No es lo mismo la novena sinfonía de Beethoven ejecutada por Lalo Schifrin que por Zubin Mehta, de la misma forma que no es lo mismo el Batman escrito por Ed Brubaker que por Jeph Loeb. Hay algo familiar, reconfortante, identificable, entre ambas versiones, pero también generan el placer de lo disruptivo, de esa pequeña variación que resignifica el universo entero.

A diferencia de la prosa, la historieta es un campo donde la batalla entre forma y contenido posee un claro ganador: contar historias. Mejores o peores, pero son por abrumadora mayoría historias. Es, también, un campo donde la capacidad imaginativa supera ampliamente en poder al conocimiento teórico. El guionista de historietas se impone al resto, y a los lectores, fundamentalmente con la imaginación. No hay amparos ni avales teóricos que valgan, hay historias entretenidas o que van a la basura, hay historias imaginativas o que pasan al olvido. Los teóricos de la historieta son, en el mejor de los casos, figuras ornamentales que a lo sumo otorgan algún premio. Pero, en el fondo, y por suerte, nadie los escucha.

La imaginación es una característica que en las últimas décadas, quizás medio siglo, ha perdido su prestigio. No es casual: al haber existido una mayor producción hubo una mayor repetición, y al haber existido una mayor repetición la gente con poca imaginación dijo que ya no importaba la imaginación, que ya no era posible hacer algo nuevo en base a las estructuras clásicas, que no son otras que las estructuras que conforman nuestro pensamiento: introducción-nudo-desenlace es lo mismo que tesis-antítesis-síntesis. Me permito decir, acá, que sostener que eso está perimido es una de las mayores barbaridades que se han sostenido en el desarrollo de las disciplinas artísticas. La ausencia de buenas historias, la ausencia de sorpresa, la ausencia de imaginación, es lo que aniquiló a la prosa, que hoy cuenta con muchísimos menos lectores y que está en la recta final de su esperanza de vida.

En ese sentido, la historieta posee un futuro mucho más promisorio. Alcanza con ver cómo abrevan de ella el cine y la televisión para potenciar sus contenidos. Y en esa búsqueda que se hace en pos de brindarles contenidos a los públicos masivos no se decide por si una historieta es mainstream o independiente, lo cual hace a la diferenciación, una vez más, algo superfluo, ornamental. Lo que importa es la imaginación.

La imaginación es lo que transforma lo cuadrado en redondo, lo finito en infinito. Si a un autor talentoso se le imponen las condiciones que se presuponen horrorosas de la historieta mainstream, sorteará el escollo sin problemas e incluso lo transformará en una potencialidad más.

Es por eso que esta tarde quería hablar de Jonathan Hickman. No sabría si decir que es el mejor guionista de historietas que existe en la actualidad, pero no tengo dudas al afirmar que es el más talentoso e imaginativo.

Hickman demuestra que puede escribir al amparo de las condiciones de la Marvel los 4 fantásticos, Los vengadores o SHIELD y al mismo tiempo desarrollar sus propias historias para Image Comics, como The Manhattan Projects o East of West. Hickman incomoda, porque su cerebro infinito nos demuestra que si no atravesamos los límites es responsabilidad pura y exclusivamente nuestra.

Cuando escribió los 4 fantásticos para Marvel, Jonathan Hickman hizo caso al pie de la letra a las piedras basales de la mitología: una familia de superhéroes. Sin embargo, desarrolló ese concepto hasta magnificarlo. Tomó el conocimiento superdotado de Reed Richards para transformarlo en el eje de su etapa, para hacerlo viajar entre dimensiones, para demostrar que lo que lo separa de su familia es que no puede compartir todo lo que sabe, con el dolor y la sensación de soledad que eso conlleva. Pero, a ese saber superior de Reed Richards, le puso no como contrapeso sino como potenciador al amor por sus hijos y su mujer. En uno de los primeros arcos argumentales que desarrolló Hickman para los 4 fantásticos, Richards inventa un aparato que le permite interactuar con otras versiones de sí mismo en otras dimensiones. Todos son genios, y si se sumara a ellos accedería a lo que cree que es lo que más desea en la vida: el conocimiento absoluto. Sobre el final, uno de sus alter ego le revela cuál es el costo. Le dice: “Si deseás saberlo todo, el costo es todo”. Para saberlo todo, Richards debe sacrificar el sentir algo por su familia. Y Richards comprende que saber sin sentir carecería de sentido, por lo que regresa con sus seres queridos. Prefiere saber mucho y no todo, porque prefiere amar mucho y ser muy amado. Es probablemente uno de los momentos más inteligentemente emotivos que haya leído jamás, y se hizo en una historieta para la Marvel, con todas las condiciones que se sabe que pone Marvel.

imagen 3- Fantastic Four

Doy otro ejemplo. Cuando Hickman se hace cargo -primero al amparo de Brian Michael Bendis, luego solo- de SHIELD, le introduce el elemento más disruptivo de la historieta en la historia en cuanto a política se refiere. Nick Fury descubre que SHIELD no es otra cosa que HYDRA, la organización terrorista internacional contra la que siempre creyó estar luchando. Hickman, en una editorial multinacional y capitalista a más no poder, nos plantea una metáfora bastante evidente: la CIA es lo mismo que las organizaciones terroristas contra las que combate. ¿Cómo se hace para lograr meter ese moderno Manifiesto Comunista Paranoico en las entrañas del poder? Con talento, con imaginación, porque la historia que se contaba era buenísima. Y, en la historieta, la historia se impone.

 

imagen 4- Secret Warriors

Doy otro ejemplo. Cuando Hickman se hace cargo de Los Vengadores, hace un par de años, primero decide que no se reduzca a cuatro o cinco integrantes más o menos rotativos como siempre había sucedido, sino que se trata de una célula central de la que dependen decenas de células menores que, sumadas, terminan por incluir a casi la totalidad de los superhéroes de la Marvel. Esa modificación de estructura de poder los transforma en algo absolutamente invencible, por lo que para que haya conflicto -sin el cual no habría historia- los traslada al espacio, donde se deben enfrentar a seres capaces de generar vida llamados Alephs -en homenaje a Jorge Luis Borges- e incluso a seres capaces de crear o anular universos. Hombres con algunos poderes contra dioses con todos los poderes. Esa batalla épica y apasionante, pero sobre todo esa metáfora acerca de la trascendencia y la mediocridad, es la que permite la imaginación.

imagen 5- Avengers

Si algo posee la obra de Hickman es que uno nunca sabe lo que se le va a ocurrir. No parece haber límites para su imaginación. En The Manhattan Projects, para Image, exacerba las teorías conspirativas del Hangar 54 hasta puntos casi insoportables, ridículos, absurdos y delirantes, y pone de protagonistas a Einstein, Oppenheimer y otros genios con una particularidad: odian a la humanidad y harían todo lo que pudieran para destruirla. En East of West, Hickman toma el subgénero del western post-apocalíptico y lo transforma en otra cosa, ya que su protagonista es la Muerte, que acaba de resucitar y busca venganza al tiempo que desea recuperar al mayor amor de su existencia.

imagen 6- Manhattan Projectsimagen 7- East of West

Hickman, claro exponente del género fantástico, demuestra con su imaginación, que parece no tener límites, que cuando se intenta ponerle límites a la creación, por ejemplo diferenciando peyorativamente entre historieta mainstream e independiente, nos estamos inventando límites, barreras, muros que nos permiten protegernos de la mirada ajena y refugiarnos en nuestra mediocridad.

El género fantástico existe, sobre todo, para recordarnos que la mediocridad es solo una de las opciones que tenemos en la vida. Existe otra, y es la trascendencia, y en ella las diferenciaciones de la gente diminuta con ambiciones miserables se hacen tan pequeñas como un átomo. Y todos sabemos que cuando estamos en condiciones de fragmentar un átomo estalla una bomba que arrasa con todo y nos permite explorar un mundo nuevo, al que jamás debimos renunciar.

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