En el número ocho de Evaristo Cultural, Roxana Artal entrevistaba al célebre poeta Luis Osvaldo Tedesco. Aquellas reflexiones  bien pueden advertirse, ahora, como el enlace de ideas que, entre tiempos, pone en evidencia la obra coherente de un creador que elige andar otras veredas, que no son más anchas ni más estrechas, para llegar a destino. En el poemario Hablar mestizo en lírica indecisa, ya está clara una tendencia, “una predisposición del idioma a salirse de su cauce…” En “Barrio”, dice el poeta: “contra el muro de la fábrica las tres A fusilaron a mi amigo, contra el muro de la fábrica duermen hoy los desocupados, la sangre sobrante del paraje democrático…”. En “Lucho Maidana ataca”, el hombre está preso por haber matado a López Rega y a otros. El móvil, la venganza. Justicia por mano propia. El hombre y sus circunstancias; su destino. Carencias y obsesiones. Melancolía. El texto, un inabarcable hemisferio de arena, si cada grano es una idea. Una versión de la libertad posible. Una escritura sin prejuicios que arrastra trampas para dejarlas a la intemperie. Un reflejo de todo lo que falta, a la luz de todo lo que sobra. La búsqueda y el encuentro con la palabra escondida y olvidada. Las imágenes, el ánimo y el vértigo. Una mirada que se escribe; una manifestación fluida de la subjetividad del poeta. El contexto pensado; el encierro. El mal y el lenguaje, la jerga, el habla. El penal y la medianera en imágenes tangibles. Él mató al brujo y a un delegado de Dios. Recordar lo irremediable y la memoria anticipada. Sucesos e identidades. Relatos y personajes. Voces ajenas y la propia voz. El acto de matar. La lógica de la ley y el caos que provoca el desconsuelo. El tiempo y el cuerpo perdido; el que es y se pierde. El género narrativo y la expansión confesional del monólogo sostenido de Maidana. La lógica argumental. La intención oculta. Desaliento; resignación y dependencia; mortificación y remordimiento. Obstinación, traición. La dualidad del amor. Imágenes confusas. Sexo y culpa. El santo pecado y el odio santo. El “Imposible” y la complicidad de “el emboscado” en acción. El sueño y el desenfreno. La significación. La domesticación cultural. El miedo. De todo esto hablan Maidana y Tedesco. Del deseo seguido de la acción y del deseo postergado. De la capacidad de pecar; de la desmesura. De un acontecer de otra escritura. Una obra de arte en rebelión de palabras que corren por las venas; palabras que si frenan mueren y al morirse matan. Signos que capturan voces afligidas, sometidas y colonizadas. Y otras voces que resisten en tensión eterna. La fuerza de la palabra armada cuando el atacado es el lenguaje impuesto. Tiempo y contratiempo. El lenguaje propio de la introspección retrospectiva. Estos monólogos unen dos tiempos –el del conocimiento de las vivencias pasadas y el de las presentes al momento del acto introspectivo-. El lenguaje de la introspección y una pregunta: ¿Debo matar?; un pecado mortal completo, absoluto, que alcanza al matador y al muerto. Un leguaje informador eficiente, que permite explicar el sentir del hombre, haciendo referencia a sus creencias en razón de su experiencia, percepción y conocimiento. Así, la esencia y la conciencia están en el lenguaje. Otra prisión, otro encierro implicaría la impostura del lenguaje cerrado, riguroso, que intentase negarle a tanta realidad aparecerse. Un lenguaje posible se emparenta con la libertad, también posible. Maidana es un hombre culto, un artista, que apenas requiere asistencia técnica literaria.                                                                                        

Promediando la lectura de los “monólogos en contexto de encierro”-pág.187- Luis Tedesco nos dice que, defender los textos de Maidana provocó una fuerte discusión con otro escritor notable, Ese amigo de Tedesco, después de dar lectura al borrador, que se adjudicó el poeta como propio, habría dado su veredicto: “¿No te da vergüenza meterte en la literatura por la puerta remanida y facilonga del populismo…?”. Pues bien, a ese amigo y a los ungidos custodios del lenguaje, después de haber leído este libro, les decimos que respetamos sus eventuales pruritos, mientras le damos la bienvenida a un “supuesto populirismo, ilustrado”.

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¿Se construye realidad a partir del lenguaje?

El lenguaje nos constituye y constituye lo que vemos y aun lo invisible que actúa como extensión  de nuestra obsesión trascendente. Pero la cuestión, lo importante, al menos para mí, de un texto en lenguaje escrito, es descubrir las maniobras de lo construido, el peso fatal de la masacre lingüística que propició el avance del roedor temporal. Corresponde al lenguaje determinar la cualidad ética explícita en las denominaciones que construyen lo real. Cuando Videla dice  “desaparecidos”  está ocultando, bajo la espesura de lo evidente (lo que no está, no está, ha desaparecido) la trama, también lingüística, que contiene hechos, es decir, palabras, otras palabras: persecución, confinamiento, tortura, asesinato. El poder decide, el poeta trabaja sobre las cenizas que arroja el paso marcial de la historia.

El oficio de escribir: Recuerdo una frase de Cesare Pavese: “Lo que nos sostiene en la inquietud y en el esfuerzo de escribir es la certidumbre de que en la página queda algo que no ha sido dicho.”¿Qué opinás de esta frase?

Escribir es un oficio, y su aprendizaje requiere,  como cualquier oficio, inquietud, esfuerzo, el manejo amoroso de sus herramientas. Pero no hay meta fija, el escritor no se propone el acabado de un objeto de uso servicial (una mesa, por ejemplo, un muro  o una instalación sanitaria) frente al cual abandonarse a la dicha de la tarea debidamente cumplida. Hay una desesperanza gozosa, dubitativa frente a la página antes y después de ser escrita, una energía desfigurada por la inmensidad del blanco y el señuelo administrativo del idioma. El escritor trabaja amenazado entre la cordura y la sinrazón, y nunca sabe para qué lado tiran las palabras.

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¿Cuáles han sido las razones, fundamentos y motivaciones  que inspiraron la producción de los monólogos?

Con mucha frecuencia escribí poemas en la primera persona del singular, es decir, monólogos, soliloquios: el “yo” capturado por el murmullo  cerebral de su desolación, por la epifanía de su eros o por el ir y venir, turbulento, fantasioso, de su desesperanza. Solo que la voz que monologa en Lucho Maidana  proviene de un cuerpo que ha sido condenado a la perpetuidad de su encierro. Lucho Maidana está preso, es un asesino: ha matado, entre otros, a López Rega, quien ordenó la ejecución de su padre. Así, consumada la venganza, sin nada que negociar  en los acomodos institucionales de su ciudadanía, Lucho Maidana ataca los cerrojos adaptativos del idioma, como si, -advierte el Editor, monologador  de su lectura- “sólo lo fascinara la compadrada socarrona, la gambeta virtuosa, la deformación grotesca que aplica a ciertas palabras para extraerles un soplo imprevisto de inanición, reblandeciéndolas para arrojarlas luego a la fiesta procaz de lo que se ha vaciado de sentido”.

¿Cuál es el proceso que un escritor recorre al crear cada texto?; ¿poesía y prosa son oficios diferentes?

Cada escritor tiene su propio acelerador lingüístico. En mi caso, sea verso o prosa  lo que vaya a escribir, el detonante es la imagen/escena inicial, no razonada, compulsiva, “una voz que empuja” como dicen ustedes, sin huella ni sendero ni meta que conduzcan o armonicen la densidad semántica de su acontecer. La premisa sería: primero escribir, luego pensar. Somos dos en esta travesía: uno que arremete, descorazonado de los pruritos ecuménicos que exige el sentido; el otro reprime, tacha, reescribe, tampoco sabe hacia dónde va, solo le interesa la forma, el volumen estable del esqueleto rítmico que se adelanta a cualquier premonición.

¿En la actualidad ir hasta el fondo qué significa, resistir o dejarse llevar? ¿Hacia dónde empujan las vacilaciones de un escritor?

Escarbar, excavar, las vacilaciones de un escritor consisten en eso: raspar hasta que el cobertor acomodaticio del idioma deje en terreno vacío el trepidar convulsivo de las palabras.

Según Niels Bohr, nunca debemos olvidar que somos al mismo tiempo actores y espectadores del drama de la existencia. ¿Podrías relacionar esta idea con el problema retórico que te acerca a Lucho Maidana?

Lucho Maidana actúa el enunciado de su existencia desde el encierro donde su cuerpo, y la voz de ese cuerpo, han sido confinados. Alguien, su editor, lo lee, comenta, interpreta  y a veces juzga sus acciones -prólogo, advertencia y notas al pie de página escritos bajo la anuencia de su invasiva voracidad de lector privilegiado- con la soltura y arbitraria -también generosa- impunidad de  quien ha sido elegido para radicar en libro los pormenores de su vida. Maidana, a su vez, traduce a su propia voz, la voz y las acciones de su padre, y lo mismo hará con el relato que cada criminal le confía con la inocencia propia de los que necesitan contar lo que son incapaces de escribir. No puedo evitar decir que todas esas voces componen la fauna retórica con la que disfrazo mi gusto por la soledad, por el encierro, y también, por qué no, por la escondida, castigada fantasía que alguna vez me asaltó con ganas de matar.

¿El lenguaje reconoce en sí mismo una carga de fetichismo? ¿Se puede evaluar una producción textual mirando apenas rasgos, sin descubrir el todo?

El lector puede hacer  lo que se le antoje con el texto. ¿Qué es el todo sino el todo de cada uno de sus rasgos? Evaluar implica una posición crítica que no me concierne, no soy un profesor de literatura. El término “fetichismo” (idolatría, veneración excesiva) aplicado al lenguaje propone tanto la gracia del encandilamiento cuanto el desmoronamiento de su ilusión coercitiva. Navegamos en el bote a veces ebrio, a veces administrativo, a veces consumido por la desesperanza; nunca inocente, tampoco nosotros  inocentes, navegamos en el bote del lenguaje rumbo a la desaparición con breves pero intensas estadías de alguna felicidad.

El término “ populismo”, como calificación en desmérito. Si por definición sería un movimiento político que intenta lograr apoyo en las masas populares y defender los intereses de éstas; ¿dónde estaría el aspecto reprochable de una contracara del elitismo?

El amigo del Editor -conviene no olvidar que ambos son personajes de ficción- está confundido. Supone que populista es literatura de bajo nivel, destinada al mercado mayoritario de lectores poco exigentes. No voy a entrar a discutir aquí sobre los límites, los beneficios y otras consecuencias que vienen aparejados con el populismo como sistema político. Estamos hablando de literatura: el idioma de Quevedo, el de Góngora, el de Cervantes, como el de Carlos de la Púa, Pascual Contursi y Celedonio Flores, producen en mí, cada uno a su manera, emociones de alto voltaje emotivo e intelectual. Congregarlos, mestizarlos, reunirlos con otras jergas del habla popular y culta, entreveradas a lo largo de siglos en nuestra lengua materna, es lo que vengo intentando en mis últimos libros. Y Lucho Maidana ataca pretende ser eso: monólogos que se abren y se cierran, se repelen, se mastican, se alimentan en la vastedad del encierro.

Si digo “madurez literaria”: qué estoy diciendo?

Si decís “madurez literaria” estás diciendo que el tipo ya dijo lo que tenía que decir. Nada nuevo se puede esperar de él, lo cual no siempre es desdeñable. Volver a casa, como me aconsejó un amigo, puede tener sus beneficios. Ya lo dijo Pavese: “Val  la pena tornare, magari diverso”.

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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