Todo comienza en tiempos lejanos.

Hipatia de Alejandría – directora de la Biblioteca- decide rescatar material condenado a ser destruido por orden del arzobispo Cirilo.

Es entonces que Hipatia, en comunión con el Grupo de los Sabios –filósofos de la época-, advierte la importancia de salvar, del fuego, una considerable cantidad de manuscritos y si bien en esto, a ella, le va la vida, antes logra sustraer y rescatar más de trescientos códices, los que en virtud del valor de esta mujer pudieron burlar el destino proyectado por aquel arzobispo empeñado en hacerlos desaparecer, al considerarlos material pagano.

Aparece en escena “La Legión”- una organización secreta que, desde entonces, busca localizar y adueñarse del legado escondido-.

Lo cierto es que, en algún momento, aquello que fue siempre tan celosamente protegido por unos, y tan obsesivamente buscado durante siglos, por otros, llega a manos del director del jardín zoológico de Buenos Aires, Eduardo Ladislao Holmberg, quien a su vez le confía aquel secreto a Justo Beltrán-el abuelo de Ana- y a Federico Zaldívar-el abuelo de Máximo-. Ambos hombres, asumen la responsabilidad de garantizar la custodia del tesoro milenario.

Varios años después, Ana Beltrán se verá envuelta y atrapada en esta historia de misterios, amores y muertes sucesivas. Ella es criminóloga forense y heredera de un imperio, la Corporación Centauro. Su padre, es encontrado sin vida y con los labios cosidos; a renglón seguido Max, ese amor que Ana no pudo olvidar, también es encontrado muerto y con su boca cosida- otra vez la tortura, horquilla del hereje-. Así comienza esta historia que viaja en el tiempo hasta Egipto, Alejandría-año 415 después de Cristo- y se instala en un triángulo que reúne a Hipatia con Orestes y Cirilo. Una lucha entre la fe y el conocimiento, y una mártir de la ciencia; una encarnación de la belleza y el saber-“El espíritu de Platón, el cuerpo de Afrodita”- El secreto mejor guardado. La sabiduría más arcana; el legado de Hipatia –los vellums que rescató de la furia cristiana.

El último manuscrito es tu primera novela, ¿cómo comienza tu andadura literaria?

Siempre me gustó escribir. No sé si puedo definirte un momento formal o preciso y decirte “acá arranqué”. Desde chica escribía cuentos cortos, después, con el tiempo, esos cuentos fueron mutando hasta cobrar cierta identidad y luego llegó El último manuscrito. Creo que fue una pequeña suma de muchas cosas, una imaginación “galopante” (perdón la licencia), el gusto por la lectura (casi un vicio desde muy chica, literalmente no paraba de leer) y un oficio, el de la escritura, que fui tratando de perfeccionar (en eso estamos, por lo menos).

¿Cómo definirías convivencia entre tu vocación literaria y el mundo de los negocios?

Siempre quise ser escritora, pero por esas vueltas de la vida, hice dos años de la carrera de derecho y luego estudié Comunicación Social. Sin embargo, y contra todo pronóstico, terminé trabajando en finanzas. Para mí la Bolsa (de Comercio) era un mundo desconocido, las antípodas de cualquier ámbito profesional en el que imaginara pudiera desenvolverme, sin embargo, me enamoró. Trabajar en el mundo de las finanzas –específicamente dedicarme a la compra/venta de acciones y otros instrumentos financieros- fue un factor que forjó gran parte de mi personalidad. Mucho de lo que hoy soy se lo debo a las finanzas, la manera en que uno aprende a pensar, a mirar aquello que puede resultarnos tan desconocido (el mundo de los instrumentos financieros) las estructuras mentales que uno construye para moverse en un ámbito predominantemente masculino; lo cierto es que amo mi trabajo y sin dudas éste ha atravesado mi gran pasión, la escritura: en El último manuscrito se habla mucho de la crisis financiera de 2001 en Argentina y de cuentas en Suiza. Para mí ambos mundos son apasionantes y me resulta inevitable no mezclarlos, al contrario, ¡lo disfruto!

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Conjeturar, cavilar, intuir; ¿cuánto hay de ello en una saga que requiere ser articulada con la precisión que en este caso se exhibe?

Cuando pienso la historia, la primera idea no siempre es lo que resulta. Soy de escribir y volver para atrás, cambiar ideas, reescribirlas. Siempre tengo claro el tema, pero hay situaciones que modifico, que elimino y la historia va a sufriendo alteraciones a medida que avanzo. Pero siempre tengo en claro el tema del que trata y que todas las historias deben cerrar, no puede quedar ninguna punta suelta. El último manuscrito plantea la búsqueda de los manuscritos rescatados de Alejandría, específicamente la búsqueda de uno en particular, la Tabla Esmeralda de Hermes Trimegisto. Operación Esmeralda intenta descifrar los secretos de aquel manuscrito arcano y esconderlo de aquellos a quienes se les había escapado en el primer libro: La Legión. En el tercer libro, la tabla –cual botín de guerra- sigue en disputa, pero el tema es la “venganza”, la venganza de La Legión hacia Agustín Riglos, ese doble agente que traicionó la cofradía.

Las referencias históricas, culturales y religiosas se agolpan en la trama, ¿Te sumergiste en el estudio de cada una de esas disciplinas? ¿Cómo fue y cuánto tiempo le dedicaste a la investigación?

Leí mucho sobre Hipatia de Alejandría. Creo que Las Anotaciones de Pérgamo fueron las que más tiempo me llevaron. Quería que la historia fuese lo más verosímil posible, saber qué se comía, qué se tomaba en esos tiempos, qué servían en las fiestas. O si el calor era sofocante o húmedo. O, por ejemplo, si los manuscritos que planteo como “rescatados” pudieron haber existido o no. Ciertamente la “imaginería pop” juega un gran rol porque hay cosas que uno no puede evitar suponer o imaginar, pero a mí me interesa mucho hacer creíble tanto la escena que describo como su contenido. Por ejemplo, si iba a suponer que había obras de Sófocles desconocidas, que estas fueran verosímiles, incluso juego con la idea de que han encontrado una versión más completa de Edipo Rey en Colono, o los tres volúmenes de la Historia de Beroso (el sacerdote Babilónico). 

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¿Haber concebido el lugar ideal para guardar un secreto, como el que se esconde en esta historia, tiene que ver con un razonamiento lógico, o con la más pura inspiración?

Cuando supe de los textos vedas grabados por Eduardo L. Holmberg en el recinto de los elefantes en el Jardín Zoológico, pensé “tengo que escribir una historia, y que en esa historia algún tesoro se oculte bajo el templo de los elefantes”. Ahí jugué con la palabra veda, originaria del sanscrito, que quiere decir “verdad” y ¿qué mejor verdad que la sabiduría del cosmos? Inmediatamente pensé en los códices Alejandrinos. Fue imaginación pura, la lógica vino después.

¿Qué te acerca y qué te aleja de Ana Beltrán?; ¿podrías describirla en pocas palabras?

Ana Beltrán es fuerte, yo soy fuerte. En eso me siento muy identificada. También es un alma solitaria, y yo tengo mucho de eso. Creo, que ella al ser criminóloga forense satisface mi sueño frustrado de serlo, es una profesión que me hubiera encantado desempeñar. En cuanto a las diferencias, ella no tiene familia, se han muerto sus padres, no tiene hermanos, no tiene hijos o compañero de vida. En ese aspecto estoy lejos, tengo una gran familia alrededor: mis padres, mis hermanos, mi hijo y mi marido.

¿Cuáles son tus preferencias literarias como lectora?

Me encanta Marcelo Figueras, Fred Vargas (una francesa que escribe policial negro), Patricio Sturlesse y su terror gótico, Leonardo Oyola, Sergio Olguín, Claudia Piñeiro. Me fascina Benjamin Black, Anne Holt (otra escritora de policial negro); Arturo Pérez Reverte (su columna Patente de Corso es de lo mejor que hay). Por supuesto Assa Larson y Stieg Larsson (cuya trilogía Millenium devoré), son muchos y seguro dejo afuera una gran cantidad.

¿Qué sentimientos predominaron entre los que pudiste experimentar mientras escribías ambos libros?

Operación Esmeralda me agarró en un momento de mi vida en que la escritura fluía sin parar. Estaba como poseída. No podía parar de escribir, y es un libro donde trato de experimentar varios sentimientos (engaños, traiciones, desamores, muerte) a medida que avanzaba trataba de sentir cada uno de ellos, sin embargo, quería plasmar en blanco y negro cada sensación. Hice especial hincapié en los cinco sentidos a lo largo de la historia: los aromas, las texturas, los sonidos, los paisajes, en fin, las sensaciones todas y luego el sufrimiento y el amor acompañado por la traición. El último manuscrito, en cambio, presentó una escritura más “salteada”. Es una historia que venía pensando desde hacía tiempo, tardé un poco más en encausarla, quizás porque cuando surgió yo tenía un hijo muy chico y no disponía de tanto tiempo para sentarme a escribir. Pero una vez que logré “hacerme ese espacio” di rienda suelta a la imaginación y, sobre todo, lo que más recuerdo de escribir El último manuscrito fue cerrar los ojos y hacer los recorridos por Madrid, por el Barrio de La Latina o El Parque del Retiro; o visualizar Buenos Aires, por ejemplo cuando Ana va al Zoológico con Marcos Gutiérrez por primera vez y describir ese páramo en medio de una Buenos Aires caótica y audaz y tratar de volcarlo al relato de la manera más fiel posible. Creo que hubiera podido transmitir hasta el dulzor del algodón de azúcar.

Cada personaje que ingresa en esta trama es un nuevo ser, pensado, imaginado, tal vez reconocido. ¿Cómo aparece, en vos, cada uno de ellos?

Reconozco que cuando armo un personaje me gusta escapar de la figura de “héroe” o “heroína” tradicional y que muchas veces trato de agregar a cada personaje un costado oscuro, un gris que le de un poco de misterio. No me gustan los “buenos tan buenos” ni los “malos tan malos” y esa ambivalencia me gusta explotarla. Yo sé que Ana Beltrán es una heroína, pero trato de que no sea la heroína común. No es la chica inocente y virgen que conoce al príncipe azul que le muestra el mundo. Esta es una mujer de carácter, trabaja en un mundo de hombres, no le teme al desafío y, sobre todo, no depende de otro para llevar adelante su existencia. Esto lo estoy explotando mucho en el tercer libro, en el personaje de Verónica Ávalos, acá va a aparecer su costado más oscuro. En cuanto a los hombres tampoco me gusta caer en el “macho” que tiene todo resuelto, me gusta enfrentarlos a disyuntivas que los pongan entre la espada y la pared. Por ejemplo Román Benegas y el saber que está actuando mal, y reprochárselo (debido a su participación en la Operación Esmeralda) y, sin embargo, elegir seguir adelante por una cuestión de poder, de ambición. Me encanta que los buenos tengan su cuota de maldad y viceversa. Nadie es un santo en mis novelas. Nada es lo que parece y como diría el personaje de House…”todos mienten”. 

 

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La saga se desarrolla en un contexto histórico que le imprime a esta ficción verosimilitud. ¿Algún pasaje de la historia nacional, de los que pudiste reconstruir en la intimidad del ámbito familiar, llegó a calar bien hondo en alguna parte tuya?

El último enciclopedista de Luis Holmberg (hijo menor de Eduardo Ladislao Holmberg) hay una anécdota muy simpática sobre él y el en ese momento Presidente General Roca (de ahí que luego Roca cumpliera un rol fundamental en la ficción). Cuenta Luis Holmberg que: “…alrededor de 1902, cuando vivíamos en el zoológico, (…) se le informó al director del parque que “el presidente de la República había entrado al jardín y recorrido sus caminos en su “Mylord”. Enseguida, Holmberg llamó al carpintero y al pintor. Hizo colocar un molinete en la entrada y un letrero que decía: “El Jardín zoológico es un paseo público, pero no ha sido formado para solaz de los funcionarios públicos”. Casualmente, el general Roca volvió dos o tres días después y tras dirigirse el coche hacia la entrada y no pudo seguir. El presidente descendió, se detuvo frente al cartel, lo leyó, se sonrió ligeramente y preguntó (…) “¿Quién hizo colocar esto? Y se rió”. Si bien esta es una anécdota de color, y no hace a la historia nacional, si me mostró un poco el humor inteligente que manejaba Holmberg y me deslumbró.

¿Desde que iniciaste El último manuscrito, ya pensabas en una saga?

Cuando empecé El último Manuscrito no lo pensé como saga, pero a medida que avanzaba en el relato, el volumen del libro era cada vez más importante. Por ese motivo decidí separarlo, y no te voy a negar que esa expectativa se generó cuando los lectores terminaban la primer parte y pedían la segunda. De hecho lo mismo está pasando con el tercero, me piden el tercero, ¡que me apure! Todavía no lo creo, es algo impresionante.

Imagino que el tercer volumen ya cuenta con su título, ¿cuándo lo conoceremos?

El título suele surgir a medida que voy avanzando en la escritura. Por lo general sale de repente y puede variar o no (por ejemplo El último manuscrito en un principio era “los últimos manuscritos”) y en el caso del tercer libro, estoy barajando dos títulos, todavía no me decido…estas cosas las dejo decantar, y suele ocurrir que mientras hago cualquier otra cosa lo decido. Y ahí ya no hay duda y la historia termina de cobrar identidad. Supongo que pronto ya lo tendré definido, y lo daré a conocer.

¿Qué recomendación le darías a un escritor que comienza?

Que persevere. Que el camino no es fácil, pero que si uno quiere, puede. Es cuestión de fijarse una meta e ir a por ella.

 

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integró el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Se desempeña en el Centro de Narrativa Policial H. Bustos Domecq. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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Una Respuesta

  1. Valentina

    Hola buenas tardes , me contacto desde Uruguay y quiero comentar que quedé fascinada con los dos primeros libros , me los comí ! Pero lamentablemente aquí no encontré el tercero ( custodios del secreto ) , me encantaría poder contactar con María para felicitarla y agradecerle pero por supuesto también para obtener el final de esta hermosa y apasionante trama !

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