La perspectiva y el tiempo. Veintiún relatos donde se vuelca la mirada en distintos universos sin palabras truncas, manteniendo una armónica resonancia. Pensamiento, sentimiento y escritura en bella demostración de la existencia. Es la percepción de la autora que atraviesa procesos sensoriales en el momento justo. Evocación, emoción y huellas. Interpretación y significación. Fragancias, sonidos y colores. Una construcción de imágenes y lugares arrancados al tiempo. Espacios recuperados desde una sensibilidad que trasciende la piel, a partir del alma. Campo y ciudad. Naturaleza y escritura. Recuerdos y personajes. Cortos y exactos, cada uno de los relatos. Ventanas y ventanales más amplios: importa cuanto sucede de un lado y del otro del vano y de los vidrios. Lecturas, relatos y poesía; autores olvidados. Una biblioteca antojadiza, obras famosas y “una palabra trampa”. Un viaje, calles y esquinas. Un bar en medio de la noche, una gran barra central. Música y jarros de cerveza; las camareras. Los amantes y el presente eterno. El Abandono. Encontrarse en medio de la nada. Elegir la tierra. Otro bar; el cartero y la carta demorada. Los gatos de la cuadra en la ventana; otra ventana. La muerte de un desconocido y cuánto pesa sobre su propio hijo. El inglés flechado; el fútbol correntino. Sueños del arquero y sueños frustrados. Y más relatos. La ambulancia de la muerte. Y tuvo que pensar qué le faltaba. Es justo decir que a estos relatos, ofrecidos en noventa páginas, no les falta nada.

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¿Es acertado intentar ver en la escritura una pura singularidad?

La escritura siempre es singular en el sentido en que la ejerce un sujeto singular pero la escritura de ficción se propone crear un mundo más amplio, más complejo y más ajeno que el del individuo que la inventa; ese mundo de ficción siempre inacabado, siempre incompleto está sin embargo “limitado” a un número dado de páginas: la ficción sucede en ese espacio que no es exactamente el del individuo que la crea.

¿Dónde poner el acento, en la trama o en el lenguaje?

El lenguaje persigue a la trama, descubre relatos aún donde parece no haberlos así que sin un lenguaje “a la pesca” de relatos, no hay trama que valga la pena.

¿Cuáles serían sus clásicos preferidos?

Nombro solo unos pocos autores: Rulfo, Segalen, Melville, Sarmiento, Pavese, Natalia Ginzburg

¿Podemos hablar de una literatura femenina?

El simple hecho de que a las escritoras se las nombre con su nombre de pila más su apellido (a diferencia de los escritores que se nombran solo con sus apellidos), estaría mostrando fuera de los textos mismos que se sigue pensando en dos sistemas (uno masculino y otro femenino para ordenar el mundo de la literatura). Por mi parte prefiero hablar de literatura escrita por mujeres y no de literatura femenina porque lo femenino y lo masculino son variables móviles, ambiguas, como debe ser.

¿Qué peso tiene el recuerdo en sus relatos?

El recuerdo tiene en mis relatos el mismo peso que los sueños donde las imágenes se invierten y el pasado, el presente y hasta el futuro se mezclan de un modo sorprendente. Me interesa el efecto del anacronismo del futuro y el pasado en el presente de la escritura.

¿Influye en su narrativa el tiempo histórico?; ¿hay una brecha entre el momento de la creación y el tiempo político y social?

El tiempo histórico (personal, político y social) me habita como escritora pero el tiempo de la literatura –que es definitivamente otro tiempo- huidizo y aberrante, es el que condiciona mi escritura.

¿Puede hablarnos de “Andando”-el relato-?

Andando narra dos finales – dos fracasos: el de una relación amorosa y el del esperado, idealizado y casi siempre imposible “encuentro” de la gente del pueblo con su líder. Estas dos infelicidades de juntan en el relato.

Por favor, háblenos del campo, del río y de la ciudad; de Corrientes y del sentido de pertenencia.

Aunque la provincia de Corrientes está empapada con numerosos ríos, riachos, bañados, esteros, etc. y aunque se podría decir, aún hoy que toda ella es un campo semivacío rodeado por ríos, para mí hay un solo campo: el del Payubre, en Mercedes, donde pasé mi infancia y al que vuelvo siempre y un solo río, el Paraná, en el tramo justo en que pasa por la esquina de la que fue mi casa en la ciudad de Corrientes, a donde no vuelvo casi nunca. La ciudad de Corrientes, me resulta extremadamente hostil: es la única entre todas aquellas ciudades en las que he vivido en la que no tengo recorridos, bares ni rincones que sienta como propios.

 

Sobre El Autor

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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