Mariné Petrossian nació en Ereván, actual capital de Armenia, en 1960. En su poesía  hay árboles, lobos, barcos, manzanas, casas, niños que no se olvidan, niños que hacen preguntas, y también: “hay solo esta calle y en su final / está parado el desconocido con su fusil”.

Disparó el arma -el primer libro de la autora publicado en Argentina, traducido por Alice Ter Ghevondian y prologado por Ana Arzoumanian gracias al trabajo de Editorial audisea- nos ubica en paisajes públicos como la Calle Papazian, el Lago de cisnes, o la Plaza de la Libertad, y convierte sangre y fusiles en material poético, avivando una vez más un diálogo que también se hace carne de este otro lado del mundo.

Mariné fue testigo de la caída de la Unión Soviética así como de la independización de la República Armenia, y de la importancia del Movimiento de Karabaj en ese proceso. La  patria es figura central de su poética, pues también la poesía es un modo de contar la historia.

La lluvia cae constante en sus páginas: “esta lluvia / bonita sin intención / como si fuera un verso / no pide nada de vos / no te ofrece nada / simplemente cae sobre vos y te sentís bien”, “y resulta que / las casas eran de papel”, “y la felicidad / como un perrito / perrito chiquito / desnudo / corre por entre el barro”.

Para ella la poesía tiene el don de revertir lo irreversible, se crea en oposición a la muerte, y alumbra una realidad nueva, distinta a la de la vida; y es que “la felicidad es / cuando tus ojos ven / la presencia de lo imposible”.

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En tu poesía las estaciones del año cumplen un rol fundamental: “ah qué otoño es ese”, “era primavera verano y primavera de nuevo”. A su vez, la lluvia se vuelve casi un personaje más: “me dolía el corazón / salí y me paré bajo la lluvia…”; “una lluvia cálida / caía todo el día, de la mañana hasta la noche”. Y la nieve aumenta y enfría el paisaje. ¿Cómo se conjugan poesía y naturaleza? 

Tal vez habrás notado que casi no uso adjetivos en mis poemas, además, casi no describo emociones, más bien las escondo en sustantivos y verbos. Por eso me gusta usar los nombres de las estaciones, porque cuando escribo “verano”, también está “alegría” escondida en la palabra, cuando escribo “primavera”, también está “esperanza” escondida en la palabra. Me gusta usar la palabra “lluvia” porque es tanto una emoción como una acción propiamente dicha.

“pero la lluvia es la misma / y los perros son los mismos / y el hombre es el mismo”. ¿Dónde nacen esos perros que se comieron a sam beckett, ese que se queda en la vereda mientras cae la lluvia, esos que “empezaron a aullar” sobre la ciudad?

No solo están aullando, me está comiendo a mí, a vos y a Sam Beckett. Estamos esperando a Godot, pero Godot no llega, en su lugar aparecen perros y nos comen. Hace muchos muchos años también se comieron a Edipo.

En tu poema “El sol y el perro negro”, el destino aparece “en forma de perro negro / en frente de Edipo”. ¿Cómo concebís la idea de destino?

La palabra en armenio para fatalidad o destino es “tchakatagir”, y significa “palabras (gir) escritas sobre la frente (chakat) de uno”. El destino es algo que no se puede cambiar. ¿Por qué no se puede cambiar? Bueno, la interpretación tradicional es: no se puede cambiar porque está escrito (por los dioses, como creyeron los griegos en tiempos de Edipo). Pero si me preguntás por mi propia concepción del destino, cuando digo destino, por esto entiendo no aquellas cosas que van a ocurrir, sino aquellas cosas que ya han ocurrido. No están predeterminadas, pueden ocurrir por fuerza del azar, pero una vez que hubieran ocurrido no se las puede cambiar, se convierten en destino, se vuelven irreversibles. Y en cierto sentido, la poesía se escribe en oposición al destino, porque en la poesía (en la escritura, en el arte) se crea otro espacio, otra realidad, donde es posible revertir lo irreversible.

En el libro, la figura de dios solo aparece una vez, en “Tartamudeando”: “cada vez / cuando uno / con la sonrisa beatísima / se pone a hablar de la grandeza de dios / ante el cual hay que inclinarse // me acuerdo / del cuerpo pequeño / estrujado / de mi primer amiga”. ¿Cuál es tu percepción acerca de dios?

Mi percepción es que el hombre crea a Dios. El mundo era (y sigue siendo) un lugar hostil donde vivir, todo era incomprensible y peligroso, y el hombre creó a Dios (a los dioses) a partir de sus temores y anhelos. Yo soy atea. El cristianismo es parte de mi cultura y lo pienso como un fenómeno cultural. Pero si lo pienso como religión, o incluso como sistema moral, tiene muchos conceptos que no puedo aceptar. En particular, el concepto del pecado original que predica que la gente nace culpable y que el sufrimiento y el dolor les vienen por el pecado de Adán.

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Desde el propio título del libro, hasta sus versos finales: “pero el año nuevo / no entró / se paró unos diez minutos / en la oscuridad / del corredor / después se dio vuelta / y se fue”, Disparó el arma despliega un escenario donde late el peso de lo definitivo: “la muerte es el fin”. ¿Cuán definitivo es el poema?

La muerte ha sido un tópico o, mejor dicho, no un tópico sino una presencia en mi poesía desde el comienzo, cuando era muy joven y recién comenzaba a escribir. Y por supuesto, la muerte está muy presente en mis poemas aún hoy. La muerte no es solo el fin, también es una suerte de marco para la vida, la vida existe dentro del marco de la muerte, dentro de los límites de la muerte. Uno suele olvidarse de eso en la vida cotidiana. De lo contrario, si uno no se olvida de la muerte, comienza a escribir poesía. La poesía se crea en oposición a la muerte, se supone algo que no obedece las leyes del tiempo y de la muerte, supone ser para siempre. Lo cual por supuesto sucede muy poco, sin embargo es ése el mayor objetivo e intención de la poesía.

Otro personaje presente en tus poemas es la policía: “policía policía / no me dispares”, “el policía me dijo en la frontera / no podés entrar”. ¿Qué podés decirnos de esa institución?

En la Armenia de hoy, uno se encuentra con policías muy a menudo, sobre todo en las manifestaciones masivas, que tienen lugar con frecuencia en Ereván. Los policías pueden reprimir e incluso matarte, si reciben la orden. Por eso, parece que representan al poder. Pero no son verdaderos representantes del poder, son simples instrumentos del poder. La mayoría son tipos pobres que se hicieron policías porque no encontraban otro trabajo para vivir. Por eso, el policía es una especie de figura controversial o incluso dramática, y tal vez eso se deja ver en mis poemas.

¿Qué pensás de la idea de nacionalismo?

Hay distintas interpretaciones del término “nacionalismo”. Yo nací en la Unión Soviética, y recuerdo la carga negativa que aquel término tenía en los libros escolares soviéticos. Ahí se leía que el pueblo soviético estaba construyendo el comunismo, que durante el comunismo no habría naciones, las naciones se mezclarían y desaparecerían. En tiempos soviéticos, si uno se declaraba a favor de la independencia nacional era encarcelado. Luego cayó la Unión Soviética y las repúblicas soviéticas, incluida Armenia, se independizaron. Me alegra que Armenia se haya independizado, sé lo importante que es que una nación tenga su estado propio. Si los armenios hubiesen tenido su estado en 1915, no hubiese sido posible el Genocidio.

“hay solo esta calle y en su final / está parado el desconocido con un fusil”. A “Lago de cisnes”, “van a nadar tres cisnes de color rojo vivo”, aunque en la foto salgan blancos. ¿Cómo dice el poema la historia?

El Lago de los Cisnes es un lago real en el centro de Ereván, muy próximo a la Plaza de la Libertad que es el principal centro de las manifestaciones políticas. Y allí nadan cisnes de verdad. Esa es la parte documental del poema “Lago del cisne”. Mis poemas suelen tener un componente documental. Pero nunca son solo documentales, o digamos, puramente documentales, siempre desplazo la realidad hasta cierto punto, mezclo cosas reales con cosas imaginadas, a menudo con cosas imposibles, como los cisnes rojos.

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Presentación de Disparó el arma en la Biblioteca Nacional: Ana Arzoumanian, Mariné Petrossian, Marco Zanger.

¿Qué podés contarnos acerca de la Armenia de después de la caída de la Unión Soviética? ¿Y acerca de la República Armenia actual?

Armenia se independizó en 1991. Previo a eso, se dio el Movimiento de Karabaj que empezó en 1988. La Armenia actual nace del Movimiento de Karabaj, y quiero decir dos palabras sobre esto. En la Unión Soviética, donde era imposible imaginarse una manifestación o una marcha (yo las veía únicamente en la tele, siempre sucedían muy lejos, en otros países) de golpe, en diciembre de 1988, cientos de miles de personas salieron a las calles y no querían volver a sus casas. La plaza en torno a la Ópera se convirtió en el centro de las manifestaciones masivas, y luego habría de llamarse La Plaza de la Libertad. Al comienzo, el eslogan principal era “Ka-ra-baj”. Karabaj era entonces una región autónoma dentro de Azerbaiyán, otra república soviética. La población allí era mayormente armenia, e históricamente Karabaj había formado parte de Armenia, y una parte muy importante, porque fue ahí donde la aristocracia armenia había logrado mantener ciertas formas de independencia hasta el siglo XVIII. Karabaj pasó —sin pasar por referéndum alguno— a ser parte del Azerbaiyán soviético a comienzo del siglo XX. El Partido Comunista era el que tomaba las decisiones en la Unión Soviética, y la Oficina Caucásica del Partido había decido anexionar Karabaj a Azerbaiyán; no cabe duda de que Turquía, aliada de Azerbaiyán, había insistido en ello, y Turquía era entonces una aliada de la Rusia comunista. Cuando Mijaíl Gorbachov, el último líder del Partido Comunista, comenzó la Perestroika en 1980, dando posibilidades a la gente para que hablase con mayor libertad, la gente de Karabaj lo vio como una oportunidad para expresar su voluntad. Los diputados convocaron a sesión extraordinaria del Consejo de la Región de Karabaj y apelaron al Sóviet Supremo de la RSS de Azerbaiyán para pedir la secesión, y al Sóviet Supremo de la RSS de Armenia, la unificación. Armenia respondió con manifestaciones de solidaridad. Como dije, al comienzo el eslogan principal era “Karabaj”, y pensábamos que Moscú actuaría como un juez benéfico en la disputa. Pero entonces, gracias a que la propaganda oficial de Moscú comenzó a difundir mentiras sobre el Movimiento de Karabaj, y a tildar de “extremistas” a manifestantes pacíficos, el Movimiento de Karabaj empezó poco a poco a darse vuelta contra Moscú, contra el sistema soviético, y eventualmente se convirtió en un movimiento independentista.  Estaban sucediendo movimientos semejantes en otras repúblicas, y finalmente colapsó la Unión Soviética. Los armenios estaban muy entusiasmados, pensaban que una Armenia independiente prosperaría en poco tiempo. No sucedió. En cambio, comenzó una crisis económica. Hubo crisis económicas en casi todas las repúblicas postsoviéticas, pero en Armenia la crisis fue más dura aún por la Guerra de Karabaj y el bloqueo económico (por vía terrestre) desde Turquía. El primer presidente de Armenia fue Levon Ter-Petrossian, uno de los líderes del Movimiento de Karabaj, una figura carismática que obtuvo más de 80% de los votos en las elecciones presidenciales de 1991, las únicas elecciones limpias que ha habido en Armenia. En la siguiente elección de 1996 fue mucho menos popular, hubo manifestaciones masivas de la oposición. Ter-Petrossian fue elegido presidente por segunda vez, pero mucha gente pensaba, y lo sigue pensando hoy, que se falsificaron los resultados oficiales de la elección y que el verdadero ganador había sido Vazgen Manukyan, el líder de la oposición, o que al menos debía haber habido una segunda vuelta electoral. Este escenario se repite una y otra vez en Armenia: el líder de la oposición lleva adelante enormes manifestaciones masivas durante las elecciones, pero las pierde, la gente cree que falsifican los resultados, van a marchas para demostrarlo y forzar al gobierno a reconocerlo, pero en definitiva, se reprime a la gente y vuelven a sus casas, decepcionados.

¿Cómo nace el poema?

Mis poemas nacen con mucha facilidad. Me siento un rato, escribo la primera línea, y después las otras líneas vienen solas. No necesito estar especialmente inspirada para escribirlos, simplemente me siento y los escribo. Y casi no los cambio después.

¿Cuáles son tus referentes literarios?

Creo que no tengo un padre literario ni influencias evidentes. Los lectores de mi primer libro me suelen decir que mis poemas se parecen a la poesía japonesa. (Al margen, publiqué mi primer libro en 1993 y los poemas de ahí son bastante distintos a los actuales. Los poemas de Disparó el arma son de mis dos últimos libros). Aquello me parece bastante extraño, porque no soy una gran amante de la poesía japonesa y de hecho no la he leído mucho. En cambio, cuando era estudiante y aún no mostraba mis poemas a nadie, estaba encantada con la literatura griega antigua. La leía día y noche, y después de haber leído todas las traducciones al armenio, que no eran muchas, comencé a leer a los griegos antiguos en las traducciones al ruso. Entonces leí a los teóricos rusos de la literatura y drama griegos antiguos, y entre los rusos hay muy buenos. Estos son, me parece a mí, influencias reales, que moldearon mi estética, pero no son tan evidentes, no se nota esta influencia fácilmente en mis poemas.

Más allá de esa enorme distancia que se nos interpone, el idioma, y considerando el gran trabajo de Alice Ter-Ghevondian, tu voz conjuga una sonoridad que incluso en el cristal de la traducción resulta sugestiva, ¿cómo trabajás ese aspecto del poema?

En mis poemas no hay rima ni formas canónicas. ¿Entonces en qué se identifican como poesía? En una cierta dicción. Cuando digo dicción me refiero a la relación de proximidad entre una palabra y otra. Cuando escribo, intento colocar las palabras en una relación de proximidad tal que no mientan, tal que el texto que conforman no resulte falso. Esto es muy difícil porque las palabras se usan tanto que están llenas de falsedad. Cuando escribo trato de colocar las palabras unas junto a otras de manera tal que alumbren de nuevo, como si se usaran por primera vez. Y mis mejores poemas, me parece, son aquellos en los que me acerco a esta meta.

¿Cuál es, Mariné, contános por favor, ese lugar “donde se encuentran todas las cosas perdidas”?

Es la poesía. Pero esto no se debe entender de modo literal. Cuando colgué este poema en Facebook, se armó una discusión y uno de mis amigos comentó que se trataba de la otra vida que viene luego de esta, la vida que los creyentes piensan que existe. Pero se equivocaba. No se trata de eso. Cuando yo digo (en otro poema) que vi cisnes rojos, no quiero que el lector crea que realmente estuvieron ahí, solo quiero que él o ella se imagine que estuvieron ahí, que los vea en la realidad de la poesía, que es una realidad separada, distinta a la realidad de la vida. Este poema sobre las cosas perdidas que se encuentran, es un poema muy triste sobre la pérdida. Y cuando digo, en el poema, que hay un lugar donde se encuentran todas las cosas perdidas y que he estado allí, quiero decir justo lo contrario, que las cosas más preciadas están perdidas para siempre y no se volverán a encontrar. Es un deseo mío que tal lugar existiera. La poesía es nuestro deseo dado como realidad. Como otra realidad.

Traducción: Lucas Brockenshire

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Sobre El Autor

Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Escribe poesía, literatura infanto juvenil, y se dedica también a la dramaturgia. Se formó como actriz con Carlos Gandolfo, Augusto Fernándes y Pompeyo Audivert, entre otros maestros. Da clases de literatura, talleres de escritura y de teatro, y dirige una Compañía de teatro adolescente. Jefa de Redacción durante años del portal Evaristo cultural, es actualmente editora del sello Evaristo Editorial. Como periodista cultural, colaboró a su vez en diversas publicaciones (Revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla -México-; Agulha Revista de Cultura -Brasil-; El ojo de la tormenta, y Metaliteratura -Argentina-, entre otras). Desde su rol docente, se dedica también al trabajo social.

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