“…Cuando la montaña dejó de sacudirse y el fuego consiguió serenarse; cuando Ambérida volvió a ser un sitio perdido en el corazón de Andurien, dos seres hicieron su entrada, a paso calmo, en el lugar donde todo diera comienzo…”  reza el último capítulo del volumen de reciente publicación, Profetas del Fuego. El autor concluye la saga de este universo creado y desplegado a lo largo de cuatro novelas; la búsqueda del equilibrio,  el intento de encontrar Justicia y restablecer la Paz en Nubilum según el cumplimiento de las profecías antedichas, darán al lector un final intenso e inesperado, que lo cautivará sin lugar a dudas.
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En Mayo de 2014 nos contaste que estabas corrigiendo este libro, Profetas del Fuego Nubilum 4, que cierra la saga. ¿Cómo viviste este proceso a lo largo de un año hasta su publicación? ¿Hubo cambios en la idea original sobre cómo finalizar la narración?

La idea del sacrificio final había estado resuelta hace mucho tiempo (desde el primer libro). Cada vez que se me ocurre una idea para un libro pienso en el punto al que quiero llegar, cómo será su desenlace. Supongo que la cantidad de buenas ideas mal terminadas del cine norteamericano me moldearon en esa mecánica. Es cierto que los vaivenes de la trama llevan a alterar ideas pensadas de antemano, pero la idea final la sostengo salvo que descubra que estaba equivocada.

Los protagonistas de la novela buscan un “equilibrio” para solucionar los conflictos que agobiaron a Nubilum. Y esto se complementa con la idea de una estética circular para el cierre de la saga. ¿Cómo abordaste este vínculo en el desarrollo del libro?

Con mayor o menor acierto, intenté que el equilibrio se manifestara continuamente en las distintas facetas del libro. Desde la relación entre Drael y Ghalas (provenientes de entornos disímiles), hasta la proporción entre el poder de los elfos y la proliferación y tecnicismo de los humanos. La idea de volver al punto en el que la balanza se rompió, supongo que tiene que ver con mis apreciaciones personales. La idea de la vida como un espiral en el que siempre se tiene la sensación de volver al mismo punto, aunque exista un progreso. Llevándolo a un terreno psicológico diría que en la medida en que no solucionamos nuestros errores tendemos a repetirlos, y se hace necesario alterar nuestras actitudes para lograr resultados distintos. Y por otro lado emula las prácticas mágicas de las tribus prehistóricas (e incluso algunas contemporáneas) donde cada vez que algo enferma o se corrompe, es necesario volver a ejecutar el rito de la creación para sanarlo.

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Aparece en el texto una constante búsqueda de “Justicia”: “la guadaña del juicio debía caer de una vez por todas” expresa uno de los personaje, la figura de “la balanza”… ¿Conceptualmente cuál es tu apreciación  sobre el tema?

Es una idea si se quiere panteísta o budista. El karma, el equilibrio que parece ordenar la naturaleza. Toda acción, produce una reacción; y la reacción será acorde a la fuerza aplicada en primera instancia. La justicia no la considero voluntaria, ni siquiera equitativa; se desprende del ordenamiento resultante de todo desorden. La guadaña de la naturaleza que cae con la misma contundencia que la muerte.

Hay un giro final con relación al rol de la muerte ¿es una decisión ética o estética?

Sin lugar a dudas es estética. Había varias formas de resolver el conflicto, pero la idea de fusión y renacimiento encajaba con mi planteo de los extremos y de la necesidad de un ciclo vida-muerte-vida para mover el mundo. En cuanto a lo ético, es subjetivo. No creo que la muerte sea el medio para purgar las culpas. Sí creo que todo tiene un precio, y que cada elección implica una resignación. En este caso opté por resignar la vida de los personajes (¿y un final feliz?) a cambio de un final coherente. Por tanto la decisión es más estética que ética.

Anteriormente nos hablabas de los binomios como constantes en nuestra sociedad ¿cómo se resuelve el binomio “mundo real (o de los hombres) / mundo mágico ” en la narración de las cuatro Nubilum?

Escribo fantasía porque considero que gran parte de nuestro mundo mágico se perdió con la llegada del racionalismo. La ciencia y la explicación del mundo y sus mecanismos aplanaron inexorablemente la mística y la religión. Pero así como la vegetación se abre camino en las grietas de los edificios, el componente mágico resuelve siempre los vacíos que la ciencia no alcanza a llenar. Andurien, el reino de los humanos, representa la ciencia, la magia controlada y estructurada. El mundo exterior es lo desconocido, esa nada gigantesca que rodea al conocimiento. En la medida que negamos lo desconocido por la incapacidad de explicarlo racionalmente, nos estamos sesgando como seres. La única forma de no alienarse, es romper el cascarón que nos separa del afuera y enfrentarlo. La vida, explicada de la forma que sea, sigue siendo un milagro.

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¿Te interesaría incursionar en algún otro género además del fantasy?

Creo que lo comenté en la nota anterior; de lo contrario lo hago ahora. Mi primer novela era de ciencia ficción (el componente irreal siempre anda dando vueltas). De momento pienso abandonar la fantasía épica. (No me gusta llamarlo fantasy, perdón, ja). Así que exploraré otras ramas, un poco menos fantásticas.

Hablanos de tus proyectos actuales.

Actualmente estoy escribiendo la primera parte de una trilogía. Es un thriller con un leve matiz irreal, pero nada que espante a un racionalista tradicional. De momento no quiero revelar mucho más, pero constará de tres libros divididos en cuatro partes cada uno. ¿El número 12 es premeditado? La mística siempre está.

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Josefina Goggi

Abogada egresada de la UBA en 2004. Estudió Licenciatura en Letras en la UBA desde 1995 hasta 2000. Recibió el premio "Proyecto de Investigación sobre el Discurso Jurídico" otorgado por el Dr. Germán Bidart Campos, titular del Instituto de Investigaciones Ambrosio Gioja de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales UBA. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno

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