Charlamos con Maximiliano Ocampo Salinas, un emergente joven del arte contemporáneo, en un contexto de trastienda en la galería de arte contemporáneo Otero. Su trabajo se compone de un sistema abierto de gestos y materiales, que se inclinan hacia la instalación. Podremos encontrarnos con objetos en el suelo, mayores o menores en volumen, resignificados o puros, los soportes son de los más diversos.

1. Maxi Ocampo Salinas

El punto de partida siempre es un objeto que se pone en relación por analogía o contraste con otro; un espejo retrovisor que remite al ala de una mariposa, y otra ala de algún insecto o pluma yuxtapuesta sobre el borde interno de un CD, un cassette apoyado sobre una fotografiá cuyos carretes coinciden con los piñones de una bicicleta que aparece en esa imagen de algún lugar del mundo, un caracol del que nace un trueno…  Y así cada obra puede convocarnos en su unidad o por cualquiera de sus partes, por lo particular del vínculo, por lo evidente en él, por un detalle en algún objeto, la fracción o el todo.

La realización de cada obra estará sujeta a que aparezcan sus componentes ante el artista, como una revelación o un regalo del destino que permita conversaciones entre fotos y dados, mapamundis y hojas lisas A4, luz y sombras, cd´s. El cuello recortado de una remera de PANTERA clavada directamente a la pared.

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Cuando Maxi me cuenta el proceso de creación se despliega el universo que habita en la serie, “pasó un año hasta que encontré el ala de la mariposa, porque yo necesitaba el ala de una mariposa en particular, fue una gran satisfacción encontrar algo que yo había imaginado”.

Aquella obra del espejo astillado y el ala de mariposa es el devenir de un trabajo que siempre tuvo al objeto como protagonista, ya fuera cinta de papel y su natural fosilización a través del tiempo; como también a los pases de subte utilizados, abollados, rotos, desechados por los pasajeros, que se convirtieron en escultura per se tras ser redimensionados, cuya forma fue ampliada en metal para cristalizar sus pliegues, consecuencia de pasajeros autómatas, artistas anónimos imprimiendo un gesto involuntario, uno tras otro y arrojándolo al tacho de basura sin prestarle demasiada atención a ese gesto escultórico. O lo que sucede en la serie de collages realizadas con cintas magnéticas de subtepass, que por su forma evocan a ideogramas futurísticos y que, conceptualmente, esas fracciones de papel se unen para formar una suerte de árbol genealógico de transeúntes anónimos. 

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¿En las obras, el diálogo se inicia en la forma?

El diálogo está mucho más allá de la forma, hay una especie de conversación interna de estos objetos que yo decido aproximar, de hecho, muchos objetos colapsaron de forma accidental. Pienso, cómo puede ser que yo haya tenido este caracol tantos años guardado y después encuentro esto otro…, entonces creo que hay una especie de fuerza invisible que acerca a las cosas, como un dócil magnetismo.

¿Cuál creés que es el tema en tu obra?

Mi tema es el tiempo, pero como pregunta sustancial y permanente. Pienso que existe una relación cromática muy sutil entre las cosas que uso y recojo, muchas veces de la calle, para narrar ese pasaje entre la energía y el objeto. Inclusive el nombre de las obras remite a ese azar, a ese encuentro involuntario muchas veces, que produce lo poético, la misma relatividad.

¿Cómo nace este trabajo de relaciones?

Yo venía trabajando con este cruce entre elementos de la naturaleza y las cosas artificiales simbólicas que produce el hombre. Y a su vez con lo efímera que es la naturaleza y lo efímero que es el objeto que produce el hombre. Entonces por ejemplo en el caso del CD que utilizo como soporte, me sirvió para remarcar esa fugacidad funcional, es un objeto que vi surgir y prácticamente desaparecer. Es casi lo mismo cuando desaparece una especie animal en el mundo y es como una huella.

En otro de los casos podemos ver una esfera de vidrio apoyada milimétricamente sobre una entrada de un recital. Decidí ampliar la palabra “pie” que es la unidad mínima de espacio a la que podés acceder en un recital”.

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¿Cómo es tu trabajo actual a diferencia de los anteriores?

Mi trabajo de las series anteriores, tal vez consistía más en explotar una idea sobre una acción formal o efecto, trabajando sobre una línea más estricta y pautada. Eso condujo a que mi trabajo actual se despegue de ese límite y ahora sea mucho más intuitivo y libre en ese aspecto. No tiene márgenes. También siento que está apegado a algo más real. Los objetos que utilizo son cosas del mundo cotidiano, no hay casi una manufactura o intervención de mi parte sobre ellos, el gesto sólo consiste en la aproximación, yuxtaposición y demás decisiones que tomo para que las intervenciones sean mínimas y la potencia consista en el modo en que se muestren relacionadas esas piezas y objetos en el espacio.

En trabajos anteriores utilizaste la palabra como soporte, por ejemplo en la serie Palabras sopladas, y en las cartas hechas con recortes de palabras de revistas o diarios…

En el caso de la serie titulada “Palabras sopladas”, me interesó indagar en las relaciones entre significado y significante, las imágenes que tiene cada persona en su mente asociadas a las palabras. Cuando dibujo una palabra y luego soplo a través de un canuto sobre la tinta aún húmeda esta se esparce y genera una vibración, una resonancia, que es lo que sucede con la relación entre significado y significante, por ejemplo la palabra respirar para una mujer que fue madre se podría asociar inmediatamente con la primer respiración de su hijo. La palabra entonces puede cobrar otra potencia, se redimensiona con la experiencia individual de cada ser humano.

En la serie titulada «Cartas anónimas», la palabra aparece como soporte por necesidad. Deseaba escribir poesía de una forma menos deliberada y me valí de este mecanismo de escritura por medio del collage, que va entre el azar y la intención para componer este gran número de cartas, que luego se volvieron una forma de generar imágenes nutritivas para mí, que también exploro el mundo de la música, y algunas de ellas luego me sirvieron para componer canciones.

El trabajo de Maximiliano se puede visitar en la Galería OTERO (galeriaotero.com) y en su página: http://maxios.tumblr.com

 

Sobre El Autor

Nació en 1986, rata porteña del sur de la ciudad. Trabaja desde hace doce años en Museo Nacional de Bellas Artes, en la actualidad como educadora. Es profesora de teatro y se forma como Docente en Lengua y Literatura.

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