Al norte de la India se encuentra Haridwar, una de las siete ciudades sagradas del Hinduismo. Ciudad llena de templos y monasterios, lugar de peregrinación para los devotos hindúes, que a los pies de los Himalayas, se bañan en las sagradas aguas del río Ganges para purificar sus almas y expiar sus pecados. Ciudad fundada en la mitología, donde se mezclan el pasado y el presente, el comercio y la religión, en un solo lugar.

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A orillas del sagrado río Ganges, en las colinas Śivalik (“Caballera de Śiva”) y a los pies de las montañas Himalayas, se encuentra Haridwar, una de las siete ciudades sagradas del Hinduismo o Sapta Puri en sánscrito (las otras seis ciudades son: Ayodhya, Mathura, Varanasi, Kanchipuram, Ujjain y Dwarka). Un lugar que debemos visitar si queremos vivir directamente la intensa y profunda religiosidad que mueve a la India, junto con el comercio y el turismo asociado a ésta, en una suerte de caleidoscopio de la milenaria cultura y civilización India, pero en el siglo XXI.

Haridwar se encuentra en el norte de la India, en la parte occidental del estado de Uttarakhand, a unos 200 kms. al noroeste de Delhi. Sin embargo, y más allá de que se puede llegar en auto, en bus o tren, el viaje no es tan sencillo como parece a primera vista, ya que los caminos y el tránsito en India no son tan expeditos como casi siempre el viajero quisiera, por lo que estos poco más de 200 kms. de viaje se recorren como mínimo en cuatro horas en tren o seis en automóvil, pero si uno no está “bendecido por los dioses” también pueden llegar a ser largas diez horas en bus.

Lo primero que llama la atención al llegar a la estación de trenes de Haridwar y recorrer sus pequeñas calles y ajetreados mercados que venden de todo -desde frutas y verduras hasta ropa, pasando por juguetes, artículos de cocina, objetos religiosos y una serie de recuerdos para el turista espiritual-, es que como en todas las ciudades sagradas de la India, ésta también está repleta de una enorme masa de hombres y mujeres, que en un bello paisaje que mezcla las montañas y las llanuras con el Ganges como telón de fondo, se mueven cubiertos por el olor a comida, a incienso y también a basura, que impregnan toda la ciudad; al compás del sonido de los cantos de los sagrados mantras que repiten los sacerdotes y fieles, como un eco interminable que suena a lo lejos y que se va mezclando poco a poco con la música de la última película de moda de Bollywood y con el ruido de las bocinas de autos, motos y rickshaws que no se apagan nunca. Buscan dinero, entretención y liberación espiritual. Todo en un solo lugar, todo al mismo tiempo, como si la separación entre lo divino y lo mundano no existiese, en una ciudad donde el comercio espiritual le da sustento a la gran mayoría de sus habitantes.

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Haridwar podría traducirse como la “Puerta de Dios”, ya que dwar significa puerta en sánscrito y Hari es uno de los muchos nombres que tiene el dios Viṣṇu. Sin embargo, también se la conoce con otros nombres, ya que los devotos de Śiva la llaman Hardwar, es decir la Puerta de Hara (Śiva) y otros la llaman Gangadwar, (“Puerta del Ganges”), ya que es en este lugar donde el río abandona los Himalayas y entra en la llanura del subcontinente indio, por lo que aquí el agua todavía es fresca y cristalina. También es la puerta de entrada al Chota Char Dham, los cuatro lugares o santuarios de peregrinación de la región, ubicados todos a más de 3.000 metros de altura. Estos templos son el Yamunotri y Gangotri, dedicados a las diosas Yamuna y Ganga, respectivamente; y el Kedarnath y Badrinath, dedicados a los dioses Śiva y Viṣṇu, respectivamente. Desde Haridwar salen diariamente buses que llevan a cientos de fieles a visitar estos cuatro templos. Esta peregrinación, según el hinduismo, permite lavar los pecados y alcanzar la liberación, al mismo tiempo que disfrutar de un paisaje fascinante en medio de las montañas, con vistas a todo el valle y rodeados de bosques milenarios.

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Una vez repuestos de esos largos y cansadores 200 kms. de viaje, Haridwar nos ofrece muchas alternativas para recorrerla y conocerla. Se puede contratar un guía turístico, que nos mostrará la ciudad y sus principales atractivos, pero como es pequeña (para los parámetros de la India), lo mejor es caminarla con calma, apreciarla y disfrutarla al ritmo de cada uno, observando los detalles que la ciudad nos muestra en sus distintos rincones: un mercado con “productos” religiosos afuera de los distintos templos que llenan Haridwar, una venta de botellas de todos los tamaños para ser llenados con las aguas del Ganges, muchos sacerdotes y renunciantes espirituales vestidos con sus ropas de color azafrán que caminan por ahí, cobrando por sus bendiciones; pero también a muchos fieles y sinceros creyentes en el poder y en la divinidad de la “Madre Ganga” y en el origen sagrado de la ciudad, que se bañan en sus aguas, mientras al mismo tiempo le rezan. Estas caminatas por los distintos lugares y paisajes de Haridwar, además de entretenernos por la mágica atmósfera que transmite la ciudad, que como en casi toda la India nos transporta a otro tiempo, nos ayudará a comprender de mejor manera las aparentes contradicciones que se repiten en el país y qué tantas veces no podemos entender desde nuestra lógica.

Haridwar es conocida por ser la ciudad de los ashrams y de los templos, entonces nuestro recorrido tiene que comenzar por ellos. Definitivamente, los tres principales templos son el Chandi Devi, el Mansa Devi y el Maya Devi, una suerte de trilogía de templos dedicados al aspecto femenino de la divinidad, a la energía y el poder creador (shakti), representados en distintas encarnaciones de la consorte de Śiva.

El templo Chandi Devi está ubicado sobre el cerro Parwat Neel en la otra orilla del Ganges, a unos tres kms. del centro de la ciudad. El templo fue construido en 1929 por el rey de Kashimir, Suchat Singh, en el lugar que, según la leyenda, la diosa Chandi asesinó a los demonios Chanda y Munda. Más allá de su significado religioso, la visita a este templo vale la pena, ya que después de llegar ahí en teleférico en tan sólo cinco minutos (si es que no se quiere subir caminando el cerro), se tiene una hermosa vista panorámica de todo Haridwar y sus alrededores.

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El segundo templo, Mansa Devi, se encuentra en frente de Chandi Devi, en la parte superior de la montaña Bilwa Parwat, y también se puede llegar en teleférico, por lo que la “subida” y la vista también es espectacular. Cientos de hindúes llegan a este templo porque creen que la diosa Mansa cumplirá todos los deseos de sus sinceros devotos al tener la visión de las dos imágenes de la diosa que se encuentran en el templo.

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Finalmente está el Maya Devi, un templo construido en el siglo XI, en el lugar donde el corazón y el ombligo de la diosa Sati cayeron. Según la mitología hindú, Sati se auto inmoló en el fuego para vengar la ofensa que había hecho su padre, el rey Daksha Prajapati, a su marido el dios Śiva, al no invitarlo a la celebración de un gran sacrificio. Cuando Śiva se enteró de que Sati se había suicidado para mantener su honra, se llenó de ira y después de castigar al rey, abrazó los restos del cuerpo de Sati y comenzó a vagar por muchos años. Poco a poco, distintas partes de la diosa cayeron en diferentes zonas que hoy son lugares sagrados y de peregrinación para el hinduismo, conocidos como Shakthipeethas, los 52 lugares donde las distintas partes del cuerpo de la diosa cayeron y que están repartidos entre India, Nepal, Bangladesh, Sri Lanka y Paquistán.

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Para continuar con nuestro recorrido, y también con la mitología, podemos visitar el templo Daksha Mahadeva en el sur de la ciudad, que precisamente fue construido en homenaje a esta leyenda, en el mismo lugar donde Daksha Prajapati celebró el sacrificio y su hija Sati se quemó según la mitología.

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Entrar a un templo hindú en la India no es algo fácil, ya que en muchos de éstos no se permite entrar a extranjeros, ya que no somos hindúes y por lo mismo somos considerados impuros. Pero también hay templos a los que se puede ingresar sin ningún problema y la experiencia es única, porque en ellos se ve una masa sin forma que en una interminable fila, espera no tan pacientemente para entrar al templo y poder tener el darshan (la visión) de la deidad a la que está dedicado el templo y ser bendecido por ésta. Una vez adentro del templo, que por lo general son bastante pequeños, la gente se amontona y se empuja entre sí, para poder acercarse a la imagen de la deidad y realizar un puja, una sencilla adoración que consiste en ofrecer flores, incienso, algunos dulces y agua, que han sido comprados afuera del templo en un mercado especialmente creado para esto, más algunas cuantas monedas, al dios del templo. Todo esto en sólo algunos minutos, rodeado de muchas personas que se mueven en todas las direcciones, de un ruido permanente y de los sacerdotes del templo que apuradamente bendicen a la gente al mismo tiempo que revisan sus celulares.

Después de visitar estos templos tomamos un auto rickshaw, los clásicos triciclos motorizados de la India pero que en Haridwar tienen la particularidad de ser eléctricos, que nos lleva al Sapt Rishis Ashram, un monasterio construido para conmemorar el lugar en el que siete sabios (sapt rishis) estaban sentados meditando y el Ganges, para no pertúrbalos en su meditación, se dividió a sí mismo en siete arroyos. Las leyendas explican cada hecho u objeto en Haridwar, nada es porque sí, dándole una razón de ser y un sentido a su existencia.

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Pero en Haridwar no todo es religión y mitología, sino que también es un destino para los amantes de la naturaleza y la aventura. A sólo diez kilómetros de la ciudad se encuentra el Parque Nacional de Rajaji (http://www.rajajinationalpark.co.in/), que se extiende por una superficie de 820 kms. cuadrados. La belleza de los paisajes y la biodiversidad del parque se descubren en las más de 400 especies de aves y 23 de mamíferos que lo habitan, destacando elefantes, tigres, leopardos, jabalíes, entre otros, que pueden ser divisados sólo a algunos metros de distancia, tomando alguno de los safaris que ofrece el Parque, los cuales pueden durar simplemente algunas horas hasta otros que permiten dormir en cabañas al interior del Parque. Sin duda, una maravillosa experiencia de vida silvestre y naturaleza en todo su esplendor.

Al terminar el día nos dirigimos junto a casi toda la ciudad a Hari Ki Pauri, el ghat más famoso de Haridwar, donde los sacerdotes realizan todos los días del año, tanto al amanecer como al atardecer, el Ganga Aarati, una ceremonia de adoración a la diosa Ganga, a través del ofrecimiento de luz representada en el fuego de sus lámparas. Quizás es la mayor atracción de la ciudad y al mismo tiempo su símbolo, una experiencia única e inolvidable tanto para los devotos como también para los no hindúes. La ceremonia es seguida por miles de personas que acompañan la adoración con cantos y rezos, dejando flotar en sus aguas sagradas pequeños canastos de hojas mango y plátano (diyas), que en su interior contienen lamparitas de aceite, algunas pocas flores e incienso, como símbolo de adoración a la diosa Ganga. Sin duda es un espectáculo maravilloso y esperanzador.

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Nuevamente la realidad se mezcla con la mitología, ya que la leyenda cuenta que tanto Viṣṇu como Śiva han estado en este lugar, por lo que el ghat es de una enorme sacralidad para los hinduistas. Así también, el ghat puede ser llamado Hari Ki Pauri o también Har Ki Pauri, dependiendo de si se es devoto de Viṣṇu o Śiva, respectivamente. Fue construido en el siglo I por el Rey Vikramaditya en memoria de su hermano Bhatrihari, quien se sentaba a meditar en este lugar a la orilla del Ganges, donde -se dice- cayó el amrita, el néctar de la inmortalidad, y donde Viṣṇu dejó impresa la huella de su pie en una piedra. Con el tiempo, este lugar llegó a ser conocido con su nombre actual, que significa “Paso o pisada (pauri) de (ki) Dios (Hari o Hara).

Después del Ganga Aarati comemos en el Big Ben, el mejor restaurant de la ciudad que también es hotel, y comenzamos a despedirnos de estos días en la divina Haridwar, la ciudad donde las contradicciones al parecer no existen, donde la mitología a veces puede ser más real y verdadera que la propia realidad, donde lo sagrado todavía se vive de manera profunda, aunque sea mezclado con el comercio y el lucro religioso, pero si a los hindúes no les importa esta mezcla, menos debería importarme a mí.

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Vuelvo a mi vida en Delhi, no quedan pasajes en tren por lo que tendrá que ser en bus… al parecer no he sido bendecido y mis plegarias no han sido escuchadas por los dioses.

Orígenes mitológicos de Haridwar

Según la mitología hindú, un día el sabio Dervaras regaló una hermosa guirnalda de flores al dios Indra. Éste agradeció el gesto y la colocó en la cabeza de su elefante Airavata. El animal, excitado con el perfume de las flores, la tiró al suelo. El sabio entendió esto como un desprecio y una ofensa, por lo que maldijo a Indra y a todos los dioses con la pérdida de sus poderes y el fin de su reinado. Los devas pronto comenzaron a perder poder y temieron ser vencidos por los asuras, los demonios. Entonces el dios Viṣṇu ideó un plan. Reunió a los devas y les dijo: “Tomad a la montaña Mandara (el mítico y sagrado monte Meru) como palo de batir, que descansará en el caparazón de Kurma (la segunda encarnación del mismo Viṣṇu con forma de tortuga) y a Vasuki, el rey de las serpientes, como soga, y empezar a batir el océano de leche para que surja el amrita, el néctar de la inmortalidad”.

 

Pero los dioses no podían batir solos, por lo que tuvieron que pedir ayuda a los demonios, que también anhelaban la inmortalidad. De este modo, devas y asuras comenzaron juntos a batir y del océano de leche surgieron distintos seres y objetos celestiales, como el sol y la luna y la diosa Lakshmi, entre otros… Al último surgió Dhanvantari, médico de los dioses, quién sostenía un pote con el néctar de la inmortalidad. En cuanto los demonios vieron el amrita, se precipitaron sobre él y lo robaron sin que los dioses pudieran impedirlo. Rápidamente Viṣṇu se transformó en Mohini, la mujer más hermosa del mundo, para engañar y seducir a los demonios, quienes extasiados y paralizados frente a tal belleza, no opusieron resistencia cuando Viṣṇu aprovechó el momento para quitarles el néctar de la inmortalidad y dárselo a los dioses, quienes formados en fila, comenzaron a beber el líquido que los haría inmortales, terminando así con la maldición del sabio Dervaras. Los ahora poderosos devas no podían ser vencidos y arrojaron a los demonios a los infiernos. Sin embargo, durante la batalla, que duró doce días y doce noches divinas (que equivale a doce años humanos), algunas gotas del néctar de la inmortalidad cayeron sobre cuatro lugares de la India: Praiag, Ujjain, Nasik y Haridwar…

Basado en esta leyenda, estas cuatro ciudades bendecidas por el néctar de la inmortalidad se convirtieron en centros de peregrinación y cada tres años estas cuatro ciudades se turnan para celebrar la fiesta religiosa más importante del Hinduismo y de la India: la Kumbha Mela, la “Reunión del Pote”, que concluye con la Maha Khumba Mela al finalizar el ciclo de doce años, quizás el mayor peregrinaje del mundo y sin duda el más masivo, donde decenas de millones de hindúes y turistas se congregan para bañarse en las aguas de los sagrados ríos que atraviesan estas ciudades.

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