Juan José Burzi publica “Los Deseantes” (Zona Borde, 2015). Un libro de cuentos impactantes, debido al abordaje de temas tan reales como crudos, difíciles y polémicos. Los personajes se dan a conocer tensando una delgada línea que recorre lo prohibido. La escritura transgrede y provoca, dejando entrever el lugar posible de la literatura que propone el autor. El juicio de valor final será únicamente del lector.

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La sexualidad, la muerte, el delito, son  temas abordados en los cuentos de Los Deseantes. La construcción narrativa de los mismos me hizo recordar al “pensamiento del afuera”, del que hablaba Foucault. Es decir, el lenguaje literario transgrede los modos discursivos del poder y lo “indecible” aparece. ¿Cómo transitaste esta experiencia literaria?

Me costó hacerlo, me preguntaba constantemente si estaba “bien” escribir algunas cosas, o si debía “suavizarlas”… en algún momento decidí ser fiel a mi intención primaria: escribir algunos cuentos que no estuvieran dentro de ese límite que suele proponer “lo decible”, como vos mencionás. Como experiencia, te puedo decir que esto me permitió liberarme y meterme de lleno en algunos planteos, ser políticamente incorrecto, trabajar algunos temas sin importarme mucho lo que luego se podría pensar de mí como autor del libro. Al punto que le pongo mi nombre a uno de los personajes más repudiables del libro.

“Los Monstruos” cuenta relaciones incestuosas. “Los Deseantes”, pedofilia. “Crónica Negra” aborda el tema de la trata y la violencia de género. Podemos conocer a los personajes de éstos cuentos desde diferentes voces, sin que ninguna de ellas  los “juzgue”.  ¿Cómo manejás la construcción de un o varios narradores que no se conviertan en jueces o  verdugos?

No suelo ponerme en el lugar de juez o verdugo cuando escribo. Igual entiendo que en este libro había más de una oportunidad para hacerlo. Inclusive, si te fijás, a los personajes ni siquiera los juzgo desde la trama: no todos terminan “pagando” por lo que hacen, te diría que por el contrario, se revuelcan en su goce y así terminan. El protagonista de Los Deseantes nunca se arrepiente de decir lo que dice de El Diario de Ana Frank, ni de someter sexualmente a una adolescente… y cuando los papeles se invierten, él lo disfruta. Creo que más complicado que crear estos narradores que no juzgan, es no caer en la tentación de hacerlo. Hay demasiada literatura “correcta”, aun cuando sus temas no parezcan serlo. Si hubiera emitido, por medio del narrador o de alguna acción concreta, un juicio sobre el amor incestuoso de Ceci y Nacho, le hubiera facilitado las cosas al lector, lo hubiera vuelto a llevar a su zona de confort: “miren, el incesto está mal, yo escribo sobre esto, pero sepan que eso no se hace”. ¿Qué estaría haciendo así? Escribiendo una literatura en el fondo pacata para lectores cómodos y pacatos. No es justamente lo que más me interesa hacer hoy por hoy.

“Loop” es un cuento diferente, sin escapar por eso a la crudeza o el impacto que provoca la lectura del libro. El tema central es la identidad, la búsqueda de la identidad. Me interesa el cruce de esto con la Historia (el “profesor de Historia” en el cuento). ¿Podría tratarse de una metáfora, en el sentido que la propia identidad nunca puede “huir” de nuestra Historia, vivencias y recuerdos? ¿Cuál es tu visión sobre este eje identidad-historia?

Loop es una mezcla de homenaje velado a CRASH, de Ballard, y de uno de mis temas preferidos: los mellizos gemelos. Muchas de las preguntas que se hace el protagonista son las que me haría yo, en caso de tener un mellizo gemelo. A medida que empecé a escribir el cuento, advertí que la Identidad, así con mayúscula, sería el tema central. Cuando escribía la parte en la que el profesor de Historia, justamente, le hace esa observación sobre su evaluación escrita, me di cuenta cómo iba a terminar el cuento. Hasta ahí estaba medio perdido, porque no le veía mucha salida. Y también, al terminar de escribirlo, me di cuenta de que bien podría ser tomado como un cuento de tema político-histórico, especialmente teniendo en cuenta lo que sucedió en este país. De hecho, yo creo que es un cuento con cierta carga política, pero salió sin haberlo buscado.

¿Cómo pensás el límite entre el deseo, la perversión y el delito despojados de una moral preestablecida social y culturalmente? ¿La literatura, el arte, es lugar posible de lo “prohibido” por un status quo?

Creo que no hay límites; la literatura, el arte en general, debería ser ese lugar donde explorar eso “prohibido”. Luego, en la vida real, ya no te sé decir: cada uno hace lo que puede. Del mismo modo que cada uno escribe lo que puede, guiado por obsesiones, o inquietudes que surgen. A mis veinte leí Totem y Tabú, el ensayo de Freud. Me dejó la idea de escribir algo similar a lo que, unos casi veinte años más tarde, escribí.

En la misma línea de la pregunta anterior, también resulta interesante conocer tu elección por escribir sobre temas tabúes, narrar situaciones que todos sabemos que existen y al mismo tiempo nos es difícil abordar como sujetos ideológicos.

No sé bien de dónde viene eso… tal vez simplemente sea que escribo sobre cosas que me gusta leer.

¿Cómo manejás el clima, la atmósfera, en tus narraciones? ¿Cuál es tu proceso de escritura?

Escribo a mano las primeras versiones, luego paso todo, o voy pasando cuando llevo cierta cantidad de páginas, a la compu. Imprimo y corrijo sobre eso. En la etapa de corrección, a veces corto, literalmente, y armo como rompecabezas o collages. En medio de todo ese trabajo, voy encontrando el clima del cuento. O sea: parto del caos.

Como narrador, ¿cómo abordás en tu obra el trinomio “lenguaje, trama, argumento”?

Te respondo con algunos ejemplos del libro.

Dudaba mucho con el lenguaje que debía utilizar el narrador de Los Deseantes, que es una primera persona bastante particular. Hubo momentos en que no sabía si lo que estaba escribiendo tenía un valor literario, de hecho aún no lo sé. Pero sí me convencí de que alguien que narra en primera tiene que utilizar ciertas expresiones y palabras que quizá suenen chocantes o “incorrectas”.

Algo similar me sucedía con Los Monstruos, que en principio era la historia entre los hermanos (Ceci y Nacho). Pero me quedaba banal, algo chata… hasta que entró en juego Egon Schiele y su hermana Gerti. Ahí sentí que se sumaba algo al argumento, a la trama, desde otra perspectiva.

Desde tu punto de vista, ¿cuál es el estado de situación de la literatura en la actualidad?

Se publican muchos títulos de literatura nacional, hay una movida muy interesante. No podría, aunque tuviera la voluntad, leer todo lo que se publica. Algunas cosas he leído, otras editado, y me parece que el estado es saludable en el sentido que hay de todo para todos los gustos; aunque en lo personal, encuentro un poco monótono y descuidado lo que se publica.

¿Cuáles fueron tus lecturas fundacionales?, ¿cuáles los libros –clásicos o contemporáneos- que más has disfrutado en los últimos años?

Como “lectura fundacional” te voy a nombrar algunos libros o autores que cambiaron mi forma de encarar la escritura luego de leerlos: Edgar Poe, William Faulkner, Juan Carlos Onetti, Junichiro Tanizaki, William Goyen, J.G.Ballard, John McGahern, Pierre Michon…

Contemporáneos: Pascal Quignard, Pierre Michon, Alice Munro, John McGahern, J.M.Coetzee, Cormac McCarthy.

Contanos si estás con algún proyecto nuevo luego de la publicación de este libro.

En 2016 se reedita Un dios demasiado pequeño, libro de cuentos que se publicó en 2009 y que ganó el Tercer Premio de Literatura de la Ciudad de Buenos Aires (aún no lo entregaron!) Y traduciré un libro que analiza la vida y obra de Edgar Poe. Si se me ocurre algo, quizá hasta escriba algún cuento en 2016.

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Sobre El Autor

Abogada egresada de la UBA en 2004. Estudió Licenciatura en Letras en la UBA desde 1995 hasta 2000. Recibió el premio "Proyecto de Investigación sobre el Discurso Jurídico" otorgado por el Dr. Germán Bidart Campos, titular del Instituto de Investigaciones Ambrosio Gioja de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales UBA. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno

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