Carol Bensimon nos invita a recorrer archivos de memoria, recuerdos anacrónicos, imágenes de adolescencia, de arquitectura, paisajes y vivencias compartidas. El narrador va cambiando y por momentos nos deja la sensación de estar ante un relato onírico, como los relatos de recuerdos, fragmentados, pero detallistas. Crecemos junto a los personajes, reconstruimos recorridos propios en el recorrido de ellos.

Una casa particular a la que asistimos de pequeños y despertaba curiosidad y fantasías, aquello de uno que muere cuando mueren otros que nos conocían, nuestro rol en la sociedad, a partir de los vínculos de amistad, las primeras elecciones y el despertar al mundo.

Una gramática desarticulada a lo largo de todo el libro nos instala en el escribir como hablamos, o escribir como hablan los personajes que habitan esas historias, esta articulación genera sentido en tanto deja a la luz una especificidad de la estructura como se articulan las historias, los pensamientos y los protagonistas.

Las imágenes que sugieren las historias son lo suficientemente específicas como para que uno pueda adivinar un Le Corbusier como referente de la arquitectura que sugiere el primer relato.

Asistimos también a esas etapas de fabulación y futurología que hacíamos de adolescentes, donde establecíamos nuestros proyectos y cánones de éxito, nuestros paradigmas y planes a seguir.

La vida es pequeñas ciudades, de tranquilidad por lo menos aparente y sonora. Climas y paisajes apacibles, que aburren, de los que hay que huir para triunfar aún en el relato de los otros. La siesta y el chusmerío, aquello que llega en nombre del progeso y asusta sólo por ser cambio.

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¿Cómo nace en vos polvo de pared?

Nace de la observación y de suposiciones. Había una casa modernista cerca del lugar donde trabajé en el 2007. La construcción me atrajo, me hizo pensar en el tipo de familia que viviría allí. Ese fue el disparador de la trama de La Caja. Recuerdo la segunda historia surgió de un viejo almacén de carretera que observé en un viaje a las montañas. Entonces supe que eran los lugares los que me iban a llevar a los personajes.

¿Qué es lo que aúna a los tres relatos que conforman el libro?

Existe la fuerte presencia de la arquitectura: una casa modernista, el condominio en construcción, el hotel en la sierra. Capitán Carpincho nació incluso con esa conciencia de que el hilo que cose los relatos son lugares inusuales que no son sólo los escenarios, pero que efectivamente diseñan la trama. Otro punto de conexión es el hecho de que la mayoría de los personajes son las chicas que pasan por momentos de cambio en sus vidas.

¿Cómo trabajaste al narrador de La caja, que cambia y por momentos es uno de los personajes y por momentos es más un omnisciente? ¿Cuál es el objetivo de este tratamiento del narrador?

Yo quería un narrador más distanciado en el principio y el final, algo que funcionase como una especie de marco. Es como si, al principio, nos acercáramos lentamente a esa calle, a ese bloque, a esas dos casas. Luego entra la narración en primera persona, en el pasado, porque era el punto de vista de Alice el que más me interesaba, la inadecuación de ella misma, su inocencia, la relación con la familia, los vecinos y por supuesto con su propia casa modernista. Al final, En el final surge nuevamente la idea del distanciamiento, la cámara se aleja, tal vez como forma menos sentimental de narrar el regreso de Alice a su casa.

Los personajes principales suelen ser adolescentes y su encuentro con el mundo a venir (la adultez) no se muestra mayormente promisorio, ¿cómo fue esta etapa para vos?

No fue particularmente turbulenta como lo es para muchas personas. Ok, yo era muy atormentada, pero no explosiva. Tenía mis amores platónicos, que no llevaban a nada. Muchos amigos. Era una chica que no bailaba. Que tomaba martini o cualquier cosa muy dulce, pero que nunca se emborrachaba, porque la idea de perder el control me parecía horrible. Pero, por supuesto, yo tenía mi intensidad, construido de una manera diferente. Mantengo, hasta hoy, una fascinación con la juventud, lo que resulta bastante obvio en mis libros.

Los tres relatos pueden ser encuadrados como historias de iniciación, donde el cambio surge luego de un golpe. ¿El dolor es inherente al crecimiento personal?

Sí . Pero no creo que el crecimiento personal sólo se pueda encontrar en el dolor y el sufrimiento. El dolor enseña, pero la alegría también .

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Me interesa saber cómo funciona la memoria –olvido y recuerdo- en tu literatura, ¿Cuáles son los mecanismos que utilizás para construir estas voces de infancia?

La memoria es importantísima. No mis recuerdos personales, sino los recuerdos de los personajes. Creo que tengo una tendencia a mezclar los tiempos, por lo que los personajes casi nunca habitan en un mismo tiempo y en un solo lugar; el pasado siempre se impone y, de alguna manera, resignifica el momento presente.

Me gustaría que me contaras cómo se refleja a la hora de “ser escritora” o “vivir de la escritura” el hecho de vivir en Porto Alegre, lejos de la capital cultural del país.

Público por una editorial en el centro del país, lo que me hace un poco menos periférica pero, por supuesto, el hecho de no circular ciertos lugares de São Paulo puede hacer que no recibas una invitación para tal o cual evento.

En “Capitán Carpincho”, Clara rechaza el confort de la vida que sus padres le proveen y comienza a trabajar en un hotel para sumar experiencia a la hora de encarar su carrera literaria. ¿Antiburguesía o la idea del artista trágico?, ¿compartís esta visión? ¿De qué se alimenta tu narrativa?

La idea de Clara es ciertamente romántica, está ligada a la creencia de que hay que vivir experiencias intensas, incómodas, inusitadas, para luego escribir sobre ellas. Digamos que ella es el contrapunto del famoso escritor que está alojado en ese mismo hotel, haciendo literatura comercial y cobrando para que ese hotel aparezca en su siguiente novela policial. Él es una caricatura de lo que es estar dentro del mercado literario, en el sentido más business y menos artístico posible. Pero Clara, la aspirante, ve Carlo Bueno con admiración. Podría considerarlo un vendido, un fraude, pero no. Esto significa que ella no sabe muy bien lo que estás haciendo o donde quiere llegar.

¡Creo que no soy ni Clara ni Carlo! Me alimento de la incomodidad existencial, de la voluntad de hablar sobre ciertos temas y de construir (¡y controlar!) universos ficciónales.

¿Cuál es el estado de situación de la literatura brasileña en la actualidad? ¿Cuáles son las voces más interesantes de la nueva generación y cuáles los nacimientos más promisorios?

Hay mucha gente escribiendo y publicando pero, por desgracia, Brasil es un país de pocos lectores. Si consideramos entonces a los que consume literatura brasileña contemporánea, son incluso menos. De todos modos, esto no dice nada acerca de la calidad de la literatura. Podría citar muchos nombres que me gustan pero yo recomiendo cuatro: Bernardo Carvalho, Daniel Galera, Michel Laub y Elvira Vigna .

¿Cómo manejás el clima, la atmósfera, en tus narraciones?

Para mí, manejar el clima es tan importante como construír una buena trama. Digo esto pero, al mismo tiempo, tengo dificultad en definir lo que es el clima, la atmósfera. Entiendo que parte de ellos se define por el paisaje (y estan también los sentimientos de los personajes, las acciones y los diálogos), pero es claro que estos elementos siempre son manipulados. Por ejemplo, el otro día leí para unas amigas una escena de un libro que estoy escribiendo. La escena pasaba en una playa. Hay algo inquietante en la escena, un clima de desconfianza , de lo no dicho, de decadencia. Cuando les mostré las fotos de tal playa (real), el comentario fue: “¡No pensé que fuera tan hermosa!” Claro. Yo no tenía el menor interés en mostrar la playa de esa manera.

¿Cómo abordás en tu obra el trinomio “lenguaje, trama, argumento”?

Trato de no descuidar ningún aspecto, no dejar que un elemento soterre al otro. Como lectora me gusta un cierto equilibrio, aunque quizás equilibrio no sea la palabra correcta. Lo que quiero decir es que, incluso en algunos experimentos muy radicales de la prosa, como es el caso de El sonido y la furia, esta fragmentación y la confusión general del discurso es la construcción de una rica y dramática historia. De todos modos, no creo en una relación jerárquica, como ” el lenguaje está al servicio de la trama”. Creo que son instrumentos tocando la misma canción.

¿Cuál es tu proceso de escritura?

Anoto bastante en un cuadernito. En la narrativa de largo aliento, he utilizado un cuadro y, a veces, fichas para esquematizar la trama. Después escribo en la computadora. En un día productivo, escribo cerca de una página. No soy una persona que corta la mayor parte de lo que escribe, por el contrario, es más frecuente que acabe añadiendo frases o párrafos posteriormente.

¿Cuándo surge en vos la vocación literaria? ¿Eras lectora de ñiña? ¿Cuáles son tus influencias literarias?

Tuve mucho acceso a los libros, mis padres me animaron a leer. Soy hija única. Jugaba mucho sola, construía universos privados. Después acabé entrando en la universidad de publicidad, allí pude ejercer un poco la escritura (en disciplinas de inicio de curso y también en las relaciónadas al cine), actividad que, en ese momento, vi como un hobby. Sólo más tarde se impuso la escritura, y empecé a imaginarme una manera viable de dedicarme a ella. Abandonado la publicidad, entré en una maestría de Escritura Creativa (en la línea de los cursos norteamericanos de escritura creativa) y lancé Polvo de pared. Es difícil hablar de influencias. He leído un montón de la literatura norteamericana, pero los primeros libros arrebatadores que leí y que me dieron la voluntad de escribir fueron los libros de Caio Fernando Abreu y Julio Cortázar.

bensimon - polvo de pared

Traducción de Damián Blas Vives

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