Hay pocas sagas de personajes, dentro de la novela negra y criminal, que no tengan a un detective como protagonista. Podemos mencionar la serie Parker o la de Dortumender, ambas escritas por Donald Westlake, la de ladrona profesional Crissa Stone del norteamericano –e inédita en español- Wallace Stroby, o la del “trotamundos” Jack Reacher de Lee Child.

Travis McGee –Trav para los amigos- el personaje creado por John MacDonald se encuentra dentro de esa lista, e hizo su primera aparición en Adiós en Azul, primera novela de las 21 novelas de la saga, que se publicó en 1964. Con anterioridad había sido editada dentro de la colección Caballo Negro, y un par de meses atrás, ha sido recuperada -como tantas otras joyas, George V. Higgins incluido- por Libros Del Asteroide.

A diferencia de los detectives, Trav no se encarga de encontrar -literalmente- personas, sino objetos de valor a sus dueños con la condición de llevarse la mitad de lo que pueda recuperar. Aunque –al igual que sucede con las novelas de Jack Reacher- la estructura es la misma: la investigación.

Otra diferencia que podemos mencionar, es que el ámbito donde se desarrolla la trama no es el de la ciudad, sino el de las costas de Florida. Trav vive en un bote en Fort Lauderdale y no tiene oficina, ni horario fijo. Su jefe es su propia panza, la que le dice que hay que comer, y su cabeza, que le dice no puede no hacerle un favor a alguien.

Ese último es el caso de Adiós en Azul.

Una compañera de barca, le sugiere a Trav que hable con Cathy, una bailarina conocida, que tiene una situación delicada que resolver; un trabajo hecho a medida para él.

Cathy le cuenta que su padre, veterano de la segunda guerra, trajo algo de manera ilegal del frente de batalla, pero no sabe qué. Solo sabe que valía mucha plata. Y el que sí sabe es su ex novio: Junior Allen. Un ex compañero de celda del padre, y que tuvo interés, demasiado, interés por el pasado de su compañero de trullo.

#8 regla de las relaciones: Sospechá cuando alguien se interese demasiado por tu suegro.

La buena de Cathy nunca escuchó hablar de esa regla, así como tantas otras, y esa relación en principio idílica, devino en abusos de los que son difíciles de contar, que solo terminaron cuando Junior Allen encontró el punto marcado con la X y desapareció, únicamente para volver con ropas caras y un velero, junto con una nueva mujer trofeo abajo del brazo. Una señorita llamada Lois Atkinson, a quien Travis McGee le salva la vida de una adicción al alcohol, mientras sigue con su camino de ir recopilando confesiones. Una vez más la historia se repite: Junior Allen es un “hombre fatal”, que va dejando tras de sí un reguero de chicas con algo más que el corazón roto.

Tras los pasos de Junior Allen, McGee, va develando una sociedad norteamericana en la época post segunda guerra, criticando el desarrollo en la Florida y las tarjetas de crédito, nueva forma de esclavitud.  Además de poner una atención especial en las mujeres, parte fundamental del drama, que van desde bimbos de yate, pasando por camareras que solo tienen las propinas de un sueño, hasta viejas de veinte años. Todas ellas se aferran a su juventud y belleza como única salida de una vida de rutina. Tienen un rol tan importante en la novela que, comparado con ellas, el crimen y la muerte son meros incidentes que aparecen en la trama.

Es interesante observar cómo McGee presenta ciertas características de los demás pesos fuertes del género. La dureza –a veces un poco forzada- de Sam Spade, y el análisis de los fuertes cambios en la sociedad y las diferencias generacionales que bien plasmó Ross MacDonald a lo largo de la saga de Lew Archer.

MacDonald exprime el pulp y deja un relato en el que se empieza a evolucionar –o mutar- hacia el noir, y nos deja una historia donde lo que se tiene que rescatar, no es un objeto de valor, sino el último pedazo de corazón roto de una mujer.

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Adiós en Azul

John D. MacDonald

Traducido por: Mauricio Bach

Libros del Asteroide

240 páginas

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Nicolas Ferraro

Diseñador Gráfico titulado por la UBA. Trabaja en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Participa en RASTROS: Observatorio Hispanoamericano de Novela Negra y Criminal. Como escritor, formó parte de la antología Paganos (Alto Pogo, 2014) con el cuento “La Sangre en las Manos”. Dogo (2016, Del Nuevo Extremo) , su primera novela, fue finalista del concurso Extremo Negro. En 2017, Editorial Revólver publicó "Cruz" Es hincha de George V. Higgins, Donald Ray Pollock, Edward Bunker, James Sallis, Raymond Chandler, Jeff Nichols, James Crumley, Ben Affleck, Daniel Woodrell, Taylor Sheridan, entre otros.

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