Hablamos con Santiago Villanueva a partir de la muestra Colección, nuevas adquisiciones en el Museo La Ene, del que forma parte. Hablamos de un proyecto que en sus cinco años de vida cuestiona las instituciones, redefiniendo sus estructuras históricas y dando vida a un museo que anticipa el futuro del arte. Una célula en crecimiento que cierra el año y su etapa de génesis. También hablamos de Santiago como artista, de su muestra en Nueva York este año y sus proyectos venideros.

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¿Cómo surgió Colección, nuevas adquisiciones?

La muestra surge debido a que el espacio de La Ene se va a mudar, entonces decidimos que la última muestra en el Patio de Liceo, donde está su actual sede,  sea una muestra de la colección, que es una colección que venimos desarrollando en los últimos cinco años y particularmente esta muestra reúne las últimas piezas adquiridas.

Lo que tiene de particular la colección es que no es una colección representativa de un momento del arte argentino o de un momento del arte latinoamericano sino que trabaja directamente con los intereses del Museo. Estos intereses tienen que ver con la crítica institucional, con el desarrollo de los Museos o mismo con las muestras o los proyectos que suceden en el espacio de La Ene o que están vinculados al proyecto.

Por eso no es una colección representativa, como es la Colección del Museo Nacional de Bellas Artes. Entonces estas piezas que estamos exhibiendo ahora en la muestra, derivan también de esos intereses de la colección que tiene que ver con las exhibiciones que desarrollamos este año en La Ene.

 

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¿Cuál es la característica particular de las obras de la colección?

La colección responde a la situación institucional de los museos en la Argentina. Ese fue el origen de la colección, y por eso mismo no tenemos reservas, como podría tener cualquier museo de la ciudad o del país, sino que la reserva del museo es un disco rígido que contiene todas las obras. Esas obras tienen ciertas limitaciones y ciertas posibilidades. Por un lado son obras que pueden ser instrucciones, es decir instrucciones que están detalladas en un archivo de word y que pueden ser activadas en cualquier situación y cualquier momento, por otro lado pueden ser archivos JPG, pueden ser videos, fotografías, conferencias, como es el caso de una de las obras que están ahora en exhibición. Pueden ser archivos que se impriman, es decir no sólo tienen que ser archivos digitales que deban mostrarse de modo digital, sino que pueden cobrar cierta materialidad a través del papel. Lo singular que tiene la colección es que pueda viajar a diferentes lugares sin tener que atravesar toda la burocracia de los trámtes de exportación de obra, que también lo vemos como una de las grandes trabas que tiene el sistema institucional de museos en la Argentina. Y por lo tanto pudimos realizar varias muestras de la colección en Perú, Canadá, Dubai, Puerto Rico, en Rosario, y tenemos proyectos para que la colección pueda seguir itinerando.

¿Cómo nace el Museo de La Ene?

El Museo de La Ene nace por iniciativa de Gala Berger y Marina Reyes Franco hacia mediados del 2010 y surge como respuesta a esta situación institucional en relación a los museos y sobre todo a la inexistencia de un museo de arte contemporáneo en Buenos Aires. Lo que se determinó cuando nace La Ene es que había un Museo Nacional de Bellas Artes, un Museo de Arte Moderno, pero no había una plataforma institucional para que los artistas activos, artistas jóvenes, puedan exhibir sus producciones por fuera del circuito de mercado, es decir todo el circuito de galerías. En ese momento surge La Ene, que el nombre original es Nuevo Museo Energía de Arte Contemporáneo, simplificado como La Ene; porque en ese espacio, en el Patio del Liceo, funcionaba antes una casa de té que se llamaba Energía, entonces a través de este nombre lo que se busca es recuperar parte de la historia de ese lugar, incorporarla a su nombre. La Ene pasa a ser el primer museo de arte contemporáneo de la Cuidad de Buenos Aires sin estar inserto en el circuito de museos estatales, sino de manera independiente. Por lo tanto surge como respuesta a esa situación y surge también como una respuesta a esa carencia que veíamos por parte del estado en relación al apoyo de la producción de arte contemporáneo.

A partir de ahí empieza a tener características muy particulares en relación a un museo. Tiene un área de educación, una colección, una misión, es decir, todas esas características que el ICOM determina para los museos, pero también tuvo durante muchos años una residencia. Esta residencia lo que hacía era generar un intercambio bastante más fluído con países limitrofes de la Argentina y del resto del mundo. Permitía que muchos artistas que tenían planificados viajes a Buenos Aires o tenían la intención de viajar a Buenos Aires tengan una plataforma para vivir, producir y exhibir en Argentina.

¿Cómo generaron esa plataforma?

En principio la residencia funcionó en un departamento del barrio de Congreso, que era cedido por la Fundación Tres Pinos, y a partir de eso invitamos a algunos artistas a que vengan; nosotros no teníamos la posibilidad de pagar ni producción ni gastos de traslado, pero sí dabamos la plataforma de vivienda, un taller para trabajar y una exhibición. Entonces muchos artistas que invitábamos tenían el plan o la idea de viajar a Buenos Aires y buscaban fondos desde diferentes lugares y nosotros les brindábamos esa plataforma de producción. Más adelante, hacia mediados de 2013 aproximadamente, hicimos una convocatoria abierta para que apliquen, no sólo artistas, sino también curadores de todo el mundo a la residencia de La Ene. Y ese fue el segundo período de la residencia, recibimos curadores y artistas que vivieron en este departamento en Congreso, no todos hicieron proyectos que se adecuaban a este espacio del Patio del Liceo, sino que muchas veces eran proyectos de debate, de investigación. Desde hace varios meses ya no tenemos la residencia, pero es un proyecto que nos gustaría retomar porque es escencial para generar un intercambio con artistas de otros paises.

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Fueron uno de los primeros que llegaron al Patio del Liceo como espacio de arte y ahora se están yendo…

Sí, La Ene surge en el Patio del Liceo en un momento en el que el Patio del Liceo estaba en un proceso de formación, había muy pocas galerías, estaba MITE, que ya llevaba unos años ahí y poco a poco se fue conformando como un centro importante dentro de la escena artística joven, pero también poco a poco eso hizo que esos espacios que eran pequeños, en esa primera instancia, crezcan y se vayan desplazando a otros lugares más grandes, a otros barrios y el Patio del Liceo se convirtió de algún modo en una platarforma más comercial para pequeños emprendimientos, emprendimientos de diseño.

Nosotros decidimos mudarnos para el año que viene, por un lado por esto, por el cambio de perfil que tuvo El Patio en este último tiempo, y por otro lado, porque ese espacio donde estuvimos cinco años y medio ya dejó de presentarnos desafíos sino todo lo contrario, ya teníamos demasiada claridad en cómo hacer un montaje, en cómo proponer una muestra, en cómo utilizar el espacio y eso se transformó en algo que a mi entender estancó en cierto sentido al proyecto. Entonces la idea de mudarnos no es sólo en relación al Patio del Liceo sino que también tiene que ver con un desafío interno del proyecto de poder buscar un lugar que presente nuevos desafios para los artistas que van a mostrar, pero también para nuestros proyectos. En este momento, que vamos a dejar el Patio de Liceo estamos en la búsqueda de un nuevo espacio que pensamos reinaugurar en marzo del año que viene, con algunas modificaciones del proyecto en cuanto a las propuestas de programación.

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¿En relación a las obras que están en este momento en exhibición?

Son cuatro obras en total, lo que privilegiamos siempre en relación a la colección y en relación al proyecto es que no sólo sean obras o proyectos de artistas argentinos, sino también poder pensar más allá de lo local; la colección, la programación del museo y esta exhibición, que son las últimas adquisiciones. También de algún modo piensan en esa geografía más diversa que siempre determinamos como una falta, en relación a la Argentina. Argentina está muy acostumbrada a exhibir la producción de artistas locales. Salvo grandes nombres que pueden presentarse en museos o a fundaciones privadas. Entonces privilegiamos en esta muestra que haya un artista mexicano, un artista uruguayo y después artistas argentinos pero uno de ellos vive en Brasil, entonces de algún modo tiene cierta complejidad geográfica, latinoamericana en este caso, pero que también da un panorama un poco más grande o presenta problemas que no son sólo problemas locales, sino problemas que se pueden presentar en diferentes lugares. Y de nuevo son obras que tienen que ver con la historia institucional de lo que sucedió sobre todo este año en La Ene.

Hay una obra de Daniel Aguilar, un artista mexicano, él forma parte de un grupo que se llama Bikini Wax, que no es sólo un grupo sino particularmente un espacio que está en el D.F. y a comienzos de año hicimos una exposición de intercambio en relación con Bikini Wax. Eso también tratamos de hacerlo todo el tiempo, tener intercambios con diferentes espacios independientes de latinoamérica, este año lo inauguramos con una muestra de Bikini Wax cuya producción hicieron ellos; y la idea es el año que viene, hacia febrero, mostrar la colección de La Ene en el espacio de ellos en el D.F. Así que por eso hay una obra de Daniel en este momento en la colección.

Por otro lado hay una obra de Federico Baeza y Fernanda Pinta, que es un trabajo que realizaron este año en el espacio de La Ene, una serie de conferencias que se trabajaron a partir de un actor, que lo que hacía era revivir, si se quiere, diferentes conferencias  de artistas o de pensadores o intelectuales del campo artístico argentino. Esa primer conferencia fue de Oscar Masotta, una conferencia dedicada a un libro sobre Roberto Arlt y por otro lado una conferencia de Tomás Maldonado. Lo que hicieron fue recrear la situación, de algún modo ficticia, de esa conferencia en el momento en que sucedió, pero también lo que sucedía era que esas conferencias se actualizaban en el momento que eran leídas. En este caso adquirimos esta obra para la colección porque nos interesaba el formato, no teníamos conferencias en la colección y nos parecía que era un formato posible de incorporar. En el caso de la exhibición presentamos la conferencia en papel, con las diferentes anotaciones que habían hecho ellos en relación a su trabajo con el actor y también recrear cierta escena de la presentación. Pero es una obra que puede recrearse de diferentes modos, en este caso pusimos el papel con la conferencia pero puede ser que la activación de esa obra sea el trabajo actoral.

Por otro lado una de las obras que están exhibidas en un plasma es de Basica TV, que es un grupo de tres artistas uruguayos que actualmente están viviendo en la Argentina, y que trabajan sobre todo con su propio cuerpo y con el trabajo de edición de su imagen. En este caso en particular es una fotografía digital intervenida por ellos, una fotografía que fue exhibida en la fiesta aniversario que hizo La Ene hacia mediados de año.

Por último hay una pieza de un artista argentino que vive en Brasil, que se llama Dudú Alarcón Quintanilla,que lo que hizo fue, siguiendo el espíritu de La Ene, enviar ciertas instrucciones para poder realizar una perfomance en la inauguración de esta exhibición.

Esa es un poco la exhibición, que tiene un perfil bastante diverso, es decir no hay una línea de obras muy concreta sino más que nada habla de cómo se conforma la colección del museo.

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¿Cómo obtienen los fondos para adquirir las obras?

Eso es algo importante, nosotros no tenemos propiedad de las obras, eso también es algo constitutivo. Son obras que tienen que entrar en un disco rígido, son obras que el museo no adquiere, sino que lo que el museo hace es pedir los derechos de reproducción al artista de esa obra.

El artista tiene la libertad de hacer circular esa obra por otro lugares, de venderla si quiere, de hacerla circular en el mercado de diversos modos, a La Ene el artista le cede los derechos para poder formar parte de la colección, pero La Ene tiene que pedir autorización cada vez que quiere exhibir esas obras, a los artistas. No estaría la idea de propiedad en la colección sino sólo ceder los derechos para reproducir esa obra.

Al no ser obras objetuales, en el sentido de objeto único, podemos implementar este método, si fuese una pintura sería completamente diferente, porque para que forme parte de la colección tendríamos que tener la propiedad de ese objeto, pero al ser instrucciones o al ser obras que también son múltiples, porque muchas son fotografías, archivos, podemos implementar este método que consiste en no tener propiedad sino en tener sólo esa autorización.

 

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¿Quiénes forman La Ene en la actualidad?

En la actualidad somos Sofía Dourron, que es historiadora del arte, Gala Berger que es  artista, Marina Reyes Franco también historiadora del arte, que nos acompaña desde Puerto Rico,  y yo que soy historiador del arte, artista, una conjunción un poco entre esas dos cosas; y tenemos también un grupo de colaboradores que nos acompañan en realizar diferentes tareas de La Ene como es abrirla diariamente. Uno de los trabajos tal vez más imporantantes: que el espacio pueda estar abierto cuatro días a la semana para que el público lo pueda visitar. Después tenemos también otros colaboradores que abrieron el espacio en algún momento pero que poco a poco fueron teniendo sus proyectos independientes como son Francisco Medail y Martín Greco, que lo que hacen ahora es organizar las Jornadas de Historia del Arte Latinoamericano Contemporáneo. Son unas jornadas que se hacen cada dos años en las que se debaten diversos temas en relación a los intereses de La Ene pero también al arte contemporáneo en general, el año pasado se hicieron en el Museo del Libro  y anteriormente se habían hecho en una galería comercial que se llamó Peña.

¿Cuál es tu formación?

Mi formación como artista viene por un lado más del plano de la historia, del plano teórico. Me formé como historiador del arte y mi formación como artista en sí tiene un carácter más independiente, por el paso a través de clínicas y talleres de artistas como Diana Aisenberg, o mismo a través del contacto con diferentes artistas; creo que en Argentina, debido a la carencia de una instancia institucional estatal de educación, los artistas se forman de modo independiente todo el tiempo.

¿Cuáles son tus referentes?

Tengo varios referentes que derivan de la historia del arte, que también son referentes de un proyecto como La Ene, pero también de varios proyectos personales. Uno de esos referentes puede ser Rafael Squirru, que fue el fundador del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, y que nosotros lo trabajamos mucho desde La Ene. Es un personaje que lo que hizo fue proponer un modelo de museo bastante alternativo debido a las carencias que tenía cuando éste surgió a mediados de los años cincuenta. Lo que hizo por ejemplo, fue tener un museo itinerante, es decir un museo que no tenía sede y ocupó por ejemplo un buque, que circuló a lo largo del mundo con su exposición, ocupó las plazas como salas de conferencias, ocupó el jardín botánico como sala para exhibir esculturas, pero también ocupó diferentes galerías comerciales donde iba realizando sus proyectos, y un poco esta idea de gestor, crítico, historiador que busca ciertas alternativas al circuito institucional siempre me interesó y también ese interés lo compartimos con La Ene.

Por otro lado también tengo referencias más próximas a nuestro tiempo, como puede ser Roberto Jacoby que es un artista activo desde los años sesenta pero con proyectos muy interesantes hasta la actualidad. Es un artista con un perfil múltiple, que se ocupó no sólo de realizar obras, que introdujo un concepto a la producción artística local que es la idea de desmaterialización, pero también se ocupó de componer canciones, de generar diferentes  proyectos experimentales de comunidades, o mismo diferentes proyectos educativos como es el Centro de Investigaciones Artísticas. También se ocupó de intervenir los medios, de generar diferentes reacciones políticas ante situaciones concretas del país y ese perfil múltiple de un artista que puede adquirir personalidades en relación a sus intereses o en relación al momento, me interesa mucho y también lo tomo como una referencia para mis proyectos.

Y vos como artista, ahora ¿qué estás haciendo?

En este momento estoy empezando a formular una muestra para el año que viene. No tengo ningún proyecto en curso, sino que estoy en un momento más bisagra. Es un momento de formulación de algo nuevo, que todavía no sé exactamente qué va a ser, pero al tener ya una fecha programada para el año que viene, para una exposición en mayo, ya estoy empezando a pensar algunas ideas. Terminé de hacer una muestra hace poco en Nueva York que investigaba la idea de diferentes viajeros que fueron a los EEUU, ya sean escritores, artistas, políticos; y cómo había sido su contacto con EEUU y cómo habían volcado esa experiencia al campo argentino. Ese fue mi último proyecto.

Materialmente eso ¿cómo era?

Eso se materializó con una serie de paneles. Paneles llamo a una serie de imágenes fotográficas, que contienen diversos libros, imágenes, referencias, noticias, que reconstruían todo este panorama en relación a estos viajeros a EEUU. Las imágenes finalmente eran como una especie de atlas, bastante informalista, no un atlas ordenado y ortogonal, como puede ser el atlas de Warburg, sino un atlas un poco más caótico, más próximo a una idea de mesa revuelta, que reunía todos estos objetos e imágenes y los ponía en cuestión, generarando una tensión entre diferentes imágenes en relación a estos viajes.

Tu formación fue más teórica, ¿cómo empezaste a hacer obra?

Trabajaba como artista antes de comenzar una formación académica, pero tenía bastante en claro que mi perfil tenía un poco esa diversidad, organizar exhibiciones,hacer curadurías, hacer obra, escribir, publicar, ser editor, un poco desde el comienzo tenía una idea bastante múltiple de lo que quería hacer como artista, entonces me parecía que atravesar una instancia de formación teórica era más enriquecedor que atravesar una formación en el campo de la práctica artística. Y en relación a la situación universitaria en Argentina sabía que era preferible optar por una carrera teórica y no una carrera práctica en relación a las artes visuales, si no que esa formación práctica es mucho más rica cuando uno tiene la posibilidad de elegir sus docentes, los talleres a los que quiere concurrir, los colegas con los que se quiere vincular. En la formación independiente hay una riqueza que no aparece en general en la universidad, que tiene cierto paquete armado de profesores, de intereses de lectura y lo que hace es generar también un perfil unificado en relación a los artistas y eso yo lo veo como algo negativo. Me parece que un artista tiene que conformar un perfil propio y ese perfil propio lo consigue con un perfil independiente, una educación que tiene la posibilidad de elegir diferentes caminos, de confundirse, de volver hacia atrás, de estudiar afuera, de poder estudiar acá, esa versatilidad.

¿Te gusta leer?

Me gusta leer, mucho. En general leo específicamente sobre mi campo. Me gusta mucho trabajar con textos que sé que no tienen un acceso, una circulación masiva. Muchos textos de historia del arte que voy descubriendo en librerías viejas, que quizás quedaron un poco olvidados o relegados, trabajar a partir de ese material. Me interesa descubrir en esos textos un montón de cosas que están activas hoy, pero que por algunas razones las fuimos opacando. Por eso hice varios proyectos en relación a la recuperación de esos textos, como fue también la revista Tradición. Una revista de la cual hasta ahora saqué cinco números, que lo que hace es reeditar diferentes textos que tuvieron cierta importancia en un momento, o circularon en diferentes ámbitos en un momento, y que de repente desaparecieron, y ponerlos en circulación de nuevo me parece que reactiva algunas discusiones que están ahí latentes pero que no se discuten también por esta opacidad que tienen estos textos.

¿Y ahora que estás leyendo?

En este momento estoy leyendo “La cinta transbordadora” de Ulises Conti; es un libro muy interesante, que acaba de editar la editorial Mansalva, porque reúne todos sus proyectos. Proyectos que algunos fueron exitosos, otros sólo fueron formulados, otros proyectos que están en su cabeza; y lo que hizo de algún modo fue generar un libro de textos e imágenes donde recorre sus últimos diez años de producción a partir de la formulación de diferentes ideas, la narración de diferentes historias, también invitando a algunos escritores o artistas a colaborar en el libro.

Sobre El Autor

Nació en 1986, rata porteña del sur de la ciudad. Trabaja desde hace doce años en Museo Nacional de Bellas Artes, en la actualidad como educadora. Es profesora de teatro y se forma como Docente en Lengua y Literatura.

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