Esta historia narra acontecimientos que acaecen en la vida de Gastón, quién es fanático del animé y el manga (animación e historietas que provienen de la cultura japonesa). Se denomina a éstas personas “Otaku”. Palabra que da título a la novela de Paula Brecciaroli (Paisanita Editora, 2015). El texto indaga sobre el modo de vivir, y el mundo interior de quien posee un fanatismo extremo que resulta incompatible, o difícil de de sostener, con relación a las exigencias sociales que se espera de la vida adulta. Nostalgias, ansiedades, el límite entre lo “real” y lo virtual son temas que van dando cuerpo a la narración y la posibilidad del amor, que aparece con fuerza para dar sentido a una nueva oportunidad.

OTAKU OKCUR

 

¿Cómo conociste el mundo del animé y el manga? ¿Qué te impactó del “ser” otaku que te llevó a escribir una historia?

Mi relación con el mundo del manga y el animé es lateral, casi nula. Hace años conocí a unos chicos que sabían bastante del tema y cuando nos juntábamos era habitual que estuvieran viendo series de animé o debatiendo horas sobre un dibujante.   Por esa época sacaban la revista RAN Robot Argentino Nipón que era una fuerte referencia para los fanáticos nacientes de los noventas.  Me impactaba esa pasión a prueba de todo y ese coleccionismo que yo nunca pude tener por nada.  Que fueran otakus fue una contingencia, podrían haber sido aeromodelistas o metaleros y me habrían fascinado igual.  La novela es sobre un otaku desempleado, pero también podría haber sido sobre un oficinista que cuando llega del trabajo se viste de Chewbacca. Cómo se logran balancear los fanatismos heredados de la adolescencia a las exigencias de la vida adulta me llama siempre la atención.

La estética realista de la narración, ambientada en la década del noventa, hace un contrapunto con la virtualidad que propone el mundo del animé y el manga. ¿Cómo abordaste la construcción del texto en este sentido?

La virtualidad es un tema que me da curiosidad porque pienso que le da un soporte alternativo al mundo real.  Está siempre ligado a la fantasía y es como si a uno le permitieran manipular sus sueños.  Eso, entendido como posibilidad de un mundo real tergiversado, está muy trabajado en la animación japonesa, y sobre todo, en los desarrollos de tecnología vinculados a la realidad virtual.  Me gustaba que el personaje intentara utilizar ese recurso para resolver sus conflictos cotidianos en las relaciones sociales, sin correr a la novela de un registro realista.

Los acontecimientos narrados en la vida del protagonista, si bien constituyen escenas sencillas, apelan a temas universales: la soledad, las obsesiones, los vínculos familiares, el amor…¿es una decisión pensada para ésta historia o fue surgiendo a medida que la escribías?

No podría escribir una novela pensando en temas universales. Me causaría un aburrimiento mortal.  La historia surge de situaciones mínimas, trabajando sobre un personaje. Son pequeñas escenas que se van sucediendo a fuerza de preguntarme qué haría este otaku si le sucediera tal cosa, con quién vive, cómo se relaciona con los demás.  Así se fue desplegando la historia y esos temas universales terminan apareciendo como consecuencia de trabajar con la vida y la psicología de un personaje. Creo que solo faltaría tocar el tema de la muerte, porque su preocupación apunta a la trascendencia y al reconocimiento. Pero si lo forzamos un poco, eso con la muerte termina relacionándose también.

PaulaBrecciaroli (1)

Tu novela Brasil (Editorial Conejos, 2011), también construida con escenas sencillas de un viaje que realiza una joven, luego de separarse de su novio. Sin embargo, la sencillez no quita la profundidad que devela el diario íntimo de la protagonista. ¿Podría decirse que, si bien abordando otra temática, maneja el mismo registro narrativo que Otaku? ¿Las “realidades sencillas” son disparadores para tu inspiración?

Me gusta trabajar desde ese lugar.  Desde una situación sencilla siento que puedo desplegar mejor la lógica de un personaje. Que el foco de la historia no esté en lo que sucede a su alrededor, si no en sí mismo, en su forma de resolver sus conflictos y vincularse con el mundo. En Brasil la realidad se distorsiona un poco, y sin embargo los personajes no se inquietan, siguen comportándose en un registro de cotidianeidad. Trabajo las historias inoculándoles un conflicto a la pasividad de los personajes y que después ellos hagan lo que puedan con eso.

En Brasil el “tempo” es acorde al duelo emocional de la narradora. Todo sucede, el viaje transcurre, pero al mismo tiempo ella parece suspendida en un eterno vagón de tren. ¿Cómo manejás el clima, la atmósfera, en tus narraciones?

Creo que el clima se da por buscar una resonancia con la situación. Sentir lo que está pasado. Pongo un ejemplo tonto, pero si la historia transcurre en verano, escribir palpando el calor.  En relación al “tempo” lo asocio a cocinar.  Si la situación es mínima o se desarrolla en el mundo interno, escribo a fuego lento, revolviendo cada tanto y me tengo que bancar que la escritura presente todo pausadamente. Cuando hay más acción, fuego fuerte, frases más cortas y meterle velocidad.  Todo el tiempo tengo que luchar con no arrebatar el asado.  Lo bueno de la escritura es que después viene la corrección.   En la cocina, y en la escritura también, a veces lo cocinado es insalvable y hay que empezar de nuevo.

¿Hay algún punto de contacto, de sensibilidad común, en los protagonistas de éstas novelas?

Creo que en ambas historias los personajes están detenidos o pausados en una situación hasta que esta empieza a disolverse. No son personajes impulsivos. Dejan que el tiempo les solucione la vida. Ninguno se hace muy responsable de lo que pasa.  En Brasil, la protagonista queda metida en un viaje en suspenso, y en Otaku, es un tipo que hace años está tratando de conseguir el reconocimiento de sus pares. Para ambos, establecer nuevos vínculos es la única salida posible. Pero para conseguir eso, hacen poco o lo hacen mal.

¿Cómo abordás el trinomio “lenguaje, trama, argumento”?

En general, me siento cómoda en historias que  transcurren en presente y van poco hacia el pasado.  Eso hace que las tramas sean bastante lineales. Trabajando con historias centradas en los personajes ir hacia el pasado es riesgoso porque puede volverse explicativo de sus neurosis y sus mañas.  Prefiero que se los vea en situación. El argumento, cuando empiezo a escribir, es mínimo, arranco con una imagen o un tipo de personaje que me interesa, y desde ahí se va armando.  Nunca sé para dónde va la historia. La corrección termina de organizarla.  El lenguaje tiene que estar muy ligado al trabajo de verosimilitud.  Hay palabras o frases que jamás puede decir un narrador. Eso es algo a lo que trato de prestarle especial atención. Pero no deja de ser una maña mía.

Desde tu punto de vista, ¿cuál es el estado de situación de la literatura en la actualidad?

Hay muchísimos escritores que dejan de ser invisibles gracias a la cantidad de editoriales pequeñas e independientes que han surgido.  Eso es bueno porque quizás en otro momento, la visibilidad era mucho más restringida.  La apertura de más canales de publicación trae una marejada de mucho material y a veces se reniega con que las ediciones no son cuidadas o que la legitimidad de lo publicado se sostiene solo por el amiguismo de la crítica y los likes de Facebook. Eso estuvo siempre.  Los aplaudidores nunca se cansan. Pero entre todo eso hay mucha gente que está trabajando en serio.  Y trabajar en serio no es nada del otro mundo, es algo de pre-escolar: editores editando y escritores corrigiendo.  Algo tan simple que fue bastante erosionado por la cultura del blog, la escritura automática y la publicación virtual inmediata.  Los escritores que hoy escriben comprometidos con la lectura y la corrección, van diluyendo el relato del “yo canchero” de los noventas.

¿Cuáles fueron tus lecturas fundacionales?, ¿cuáles los libros –clásicos o contemporáneos- que más has disfrutado en los últimos años?

Voy a decir una pavada y voy a tratar de justificarla.  Siempre que pienso en lecturas fundacionales vuelvo a las historias de Sandokan. ¿Qué tuvo ese libro si no me acuerdo nada de lo que pasaba, más allá de que el personaje siempre andaba peleando?  Que Sandokan era imponente, se despegaba de las acciones y en un punto, eso me sigue atrayendo.  Hacer un listado de libros es odioso, pero Kordon, Levrero, Blaisten, Bermani, Pinedo, Bizzio, Gandolfo, Uhart, Asís, Jarry, por decir algunos pocos, son un gran equipo.

Contanos si estás con algún proyecto nuevo luego de la publicación de este libro.

En relación a la escritura, estoy metida en una historia de dos mujeres que van haciendo un contrapunto en la narración, porque una tiene una personalidad muy fuerte y dominante sobre la otra.  Estoy tratando de componer una historia donde haya más acción. Salvando una distancia bestial, una especie de Kill Bill argentino.  Veremos que queda de todo eso cuando llegue el momento de la corrección.

Fotografías de Sebastián Pani

Sobre El Autor

Abogada egresada de la UBA en 2004. Estudió Licenciatura en Letras en la UBA desde 1995 hasta 2000. Recibió el premio "Proyecto de Investigación sobre el Discurso Jurídico" otorgado por el Dr. Germán Bidart Campos, titular del Instituto de Investigaciones Ambrosio Gioja de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales UBA. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno

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Una Respuesta

  1. Lucrecia

    Es un libro interesante, porque abarca el tema, es una pena que tenga un gran sesgo sobre lo que es ser fan, visto como algo negativo en alguien «obsesivo» y «sin vida»; el fandom es mucho mas que eso. Es una buena propuesta, sin embargo la autora debería ser aunque sea consumidora temporal de animé y manga, ir a eventos y respirar el aire de ahí dentro, para ver que es más complejo, adquirir un poco de experiencia en el campo; quizás eso no le daba una mirada tan peyorativa sobre el modo de vivir del personaje. Porque, cabe aclarar, que casi nadie es así, y esto refuerza el estereotipo. Una pena.

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