Crímenes exquisitos, escrita por los españoles Vicente Garrido y Nieves Abarca, inaugura la saga de novelas policiales protagonizadas por la inspectora Valentina Negro y el criminólogo Javier Sanjuán, donde los crímenes del Artista son la llave de entrada a la oscuridad que bombardea las calles: corrupción, trata de blancas, drogas, sumisión. Una trama compleja en la que lo macabro y lo explícito se unen, dejando expuesto el cadáver putrefacto de la sociedad. Completan la saga Martyrium, El hombre de la máscara de espejos y Los Muertos Viajan Deprisa.

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La novela parece reproducir, hasta cierto punto, la evolución de la investigación de manera realista. ¿Cómo han conjugando su experiencia de campo en criminología con el vértigo necesario para mantener la tensión narrativa de una obra de género negro?

En realidad hemos usado la criminología como cualquier escritor utiliza lo que tiene a mano para realizar su labor, la documentación, sus propias vivencias. No hay un método especial, salvo el de intentar que la novela resulte emocionante y esté bien escrita, y eso viene del buen hacer literario más que del conocimiento del crimen.

¿Cuál fue el modus operandi a la hora de escribir una novela a cuatro manos?

Cada uno se encarga de una trama, o de partes de un capítulo, los dos reescribimos varias veces hasta que todo se convierte en una amalgama indistinguible.

La presencia de dos protagonistas principales, uno femenino y uno masculino, hacen inevitable que uno se pregunte cuánto tiene Negro de Nieves (aunque sus apellidos sean opuestos), y cuánto Sanjuán de Garrido.

La Negro de Nieves tiene poco: son coruñesas, el gusto por la ópera o los Smiths y alguna cosilla más. Sin embargo, Garrido y Sanjuán comparten el mismo exoesqueleto. Ambos son criminólogos, profesores de universidad y valencianos, tienen en común gustos y aficiones, y una gata.

De qué manera los métodos del asesino se vinculan con la estructura social del mundo contemporáneo.

Todos los criminales matan según su medio y sus medios. Desde que Jack el Destripador inauguró la era moderna de los asesinos en serie se puede deducir que el crimen cambia con la sociedad y se adapta. Por ejemplo, la captación o seguimiento de una víctima mediante internet es algo que no se producía antes por razones obvias, pero en lo esencial los demonios interiores de los asesinos permanecen a través del tiempo.

La cultura popular, con series como CSI, modificó el imaginario social acerca de la criminología y sus tiempos. ¿Esto ayudó o perjudicó la labor de quienes deben atrapar a los asesinos?

Las nuevas tecnologías siempre suman, nunca restan. También es cierto que muchos criminales gracias a esas series acumulan conocimientos y se crean una conciencia forense que hasta ahora no se solía ver. A veces van por delante de la policía, pero es muy complicado, con los medios que hay ahora, no descubrir pruebas o indicios en una escena del crimen. Por otra parte, aunque parezca sorprendente, muchos asesinos que consumen series forenses lo hacen sin provecho, porque cometen errores muy burdos.

Por otra parte este fenómeno ha modificado también la percepción que se tenía del perfilador. ¿De que manera influyó en la carrera este nuevo paisaje? ¿En qué ha modificado su tarea?

Por una parte se ha producido una mayor presencia  de esta ciencia forense en la sociedad, lo que ha sido positivo, pero hay una parte negativa que consiste en banalizarla, y con eso queremos decir dar al investigador criminólogo una capacidad sobrehumana (o casi) que no tiene sentido. El perfilador es un científico forense más; algunas veces su labor es relevante, y otras muchas no lo es, porque la mayoría de los delitos violentos no requieren de esta especialidad para su resolución; son resueltos con el método de toda la vida de buscar indicios físicos (no psicológicos) e interrogando a la gente próxima a la víctima.

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Hablemos del rol del periodismo en los crímenes.

El ser humano tiene necesidad de saber, de conocer. La prensa es fruto de esa necesidad. Los crímenes, los asesinos, los sucesos, siempre han sido parte de nuestra existencia, hay que conocer lo que puede dañar. La prensa por otra parte, es un negocio, quiere vender. Y no hay nada que venda más que un buen asesinato.

¿De dónde creen que proviene la fascinación por los asesinos seriales? ¿Cuál es su psicópata favorito?

Los asesinos en serie fascinan porque transgreden, resultan un misterio para los que no somos como ellos. Te atacan sin que hayas hecho nada, surgen de la nada para torturarte, sacan un placer prohibido de sus acciones, los demás…¿qué sabemos de sus circuitos mentales? Por ahora hay teorías interesantes, pero muy pocas certezas, y la sociedad necesita siempre un enemigo, alguien al que el nombre de “malvado” le identifique de modo pleno. Y aquí el psicópata encaja a la perfección. Ted Bundy es en muchos sentidos fascinante, pero quizá el más brutal en su refinación haya sido Rader, aka. BTK.

El homicidio como una de las bellas artes: La novela presenta un nexo entre belleza y maldad vinculando al arte, al cine y a la música. ¿Cómo trabajaron estos nexos?

A los dos nos gusta la criminología y el arte, Nieves es historiadora del arte, surgió sin ningún esfuerzo. En cierto modo, los asesinos en serie crean sus propias obras artísticas, nos muestran su universo enfermizo mediante el horror.

Si bien la novela abre con una aclaración al respecto,  ¿cuántos elementos de su experiencia como criminólogos han transpolado literariamente en la novela?

Es difícil precisarlo; lo más importante ha sido la comprensión de la personalidad del asesino, incluyendo en esto las cosas que no llegamos a comprender de verdad. Pero hemos seguido la máxima que plantea uno de nosotros (Garrido) en uno de sus ensayos: el asesino en serie persevera en su esencia; el lector verá en la novela que se trata de una profunda obsesión criminal, y que tiene un nítido sentido existencial, si queremos emplear ese término.

Desde el Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal consideramos este género como un vehículo efectivo de ciertas ansiedades sociales –conscientes o no en los escritores y en los lectores-, en tanto que, cuando se piensa el crímen, el descontento social o la situación del individuo, generalmente se está pensando, aunque más no sea tangencialmente, en el derecho y, por lo tanto, en la construcción imaginaria de la sociedad. ¿están de acuerdo con este postulado?

Sí, pero es que el Derecho y la Literatura cumplen funciones muy diferentes. Aun con las imperfecciones propias de toda sociedad, el Derecho nace desde Beccaria como una forma de ordenar una sociedad justa pero al tiempo compasiva; sin las leyes no es posible que una amalgama de tribus (que en esencia es lo que somos) decida cooperar en vez de luchar por la posesión de los bienes de la tierra. La Literatura nace para permitir generar un mundo que permita al ser humano dominar simbólicamente su existencia, creando belleza y al tiempo un modo de cultivar el espíritu para que aprenda de la experiencia ajena y de la reflexión que va acumulando la cultura; es al tiempo bálsamo de ansiedades y dudas críticas y motor de progreso, porque sin la cultura el ser humano no rebasaría los límites del homínido funcional.

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¿Cuáles son las particularidades del género en Europa? ¿Consideran que la escisión capitalismo/ democracia que dio lugar a la crisis modificó el género?

Si bien hay gente que escribe novela social y protesta, lo que en realidad modifica el género es la moda, la novela negra está de moda y se publica todo casi sin un filtro de calidad. Las tramas se repiten, las escenas, las autopsias, todo se parece de forma angustiosa. Hay que vender, el lector está ávido de más, y está llegando un momento en el que la negra lo copa todo.

No obstante, en todas las épocas hay buena y mala novela negra, y siempre ha habido, si lo pensamos bien, periodos de moda. ¿Cómo llamar al cine negro de los 40 y 50 del pasado siglo sino una “moda” que se instaló de forma magnífica bebiendo de la herencia del expresionismo alemán? La única diferencia es que esta moda ha venido de un lugar particularmente exótico, como son los países nórdicos, y esto ha sido algo diferente, pero en realidad el género cambia y se amolda a toda época. Podemos considerar al “código Da Vinci” como un thriller religioso (calidad aparte), porque en esos años la gente deseaba seguir la senda que Eco había iniciado con El Nombre de la Rosa. No creemos que la caída del comunismo haya supuesto una revolución más allá de lo que otros acontecimientos afectaron a la novela negra.

Hablemos de violencia institucional e inseguridad jurídica: La crisis suele expulsar del sistema a una parte de la población. Como criminólogos, ¿podrían establecer un nexo entre crimen y desamparo? ¿Se trata de un error de cálculo del capitalismo?

El crimen resultado afectado por muchas variables, que generalmente interactúan de modo complejo. Por ejemplo, la delincuencia en Europa no ha aumentado en estos últimos años, a pesar de la crisis mundial. En otras ocasiones el progreso propicia el delito, porque la gente tiene más dinero y bienes codiciados por los delincuentes. No obstante, es claro que si el deterioro llega a un punto donde el tejido social se quiebra, entonces puede surgir una delincuencia fruto de la desesperación, que en ocasiones, donde se den las condiciones adecuadas, recibe el amparo del crimen organizado, lo cual es muy peligroso, como por desgracia México está comprobando en los últimos dos decenios.

¿Cómo se transfigura el género cuando el delito adquiere forma de reparación social? Hablemos de la distinción literaria entre los conceptos de ley y justicia.

Si el crimen repara la injusticia estamos en el terreno donde se plantea el clásico dilema de hasta qué punto el ciudadano está moralmente legitimado para actuar violentamente al margen del Estado. La magnífica película de Campanella “El secreto de sus ojos”, trata de eso. No hay una buena respuesta frente a esta pregunta, porque depende mucho del grado de injusticia que genere la Ley en una sociedad dada. Si aquélla es generalmente equilibrada y razonablemente eficaz, las injusticias o errores deberían asumirse como un peaje doloroso del contrato social. Ahora bien, si la Ley generalmente es burlada, entonces es complicado exigir al ciudadano que sea obediente con respecto a ese mismo contrato, porque la Ley carece de legitimidad  moral.

¿Por qué no ha surgido aún la gran novela criminal sobre el poder económico?

El poder económico es aleatorio y sumergido, incomprensible para el ciudadano medio. No requiere una novela, requiere de tratados, estudios y leyes. El poder económico se escapa a la ficción, la supera, se fagocita a sí mismo. Hay novelas sobre el poder económico, pero no demasiadas, no tienen éxito a la hora de ser leídas.

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