La penumbra se movió. Había permanecido acienagada durante toda la noche, pero entonces se movió con un movimiento simple y poco ostentoso. Él percibió el ambiente arremolinado en el ángulo de su visión antes de poder distinguir qué lo provocaba. No había dormido esperando ese día, por eso, al principio, creyó que su imaginación demasiado amedrentada lo engañaba. Se incorporó y aguzó los sentidos hacia el rincón más alejado. De pronto, estalló un aleteo que enturbió las tinieblas. Sus ojos entenebrecidos adivinaron una paloma que fue a posarse a su lado.

Él se sintió extrañado. La habitación no tenía ventanas y la puerta no había sido abierta en varios días. Pero no se asombró. Un arrullo quedo seseaba en el aire. Buscó en los bolsillos la miga de algún pan viejo, pero sólo rescató mugre. De todas formas, la paloma picoteó la pelusa de su palma, y luego anidó en ella. Él la acurrucó entre ambas manos y se la acercó a la cara. La hizo reposar mansa en el hueco de su cuello. Podía escuchar la respiración trinada del ave, palpaba su latido.

La puerta se abrió y una claridad mortecina asaltó la habitación. Él escondió la paloma en sus manos ahuecadas. Lo pusieron de pie y lo acompañaron por pasillos apretados y a través de una multitud atestada de olores. La muchedumbre clamaba insultos, escupía y maljuraba. Lo subieron al escenario improvisado para dar la función de su vida. Él mantenía las manos atesoradas. El público estaba enardecido hasta la histeria. Todos estaban allí por él. De algún modo nimio, se sintió importante. Los pormenores se fueron cumplimentando con diligencia. Cuando todo estuvo listo, lo acomodaron en el sitio preparado. El piso bajo sus pies desapareció. Y mientras caía bruto, con el último suspiro, lanzó las manos al cielo.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Dario Seb Durban

Darío Seb Durban nació en Vicente López, provincia de Buenos Aires, un año maldito de la era de plomo. Cursó varios estudios, ninguno digno de mención, y se empeñó en no terminar ninguno. Entre los años 1995 y 2006 estudió música informalmente y compuso canciones y poesía jamás oídas. Entre los años 2001 y 2007 se desempeñó como dramaturgo en la compañía teatral Crisol Teatro, estrenando cinco obras entre las que se contaban Las noctámbulas, Factoría y Zozobra. A partir del año 2012 participó talleres literarios, donde se avocó a explorar la voz de distintos narradores, nunca encontrando la suya propia. Hoy trabaja de forma inconsecuente en industrias no literarias, y ocasionalmente escribe textos que reproducimos en Evaristo Cultural.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ir a la barra de herramientas