En el marco de la muestra IRLANDA 1916-2016, organizada conjuntamente por la Biblioteca Nacional y la Embajada de Irlanda,  que conmemora el alzamiento de Dublín, sucedido durante la Pascua de 1916, que dio origen a la emancipación política irlandesa, el jueves 12 de mayo se realizó, también en la Biblioteca Nacional el Encuentro IRLANDA 1916-2016, en donde distintos intelectuales recorrieron el siglo de vicisitudes históricas y culturales de la Irlanda independiente a través de la literatura y la historia. Reproducimos a continuación el texto de la conferencia de Ángel Faretta.

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PASCUA 1916

Me he encontrado con ellos
al terminar el día.
Venían con los rostros vivos
de mostradores a escritorios grises
en casas dieciochescas.
He pasado con una reverencia de cabeza
o palabras amables sin sentido,
o me detuve un momento y dije
palabras amables sin sentido,
y pensé antes de terminar
en un cuento burlón o en una pulla
para agradar un compañero

junto al fuego del club,
seguros que vivíamos
donde se llevan abigarradas ropas:
todo ha cambiado ahora, cambiado totalmente:
una terrible belleza ha nacido.

Los días de esa mujer pasaron
en ignorante buena voluntad,
sus noches en discusión interminable
hasta que su voz era un chillido.
¿Qué voz más dulce que la de ella
cuando joven y hermosa
cabalgó hacia los revoltosos?
Este hombre había tenido una escuela
y montaba nuestro alado corcel;
aquel otro, su amigo y ayudante,
Tomaba ya sus fuerzas;
podría haber ganado fama al final,
tan sensible su naturaleza parecía,
tan osado y tan dulce su pensar.
Este otro hombre imaginé
patán borracho en su vanagloria.
Había infligido el daño más amargo
a seres que me son queridos,
con todo, lo incluyo en mi canción.
él también renunció su papel
en la comedia intrascendente;
él también ha cambiado.
Totalmente transformado:
una terrible belleza ha nacido.

Corazones con un fin solamente
a través del verano y el invierno parecen
encantados, transformados en piedras
para inquietar a la corriente viva.
el caballo que viene del camino,
el jinete, las aves que se van
de nube a descendiente nube,
cambian a cada minuto:
resbala un casco hasta el borde
y en ella un caballo chapotea,
y las aves zancudas allí se hunden
y las gallinas a los gallos llaman.
Viven de minuto a minuto:
y en el centro de todo está la piedra.

Un sacrificio demasiado largo
puede tornar de piedra el corazón.
Oh ¿cuándo habrá suficiente?
Tal el papel del Cielo; el nuestro
es murmurar nombre tras nombre,
como una madre nombra su hijo
cuando llega el sueño, finalmente,
a piernas que corrieron furiosas.
¿Qué es esto sino el anochecer?
No, no la noche, la muerte;
¿era después de todo, la muerte innecesaria?
Pues Inglaterra puede conservar su fe
a pesar de lo que se diga y haga.
Conocemos sus sueños lo suficiente
para saber que soñaron y están muertos.
¿Y si un exceso de amor
los aturdió hasta que se murieron?
—Lo escribo aquí en verso—
MacDonagh y MacBride
y Connolly y Pearse
ahora y en el porvenir,
donde se vista el verde,
han cambiado, totalmente cambiado:
una terrible belleza ha nacido.

William Butler Yeats

(Traducción de Enrique Caracciolo Trejo)

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EASTER  1916

I have met them at close of day
Coming with vivid faces
From counter or desk among grey
Eighteenth-century houses.
I have passed with a nod of the head
Or polite meaningless words,
Or have lingered awhile and said
Polite meaningless words,
And thought before I had done
Of a mocking tale or a gibe
To please a companion
Around the fire at the club,
Being certain .that/ they and I
But lived where motley is worn:
All changed, changed utterly:
A terrible beauty is born.

 

That woman’s days were spent
In ignorant good-will,
Her nights in argument
Until her voice grew shrill.
What voice more sweet than hers
When, young and beautiful,
She rode to harriers?
This man had kept a school
And rode our winged horse;
This other his helper and friend
Was coming into his force;
He might have won fame in the end,
So sensitive his nature seemed,
So daring and sweet his thought.
This other man I had dreamed
A drunken, vainglorious lout.
He had done most bitter wrong
To some who are near my heart,
Yet I number him in the song;
He, too, has resigned his part
In the casual comedy;
He, too, has been changed in his turn,
Transformed utterly:
A terrible beauty is born.

 

Hearts with one purpose alone
Through summer and winter seem
Enchanted to a stone
To trouble the living stream.
The horse .that/ comes from the road.
The rider, the birds .that/ range
From cloud to tumbling cloud,
Minute by minute they change;
A shadow of cloud on the stream
Changes minute by minute;
A horse-hoof slides on the brim,
And a horse plashes within it;
The long-legged moor-hens dive,
And hens to moor-cocks call;
Minute by minute they live:
The stone’s in the midst of all.

 

Too long a sacrifice
Can make a stone of the heart.
O when may it suffice?
That is Heaven’s part, our part
To murmur name upon name,
As a mother names her child
When sleep at last has come
On limbs .that/ had run wild.
What is it but nightfall?
No, no, not night but death;
Was it needless death after all?
For England may keep faith
For all .that/ is done and said.
We know their dream; enough
To know they dreamed and are dead;
And what if excess of love
Bewildered them till they died?
I write it out in a verse –
MacDonagh and MacBride
And Connolly and pearse
Now and in time to be,
Wherever green is worn,
Are changed, changed utterly:
A terrible beauty is born.

William Butlet Yeats

 

Al parecer este poema fue escrito durante mayo y junio de 1916. Pocas semanas después del glorioso levantamiento de Pascua. Y editado luego en el volumen “Michael Robartes and the Dancer”, de 1921.

Yeats, como tantos intelectuales irlandeses, así como la mayoría de los habitantes de Dublin no parecieron prestar atención a los revolucionarios, que a su vez estaban divididos en dos grupos, aunque actuaron de consuno en el levantamiento.

Yeats había tenido algunos encuentros ocasionales con ellos y salvo algunas ironías no parecía muy interesado en el movimiento, siendo como estaba entontes sumido en la primera etapa de su producción poética, basada en los mitos y leyendas célticas, así como en una suerte de esoterismo privado, experiencias psíquicas y demás.

Pero a poco del levantamiento y del fusilamiento sumario de los jefes revolucionarios por las tropas inglesas, surgió como en buena parte de la población irlandesa una creciente simpatía por el movimiento independentista.

Tal el poema “Pascua de 1916”, con su verso ritornello. Pero el poema además de la simbólica numérica que utiliza el número 16, como el 4, por abril, parece una suerte de auto confesión llevada a un acento coral por la incomprensión a los rebeldes de Pascua. “Una terrible belleza ha nacido”.

Aunque en buena medida Yeats como otros escritores y artistas irlandeses estaban en conflicto con las autoridades católicas locales, luego del terrible episodio de Parnell, no dejó, como el propio Joyce y tantos otros, de emplear figuras crísticas y metáforas del imaginario católico en sus obras.

Esa terrible belleza donde la propia historia real, siendo Pascua, hace que el poeta sugiera con discreción metafórica una suerte de paralelo entre el martirio crístico y el de los jefes del levantamiento.

 

John Ford es seguramente al artista de origen irlandés no solo más famoso y estudiado y recordado nacido en la América del norte. Aunque por cierto y solo en el campo del cine, puede formar un más que contundente trío junto con autores de films como Leo McCarey y Henry Hathaway. Claro que Ford ha rodado obras directamente relacionadas con la historia contemporánea de Irlanda (“El delator”, 1935, “El arado y las estrellas”, 1936), como de tradición irlandesa en los Estados Unidos, (“El último hurra”, 1959), que hemos llamado tiempo atrás como “El padrino de los irlandeses”, y films sobre “las dos Irlandas”, como “El Hombre quieto” (1953)

También un film problemático, como Young Cassidy, (1965) que no pudo concluir por hallarse enfermo y fuera terminado por el director de fotografía Jack Cardiff. Aquí basado en la juventud de Sean O’Casey y sus primeras obras teatrales. Aquí también es donde aparece como parte de la trama el propio Yeats (interpretado por Michael Redgrave). Y su aparición central es cuando en el teatro de la Abadía apostrofó al público presente en el estreno de la obra “El arado y la estrellas en 1926”, obra que, como ya se ha dicho, luego filmaría John Ford

Como se recordará en esta obra, buena parte de la acción se desarrolla en un burdel y donde tanto las prostitutas como muchos de las habituales de tal lugar son también patriotas independentistas.

El grito de “Hoy os habéis vuelto a deshonraros vosotros mismos”, ha quedado como un hito y hasta aguas divisorias en la historia irlandesa contemporánea.

Con ambigüedad poética el grito admonitorio de Yeats podía deberse a que esa primera vez donde la población dublinense se rebajara, fue durante el levantamiento de Pascua o con la cobarde actitud tomada contra el heroico Charles Stewart Parnell.

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Sea como fuere en ambos casos se trataba -tanto en el triste fin de este dirigente, como ante la reacción a la obra teatral de O’Casey- por mantener la población irlandesa una pacata visión de la historia, que paradójicamente, los acercaría al puritanismo inglés. Mostrando así la ínsita contradicción de parte de esa política independentista.

Lo mismo podría decirse con “El delator” de John Ford, donde el héroe y la heroína resultan también cercanos a la chulería como a la prostitución, y siendo su personaje principal Gypo Nolan un borrachín desesperado que entrega a su amigo militante de la armada secreta irlandesa por unas monedas que le permitirían viajar a los Estados Unidos; así como sacar de las calles a su novia. Aunque las desperdicia luego en emborracharse y en exhibir con impudicia su repentina posesión de dinero y que lo lleva precisamente a su propia perdición.

Su muerte o su ejecución -según se mira- por un militante del grupo independentista a las puertas de una iglesia, así como su redención final dentro del templo y frente a la madre del militante delatado por Gypo, marcan ese tironeo trágico así como ese trance existencial entre militancia histórica y fe religiosa.

Final torpemente criticado por Borges que, al parecer, hubiera deseado que Gypo se refugiara en una logia masónica.

 

Seguramente “El hombre quieto” es el otro film de diégesis irlandesa más conocido de John Ford, lleno de galardones, de citas, de comentarios elogiosos. Sin embargo me temo que haya sido visto muy unilateralmente.  Como una visión nostálgica del hijo pródigo de irlandeses que regresa al lar originario y debe pelear, para conseguir ser vuelto a aceptar como un hijo más de Irlanda y de Innisfree.

Su protagonista Sean Thorton (John Wayne) sería así una proyección imaginaria del propio Ford y de tantos descendientes de irlandeses instalados en Estados Unidos que así, modo poético, recuperan una Irlanda originaria, intacta, detenida en el tiempo y a la cual puede regresarse como a una feria folklórica.

Sin embargo ha sido uno de mis discípulos Guillermo Jacubowicz, que me ha aportado desde hace ya tiempo otra lectura del film.

Aquí sería que la intromisión del irlando-americano en recuperar su lugar originario, y su negativa a pelear ritualmente por la mano de su novia con su hermano (por cierto interpretado por el mismo actor que hiciera de Gypo Nolan, Victor Mc Laglen) debido a que en su carrera boxística en América matara involuntariamente a uno de sus rivales a causa de un golpe desafortunado, puede leerse también así.

Ese condado de Innisfree producto de la nostalgia -que como sabemos deviene del griego“nostos algos” es decir “regreso doloroso”) al parecer detenido en el tiempo, con una tradición devenida en mero folklore necesita ser reactivada por un hijo pródigo que carga con sus pecados y, como ciertos héroes míticos, se trata de un pecado de exceso de fuerza; según dictaminara Georges Dumézil en sus estudios sobre la trifuncionalidad indoeurepea.

 

Yeats apuntó poéticamente en su “Pascua, 1916”, que

“Un sacrificio demasiado largo
puede tornar de piedra el corazón.
Oh ¿cuándo habrá suficiente?
Tal el papel del Cielo; el nuestro
es murmurar nombre tras nombre,
como una madre nombra su hijo
cuando llega el sueño, finalmente”
Ese sacrificio demasiado largo, que puede volverse piedra, es decir petrificarse, volverse signo meduseo, puede ser también el vivir de la gloria pasada, cosa que el propio Yeats intentara a su manera con su primera etapa folklórica.

Del mismo modo esa petrificación posible en folklore  y en turismo es la que se teme en el film de John Ford “El hombre quieto”.  Esa quietud, esa tranquilidad, puede limitar con quedarse o detenerse en un localismo improductivo.

Así tanto el más grande poeta irlandés del siglo pasado como su mejor artista trasatlántico, se unen convergentemente en este llamado de alerta. La pregunta sigue siendo “¿tradición o conservación”?

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Sobre El Autor

Escritor y docente privado. Estudios primarios y secundarios con los padres escolapios del Colegio Calasanz. Cursa luego estudios de filosofía, teología, estética, historia del arte y de las religiones, así como de simbolismo tradicional. Entre otros con Gillo Dorfles, Guido Aristarco, Adolfo Carpio, Conrado Eggers Lan, Antonio Pagés Larraya y Héctor Ciocchini. Ejerce la docencia privada desde hace cuatro décadas. Narrador, poeta y ensayista. Viene desarrollando una filosofía del arte a través del cine, como también del melodrama, de la fantástica y la poética, hasta completar una teoría estética general. Lleva publicados en este campo “El concepto del cine (2005), Espíritu de simetría (2007), “La Pasión manda” (2009) y La cosa en cine (2013). Junto a algunos de sus discípulos el volumen “Cinco films argentinos” (2012). Ha publicado poemas (“Datos tradicionales” 1993), relatos (“El saber del cuatro” (2025) y novela (“Tempestad y asalto” 2009)

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