La danza Butoh nació en Japón a fines de los años cincuenta, cuando KazuoOhno y Tatsumi Hijikata comenzaron a bailar esta danza. Alumnos de estos dos fundarores migraron a Europa y diseminaron este arte que no tiene una técnica que pueda abarcarlo.

RheaVolij pertenece a una tercera generación de bailarines de Butoh (siendo la primera el mismo Tatsumi Hijikata). Se formó como bailarina, y es profesora de expresión corporal. Estudió filosofía en la UBA y con distintos maestros. En algún punto, se puede decir que los pilares para su arte son la danza, la poesía y la filosofía. Estos elementos hicieron de ella una artista del trabajo incesante, de la búsqueda exhaustiva y de la conexión de diversos universos, culturas, imágenes. Compone, dirige y da clases donde conjuga líneas de Artaud y Deleuze, con el silencio del cuerpo social. Silencio que se orgina por la muerte de un cuerpo cultural que produce subjetivación desechable. Al morir este cuerpo nace otro, el cuerpo des-organizado, sin órganos, listo para escuchar –se y transformarse.

Miércoles, 19.00 hs, Villa Crespo. Antes de entrar al salón donde sucede el entrenamiento, dejamos los zapatos afuera. Cada uno elonga o prepara su cuerpo según su necesidad. En el ambiente todo se desarrolla en silencio, la sensación es de calma. Quienes llegan y se saludan lo hacen en voz baja, con el debido respeto a los pares con los cuales están por trabajar. Rhea se para en algún lado del salón y dice: empezamos acá, marca con su cuerpo un movimiento, se transforma cada célula en su piel. Durante la siguientes tres horas, los alumnos de RheaVolij estaremos deviniendo. Ya sea como bebés recién nacidos que caminan descalzos sobre hielo, flores en una cámara de gas, un pájaro inquieto en el esternón o un rey que llora fuego y escupe en metal, vamos a viajar desde el cuerpo hacia todos los territorios que podamos habitar. La experiencia de la Danza Butoh se oye transformadora en la boca de quienes la hemos explorado y esto ha hecho que sea un arte en expansión. Las clases de Butoh son cada día más numerosas no sólo en Argentina sino en América Latina.

Hace dos meses Rhea tuvo la posibilidad de viajar a Japón por primera vez. El contexto fue un festival en homenaje a KoMurobushi. Sobre este viaje, su trabajo, la historia del Butoh y su carrera nos habla esta profunda y bella Maestra, que es uno de los referentes más sólidos del Butoh en Argentina.rhea 2

¿Qué es la danza Butoh?

Ay!noooo…

La verdad no sé qué decirte…a esta altura no qué decirte sobre qué es la danza Butoh.

 

¿Cómo fue tu recorrido para llegar al Butoh?

Esa es como otra pregunta

La anterior no era para vos…

Ya no, te puedo decir que es una danza de transformación, que es desde el vacío, que se baila desde escuchar al cuerpo, un cuerpo otro; hay que crear otro cuerpo para bailar Butoh. Sí hay una cantidad de cosas que yo creo que hacen al Butoh. También siento que la Danza Butoh después de estos años o del viaje a Japón, o de entender más el contexto general, se me pone más dudoso llamarlo Butoh. Entiendo por qué MakikoTominaga, una maestra y amiga, me decía el año pasado y el ante año también, cambiale el nombre. Así como un japonés ve tan raro lo que hacemos; pero no por Latinoamericano, sino porque del Butoh, no pasó tanto, pasaron 50 años. Es una de las danzas más nuevas que hay, pero tuvo un contexto muy particular. El viaje a Japón me cambió mucho la visión y puedo entender también a muchos japoneses, la sensación que tienen cuando ven lo que fue produciendo el Butoh.

Lo que pude ver también es que el Butoh fue muy contextual y que luego de Hijikata Japón no bancó al Butoh. Ahora siento muy fuertemente que el Butoh fue Hijikata (Tatsumi) y que después hubo otras versiones del Butoh, eso lo puedo decir así. Cuando Ko (Murobushi) decía yo no soy la primera generación, soy la segunda, que para mí era la primera, se me hizo más claro que Hijikata fue Hijikata. Así como supongo que para la gente que sigue más a Ohno (Kazuo), Ohno fue Ohno, y eso marca un punto muy fuerte para lo que fue después.

Al Butoh llegué de un modo más teórico. Fue en una clase de Historia de la Danza en la que vi un video de Dairakudakan que me gustó mucho, me gustó la filosofía y el humor.

En algún momento mi objetivo era irme a Alemania más por Pina Bausch y el expresionismo y la filosofía, tantos amores…y ahí vi el Butoh; y una mujer a cuyas hijas yo daba clases, que era la esposa del Embajador de Francia en Japón, me dijo Rhea vos tenés que hacer Butoh. Ahí empezó a resonarme, pero sin conocerlo realmente. Acá había venido Kazuo Ohno y no había podido verlo, no tenía plata. Un par de amigas mías habían ido y me dijeron es alucinante pero bueno, yo me lo perdí. Y lo que ví no fue la línea de Ohno, yo vi Dairakudakan y me encantó.

Me fui a vivir a Alemania unos meses y también, me decían que por el tipo de proyecto que yo quería, más bien solista, me fuera a Francia. Cuando llegué a Francia empecé a buscar a buscar a buscar… Y tengo una anécdota muy linda, que es cómo encontré a mi maestra. Fue en una clase de Capoeira. Yo iba para entrenar y para reírme, y haciendo Capoeira con un chico francés, me dice: pero vos hacés Butoh, estás haciendo Butoh, vos tendrías que hacer Butoh. Le dije: lo estoy buscando hace meses, no sé a dónde ir. Y él me llevó a mi maestra. Me acurdo que llegué tarde la primera clase, así que no entré, no me animé. Espié por el vidrio y dije “es esto”. Y ahí con ella estuve cinco años, después estuve un año más con Leone Cats Baril, posteriormente tomé un seminario largo con Carlotta Ikeda, pero para mí la maestra que me formó es Sumako Koseki. Con el tiempo me fui enterando que ella había estudiado con Hijikata y con Yoko Ashikawa, que fue la bailarina principal de Hijikata. Así es como llegué.

Después cuando me fui de Francia seguí formándome acá o en Brasil, fui a Nueva York, seguí estudiando con maestros o trayendo maestros para que formen.

¿Cómo fue el viaje a Japón que hiciste recientemente? ¿Cómo se originó?

El viaje se originó porque Ko me invitó. Pero Ko murió, entonces estuve medio año sin saber qué hacer, en crisis porque Ko es como mi segundo maestro. Maestro de una segunda época mía, como un maestro colega. Maestro, pero yo ya formada en el Butoh. Así que era como una especie de maestro amigo también. Alguien con el cual yo me sentía muy par en el pensamiento. Cuando conocí a Ko le dije sos mi hermano, se quedó mirándome como si yo estuviera loca, pero le expliqué. Le dije que hacía años lo veía, lo leía y los escritores y filósofos que él leía son los que a mí me gustan. Había algo muy semejante.

Ko es de otra época, no es de la época de Hijikata, donde los artistas japoneses tenían mucho menos acceso a la producción cultural de Europa ( me refiero sobre todo a la filosofía,). Así como el Butoh es una cruza, Ko ya pudo cruzarse mucho más que Hijikata que nunca salió de Japón y que murió joven. Decidí ir a Japón, por suerte, la verdad es que fue una gran decisión. En algún momento dije voy igual, esto me lo estimulaba la productora de Ko, y la verdad es que fue casi tan importante como ir a París. Fue un hito en mi vida, lo agradezco mucho, sucedió en este momento mío, que tengo ya mucha más madurez; ya son treinta y pico de años bailando, es mucho tiempo. Y el viaje a Japón me hizo ver dónde estoy, hacia donde ir, qué fue lo anterior, cuál es la diferencia y la relación entre Japón y América Latina. Por qué hay tanto Butoh en América Latina, por qué mi proximidad con Ko. Entendí por qué en las conferencias del Festival se hablaba de Ko como una progresión, una profundización en la búsqueda que inició Hijikata. Y ahora entiendo bien por qué es. Para mí fue un viaje muy maravilloso, y triste a la vez; Ko estaba ausente, pero se hablaba de cosas que a Ko le gustaban, entonces se llenó de filósofos el encuentro. Y mi segunda tarea fue la Filosofía; la poesía y la Filosofía. Así que todo iba hacia donde a mí me interesa ir. Fue un regalazo el viaje a Japón.

Me clarificó también técnicamente incluso, cosas de estrategias de clase, a mí me gusta mucho la docencia. Fue como afinar hacia dónde quiero llevar a mis alumnos, cómo quiero afinar la transmisión.

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¿Qué descubriste sobre, por qué en Japón hay poco Butoh y en América Latina hay tanto? ¿Por qué acá se desarrolló y allá se diluyó?

En Japón lo que vi es una sociedad muy disciplinada, con un disciplinamiento que viene desde hace siglos, es una cultura basada en la disciplina, en la obediencia, en términos brutalmente sintéticos. Está el ritual también, hay un montón de cosas. No voy a hablar de las partes hermosas de Japón, que ya las conocemos y por eso también me gusta todo ese mundo butohka, o lo que lo rodea. Porque el Butoh escapa de una parte de la tradición. Siento que fue una disrupción muy brutal para los japoneses. Pude entender desde lo que decían los japoneses mismos (entiéndase que cuando digo “los japoneses” en este caso me refiero a un grupo de artistas e intelectuales próximos a Ko) sobre todo recuerdo un director de teatro, que escribió un texto muy interesante reflexionando acerca del por qué el teatro occidental no entró a Japón y eso a mí me impactó mucho. El teatro en sí, el teatro occidental es muy crítico y eso el estado japonés no lo soporta; como se dice en inglés support, de sostenerlo. No lo integró, no le dio lugar. Tal vez Ohno hizo un Butoh mucho más luminosos, entonces es mucho más soportable. Pero Hijikata era un personaje muy outsider. Por eso me di cuenta que en Japón, el Butoh tiene algo rodeando a la figura de Hijikata. E Hijikata pasó los últimos diez años de su vida bastante mal. Fue enfermándose, su propia vida no era sencilla. Más allá de lo que él compusiera. Y ese es el momento donde se van muchos bailarines de Butoh a Europa. Luego de quince días, cuatro clases, haber estado con muchos maestros,(lo único que hice fue hacer Butoh) la actualidad que yo vi es que en las clases que tomé no había nadie. No pasa nada. Creo que tiene que ver con ese disciplinamiento, con ese distanciamiento, donde el Butoh es algo muy horrible y extraño para un japonés de ahora, no le interesa. Tampoco creo que haya evolucionado en Japón el Butoh. En Japón mismo no creo que haya llegado a lugares más lejanos. Me parece que lo lejos está ocurriendo en América Latina. Tal vez el único más comprometido, o que profundamente llevó al Butoh de Hijikata lejos, fue Ko; desde un lugar, digamos, escencial o del Butoh primigenio. Lo que ocurre en América Latina no tiene nada que ver con lo que hace Ko. Yo no veo que alguien baile como Ko o que siga las directivas de Ko.

Entiendo que hay algo del espíritu del Butoh que acá se hizo necesario, y que también está tomando formas muy diferentes. Por distintos motivos está tomando formas diferentes a la del Japón original. El Butoh es tan anarquista que se complica, no hay una escuela de Butoh, y las transmisiones son muy diversas, muy diferentes. Entonces, cada país, con su cultura, cada persona con su historia, van abriendo un camino nuevo. Y creando su propio Butoh. Lo cual es completamente coherente con lo que esta danza propone. La autenticidad, la propia escucha desde las diferentes capas que hacen a la memoria…Pero se ve que hay una cierta avidez y necesidad, porque hay contactos. Eso es lo que también vi en este viaje, descubrí cuál es el contacto entre Japón y América Latina, más allá de lo filosófico de los pueblos originarios. Lo real que encontré ahora es la colonización. Lo que encontré es un país civilizado, hiper colonizado. De ahí nosotros estamos a dos pasos. Lo que pasa es que como somos una cultura muy distinta, el japonés se colonizó perfectamente, como los norteamericanos. Los latinos no. Nos colonizamos de modo muy imperfecto, felizmente. Y con mucha fuga, con mucha resistencia, y eso es lo que gustaba tanto a todos los japoneses que venían acá. Lo que ven acá es todo ese caos muy existente, muy viviente.

Decías que habías visto en Ko una especie de hermano porque le gustaban los autores que te gustaban a vos. Cuáles son esos autores?

Compartíamos cierto gusto por Gilles Deleuze, creo que básicamente él, porque después a él le gustaba Derrida, que yo no lo leí tanto; o Blanchot que ahora lo estoy leyendo más, un poco por seguir a mi maestro en sus lecturas. Algunos poetas, escritores budistas, de haiku. Por Nietzsche.

Todo ese mundo interno que tenía Ko, muy rico, de pensamiento filosófico y político, a mi me es próximo, sobre todo esta dupla Nietzsche – Deleuze. Después yo tengo otros pensadores que me ayudan mucho en mi investigación, como Spinoza y Bergson.

En tu trabajo como docente aparecen mucho y en vínculo, el camino de la danza y de la filosofía, ¿cómo se fueron encontrando en tu historia estas dos disciplinas?

Desde la adolescencia me empezó a gustar la filosofía. Mientras hacía el Profesorado de Danza y el de Expresión Corporal, entré a los dieciocho años a la Facultad de Filosofía. No teminé la facultad y seguí con Maestros. Cuando volví a Argentina conocí a una alumna que me habló de Deleuze; yo no lo quería leer porque estaba muy de moda en Argentina y eso ya me molestaba, jajja!

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No era el momento de encontrarse con él.

No era el momento. Después lo conocí a Lamberto Arévalo, él da clases de Deleuze y fue quien me abrió ese mundo. Ahí empecé a leer Deleuze y no paré nunca más, me agarró una especia de fanatismo. Como nos pasó a muchos artistas, Deleuze es alguien que está presente en muchísimos artistas, es un gran compañero para pensar desde el hacer artístico. Pero mi amor por la filosofía o a la poesía ya era de larga data. Y el Butoh en sí es muy filosófico, tampoco es casual. Mi maestra Sumako, entendí que era socióloga, pero qué sé yo qué es en Japón la sociología, tal vez era filósofa, nunca entendí muy bien; pero sé que ella hablaba de Nietzsche. Hicimos con ella una obra que se llamaba Sea Far, era mar lejano, pero se producía un juego de palabras con mirar a lo lejos. Había frases de Nietzsche y leíamos a Artaud, Grotowski. Es una danza muy filosófica y yo le doy con todo por ese lado porque a mí me apasiona, me es muy natural. En Japón no existía la filosofía como tal, eso es un invento occidental, pero si hay algún componente de filosofía, sería budista, zen; no porque el Butoh sea zen, sino tomándolo como lo más filosófico que hay inmerso en el Butoh desde su propia tradición; trasladar eso a occidente y a mis inquietudes me es muy natural. Sacarlo de algunos conceptos que vienen del budismo y tirar cada vez más de ellos. Como le pasó a Ko también. Hijikata no llegó porque no lo conoció a Deleuze, Hijikata lo hubiera leído a Deleuze, como leyó a Nietzsche, a Artaud. Mis dos maestros más próximos, Sumako y Ko, son justo dos personas que tenían un encuentro con la filosofía bastante fuerte.. Ko lo tenía, vi su biblioteca. .Ahora en Japón estuve con un mexicano que lo está siguiendo muy de cerca, se están haciendo traducciones de sus escritos y no hay duda de que Ko abrió un mundo, de una danza muy filosófica, con pensamientos próximos a la filosofía. Pero bueno, esos son felices encuentros. La filosofía me apasiona y el cuerpo en danza me ha resultado el campo de experimentación más propicio, despojado, desgarrado, brutal, desnudo, productor de belleza sin cejar en su producción de sentido, sin abandonar la incertidumbre, la pregunta, lo frágil. Como también lo uní a la poesía, lo que pasa es que la poesía quizás es más próxima a la danza.

Hay una asistencia muy constante en tus clases, en general en otras disciplinas uno asiste a las clases y ve mucha irregularidad, alumnos que se ausentan, clases dispersas con mucha charla, creo que esto tiene mucho que ver con vos…

Yo estoy formada con maestros japoneses y ese formato lo trasladé con gusto a mis clases. Dí clases quince años de expresión corporal, antes de dar Butoh. A su vez tengo la formación de bailarina, bien disciplinada. Pero yo tomé nota de lo que hacía mi maestra, también me formé en Europa, que tal vez la gente no charla tanto, son muchas cosas que hicieron que yo esto lo trajera así, pero con mucha conciencia. Esto de “qué sentí, que me pasó”, no me interesaba para nada, y no es una falta de respeto, todo lo contrario. Me interesa como parte de la experiencia de la danza, la producción de silencio resonante que queda después y darle un tiempo /espacio a ello.. Es algo que trae el Butoh, que traen los japoneses. La quietud, el silencio. Pienso en clases con compañeros latinoamericanos y es lo mismo, se hace la clase, no se habla, se trabaja con un nivel de profundidad muy grande, por eso uno hace muy buen contacto. Estar haciendo Butoh da una especie de empatía muy grande, hay un reconocimiento, no somos “normales”, no es fácil hacer Butoh, me parece. Por eso me da tanta alegría que haya tanta gente que lo haga, pero entiendo que no es una clase liviana, descomprometida, voy, me voy y me olvidé. Tiene una cantidad de transformaciones posibles y de riesgos de encuentro con cosas que uno tal vez no está queriendo ver todos los días. Agradezco la gente que está y evidentemente es cierta gente que tiene ganas de meterse con Auschwitz a bailar una cámara de gas, termina la clase y están todos contentos de haber bailado eso, digo: no puede ser! , y sé que puede ser. Esa es la maravilla.

¿Cuál es tu búsqueda como docente?

Me gusta mucho enseñar. Ya no escribo más poesía, hace años que no escribo. Pero me acuerdo el año pasado, que fui a un encuentro sobre poesía y dije que no escribo, pero doy clases donde hablo poesía. Mis clases son mi manera de hacer poesía ahora. Tomé mucho el modo que tiene el Butoh de guiar con la palabra, el modo originario, me fue totalmente fuído y natural. Cuando daba Expresión Corporal también lo hacía. Lo que pasa es que el Butoh me permitió unir también algo que tiene la danza, lo poético y filosófico con una precisión en el cuerpo que me interesa mucho. Lo estético a mi me interesa filosóficamente, cómo producir belleza a mí me interesa desde el cuerpo, desde la danza; como podría producir poesía, belleza, desde la escritura. Esto es también una síntesis de preguntas que me interesa hacerme, preguntas filosóficas, políticas, poéticas, psicológicas, existenciales, todo eso me interesa que mis alumnos lo puedan hacer. Me gusta llevar gente a viajar por esos lugares, que se puedan hacer preguntas, indagar sobre sí, aprender a conocerse o indagar sobre la existencia desde el cuerpo. Me interesa también cierta fineza en eso, cierto pulir. Porque podría dejarlos, hay otras formas de hacer Butoh que son más libres; la parte artística me interesa mucho, paralelamente bailo, compongo, dirijo. El Butoh, entiendo, nació como un arte, no como clases para liberar el cuerpo. Lo que Hijikata fue indagando no fue para dar clases, después fue dando clases. Como el teatro, nació como un arte, después se van dando clases. Lo que pasa es que en la danza eso se fue separando cada vez más; porque es muy difícil, porque se separa mucho el cuerpo de la vida. En el Butoh entiendo que eso no pasa, todo eso me interesa y lo aplico sobre mis alumnos. Que indaguen pero que sean muy concientes, finalmente, de cómo están indagando, de cómo están puliendo su precisión en el cuerpo sobre lo que indagan. A veces los largo más, a veces los traigo más a pulir compositivamente. Las dos cosas me interesan mucho.

¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

Ahora estoy básicamente con un proyecto. Es interesante para mí porque estoy cada vez más política, estoy atreviéndome cada vez más a meter cuestiones del campo social. Estamos ensayando una obra grupal. También voy a hacer algo que nunca hice que es, por pequeños momentos, entrar yo. Nunca bailé con mis alumnos. esta vez lo voy a hacer. Son como pasitos que tenía que dar y llegó el momento. Es una obra solista, que es Habla Casandra, que la quiero volver a hacer porque la hice el año pasado en Chile y percibo que amplificó sentidos que me interesa seguir ahondando La voy a mezclar, trabajando paralelamente una obra grupal.

También improvisaciones que estoy haciendo, voy a bailar en Mendoza, improvisé hace poco, otra vez con Claudio (Peña), improvisé en Japón, pero no estoy con una obra nueva para componer.

 

Podés conocer más sobre RheaVolij y leer escritos de ella en: http://www.butohrheavolij.com.ar

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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