Solo pido que sea presentable nos cuenta la historia de una mujer divorciada de 49 años que, a meses del cambio de siglo, le promete a sus padres que presentará a su nuevo novio de la colectividad judía en su fiesta de cumpleaños. Como tal candidato no existe, inicia una búsqueda a contrarreloj en la cual asiste a varias citas para el olvido con amigos de amigos, conocidos de la profesora de yoga, desconocidos de páginas de Internet. A la par, comienza otra búsqueda interna que se desata a partir de los consejos de sus amigas que la instruyen sobre lo último en cirugías estéticas y tratamientos de belleza para disimular las consecuencias del paso del tiempo. La combinación de todos los factores hace que, por momentos, Mónica se sienta frustrada; sin embargo, el tono irónico con el que reflexiona sobre su situación y la capacidad de reírse de ella misma, hace que la trama avance con humor. Finalmente, en el intento de cumplir con las presiones de sus padres, hijos, amigas, hombres, descubre su propia manera de estar en paz con su rol de hija, madre, amiga y mujer

Mirta Ovsejevich nació en Buenos Aires. Escribe guiones para largometrajes, entre los que se destaca Bonita, que obtuvo el segundo premio en el concurso organizado por CineAr en el año 2006. Solo pido que sea presentable es su primera novela.

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Sos abogada y escribana, pero también escribiste el guión del largometraje “Bonita” y ahora presentás tu primera novela. ¿Cómo se relacionan ambas carreras en tu vida?

En realidad no se relacionan. Como abogada ejercí poco y me angustiaba bastante. Me marcó mucho una vez que fuimos a hacer un embargo a un departamento y la pobre mujer que nos recibió no sabía nada de lo mal que le estaban yendo las cosas al marido. Estaba desencajada y enseguida me identifiqué con ella. No quería seguir siendo la que llevaba las malas noticias. Además, no tenía nada de creativo, por lo menos en el sentido que yo quería. La escribanía menos. Así que dejé de trabajar un tiempo y por suerte conocí gente que hacía otras cosas en la vida, y las disfrutaba.

¿Cómo y cuándo fue tu primer acercamiento a la escritura?

De chica escribía y leía mucho. Mis redacciones en el colegio y mis cartas a amigas siempre recibían elogios. Al decepcionarme con la carrera que había estudiado, y para la cual no tenía la personalidad necesaria, entré de lleno a una escuela de guión y descubrí cuánto me gustaba. Gané un premio en uno de los pocos concursos de guión que había, pero no hicieron la película por un tema de producción. Entonces decidí volcar mi escritura hacia la narrativa y aquí estamos.

En cuanto a tu lugar y momento de escritura, ¿tenés algún ritual?

No, ningún ritual, no creo en esas cosas. Cuando tu cabeza te está dictando una historia, o un diálogo, cualquier lugar es bueno. Suelo llevar una libreta para anotar cosas que surjan o me llamen la atención. A veces uso servilletas de bares para recordar algunas frases o palabras. Pero cuando no aparece nada me siento en la computadora y ahí sí, necesito silencio, absoluto. Ni siquiera música. Por eso uso gran parte de la noche. No hay ruido de la calle ni de celulares.

El mundo femenino que rodea a la protagonista parece expertise en últimos tratamientos de belleza por los que, según ellas, todas las mujeres adultas deberían someterse para enfrentar a la vejez. Sin embargo, Mónica no parece estar completamente cómoda con esos mandatos, ¿tuviste en cuenta un perfil particular de mujer para imaginar a la protagonista?

Más que nada es una cuestión ideológica. Estoy rodeada de mujeres que se hacen todo lo que aparece en materia estética. Incluso recibo mails de conocidas dermatólogas (o no) ofreciendo novedades. Puedo entenderlo para personas de mucha exposición pública y que trabajan con su cuerpo. Puedo entenderlo para víctimas de algún accidente que tienen que reconstruir su cara. Incluso para adolescentes que por culpa de su nariz, por ej., tienen baja autoestima.

Creo que hay un problema con el espejo, que los psicólogos podrían explicar mejor. No hay persona que se haga un lifting y no se note. Y con varios liftings ya se ven bastante mal. Cuando les preguntás si están conformes se les abren los ojos de alegría y manifiestan que sí, con mucho énfasis. Hay algo que no están viendo. Cuando dejás de ver a una persona por un tiempo y la volvés a encontrar, enseguida te das cuenta si se hizo algo. Es imposible de esconder. Tengo amigos que no saldrían con una mujer que se hizo las lolas o la cara, aún sin conocerlas. Es que el solo hecho de retocarse la cara o los pechos dice mucho sobre una persona, sobre la vanidad, sobre el miedo a envejecer, sobre la importancia de lo exterior frente a lo interior. Ni hablar si el que se retoca es un hombre. Yo personalmente prefiero envejecer con dignidad. Los quirófanos los dejo para urgencias únicamente.

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Presentación, con Alejandra Zina, Pablo Dreizik e Ines Garland.

Mónica  incursiona en las páginas de internet de citas para conocer candidatos. El modo online le enseña un nuevo lenguaje para la conquista, tanto para crear su propio perfil como para detectar a los mentirosos, ¿considerás que en esta nueva forma de conquista existe un romanticismo semejante al del género epistolario?

No, jaja, ojalá. Es una pena que el género epistolario esté en desuso. Eso era romanticismo en serio. Lo de ahora parece un intercambio de curriculums para entrar a un trabajo. Si son curriculums interesantes podés llegar a una entrevista (un café). Si la entrevista es interesante puede ser que tengas otra entrevista, o que te hayan descartado, o viceversa. Si la entrevista no es tan interesante, puede ser que la empresa que te había convocado haya desaparecido del mercado o haya tomado a otro aspirante con mejor currículum. Esto vale para ambos sexos. Creo que solo se trata de una serie de desencuentros que rara vez llegan a algo más que un café. Conozco una sola pareja que se conoció así y formó una pareja estable. El resto tuvo experiencias poco gratificantes.

¿Crees que tu novela sólo se dirige al público femenino?, ¿Considerás que es acertado hablar de una literatura femenina?

En una charla que tuve con Carlos Ulanovsky, después que leyó mi libro, me preguntó si algún hombre me había escrito confesándose enamorado de mí a raíz de la novela. Me sorprendió y le contesté riendo que no creía que ningún hombre hubieraa leído mi novela salvo, claro, mis amigos. Mi intención no fue escribir una novela para mujeres. Creo que los hombres también podrían divertirse con ella. De hecho Ulanovsky confesó haber estado muy pendiente de lo que le sucedía a la protagonista, Mónica. Personalmente cuando salió “Todos los hombres son solteros”, de Pablo Novak, corrí a comprarla. Sentí que eso me permitía ser “la mosquita que se acerca a una mesa de varones y puede escuchar lo que dicen”. A veces una quiere saber de qué hablan los hombres cuando hablan de mujeres. O al revés.

Hasta ahora, de todo lo que llevo leído, que es bastante, no encuentro que haya una literatura femenina. Hay temas que nos pueden interesar más a las mujeres que a los hombres, y viceversa. Creo que hay novelas bien escritas, que son para hombres y para mujeres, y novelas aburridas, que no son para nadie.

¿Te gustaría escribir el guión de “Sólo pido que sea presentable”?

Sería fabuloso. El asunto sería que algún productor se interese y me lo pida. En general los productores son también sus propios guionistas y directores, así que lo veo difícil.

Lo que me imagino más es una serie televisiva. Por supuesto que habría que crear nuevos percances y episodios que no están en la novela, por razones de espacio y de fluidez. Eso sería muy divertido de ver una vez por semana. Pero las dificultades deben ser similares a las del cine: hay que tener contactos.

¿Estás escribiendo algo con intenciones de publicar? 

Sí, estoy escribiendo cuentos, pero todavía no sé si son para publicar.

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