Todas las cosas del mundo incluye la miseria humana, a saber el abandono, el desamor, el abuso, la codicia, el deseo, la desesperación. Todas las cosas del mundo incluye el milagro de la creación artística. Es una puesta en escena impecable, con representaciones que conducen y se apoderan de la mirada de los espectadores. Son personajes encarnados por actores con un dominio total de sus cuerpos. Escenas con objetivos claros, textos precisos que dicen mucho más que la literalidad de sus palabras. Es la potencia del espacio en función de la sensorialidad; reconfigura el imaginario y genera un código accesible y orgánico para el público.

Un matrimonio vive en el recuerdo de sus épocas doradas como feriantes. La compañía se está quedando sin freaks y la única esperanza para Sancho habita en su Niña Lobo, ya sea reproduciéndola o convertirtiéndola en santa, con la ayuda de un cura cuyo pasado prefiere dejar al olvido.

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Cuando, en el material de mano, Diego Manso menciona los desafíos de su texto para ser representado en teatro, como espectador no esperé un espacio tan revelador como el que aparece en cuanto sube la luz y se inicia la obra. Además de una bella fotografía, se produce la teletransportación al mundo, a través de todo aquello que lo compone, desde el aporte de los seres humanos.

Los personajes componen una microsociedad en medio del campo. Ingrid Pelicori compone una interpretación de suma empatía para con los espectadores, sus ojos reflejan un pasado que fue mejor y el deseo de un futuro bienaventurado. Ivan Moschner es la gran revelación en el escenario, una interpretación impecable que combina impunidad absoluta, el descaro naturalizado y la corrupción en clave de comedia dramática. Paloma Contresas es la Niña Lobo y su cuerpo se hace carne, verla subir y bajar de las sillas, sus desplazamientos en el espacio, nos permiten ver la infinita belleza por la que su deformidad se convierte en lo más preciado para los hombres de la escena. Su lucha por la libertada la convierte en una heroína constante. Horacio Acosta interpreta al codicioso y desgraciado Sancho, que en plan de retener a su mujer está dispuesto a pagar cualquier precio y así poder volver a las giras interprovinciales con su feria. Fabiana Falcón encarna un personaje que sorprende en su soltura y elegancia; y Juan Santiago lleva consigo el texto que da título a la obra, carga también con una historia oscura.

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Todas las cosas del mundo incluyen a Rubén Szuchmacher, afortunadamente. Uno de los grandes y tan completos teatristas que tenemos en el país. Actualmente gestiona tanto el teatro donde sucede esta obra como El Kafka, su espacio teatral desde hace muchos años. Ver esta obra es, al igual que leer sus textos, grandes master class, lujo y privilegio. Todos los dispositivos del teatro usados con inteligencia, convertidos en únicos, necesarios. Al salir de la sala deseé agradecerle al Director, por esta obra primero y por haberse dedicado al teatro también. Szuchmacher es un teatrista necesario para estos tiempos, como gestor y artista. Es bueno contar con sus propuestas en la actualidad.

La obra se presenta de jueves a domingos en el Teatro Payró (San Martín 766), se pueden consultar los horarios en:

http://www.alternativateatral.com/obra40498-todas-las-cosas-del-mundo

Sobre El Autor

Nació en 1986, rata porteña del sur de la ciudad. Trabaja desde hace doce años en Museo Nacional de Bellas Artes, en la actualidad como educadora. Es profesora de teatro y se forma como Docente en Lengua y Literatura.

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