El Tano Gualtieri es un tipo luchando contra sí mismo, un ex en todos los aspectos de su vida -ex policía, ex esposo, ex adicto- y embarcado en una pelea para por poder seguir siendo en algo. Es por eso que se embarca en un trabajo de investigación a la provincia de Misiones.

Saber cómo mataron a una persona se convierte en la puerta para otros verdades que deberían quedar encerradas bajo candado. Venta de bebés. Venganzas. Sicarios. El origen de un santo popular: El Muertito. Devociones populares como única salvación.

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¿Cómo fue el pasaje de trabajar en un guión a prosa? ¿Cuál fue tu mayor desafío? Me interesa ver, además, ¿cómo trabajaste el trinomio “lenguaje, trama, argumento” -ya que en los guiones el lenguaje, o registro narrativo, no forma parte de la ecuación-?

En primer lugar, en mi opinión, el guión es una obra literaria que llega al receptor “adaptado” por el soporte (visión del director, actores y diversos creadores que forman parte de la realización). Como guionista uno cuenta una historia a través de personajes en acción, describe en acción. Desde ese lugar, el género policial se acerca a lo que uno ya conoce. De hecho, la cantidad de policiales adaptados a la pantalla da cuenta de ello. De todos modos fue un desafío y un gran aprendizaje.

La trama – argumento, entonces, no es problema, ya que el guionista está familiarizado con su construcción, queda entonces el lenguaje como particularidad. En la narrativa las palabras pintan la atmósfera, el escenario y, sobre todo, la especulación, la elucubración, el mundo interior de los personajes, recursos del que se carece en la construcción de un guión. De todos modos no es lo mismo, creo yo, escribir narrativa hoy que en el pasado. La irrupción del audiovisual acostumbró al público al “lenguaje”de la edición. El lector actual está entrenado en completar el mensaje del mismo modo que interpreta una película, es el director de su propio film. Por otro lado, como buen “debutante”pedí ayuda y, afortunadamente, me la brindaron escritores a los que respeto y admiro: Enrique Morales, Máximo Soto y, sobre todo, Kike Ferrari, que “destrozó” la primera versión, obligándome a reescribirla.

¿Qué visión tenés sobre el desempeño del poder judicial en provincias como Misiones?; ¿pensás que la justicia sigue condicionada por un poder no formal, resabio de viejas estructuras feudales?

Mi visión de la justicia está expuesta en la novela. En un momento Gualtieri recuerda las palabras del padre de un ex compañero que habla de la justicia, básicamente, como una serie de leyes que dictan los poderosos para conservar e incrementar ese poder. A partir de esto, las buenas o malas intenciones de los que la administran, sólo sirven para morigerar o aumentar los daños. En las provincias (en unas más que en otras) esto se hace más evidente, ya que el resabio de las estructuras feudales es más potente.

El tema de la venta de bebés plantea ciertas inquietudes, ya que desde la propia familia se lo ve como un beneficio para todos; para el niño que no crecerá rodeado de carencias; y para la propia familia, que esquivará, por un mes o dos, la pobreza. Vemos cómo el poder económico, amparado por ciertas problemáticas sociales no resueltas, acarrea la pérdida de la identidad. El nacimiento de un hijo corrido de eje. Embarazadas que terminan en consultorios de abogados como si fueran hospitales. ¿Cómo compatibilizar esta realidad con el derecho a la identidad?

El derecho a la identidad es un derecho humano básico. Para llegar a algo, uno debe tener claro “desde dónde” parte. Desconocer la verdadera identidad es sinónimo de crecer sin raíces, o creyendo que es un álamo cuando en realidad es un laurel. Por lo tanto, negarle a alguien el conocimiento de su verdadera  identidad es cortarle la vida, o al menos la posibilidad de una vida, obligándolo a vivir otra, a crecer torcido. Toda apropiación ilegal conlleva a esto, a ocultarle a la víctima el conocimiento de dónde viene. Por otro lado, la ley de adopción  es tan poco práctica, que muchas parejas buscan adoptar por otra vía, y, en ese caso, queda librado a la calidad de las personas que adoptan la decisión de decirle la verdad a aquellos a los que adoptaron. En muchos casos es una cuestión de supervivencia, y mientras haya pobreza, esto va a ser muy difícil de cambiar.

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La novela negra se ha caracterizado por mostrar que la ley se encuentra en manos de la policía, y que el detective privado, periodista o ex policía, en tu caso, son aquellos encargados de impartir justicia o, por lo menos, de buscarla. ¿Hasta qué punto la ley ampara intereses ajenos a los de una clase dominante? Desde Rastros: Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal, tenemos la hipótesis de que la novela negra, al reposar en la idea de crimen, reflexiona –de manera consciente o no- sobre el derecho como estructura simbólica e imaginaria de la sociedad. En el choque de nociones como Justicia/ley y, en definitiva, en el rol del Estado. Me interesa conocer tu opinión.

Muchas culturas originarias, por ejemplo los Incas no tenían cárceles. La injusticia parte de la noción imperante de justicia de una sociedad. Si, como dijimos antes, la ley la imparte una clase dominante para asegurar su lugar, es imposible que “la justicia” sea equitativa para quien no pertenece esa clase. Quedan entonces los códigos particulares que suelen tener más peso que la ley oficial y reglamentada. Por ejemplo la omertá, el código de silencio siciliano, que prohíbe informar a las autoridades los delitos que se cometen en función de “proteger” a los iguales. Es falso el principio de que “todos somos iguales ante la ley”. Podría decirse que algunos son más iguales que otros. Por eso en la novela negra, el encargado de impartir la ley, en realidad, se rige por su propia ética, porque sabe que la legislación y la moral son pura hipocresía.

Los santos populares, generalmente, han estado ligados a los sectores más humildes de la sociedad. Es en estos santos milagrosos donde podemos encontrar la esperanza de los que sufren, generalmente, fuertes injusticias. Desde 2001 en adelante, estas figuras se han vuelto más convocantes. ¿Qué opinión te merece y cómo sentís que ayudan estos santos populares? ¿Cuál es tu relación con ellos?

Creer en algo que mágicamente nos resuelva los problemas, que generalmente en nuestra mente son originados por otros, puede ser el punto de partida para el nacimiento tanto de santos populares como de religiones constituidas. Por otro lado, puede tomarse como un compromiso de uno mismo realizado a otro, para alcanzar una meta propia, y desde ese lugar es positivo. Para algunos es el último refugio, para otros, una manera de ponerse una meta y, por lo tanto, una forma de comenzar. No creo poder abarcar un problema tan complejo con mi limitado cerebro, pero lo he visto funcionar y eso no lo discuto. Por eso los respeto, y muchas veces, les pido que me ayuden a concretar un sueño. Las brujas no existen, pero que las hay, las hay.

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A lo largo de la novela se presentan ciertos guiños para el lector del policial mencionando ciertos autores como, por ejemplo, Padura y Maj Sjöwall y Per Wahlöö. ¿Cuáles son tus referentes? ¿Hubo alguna influencia particular a la hora de escribir esta novela?

Las influencias siempre están, aunque a veces es difícil identificarlas. Todo lo que uno vive, lee o escucha, entra en nuestro inconsciente y ahí se queda; y luego aparece en alguna conexión con otra cosa, en un giro y hasta en una frase. Pienso que la diferencia entre creación y plagio es ese proceso que hace que uno se apropie de lo que le viene del otro (como en el psicoanálisis), pero transformado en otra cosa. Soy lector de novelas policiales y los que nombro en las novelas son algunos de mis favoritos: Camilleri, Padura, el matrimonio sueco, podría agregar a Sue Grafton y la francesa Fred Vargas, además de los clásicos: Hammett y Chandler; el italo-americano Ed McBain, el español Manuél Vázquez Montalbán; y de los argentinos: Kike Ferrari, Raúl Argemí, Guillermo Orsi, María Inés Krimer. Pero me falta mucho por leer y descubrir.

Me gustaría que habláramos de la relación que se produce entre venganza y redención.

Básicamente la redención implica una liberación, en cambio la venganza esclaviza. Esta última esconde el odio y el rencor, la necesidad de dañar a otro que nos ha causado, a su vez, un daño; pero la venganza nunca equipara porque estos sentimientos no desaparecen. En cambio liberar a alguien de una condena, tal el caso de la redención, implica soltar un peso, descargar. Aunque a veces pueden confundirse: Por ejemplo un hombre encuentra al violador de su esposa herido y moribundo. Si le pega un tiro lo redime de su dolor. Si lo deja vivo para que siga sufriendo, se está vengando. Ahora si el tiro se lo pega en los genitales, no estoy muy seguro de por qué lo hizo.

G. K. Chesterton dijo que la ficción detectivesca es acerca de la poesía de la vida urbana. ¿Cómo trabajaste el clima y la atmósfera a la hora de situar la novela en un ambiente más rural?

Recordando y teniendo presente las sensaciones que tuve al recorrer Misiones, una provincia de la que me enamoré a primera vista. El calor influyendo en los movimientos y el ánimo de Gualtieri, las sensaciones que experimenta al estar rodeado de vegetación, la tierra colorada. Creo que es imposible (o por lo menos muy difícil) recrear el clima o la atmósfera que uno no ha sentido.

¿Cómo percibís el cruce entre cine y literatura?

Cada vez más facilitado por la internalización en el público de las leyes del montaje. Además el consumo de obras audiovisuales, me parece, fue limitando su curiosidad, debido a la urgencia de saber qué es lo que viene. Así como la pipa es un artículo casi obsoleto para los fumadores, porque implica elaboración en el armado y contemplación en el disfrute, todo lo que se traduce en tiempo, cosa que la velocidad de la vida moderna no aprecia. La impaciencia ya no nos permite disfrutar de largas y detalladas descripciones, por ejemplo. El cine, y ahora las series, influencian, y mucho, la literatura moderna.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Nicolas Ferraro

Diseñador Gráfico titulado por la UBA. Trabaja en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Colaboró en la organización del Encuentro Nacional de Escritura en la Cárcel en sus dos primeras ediciones y diseñó la identidad visual . Participa en RASTROS: Observatorio Hispanoamericano de Novela Negra y Criminal y del Encuentro Internacional de Literatura Fantástica. Como entrevistador integró el volumen RASTROS: Entrevistas de Género Negro, editado por la Biblioteca Nacional y Evaristo Editorial en 2015. Como escritor, formó parte de la antología Paganos (Alto Pogo, 2014) con el cuento “La Sangre en las Manos”. Dogo (2016) , finalista del concurso Extremo Negro, es su primera novela. Es hincha de George V. Higgins, Donald Ray Pollock, Edward Bunker, James Sallis, Raymond Chandler, Jeff Nichols, James Crumley, Ben Affleck.

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