Desde mediados de la década de los `80 el nombre de Neil Gaiman comenzó a resonar en el mundillo del cómic. Fue uno de los responsables de que varias generaciones de lectores comenzaran a pensar en la historieta como en algo más que un entretenimiento trivial, empezaran a entenderla y considerarla como una de las artes.

Tras su labor en títulos ingleses como Miracleman y ya asentado en Norteamérica, formó parte de la renovación llevada a cabo por la llamada “oleada de guionistas británicos”, encabezada por Alan Moore y a la que se sumaron nombres como Grant Morrison,  Alan Grant, Jamie Delano y Peter Milligan.

Con la serie The Sandman redefinió el panorama mainstream de la novela gráfica. Las aventuras de Morfeo y sus hermanos Eternos abrevaron en la mitología, en diferentes religiones, en los cultos mistéricos y en la literatura clásica. Juntaron el fantástico culto y el terror gótico con una nueva manera de explorar la cultura pop y la metafísica del hombre contemporáneo.  Tanto esta serie como muchos de sus trabajos en el noveno arte cosecharon premios y distinciones, posicionando al autor como uno de los grandes guionistas de la historia, pero Neil no estuvo conforme. Tuvo su paso triunfal por dos series televisivas de culto: Babylon 5 y Dr. Who, cumpliendo con esta última uno de sus sueños de infancia, para luego incurrir en el mundo de la narrativa, que ya había explorado en Buenos presagios, novela escrita a cuatro manos junto al pope del fantástico Terry Pratchett.

Neverwhere, Humo y espejos y Stardust, lo posicionaron como un autor a tener en cuenta, pero con American Gods logró consagrarse como una de las voces más interesantes del fantástico contemporáneo, género que siguió profundizando en Los hijos de Anansi o El océano al final del camino. Coraline lo inició en la narrativa juvenil y a ésta siguieron títulos notables como El libro del cementerio o El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre. También incursionó con éxito en la narrativa para los más pequeños con títulos como Los lobos de la pared, Cabello loco o El día de Chu. En definitiva, se trata de uno de los autores ineludibles de nuestra época.

Errores infalibles para (y por) el arte recoge completo el discurso proclamado por el autor en 2012 frente a un auditorio de egresados universitarios. Se trata de una arenga en favor de la imaginación y el coraje. Gaiman recorre los diferentes estadios su vida y sus decisiones profesionales impulsando a los jóvenes a cometer errores, a intentar lo imposible, a no dejarse seducir por el statu quo. Los motiva a diferenciar el frío confort del cambio, como reza la canción de Pink Floyd y a elegir este último. También advierte de los peligros del éxito y aboga por los errores fabulosos y el buen arte.

Pero Errores infalibles… no se agota en el discurso, sino que constituye en sí mismo una pieza artística. Pablo Martín, de Estudio Atlas, explora en estas páginas los límites del diseño y transforma el volumen en un hermoso libro objeto, en un recordatorio más acerca de las posibilidades arte.

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Titulo: Errores infalibles cometidos para (y por) el arte

Autor: Neil Gaiman

Diseño de arte: Estudio Atlas, Astrid Stavro y Pablo Martín

Traducción: Bernardo Domínguez Reyes

Editorial: Malpaso

96 páginas

 

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Damian Blas Vives

Coordinador del Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es editor de la revista literaria Abanico desde 2004, en 2006 fundó Seda, revista de estudios asiáticos y Evaristo Cultural en 2007. Dirige el taller de Literatura japonesa de la Biblioteca Nacional. Coordina el Encuentro Internacional de Literatura Fantástica; Rastros, Observatorio Hispanoamericano de Literatura Negra y Criminal y el Encuentro Nacional de Escritura en Cárcel. Fue miembro fundador del Club Argentino de Kamishibai. Incursionó en radio, dramaturgia y colaboró en publicaciones tales como Complejidad, Tokonoma, Lea y LeMonde diplomatique.

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