Historias de infancia, anécdotas protagonizadas por amigos y rivales. Los valores que se aprenden en la cancha y las prácticas donde se ponen en juego.

Los cuentos de Vida de club son brevísimos, como compilaciones de recuerdos o fotos de juventud. Articulan una antología que interpela a todos los que crecieron rodeados del sentido de pertenencia a una institución recreativa y deportiva. La identidad del espacio que ve crecer a varias generaciones y que configura el inicio del individuo en un entorno social.

Amores y disputas. Mentiras y engaños. Seres humanos.

El club desaparece y da paso a historias que ven la falla del individuo, seres dañados que dañan. El eterno retorno, el error repetido. Historias puntuales que, en su brevedad, saben mostrar lo intrínseco de los seres humanos y dejan al lector con ganas de más, más de esas historias y más sobre esos personajes reconocibles en su escala social, en sus prácticas y en su idea de triunfo.

Ricardo Gonzalez Aguirre (2)

¿Cuál es para usted el valor del club, en la construcción social de un individuo, durante la etapa infantil? ¿Qué diferencia tiene en relación a la escuela?

La vida de club genera pertenencia, amistades entrañables que seguramente perdurarán con el paso de los años, todas las primeras veces se viven en el club, los primeros amores, los correspondidos y los otros, los primeros éxitos individuales y de grupo, las primeras derrotas, las primeras traiciones. A diferencia de la escuela, que es una obligación y es donde aprendemos a leer y escribir, el club es una elección, y nos enseña a relacionarnos con los demás.

¿Cuál es el vínculo que encuentra entre la miseria humana y el club, como ámbito que evidencia este rasgo?

Creo que la miseria humana se descubre en cualquier fisura de las relaciones humanas, un club es como un pueblo chico, donde la gente se conoce, entonces cualquier miseria se vuelve más atractiva, porque nos gusta husmear en casa ajena. El conflicto sucede entre personas conocidas y eso nos atrae irrefrenablemente.

Elementos en su biografía hacen pensar a los lectores si las historias son reales, si hubo un particular esmero en hacer dudar a los lectores o si es un juego narrativo. ¿Cuál es la respuesta?

La realidad nos da mucha letra para contar una historia, pero nunca es suficiente. La ficción la perfecciona, la completa, la vuelve interesante para los demás. Incluso podemos regresar al momento en que pasó parte de lo que estamos contando y hacer que suceda como a nosotros nos habría gustado que sucediese. Es muy sanador y a veces encontramos una segunda oportunidad.

¿Cómo definiría usted la vida de club? No me refiero al libro, sino a una reflexión acerca de pertenecer a un club.

En mi caso fue un segundo hogar y casi me atrevería a decir que fue el primero. Soy hijo único y el club me dio los hermanos que no tuve. Me dio la oportunidad de compartir mis miedos, mis inseguridades, de aprender de los demás y de pertenecer a un grupo de amigos con las mismas inquietudes y con sueños parecidos.

¿Hay para usted algún vínculo entre las micro-sociedades de los clubes barriales y la misoginia de los personajes masculinos en sus historias?

El personaje de “Bordado en letras negras y cursivas” y tal vez el personaje de “Juego de reyes” muestran su desprecio hacia las mujeres y yo creo que es probable que haya un estereotipo de este tipo de personaje en algunos grupos de hombres, pero creo que no necesariamente tengan que ver con el club de barrio en particular, se puede dar en cualquier tipo de grupo. Los demás personajes masculinos, creo, están enamorados de las mujeres que los rodean, especialmente el personaje de “Ella”

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¿Su inicio en la escritura está vinculado a un deseo de transmitir estas historias de club o el club apareció a partir de la escritura?

El tema del club surgió naturalmente en los primeros cuentos que escribí. El tema apareció recurrentemente porque, claro, formaba parte de mi historia. Además cuando surgió la idea de editar el libro, Santiago Khan y Alejandro de La parte maldita estaban buscando publicar un libro de cuentos temático, de manera que seleccionamos los que tenían que ver con el tema, la vida de club.

¿Cómo maneja el clima, la atmósfera, en sus narraciones? ¿Cómo aborda en su obra el trinomio “lenguaje, trama, argumento”? ¿Cómo funciona la memoria –olvido y recuerdo- en su literatura?

Creo que un cuento interesante calla más de lo que cuenta. Me gusta que sea el lector el que vaya descubriendo a partir de lo que se cuenta la historia que hay por debajo. Eso genera un clima de complicidad con el lector. La elección del lenguaje, asi como desde dónde se cuenta una historia es tan importante como la historia misma, el punto de vista. La memoria le conviene al detalle, creo que dar detalles hace que los relatos no se olviden, dar señales en el momento oportuno, ir dejando mojones, pistas para que la trama sea esa y sola esa, la flecha que sale del arco y va directo al blanco.

¿Cómo es su proceso de escritura?

Nada riguroso. Escribo sin rutina. En papel, en teclado o grabando un audio en un teléfono. A cualquier hora y en cualquier lugar.

¿Qué le interesa leer?

Ficción. Cuento y novela. Siempre estoy leyendo una novela y a la vez cuentos de todo tipo, es probablemente el género que más me atrae.

¿Cuáles son sus referentes?

Carver, Cheever, Salinger, Claire Keegan, Castillo, Heker, Schweblin, Blaisten.

Ricardo Gonzalez Aguirre

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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