En pocas ocasiones recordamos que el año 2000 fue una de las fechas anunciadas para el fin del mundo. Este olvido no se debe exclusivamente a que nada sucedió, sino a la inevitable pérdida de seriedad frente a la cantidad de fechas estipuladas para tal acontecimiento. Sin embargo, podemos rescatar algo más que una lista de predicciones no cumplidas para el  cambio de siglo: una novela basada en Canciones del segundo piso (2000), una película del director sueco Roy Andersson

            El hombre sentado de Ariel Magnus (2010) narra diferentes historias que transcurren en la ciudad de Estocolmo en el 2000, año en el que  una secta religiosa vaticinaba el fin del mundo a menos que una niña virgen fuera sacrificada. El clima preapocalípto, agravado por el embotellamiento total de la ciudad, apenas es el trasfondo por el que transcurren las historias. Cada personaje es digno de ser contado: un mago que  serrucha a un espectador, un hijo que se volvió loco por ser poeta, un hombre que quema su propia mueblería y le miente al seguro, por nombrar algunos. Cada fragmento de estas historias se narra desde una mirada desencantada e irónica que las vuelve patéticas hasta la angustia.

La fusión entre escritor y espectador que Magnus realiza para novelizar la película hace que se complementen entre sí. La mayoría de las escenas están filmadas en planos generales muy duraderos y, aunque minimalistas, muy complejos en los detalles. La novela se detiene minuciosamente en describir estos planos, permitiendo al espectador apreciarlos detenidamente. A su vez, la novela enriquece la trama aprovechando los silencios para hacer su aporte. La combinación ofrece la posibilidad de disfrutar como lector y espectador, por eso, la recomendación es doble: leer la novela y ver la película, en cualquier orden.

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¿Cómo surgió la idea de novelizar  Canciones del Segundo Piso? ¿Tenías ganas de realizar el procedimiento o fue esa película en especial que te lo sugirió?

Las ganas de realizar el procedimiento venían de antes. Desde que había tenido la idea, miraba películas y me imaginaba si daban para novelizarlas. Estuve a punto de intentarlo con Fata Morgana, de Herzog. Al final, de casualidad, me encontré con esta maravilla de Roy Andersson, que era exactamente lo que buscaba. Arranqué antes aún de pedirle permiso.

¿Qué es lo que buscabas en una película para novelizar y que encontraste en Canciones del segundo piso?

Lo que buscaba en la película que quería novelizar era que valiera la pena hacerlo, en el sentido de que la novelización pudiera aportar algo que en la pantalla no estaba. Canciones del segundo piso me pareció perfecta porque está llena de silencios que rellenar y es lo suficientemente inconexa como para favorecer el vicio novelístico de la cohesión. Un desafío adicional fue suprimir su lado fantástico, o verosimilizarlo desde el realismo, en parte porque lo fantástico mucho no me atrae, en parte para que el libro se mueva en su propio universo.

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¿Leíste otros libros en donde se realizaba un procedimiento similar a la novelización de una película?

La verdad es que antes de escribir la novela pensaba que no existían libros basados en películas y que mi idea era completamente original. Después me enteré de que es una práctica bastante común con películas taquilleras, sobre todo en inglés. Como yo trabajé con un material muy distinto, y un objetivo nada monetario, sigo pensando que debe ser un libro original, pero ya no me sorprendería que haya otros.

Si uno lee primero la novela y luego ve la película, nota que por momentos realizás un trabajo más cercano a la transcripción de los diálogos en escena y, por otros, intervenís reponiendo los silencios o interpretando los gestos de los actores, ¿cómo fue el proceso de transposición?

Los diálogos aparecen tal cual, como si hubiera trabajado con el guion, aunque solo tenía una copia trucha de la película (recién después me mandé comprar la auténtica) y varios subtítulos, en castellano, alemán e inglés (aunque la castellana era a partir de alguna de las otras dos). También intenté describir las escenas como para alguien que no hubiera visto la película, igual que como debe hacer un director de cine que filma una novela. Luego, la idea era precisamente esa que decís: reponer los silencios, interpretar los gestos. Pero también, y quizá sobre todo, unir las escenas y darles un trasfondo, recreando las historias que no están contadas, para así darle cohesión al conjunto. La película (las películas) de Andersson está todo el tiempo a punto de desmembrarse, y el libro acaso también, aunque la idea es que se lea como una novela.

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La película está basada en los poemas de César Vallejo y en tu libro incorporás versos de él al comienzo de cada capítulo. ¿Cuál era tu relación con el poeta antes de la película?

Amo a pocos poetas, y Vallejo es uno de ellos, desde mucho antes de ver la película. Que no por casualidad, quizá, abre con una cita de él. No sé si diría que está basada en sus poemas, creo que esa es una impresión que crea el libro, por esto de citar un poema para cada capítulo, tarea que me dio el inmenso placer de releerlo completo. Resaltar a Vallejo (y escribir adrede en un castellano no argentino y hasta con algunos peruanismos) es una forma de poner en evidencia el camino que hicieron sus versos, del castellano al sueco (y de las palabras a las imágenes) y del sueco y las imágenes de vuelta al castellano y al papel.

¿La novela fue traducida al sueco?, ¿tuviste algún intercambio con el director o recibiste alguna devolución de un lector sueco?

La novela no fue traducida al sueco, que yo sepa. En su momento se la mandé a una traductora sueca especializada en literatura argentina y le dio aversión que me metiera con un pope, como si viniera un sueco e hiciera una novela en sueco basada en una película de Leonardo Favio, digamos. Así que no creo que jamás se traduzca, y si esa va a ser la recepción, mejor que así sea.

Lo que sí hice fue traducirme al inglés, algunos capítulos, y mandárselos a Roy Andersson, como para que viera lo que hacía con su película. Le gustó y amablemente me cedió los derechos. Luego le mandé el libro en castellano, que por suerte no puede leer.

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