El primer cuento de Villa del Parque, Diagonal Sur, comienza con la llegada de un inmigrante en un buque mercante en el año 1912; termina con su nieto conduciendo un auto de la marca coreana Kia Motors.  La historia de esta estirpe presenta evidentes guiños al cuento Sur de Jorge Luis Borges, pero como Jorge Consiglio escribe el pasaje entre una generación y otra en tres páginas y media, también recuerda a las reflexiones de Borges sobre la narrativa. Por ejemplo, cuando la Universidad de Oxford le entregó el título de doctor honoris causa, Borges le concedió una entrevista a Noel Clark en la que declara que prefiere escribir cuentos porque la brevedad le permite vigilar todo lo que escribe, a diferencia de la novela en la que tanto al escritor como al lector se les pueden escapar algunos detalles; además y un poco como consecuencia, considera que un buen cuento corto puede condensar y abarcar lo mismo que una novela.

            Los cuentos de Villa del Parque están vigilados por Jorge Consiglio hasta el último punto. Cada historia cuenta el momento en el que distintos personajes, frente a una situación límite, eligen transitar la opción que rompe con la cotidianeidad que los define. Ninguna oración está de más, son las suficientes para que el lector pueda comprender y abarcar el momento previo y la epifanía de cada trama. A su vez, la elegancia del estilo con el que se narran los vericuetos del destino y el azar y la perfección con la que Jorge Consiglio acomoda cada detalle, sugieren que todo lo que nos rodea atesora la potencialidad de crear un vínculo mágico, ya sea con un objeto, un recuerdo, un comentario o una rutina tan banal como salir a correr por el parque. En suma, a pesar de comprender que en la brevedad reside la excelencia de cada cuento, el lector de Villa del Parque no puede quedarse sin ganas de leer un poco más.

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Todas las historias podrían leerse a la luz de una descripción que incluís en la resolución del primer cuento: “Hay unos segundos en el que el mundo se detiene. No se trata de la parálisis de la duda ni de la sensatez del miedo. Es el momento.” ¿Cómo fue el proceso de inspiración y escritura de cada uno de esos momentos? ¿Fue una búsqueda intencional o surgió a medida que los escribías?

Creo que el relato se construye a partir del detalle. El detalle −esa nada que suele pasar desapercibida− resulta ser pilar del texto. Sobre el tramado de estas cosas menores se funda la ilusión de que “el mundo se detiene”, son el lente de aumento –el artificio− para visualizar “el momento” –otro artificio−. Es una mirada del narrador que termina por dar una temperatura al texto. Lo tengo en la cabeza a medida que el relato progresa, pero no sé si afirmar que es una búsqueda intencional. Uno va tanteando. El proceso de escritura es una alquimia. Se avanza sin saber hacia dónde se va. Tiene mucho de deriva. 

La mayoría de los cuentos son breves y condensan historias muy potentes que dejan al lector con ganas de más. ¿Cómo surge la idea de escribirlos como cuentos breves? ¿Alguno lo consideraste como posible novela?

Estos cuentos surgieron de climas, escenas, personajes que resultaron –por puro azar− disparadores de escritura. Nunca pensé en ellos como novelas porque desde el inicio –desde antes de ser textos, digamos− estaban caracterizados por algo nuclear. Son como instantáneas, chispazos. La brevedad, en este caso, es una de las claves del soporte expresivo.

Respecto a la disposición de los cuentos, ¿Tuviste la intención de trazar un recorrido con una curva de tensión específica para el lector?

Si, tuve en cuenta cierta idea de “tensión específica para el lector”. Es decir, procurar un mapa de lectura; sin embargo, estaba demasiado cerca del material como para darme cuenta de cuál podría resultar el mejor orden posible. En este caso, hicimos un trabajo conjunto con mi editora, Leonora Djament, con la que me entiendo con una sola mirada. Leonora es buenísima para advertir las líneas que recorren los textos y trazar con ellas rutas de sentido.

La noche anterior se diferencia de los demás cuentos por tener una trama y un tono explícitamente más histórico-político. La Mala se enfrenta al Coronel Roca para pedir piedad por su pueblo índigena, diciéndole: “Nosotros no podemos ser otros, no podemos, por más que corte el facón o queme el fuego”. Contanos un poco acerca del surgimiento de este cuento y de los acontecimientos de la historia argentina que te resultan atractivos para incluir en tu literatura.

Lo que intenté en “La noche anterior” fue narrar la historia –mi mirada de la historia− a partir de una escena lateral. Me entusiasma imaginar los momentos íntimos de los protagonistas. Disfruto inventando el movimiento de engranajes mentales que soporta decisiones capitales. En ese cuento, intenté focalizar al Roca hombre, al tipo metido en el clima de época, pero con un tiempo interior –inconfesado para el mundo− en el que se permite la duda, se abre a la incerteza. El relato es como un juego de espejos enfrentados, en el cruce de las refracciones se diseña el personaje como artefacto complejo.

Ninguno de los cuentos se llama como el título, Villa del Parque, ni tampoco es el espacio explícito en el que ocurren las historias. ¿Por qué se reúnen bajo ese nombre y de qué manera influye en los cuentos?

Pensé en Villa del Parque como una atmósfera. Yo nací en ese barrio y me dejó impregnado algo incierto, muy difícil de definir, que tiene que ver con el extrañamiento que se vive en la adolescencia y en la juventud. Me parece que el clima del libro se relaciona con esa sensación. Es como si los personajes estuvieran frente a algo que ven por primera vez, con toda la fascinación y el temor que eso conlleva. En realidad, este título fue una sugerencia de Hernán Ronsino. A mí me quedó resonando. Lo pensé desde el punto de vista que comenté recién y me pareció que era el único posible. Villa del Parque es una voz que nombra desde otro lado, media esquinada.

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Jessica Galver se trata sobre una mujer que pesa 207 kilos y se somete a tratamientos terribles para adelgazar, a la par que se vincula de una manera especial, casi erótica, con los médicos que la atienden. No es la primera vez que la medicina es objeto de tu escritura, sin embargo, en este cuento se introduce de una manera diferente a Hospital Posadas. ¿Cómo se vinculan medicina y literatura en tu escritura?, ¿tu propia experiencia se va modificando como material de escritura a medida que evolucionas como escritor?

Más que la medicina, lo que me interesa es la relación entre el cuerpo y el tiempo y entre el cuerpo y las instituciones. En Hospital Posadas, creo, el narrador pone el foco en el cuerpo degradado como mercancía, en toda esa cuestión transaccional y legal que se activa con la degradación física. Intuyo que algo de mi experiencia (trabajé largo tiempo en la industria farmacéutica) determinó mi punto de vista. Con respecto al cuento “Jessica Galver”, el narrador, a diferencia del de la novela, se detiene en otras cosas. Si bien está presente toda esta cuestión espuria de las clínicas privadas y su avidez económica, me parece que lo que se señala como eje es el cuerpo abundante como objeto de deseo. El personaje de Jessica es la belleza pura que transciende el canon de época. La imaginé frágil y etérea como una ninfa, pero muy pesada. Es como una gran mariposa de carne. Jessica es un faro erótico, convoca a hombres y mujeres. Los seduce a partir de su gracilidad y su capacidad de sufrimiento. Encarna una madonna renacentista en estado de gracia, un arquetipo de lo imposible. Está para ser amada y mancillada. Es la doliente que imanta a todos con sus lloros y gemidos. El personaje de Jessica, más que cualquier otro, es un paisaje; toda ella es una escena vibrante y contradictoria.

En la cotidianeidad de la historias aparecen elementos disruptivos, algunos casi mágicos, que convierten a la realidad en algo perturbador para los protagonistas. Aunque las historias siempre se mantienen dentro de los límites del realismo, en algunos cuentos creas un aura de tensión que tiene ecos del género fantástico. ¿Reconocés una influencia del género en tus cuentos?

Es muy cierto. Intento eludir cierta impronta del realismo apegado al costumbrismo. Es medio contradictorio: busco desbordar el género realista sin llegar a quebrar del todo su imaginario. Para conseguirlo, trato, por una parte, de trabajar con la prosa, juego con los sentidos entre una oración y otra; por otra, con el punto de vista, lo que se detiene a mirar el narrador; en eso radica lo descentrado, por allí se cuela el elemento disruptivo que genera un efecto de realidad extrañada sin salir de la representación clásica. Me parece que mi apuesta tiene más que ver con lo lírico que con el género fantástico. De todas maneras, no descarto nada mientras escribo. El texto es un sistema autosuficiente que establece sus propias reglas, creo resulta clave respetarlas a rajatabla.

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