Un tiempo de edades apasionadas. Una postal, una dinámica y una descripción que alumbra aquel contexto político y social que enmarca lo cotidiano.

Una mirada puesta sobre cierta parte ingenua de la antesala del drama.

Un microclima en tiempo de tensiones y contradicciones.

Lo artístico y lo intelectual; creatividad y, también, pecados de inexperiencia.

Un proceso de transformación y un punto de inflexión.

Los años sesenta y el preámbulo de esa década oscura que nos fue marcando a fuego.

Una pareja, Marta y Julio, más tantos otros que entran en esta historia respirando, juntos, el aire de época. Imágenes, espacios y recuerdos; evocación y nostalgia.

Barrios y calles; lugares emblemáticos. Su evaporación y sublimación.

“…Una época en la que todo lo joven era obligatorio y si no se lo era había que conseguirlo en forma vicaria y por cualquier medio, y en la que envejecer ya no era lo que había sido hasta entonces.”

Una familia, hecha de amigos, abriéndose paso detrás de cada objetivo.

Y algún desvío hacia un nuevo fin.

Una novela capaz de enamorar a las almas del presente eterno.

viajeros-que-huyen

Hablemos del título elegido, Viajeros que huyen.

Es por los versos de Alfredo LePera que forman parte del que considero no solo el más bello tango sino la más bella y poética canción jamás escrita, “Volver”. “El viajero que huye tarde o temprano detiene su andar”. Con el tiempo y estudiando en un libro -aún inédito- esta poética, comprendí que como tantas tenía algo de profético, de vático. Los argentinos, tal vez más subrayadamente los porteños, somos viajeros que huyen. Algo similar dice un personaje de mi novela anterior situada en tiempos coloniales. Somos europeos en el exilio, de acuerdo, pero que huyen de algo, una supuesta deuda impaga que se dejó más que in illo tempore, in illo mundus. De allí nuestra manía o ya delirio de empezar cada década un proyecto de país  nuevo. Es una huída que creo ya no tiene -a diferencia del esperanzador tango de LePera-, regreso.  Que por cierto el mismo yo de esa  lírica dice “aunque no quise el regreso”.

Un tiempo hermoso y confuso. ¿Hasta qué punto es acertado hablar de un tiempo perdido?

Perdido porque se diluyeron según creo las fuerzas de condensación anímico espiritual que como nunca tuvieron convergencia por aquellos años…

¿Cómo fuiste armando esta galería de personajes, los perfiles, el carácter de cada uno de ellos, sus respectivos temperamentos? Una pareja en crecimiento; una madre soltera en aquel tiempo, ese niño sin padre presente; el coleccionista de “jóvenes sobrinos”; el hombre maduro que huye con su joven secretaria; quien padece el abandono; los soñadores; los que piensan involucrarse políticamente. Lazos de familia; afectos y amistades. Armaste un lindo combo y, ahora, te toca defenderlo.

Son como recuerdos transferidos en personajes. Es fácil comprender que hacia mediados de la década del sesenta, el mundo europeo occidental, del cual forma parte la Argentina, dio un vuelco enorme. Allí se dio la última etapa de la movilización total que sigue hasta hoy. Allí sí, todo lo sólido se desvaneció en el aire. Modos culturales, religiosos, lúdicos, sobre todo sexuales. Cierto, tal vez la década anterior frenó todo eso con una moral postiza improvisada para contener lo que luego vino.

Julio y Marta; ¿qué podrías adelantarle a los lectores sobre ellos?

Son partes como los demás de esa misma perplejidad de argentinos descendientes de la segunda inmigración europea. De allí que todos mis personajes son de ascendencia italiana y judía. Pertenecen a una clase media bastante acomodada, con gustos estéticos muy definidos de antemano, pero que mientras reconfiguraban las formas mentales, sociales, sexuales, anteriores, se les vino un vendaval encima. Se estaban afirmando en sus respectivas particularidades y allí se desató una suerte de delirio colectivo llamado “cambio”.

Había que cambiarlo todo, se hablaba ad nauseam de “cambio de estructuras”, cuando seguramente nadie podía definir una estructura en cinco minutos. Y esa misma clase media era tratada como el sumun de todos los males…Uno leía un libro, iba al teatro, veía un film, oía o soportaba una canción gritada, y esa misma clase media -que era el público de tales hechos-, se veía retratada con las peores tintas. Eran el atraso, la reacción, lo peor, racistas, groseros, y los pobres aplaudían obligatoriamente tales sesiones de tortura moral en que se los destripaba.

Bueno Julio, Marta, Laura, Scheuer y demás, no son eso, tratan de no caer en ese cul de sac. Tratan de mantenerse firmes cuando todo el mundo parecía perder la cabeza a su alrededor…

Faretta en pose

Publicidades, revistas, cine, artes plásticas, libros. La cultura atraviesa toda esta historia y la política nacional la enmarca. Obviamente hay una intención de ligar una cosa con otra. Me gustaría escucharte.

Esos años fueron el acmé de la cultura argentina. Alguien dirá porteña, pero bueno todo poeta, guitarrista, titiritero, lo que fuere, debía venir a esta ciudad para ser y hacer algo. Eso es un hecho. Y nosotros por cierto éramos bastante generosos con ellos…  La lista de logros definitivos de música y literatura, historieta, es fácil de comprobar por esos años. Fue un maravilloso Himalaya de estilo y disegno. La publicidad y agencias como Cicero eran locus mirabilis, casi centro de irradiación de esa cultura. Desde luego es también sometida a un escrutinio crítico, fácilmente reconocible tanto en algunos spots o cortos -creo que todavía memorables- como en publicistas y modelos. Pero ese escrutinio es afectuoso, como bromas entre pares y familiares. Desde luego bajo ese Himalaya de estilo había un volcán en erupción…

La novela queda hábilmente envuelta en un clima que, claramente, te ocupaste de rescatar. ¿Cómo aparece la idea de ir generando esta atmósfera; cómo encontraste el punto de partida?

Hugo Becaccece escribió agudamente –como es su costumbre- que no parece una novela sobre los años sesenta, sino escrita en los años sesenta. Supongo que en mí quedaron como ecos, sonidos, tics, lugares, atmósferas. Y todas ellas quedaron en estado de animación suspendida. Por eso se escribió en cincuenta y cinco días. Estaba todo allí, y como era un adolescente en mitad de esa década, que en rigor fue una década extraña, porque siguió hasta 1973, cuando yo tenía veinte años. Hablé luego tanto de ella, o la recordé, la paladeé por el tiempo gozado y la detesté por el tiempo perdido y el ingenio desgastado en tonterías, que la escritura fue como empujar una puerta abierta.

También ponés el acento en todos los detalles, en el aspecto estético, en la indumentaria, en la moda, en los cortes de pelo, en la prolijidad y en la desprolijidad, llegado el caso, de ciertos personajes. En los cambios que van experimentando algunos de ellos; yo diría varios. ¿Qué te parece si nos hablás del talento puesto al servicio de las descripciones.

Se trata de crear una atmósfera, una composición de lugar.  La novela como el cine pueden y deben ser, en lo posible, ejercicios espirituales. Entonces se trata de recordar el mundo y su forma y estilo para que aquellos que los vivimos, o mejor dicho lo habitamos, e invitar a ingresar en ese universo a todos aquellos que no lo conocieron.

La ironía y el lenguaje merecen un capítulo aparte. Te escucho.

La ironía es una toma de distancia con el material tratado. Hay algo fatal en la novela o en el relato en general. Sabés más que tus personajes, entonces la ironía sirve como…una suerte de antídoto para el veneno del cinismo. Es una cuestión estética y ética. Todo aquel que sabe más que alguien sobre su propia persona, está en una situación de poder.  Que puede desbarrancarse sin más en sadismo o algo peor.  La ironía es como una dosis de caridad para tus criaturas. A ver, es como que sabés, pero tan solo porque venís después de ellos.

Faretta en Hernández

Los barrios, las calles, los lugares; bares y librerías, la identidad cultural. ¿Qué nos quedó de aquello?

Casi nada.

El barrio de Flores se destaca entre aquellos a los que hacés referencia, contanos por qué.

Supongo porque ya venía cargado de un aura poética anterior, citado en poemas, en tangos. También porque el mío de esos años es Caballito y entonces hay más que nunca toma de distancia. Aquí simplemente de algunas manzanas.  Ahora imagino que también porque es uno de los más destruidos de la ciudad.  Rohmer decía que con algunos de sus films se conformaba con que pudiera documentar el estado de un barrio de París para el futuro destructivo que le esperaba. Cabe también aquí la posibilidad.

La novela tiene su trama, pero te pregunto por el revés de la trama, ¿puede ser?

No se declara siempre pero el revés de la trama es tu vida en relación a lo tramado. Qué sos vos en relación a tu relato, cuanto permanecés en ese humor y temperamento y cuanto has modificado. En todo rito de iniciación se te dan diferentes máscaras (personas) como posibilidades y elecciones vitales. Todas ellas tienen algo de vos. Finalmente sos lo que sos, porque pasaste por esos estadios.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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