Fotografía: Alejandro Meter

Los poseídos de Luna Picante es una novela infantil y juvenil de terror que ganó el segundo premio Sigmar en el 2014. El autor, Martín Sancia Kawamichi, no subestima a sus pequeños lectores y construye un mundo estrambótico donde corre la sangre, marchan los zombies y los arbolitos de Navidad están adornados con bichos disecados. 

Luna Picante es una ciudad sombría donde las cosas más delirantes se ponen de moda entre sus habitantes, como el repentino frenesí de confesar crímenes imaginarios o de untarse la cara con cobertura de chocolate. El protagonista se llama Bruno, un chico que fue abandonado por sus padres, Michelina Noche y Cacho Dolor, debido a sus poderes exuberantes: puede pelar frutas con la mirada, quedar como recién bañado con aplaudir dos veces y, lo más importante, puede resucitar. A los 16 años llega a Luna Picante donde rápidamente conoce a su enemigo, Voku Cero, que impone la moda de odiar a Bruno y lo asesina con la ayuda de siete fanáticos de la ciudad. Esta es la situación inicial y a partir de ella la trama se desenvuelve como una historia de venganza que, muy sutilmente, dirige al lector hacia un final inesperado.

Si nos preguntamos cómo es posible que esta relato cruento funcione para el público infantil y juvenil, la respuesta radica en que el autor encuentra el equilibrio perfecto con la dulzura y el humor. El estilo con el que se narran las aventuras de ultratumba coloca al terror en un segundo plano, desde donde cumple la función de un detalle que adorna a tiernos personajes y cómicas situaciones. Los poseídos de Luna Picante es una opción interesante dentro del mercado de la literatura para jóvenes y que, además, puede ser leída por cualquier adulto que disfrute de las historias de zombies y de amor.

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De chico, ¿cuál era tu relación con la literatura?, ¿cuál fue el primer libro que leíste y el primero que te voló la cabeza?

De chico no era lector. Por ejemplo, no tuve una etapa Salgari o una etapa Verne, o una etapa “Elije tu propia aventura”, como muchos de mis amigos. Tampoco leía historietas. La idea de imaginarme leyendo me parecía aburrida. Cada tanto ojeaba Qué día tan ocupado, que era un libro álbum con un mínimo de texto. Fue mi única lectura de durante muchos años. Todavía lo tengo por ahí.

Dos libros que me volaron la cabeza, con pocas semanas de diferencia, fueron: El misterio de las valijas verdes, de Syria Poletti, y el clásico: Cuentos de la selva, de Quiroga. Ya era más grande. Creo que tenía 11 o 12 años. Y ahí empecé a disfrutar de los libros. No me transformé en un lector voraz (eso fue mucho después), pero le había perdido el miedo a los libros. Hace poco releí El misterio de las valijas verdes y volvió a maravillarme. Syria Poletti era una escritora maravillosa, tanto en su obra infantil como en su obra para adultos. Es una lástima que no se la mencione tanto.

¿Cuáles son los libros o autores para adultos que influyen en tu literatura infantil?

Mirá, creo que influyen todos los autores que me gustan, de alguna u otra manera. Hasta Bukowsky, seguramente. O Bret Easton Ellis. Pero creo que, en el género infantil, además de Carroll, Dahl, Ende, Oscar Wilde, Borges (como autor y como antólogo), Boccaccio, Boris Vian, Masliah, Levrero, Felisberto Hernández, las obras de Alejandro Urdapilleta (con y sin Batato y Tortonese), Chespirito, Poe, Olga Drennen, Bornemman, Graciela Montes, Laura Devetach, José Montero, Syria Poletti, José Sbarra, el cine de John Waters, los mitos y los cuentos populares, mi mayor influencia viene de los dibujos animados. Te puedo nombrar algunos: Pinky y Cerebro, Tom y Jerry, La Pantera Rosa, Ratatouille, Madagascar, Ren y Stimpy, El Coyote y el Correcaminos, Scooby-Doo, El inspector Gadget.

Los poseídos de Luna Picante es una “novelita bebé” de terror, ¿cuál es tu relación con el género?

Lo de “novelita bebé” es una burla del Editor del libro (que también es un personaje). Como un modo de burlarse del Autor, mete a su novela dentro del mundo cool de los productos bebé: zanahorias baby, berenjenas baby, remolachas baby. Hago esa aclaración para que no se piense que trabajo el género “terror para bebés”. No sé si existe, pero si existiera no me animaría.

En cuanto a tu pregunta sobre el género, miro mucho cine de terror. Creo que, en cine, es el género que más frecuento. No tanto las películas bizarras, que ya me cansaron. Me gustan las historias de terror que me inquietan, las que me perturban, y no las que me dan asco o risa. En cuanto a obras literarias, disfruto mucho a Poe, a Stephen King, a Clive Baker, Kipling, Chesterton (que a mí, en ciertos textos, me resulta espeluznante), a Poppy Z. Brite, a Ketchum, Bret Easton Ellis, Dennis Cooper. Hace poco leí algunos cuentos de Agustina Bazterrica que me resultaron terribles, aunque ella quizá no los pensó como cuentos de terror. Me parecen excelentes los cuentos de Juan José Burzi y las novelas de Matías Bragagnolo y Celso Lunghi.

Las aventuras terroríficas de Luna Picante están protagonizadas por zombies y son narradas de manera explícita y cruda, lo que supone un valioso riesgo para el mercado de la literatura infantil, ¿cómo fue el proceso de publicación?

Poco tiempo después de terminar la novela, la envié al Premio Sigmar, en el 2014, y tuve la suerte de que obtuviera el segundo puesto. Así que no di muchas vueltas con el manuscrito. Zafé del río de rechazos al que seguramente estaba destinado. De todas maneras, traté de que lo explícito estuviera trabajado desde la fantasía o el disparate. No quiero que un chico sufra leyendo mis historias. Por ejemplo, no tengo problemas con incluir en un cuento infantil a una abuela que va de compras con la cabeza recién cortada. El cuello todavía le sangra pero ella compra rabanitos y queso port salut como si nada. No tengo problemas con eso. Pero ni loco escribiría un cuento en donde una abuela se muere de una enfermedad terminal. Prefiero ir por otro lado. De chico vi una película en la que una abuela moría de algo grave en el pulmón (no voy a decir la palabra, porque la odio). Era una de esas películas para chicos tipo Heidi. A mí me hizo muy mal. Cada vez que la escuchaba toser a mi amada abuela Pierina me paralizaba, porque pensaba que quizás estaba haciendo lo mismo que la abuela de la película: morirse sin decirle nada a nadie. No. Sería horrible que una historia mía le provoque eso a un chico. Sería imperdonable.

La novela resulta muy entretenida, con toques humorísticos y guiños que un lector adulto también puede disfrutar, ¿fue un objetivo que te propusiste mientras la escribías?

Me alegro de que te haya resultado entretenida. Muchas gracias. En cuanto a mi objetivo, te soy sincero: yo tenía mente a los chicos que disfrutan de la literatura para adultos (hay muchos), y a los adultos que disfrutaran de leer literatura infantil (también hay muchos). La novela la escribí para ellos.

En el 2014 publicaste tu primera novela para adultos, Hotaru. ¿Sentís alguna diferencia entre la experiencia de escribir para un público y otro?

Escribir para chicos me cuesta más. La mayoría de las historias que se me ocurren terminan destinadas a los adultos. Eso sí: cuando escribo literatura infantil no voy a menos. No me preocupa que un chico pueda o no entender algo. Creo que no entender es parte del juego, tanto de los chicos lectores como de los lectores adultos. No traiciono una historia, o una estructura, o una palabra, por temor a que un chico pueda “quedarse afuera”. Sé que no eso no va a suceder. Estoy convencido de que la lectura es una experiencia tan rica y compleja que excede el entendimiento. Va mucho más allá.

Actualmente, ¿estás trabajando en algún proyecto para publicar?

Este año quizá publique una colección de cuentos fantásticos. Vamos a ver. Todavía no hay nada definido. Además, con Marcelo Rubio escribimos un libro de cuentos infantiles a cuatro manos. Ya vamos por la etapa de corrección. Marcelo es un gran cuentista y aprendo mucho laburando con él. Vamos a ver qué pasa.

Por otra parte, en breve saldrá una novela para adultos, Shunga. No me atrevo a hablar sobre el argumento. Quienes sepan qué significa la palabra japonesa Shunga, (que es de origen chino) tendrán una idea de por dónde va la cosa.

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