Una relación sorprendida por algo nuevo; un viaje que abre distancias; turbulencias.

Una aventura; un encuentro con lo otro, con lo extraño, con lo sugerente.

Una exploración con la lupa puesta sobre los comportamientos de los organismos individuales, sobre los procesos vitales y sobre la interacción de los seres vivos y su entorno.

Biología y zoología enmarcan esta historia de machos y de hembras unidas y enfrentadas.

Museólogos, conservadores, investigadores, pasantes y descriptores.

La universidad y los naturalistas; los libros y el conocimiento directo.

El lugar: Tierra del Fuego. El Museo; el laboratorio, la biblioteca, el jardín de los cráneos, Huesos; la casa de los voluntarios, los dormitorios. 

Una organización bien definida: jerarquías, tareas asignadas, clases y charlas de capacitación, guardias, visitas guiadas y campañas.

Ellas: Juana, Martina, Natalie, Helena, Elizabeth, Carmen, Paola, Soledad y, en otro lugar, Débora y Judith; más lejos Lola y Sandra.

Ellos: León, Rubén, Charly, Joaquín; también Adrián, Ernesto y otros que esperan su turno para salir a escena. Mariano, siempre presente en la cabeza y en el corazón de Juana.

La mística de un lugar determinado. Lo fantástico, lo onírico y lo erótico.

Una realidad de edades apasionadas, de vocaciones, de laberintos amorosos, de encuentros y de abandonos, de temores y de confusiones, de pecados de inexperiencia y de explosión sexual.

Rivalidad, impotencia, rabia, bronca. También congoja, melancolía, zozobra y ansiedad.

Una historia, de secretos y fantasmas, que esconde y descubre abusos y pesadillas; que tapa y destapa la tristeza de “un amor sórdido sin consumación”. Y que termina por confesar el drama de una “diosa caída en desgracia.” La mirada de la autora de esta novela desnudando el alma de una mujer desdichada y, para ello, la traslada al fin del mundo.

En su Remordimiento, Borges se refiere a la sombra de la desdicha y dice “…que los glaciares del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados…”

En esta Tierra del Fuego, de Julieta Antonelli,  la protagonista está a tiempo de girar el timón.

Novela Tierra del Fuego, tapa

Sos licenciada en Ciencias Biológicas y ello te permite, obviamente, reflejar en tu novela partes de una realidad por vos bien conocida. Pero hay otros aspectos, otras vivencias y entonces me pregunto si late algo más en Tierra del Fuego. ¿Hay algo que se emparente, íntimamente, con otras realidades, o aquí todo es ficción?

Hay una gran inspiración en la realidad. Yo fui a Tierra del Fuego cuando era muy joven; ahí conocí a una leyenda de la biología, que era Natalie Goodall. Construí un personaje para ella, y quise poner en palabras lo que sentían todos los que la conocían. Cuando llegaba a un lugar, todos bajaban la voz, le prestaban atención y se desvivían por atenderla. Durante el proceso de edición, Natalie murió, nunca le pude mostrar mi novela ni decirle que era un homenaje. Mi fascinación por la naturaleza me da la posibilidad de escribir historias alrededor de las ciencias.

¿Qué podrías decirnos del proceso de escritura y de la génesis de esta novela?

Después de conocer Tierra del fuego, pasé muchos años pensando en los paisajes y en las historias que me contaron allá. Es un lugar que nunca se fue de mí, aunque nunca más volví. Hasta que un día mis amigas me dijeron que era hora de ordenar esos recuerdos. Empecé a escribir y me pasó lo que me suele pasar cuando me meto bien adentro de una historia; siento que los personajes toman las riendas e interactúan, como si fueran reales. Terminé de escribir la novela durante mi licencia laboral por maternidad, un momento súper hermoso que me despertó mucha creatividad.

La novela habla de sentimientos, de vínculos y desenlaces; ¿cómo fuiste tejiendo esta red de personajes y conflictos?

La idea que me daba vueltas en la cabeza era la del aislamiento, donde todos los sentimientos se potencian y hay nostalgia por lo que se dejó atrás. Además, en un lugar aislado, las cosas materiales tienen un valor distinto, porque si te falta algo no podés ir al supermercado de la esquina a comprarlo. El aislamiento total hace que las relaciones tengan demasiada intensidad, la colaboración entre los personajes puede determinar vivir o morir. Aquí es donde toman protagonismo las habilidades individuales para contribuir con la supervivencia del todo, así que traté de crear esa confianza extrema entre ellos.

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Fotografía: Mai Albamonte Pizarro

Las relaciones amorosas -las particularidades-; ¿cómo describirías, en breve síntesis, cada una de las uniones sentimentales que aparecen en la novela?

Todas las relaciones amorosas se describen a través de los ojos de Juana, la protagonista. Ella es ingenua y romántica, aunque se enfrente con la crueldad. En algún momento de la dinámica del grupo, el vínculo entre las mujeres (Juana, Martina, Helena, Soledad, Carmen y Elizabeth) se hace muy fuerte y los hombres pasan a un segundo plano. A través de lo que va viviendo, Juana cambia la idealización romántica que lleva consigo desde Buenos Aires por relaciones de carne y hueso, que le muestran la realidad del amor y del deseo. Intenté crear vínculos mezclando humanos con animales, y construirlos desde varias disciplinas, como la psicología, la biología o la historia.

¿Cómo fuiste generando el clima, la atmósfera que envuelve a esta historia?

El contexto natural, la cercanía al polo, el clima frío y el mar me ayudaron mucho con la atmósfera, pero también fue muy importante la presencia de las ballenas y los delfines, como objeto de estudio y admiración. Es una paradoja pensar en ballenas poderosas en el mar y totalmente indefensas cuando varan en la playa. Hay un gran contraste entre lo majestuosamente vivo y los despojos que quedan luego de la inevitable muerte. Los personajes cortan la carne sin piedad para obtener información científica escondida. Se trata de animales enormes que terminan en piezas catalogadas y exhibidas en cajones. Ver morir a un cetáceo te destroza el corazón.

El acento está puesto en la figura de la mujer, en sus expectativas. Por favor, hablemos de ello.

Hay un test que se suele usar para guiones de alguna representación artística, el Test de Bechdel. Evalúa la brecha de género de la obra en cuestión. Quise que esta novela pasara el test. Creo que para los lectores hay una dicotomía entre la fragilidad que se espera de las mujeres y la fuerza, inteligencia y terquedad que muestran en Tierra del Fuego. Se forman jerarquías, pero no son las típicas desprendidas de una sociedad patriarcal.

La sexualidad, en la novela, se abre en abanico de experiencias alcanzando a distintos personajes y, entre los femeninos, presentás mujeres que han padecido diferentes niveles de abusos y violencia de género; a esto, debemos sumarle un relato periodístico de femicidio. Hablemos de este flagelo; ¿puede ser?

En este mundo que nos tocó, las mujeres estamos oprimidas, y a veces somos funcionales a la opresión. Asumir esto, es muy doloroso, pero es necesario para comenzar a resolver el problema. Además, hay un imaginario que muestra a la actividad científica como el descubrimiento de verdades rigurosas exentas de sentimientos y no es así, la ciencia también puede estar cargada de pasión; yo quería mostrar que, al igual que en el resto de las actividades humanas, todo es más complicado si sos mujer en esta cultura en la que vivimos. A las mujeres nos hacen pagar un precio por vivir libremente la sexualidad. Y por supuesto, el extremo es el femicidio.

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Habría, aparentemente, una intención detrás del hecho de haber mencionado el cuento de Galeano. Me pareció muy oportuno y te pido una reflexión al respecto.

Cuando conocí a Natalie, sentí que estaba en un matriarcado. Ella emanaba una energía de liderazgo que me cautivó y me inspiró. Me fui imaginando que ella había vivido muchas vidas antes y que había acumulado sabiduría ancestral. Me la imaginé al lado brujas y chamanas conectadas con la tierra. Creo que de eso mismo habla Galeano.

Lo fantástico, lo onírico y lo erótico; ¿cómo se relacionan entre sí?

Trabajé mucho sobre esa relación con el editor, Marcos Almada. Me ayudó a llevar el erotismo a los animales, como objeto de deseo por parte de los personajes, que van a buscarlos y a conocerlos más y mejor. La isla de Tierra del Fuego, por sí sola ya es onírica. Imaginate un lugar en el que casi no se esconde el sol, el agua es de distintos colores, los animales te acechan y te acompañan al mismo tiempo; parece un sueño.

 

¿Cómo diferenciarías, si es que advertís alguna diferencia, entre la rivalidad entre hombres y la rivalidad entre mujeres? La pregunta tiene que ver con hechos planteados en la novela.

Hay un paralelismo entre el comportamiento de manadas de mamíferos sociales y los grupos de personas. Hay alianzas, pactos, traiciones, venganzas y, tal como mencionás, rivalidades. Creo que cuando las hembras nos liberemos de la opresión, vamos a ser invencibles.

Hablemos del sentimiento de abandono y del de culpa. Te pido una reflexión.

Me parece que son parte del mito del amor romántico. La culpa es un ancla que traemos desde hace miles de generaciones y también está asociada a lo que se espera de las mujeres; si hacés algo diferente, la mirada de afuera te exige sentirte culpable por ello.  En cuanto al abandono, me parece que todos deberíamos saber estar bien solos y no sentirse abandonados por ello.

¿Cómo aparece en vos la vocación por la biología y cuándo y cómo la de escribir novelas?

La soledad me conectó con la naturaleza, de chiquita me gustaba estar sola metiendo palitos en hormigueros y mirando a las abejas en las flores. Después, soñaba con ser como Indiana Jones o como Jackes Costeau. Esa misma soledad, me conectó con la literatura, que te salva de cualquier dolor.

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¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?

Las mejores del mundo, las aventuras. Las panteras de Argel de Emilio Salgari, 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne, El llamado de lo salvaje de Jack London. Y más adelante las mujeres del dolor, Alejandra Pizarnick, Margarite Duras, Alfonsina Storni.

Contanos algo sobre tus preferencias e influencias literarias.

En estos momentos estoy leyendo a escritores y escritoras argentinos que son parte de un movimiento muy groso; Macarena Moraña, Yamila Begné, Nicolás Correa, Celso Lunghi. Hay un hiperrealismo en ellos que me encanta.

¿Cómo sigue este camino?

Ando escribiendo dos novelas más. Una es de terror sobre el Síndrome de Diógenes, porque siempre quise bucear en la cabeza de las personas que arman una fortaleza de cosas sin sentido y se refugian adentro. La otra es sobre la gente en situación de calle y la violencia institucional que viven. Estoy investigando cómo abordan el tema los psicoanalistas y sociólogos, que son quienes se enfrentan al problema y ponen el cuerpo y la cabeza al servicio de la solución de estos flagelos que creamos nosotros, los humanos.

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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