Claudio Peña es músico y compositor, se expresa principalmente como cellista. Compone música para teatro y cine. Dirige el ensamble de cellos Arre y dirigirá también prontamente otra edición de 100 Cellos en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, propuesta que ya ha llevado a cabo con gran éxito en ocasiones anteriores.

Desde hace un tiempo generó Cello Club, un lugar de expresión para él y otros artistas que lo acompañan en distintas fechas con propuestas diversas de gran carga poética, con rasgos fuertemente personales que desde la improvisación se corren del formato estándar del show musical. Habitualmente acompañado de bailarines, músicos, poetas o lecturas, Claudio constituyó en Cello Club el ámbito ideal para encontrarse con un arte en desarrollo permanente, en cuyo resultado final la calidad se mantiene en alza y el alma resulta nutrida.

En esta oportunidad charlamos con Claudio sobre su trabajo y los proyectos para este año, entre los cuales se encuentra una nueva obra de Pompeyo Audivert en el Teatro San Martín.

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Me interesa que hablemos de los múltiples proyectos que llevás a cabo en paralelo, ¿cómo se originan?

Lo más corazón de mí es un Solo de mi instrumento , que vengo escribiendo desde el año 2007 más o menos y es de donde nace todo lo otro. Es una música que yo ya presenté en el Cello Club y la voy mejorando. Es como si fuera mi autorretrato, si fuera un pintor sería mi autorretrato; es el corazón de todo mi mundo creativo, mi pequeño mundo creativo, de donde salen todas las ramas que dan significado a  todas las demás cosas. Porque si no puede ser abrumador para una persona pensar este flaco hace de todo. En realidad no es que hago de todo, hago ese Solo muchas veces, lo practico, lo voy corrigiendo nota por nota o improvisación por improvisación y de ese proceso de investigación nacen o tengo las ideas que hacen a las otras cosas que voy armando, es decir, eso después se transforma por ejemplo en Arre que es un ensamble de cellos, que son ocho o cuatro más o menos, que improvisan. Cuando dirijo a 100 Cellos, porque ahí no toco, que es algo que pasa una o dos veces al año, ahí esas ideas  que  tengo para mí solo, se amplifican en una masa enorme de cellistas. Y también después en teatro, cuando compongo música para teatro, no es que soy un compositor de música para teatro, soy un cellista que toca teatro y de las ideas que tengo de ese solo, algunas se van metiendo y se van haciendo más suaves, porque el solo es un poquito anticomercial. No es que soy un compositor profesional de teatro, no… Es esa forma de ser mía que va metiendo las pocas ideas que tengo y que me parecen originales, en todos los mundos que yo creo hacia afuera, pero sí es cierto que lo central es el Solo. Y ahora otra cosa más que estoy haciendo es un concierto para Arre, también tiene que ver con el Solo y con esto.

¿Cuando decís que tu Solo no es comercial, a qué te referís?

Soy profesional de la música, vivo de la música (casi siempre, ja ) y reconozco que hay un mainstream, una corriente principal. Una corriente principal académica y una corriente principal off o no académica, y a veces me pasa que me voy de tiempo y de espacio en relación a eso. A veces estoy al tanto de lo que pasa con las vanguardias y voy haciendo, y a veces hago lo que se me recontra canta y en este caso lo que estoy haciendo con el Solo es un cruce entre la música clásica y el jazz, que hoy por hoy tiene cero valor de venta, porque ni siquiera es una música que puede resultar novedosa, ni es vanguardista, tampoco tan conservadora, es un mundo que yo tenía…

Vos editaste junto a la banda El fin del mundo un disco, ¿no pensaste en editar el Solo?

El Solo lo grabé, no está hecho disco, está todo bien grabado, no editado por la cantidad de trabajo que suelo tener y no suele quedarme tiempo para editar, pero quiero subirlo a bandcamp con las partituras. Mi intención es terminar la postproducción y en vez de sacar disco físico subirlo a algún lado con el link a las partituras por si algún día alguien quiere descargar. Pero eso sería otro reportaje porque en la música es muy rara la conservación de lo que hacés, ahora dicen que en diez años el CD se gasta, que Soundcloud también puede gastarse, que YouTube parece que sigue pero tal vez colapsa. o sea que en realidad estoy tratando de escribir en papel lo que hago.

Mozart, Beethoven, sobrevivieron así…

Exacto y como tengo buena relación con la Biblioteca Nacional tengo ganas de editar en partitura y en internet las versiones tocadas por mí, pero que otro podría hacerlas más rápido, como son las versiones de la gente que interpreta, así que quizás le ofrezca a la Biblioteca si quieren ayudarme a editar esa música.

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Con 100 Cellos vos dirigís un grupo de improvisación, ¿cómo es la dinámica para trabajar con tanta gente a la que no conocés?

Hay un video en YouTube que tiene las consignas de cómo tocar en 100 Cellos, ellos miran el código, hay un gran ensayo general antes y después tocamos. A mí me gusta mucho la improvisación porque es como instant music. Lo que tiene para personas como yo que hace mucho que improvisamos es que es una manera de hacer música rápida, no burguesa, directa; pero yo también llevo mis ideas, músicos sorpresa, pautas, un grupo que va a tocar algo escondido en algún lugar. Hay algo de lo teatral que yo tomo. Son conciertos de 45 minutos, no hago conciertos largos porque la improvisación resulta más difícil para cierto público.

Es improvisación pero siempre es la mente de algo, esto que te digo, si en el Solo yo vi que pasa algo si tocamos en la cuerda Do, que se produce un buen efecto en el cello, le voy a pedir a todos los cellos que hagamos una improvisación sobre la cuerda Do. Mi canción se llama Toro, o Do Toro, porque es la cuerda más gruesa del cello, la que suena como un toro, entonces seguramente voy a pedir una improvisación sobre ese estilo, sobre los cien cellos en la cuerda Do. Por eso te digo que el total decanta del Solo. Me nutro de eso para encontrar ideas para 100 Cellos, y también me nutro del teatro, muchas cosas que hace Pompeyo me gustan, obvio, es un genio; entonces esos claroscuros que propone me gustan, esto del actor o músico sorpresa, que ni los que tocan ni nadie sepa, me gusta, son efectos de lo teatral.

También entiendo que la forma es algo, clímax y final, eso también lo entiendo, lo improviso de esa manera. Algo formal, hay. Porque a veces improvisación significa todo, pero no es todo, en realidad es algo que uno ya sabe que va a pasar. Está bueno cuando en el mundo pasa como en la última fecha, con Rhea (Volij) y Juan Manuel (Correa), yo encontré una idea ahí y me puse a jugar con eso como si estuviera componiendo en el momento. Había un compositor y me dijo, eso lo encontraste ahí, no? Sí. Encontré algo ahí y está muy bueno también que está el público, los otros protagonistas del espectáculo y yo, jugando; eso no lo planteas antes, aparece ahí por culpa de la frotación y las ideas de la improvisación. Me gusta eso de la improvisación, aparte porque soy rápido, creo que la improvisación no es para cualquiera y yo tengo muchas cualidades defectuosas en la música pero tengo una que es que soy muy veloz, entonces puedo pensar rápido un montón de cosas. Con diferencia del papel y el lápiz que uno tiene que pensar más y borra y vuelve a empezar, que está muy bueno también pero es otro camino un poco más  académico, no sé. Igual ahora estoy escribiendo una nueva obra que no es improvisación, tiene partes improvisadas. Es un cambio en mi vida eso, antes sólo improvisaba, salvo en El fin del Mundo. Ahora me gusta también componer música que quede quieta y la pueda volver a tocar. Soy muy crítico, entonces cuando compongo algo al mes ya no me gusta. Lo que tiene la impro es un secreto bueno, es siempre lo que está a flor de piel tuyo, la impro es lo que sos ese día. En cambio la compo es como algo anterior que hiciste.

Tengo música que estoy tocando que capaz la hice cuando tenía quince años. A veces están vivas y a veces pienso que era un tonto el que la hizo, yo.

Es un mundo amplio, son pocas ideas transformadas en diferentes vehículos. Los vehículos son 100 Cellos, las obras de teatro, Arre y las fechas que hacemos acá en Cello Club.

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¿Qué obra de teatro van a hacer este año en el San Martín?

Este año voy a estar con dos, una del año pasado con Rodrigo de la Serna y con Pompeyo, en vivo, que se llama El Farmer, que va a continuar. Pompeyo y yo estamos con una nueva obra que se llama La farsa de los ausentes, en el Teatro San Martín también, esa empieza en junio y termina en septiembre, es un estreno, hay veintidós actores, toco en vivo y dirige Pompeyo. Nunca había trabajado con un elenco tan grande, a mí me gusta eso porque es el mundo de él y a su vez él me deja tocar para él y yo puedo tocar cosas metafísicas para él y la obra.

Bueno, también porque sus mundos se conjugan, esto que le atribuís del claroscuro se puede vincular con tu trabajo, vos sos más oscuro que claro.

Sé el contraste! Son formas que por más que  tenga fama de avant-garde, por más que las quieras hacer, las hacés; eso de A B A,  o una parte y la otra parte. O a mí me gusta y ya, no sé. Hay músicos que hacen todo muy A A A, tipo Morton Feldman que también me gusta mucho por ese atrevimiento que tienen de hacer algo totalmente extenso para el común de la gente, pero a mí me divierte, yo los escucho y pienso mirá, sigue esa zona de A A y no cambia nada, la extendieron como un verdadero minimalismo. Eso me gusta para otros, para mí, a mi edad, ya hago lo que quiero, cada vez más. Las críticas me gustan pero no las escucho mucho. Antes por ahí las escuchaba y ahora me di cuenta que uno puede, siendo necio, encontrar una pequeña voz y mantenerla, qué sé yo. Pero me gusta poder investigar en mí algo que yo diga esto tiene mi voz o no transé con nada estético, lo metí yo, me gusta a mí.

A su vez te permite desarrollar esa voz…

Es como encontrarse en la confianza, porque yo de chico tenía esa voz, pero era muy tímido y la ahogaba, desde los quince años que compongo y siempre me dio todo mucha vergüenza, iba a un profesor de composición y me cohibía mucho, me inhibía, no componía nada, y después mis ideas no se las contaba a nadie, en cambio ahora estoy más diciendo cuando digo no, sí. Escucho mis represiones y trato de que no interfieran y las hago andar.

¿A los quince años empezaste a estudiar música?

Empecé a componer y a estudiar guitarra, con un piano también.

¿Y en qué momento agarraste el cello?

Un poco más tarde.

¿En qué contexto? ¿Cómo llegaste al cello?

Son cosas muy delirantes que cuando uno es joven le pasan. Yo agarraba la guitarra y hacía tin y se le acababa el sonido y yo decía no, yo quiero algo que haga tiiiiiiiiiiin. Y un amigo mío, un  músico, me escuchó silbando algo y el flaco dijo ah, sol fa sol fa mi… Yo le pregunté por qué hacía eso y me dijo que era porque estudiaba violín. Y ahí apareció el violín, el cello, como la guitarra… No sé, asociaciones . Y gracias a ese mono que es un súper músico, vislumbré un instrumento que es más acorde a mis ideas, porque a mí me gustan también las notas teñidas, la lentitud, a pesar de que soy medio acelerado, lo lento me atrae y el cello tiene una cosa muy lenta que me gusta, sonidos bien espesos. La guitarra también me gusta, sigo tocando, el piano también me gusta y sigo tocando, para la nueva obra de teatro estoy componiendo en piano.

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¿Cuándo empezaste a hacer música para teatro?

Ya en el 97´ hice La fuerza de la costumbre que era re primitivo, Pompeyo no, yo sí, estaba buena. Después hice otra más, después hice La señora Macbeth con Cristina Banegas y Pompeyo y esa estuvo muy buena, gané algunos  premios y todo eso, en el 2004. Y después pensé, en lo delirante que soy yo, que no iba a ser un músico de teatro y entonces me dediqué exclusivamente a la música y no agarraba trabajos de teatro. No quería quedar en un cliché y que todos mis sonidos fueran teatrales, entonces ahí estuve cinco años sin hacer casi nada y después volví con Muñeca. Estoy haciendo una trilogía, Muñeca, El Farmer y La farsa de los ausentes.

Es muy difícil manejarse en la carrera, más como soy yo. Cosas que parecen fáciles tenés que no aceptarlas porque te pueden complicar en lo que uno busca. Yo pienso que si hacés diez obras de teatro después ya la música la ves desde ese punto y eso yo, es un cuidado que trato de tener.

 

Sin embargo vos trabajaste mucho con Rhea

Sí, lo que pasa es que en danza es diferente porque no hay texto, es un trabajo diferente, está bueno. Danza todo el tiempo puedo tocar con bailarinas porque es como hacer música, es igual. En realidad es un favor que te hace la bailarina bailando tu música. En el teatro es más condicionado porque son escenas, pies, hay que hacer un montón de cosas más. La danza es un lugar más abierto. Y cuando hice para cine, que fueron documentales, me fue mucho más fácil también porque lo hago en la computadora, en mi casa. Teatro es una cosa que la vivo a full.

¿Cuál es la próxima fecha acá en Cello Club?

La próxima es el 21 de marzo a las 21hs, es con Juan Pablo Arredondo, él es un guitarrista de jazz y yo toco el cello nada más. Vamos a hacer una fecha en que yo empiezo con una parte de mi Solo, él toca conmigo después, un dúo improvisado. Habrá un intervalo, bebidas… Después él empieza con su solo en la segunda parte y terminamos tocando juntos, ese es el set para el 21 de marzo. Godard decía “un mundo acorde a nuestros deseos”, lo que me gusta hacer a mí. Yo soy feliz porque hice una ecuación que me gusta, vivir de la música; nunca tengo nada que me encarcele, austero. La austeridad es la libertad. Si me toca viajar a New York para tocar, viajo, no me quedo encerrado, pero después ni cuotas, ni nada caro y así pienso vivir hasta que me muera. Tocar, tener un club propio, estrenar obras, todo eso me da mucha satisfacción y no siento carencias.  

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

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