Un hombre y el interés que en él despiertan las “supermáquinas”, las “supercuevas” y las “supermujeres”. Su proyecto de novela: “Las supermáquinas siguen usando pollera”.

Una mujer hermosa y su atracción irresistible por el corazón de la selva, de esa selva que “…es también una reina inquietante que mira todo el tiempo y exige reciprocidad”

Cierta capacidad cognitiva que permite percibir con claridad, en el marco de un determinado contexto, todo aquello que otros, sin saber bien por qué, pueden sentir.

La virtud del encuentro en sitios magnéticos. Desconcierto y convicción.

Los caminos del centro de la tierra, oscuridad; locura y muerte.

Alguna alteración de la percepción del tiempo, del sentido y de todo.

Una vía de escape.

Desdoblamientos. Viajes astrales. Sueños y alucinaciones.

Lo racional, lo intuitivo. El conocimiento y la experiencia sensible.

Un sentimiento de participación afectiva y, fundamentalmente, el deseo de empatía con el planeta.

Impresiones e ideas. Reflexiones alrededor de tanta sensación.

Historias por momentos paralelas, que se alcanzan, se cruzan y se pisan. Se complementan.

Lecturas, posibles, que emergen entre descripciones, alusiones, analogías y escenarios simbólicos.

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Podríamos iniciar esta entrevista con un breve comentario, de tu parte, sobre aquella otra novela en clave que acompaña en su viaje a Martín Orlog, el protagonista masculino de esta historia; me refiero a El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. ¿Qué decir de su trascendencia?

 Me tomaría una copa primero con la inmanencia (antes que con la trascendencia). Mi primer contacto con Conrad fue a través de una remera que me dieron en un boliche de Phnom Penh, Camboya, que se llama Heart of Darkness. Esa misma noche caminé solo entre sembrados de amapolas hasta la costanera del río Mekong, no se veía nada por la oscuridad, y había una razón, estaba mirando el Mekong, no el Sena.

 La figura del hacker ha ido adquiriendo, aceleradamente, un lugar por demás destacado en ámbitos de poder. De hecho, en estos momentos, el mundo observa, con cierta preocupación, los alcances de un ataque cibernético, masivo, contra la seguridad en materia informática. ¿Con qué otro fenómeno, que registre la historia de la humanidad, podríamos establecer una comparación que refleje la magnitud de esta peste?

Con lo de hackers acelerados me hiciste acordar a Carlos Calvo, El hacker, que tecleaba a dos por hora y achicaba los ojos para ver las letras en la pantalla. Las infecciones virtuales son un bocadito comparadas con la peste bubónica que se llevó a un tercio de Europa («los buenos días», desde el punto de vista de Yesina pestis). En este momento es Homo sapiens el agente patógeno que tiene a la biosfera como huésped. ¿Encontrarán la vacuna?

Recuerdos del futuro. A título de precalentamiento, te pido unas palabras acerca de Erich Von Däniken y de la hipótesis de una presencia de extraterrestres impartiendo conocimiento tecnológico a las antiguas civilizaciones que los recibieron como a dioses.

Esos son gratos recuerdos del pasado, los trece años, Lobsang Rampa, la librería Kier, Fácil Viagem A Outros Planetas! e interminables dedicacatorias a mis compañeritas… Y sí, el encuentro extraterrestre es puro precalentamiento. Con todo, siempre hay uno bien predispuesto a hacer clasificaciones, por ej. encuentros cercanos del octavo, noveno tipo…, Von Däniken, un suizo, ¿qué iría a ver en los petroglifos sino mecanismos de relojería, tuberías, sistemas de propulsión?

 El cerebro y/o el ordenador. La inteligencia humana y/o la inteligencia artificial. Aquí, uno de los ejes es la futurología; es así que aparece Ray Kurzweil y, entonces, de su mano, La Singularidad está cerca y, su “ley de los rendimientos acelerados”. Ahora, ¿damos por cierto que las crecientes capacidades de la tecnología son predecibles?, ¿hasta qué punto  el ritmo del cambio tecnológico impactaría negativamente?; ¿podría  llegar a atentar contra el ciclo de la vida humana?

Los relatos evangélicos tradicionales (el de Kurzweil sería salvación por máquinas) tienen esa capacidad de entregar casi lo opuesto a lo prometido, por ejemplo, en vez de cielos, paraísos y leones como mascotas, los creyentes terminan con tierra y palas. Cualquiera sea el caso, cincuenta mil años de Homo sapiens son un tiempo demasiado corto como para trazar predicciones vendibles y también es cierto que, en la vida humana, está todo perdido de entrada desde el momento en que nos matan los mismos factores que nos dieron la vida, sea esto el oxígeno, la radiación solar, etc. Las condiciones nunca fueron ideales, son mejorables, soy conservador nostálgico solo de los biomas, como la selva tropical, que usaron cien millones de años para entregar una guayaba.

Hay niveles superiores. Recuerda esta frase en algún momento del día: hay niveles superiores y alguien tendrá que conocerlos.

El misterio de la vida y el problema de la muerte entendida y encarada como una enfermedad curable. La eventual inmortalidad y un posible aburrimiento eterno. ¿Podrías adelantarle al lector algo que le permita advertir cómo encaja este dilema en la novela?

Despreocupadísimo lector: igual que la sonrisa de la Gioconda en su cara, no encaja. La muerte como problema para el que hay una solución técnica es un mambo del personaje principal, Orlog, un proveedor de soluciones que ve el mundo mayormente como una lista de problemas. Cuando parece alcanzar los niveles adecuados; por ejemplo, encuentra una mujer y una cueva «perfectas», y encima coquetea con el santo grial de la inteligencia artificial (el programa que se programa a sí mismo y se torna inteligente hasta lo incomprensible), lo que en verdad le ocurre es que también se acaba de meter en un quilombo «perfecto».

¿Cuál es la commodity más cara del momento? ¿El isótopo de Californium? ¿El gramo de antimateria? Digo que el tiempo es mucho más caro que el oro. Con tiempo suficiente, los dilemas, los trilemas, los cuatrilemas encuentran su ansiada pareja: la solución. Esta es una, solo una, de las gracias de la inmortalidad; el aburrimiento también es un mero problema técnico. Y se sabe que no es necesario ser inmortal para aburrirse.

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¿Qué podrías adelantarle al lector acerca del vínculo y de la interacción pensada en función del primer plano asignado a los protagonistas?

Una novedad es que… Actually, you are a robot. (en verdad… sos un robot). Actually, el amigo de Orlog, es un robot. Sería muy optimista pensar que a la lectora se le ocurran «interacciones». Muy optimista también, pensar que existan esas personas que hacen conexiones juntando las letras. Sí sé que existe una interacción entre la novela y el autor. Ahora estoy escribiendo algo sobre Cartago, venía imaginándome las cosas, hasta que tuve una epifanía: no pibe, tenés que ir hasta el barrio púnico de Cartago, estar en los souk de Túnez, para seguir.  En ese sentido, la novela actúa como agente de viajes.

La plaza Nisman. El altar a san Nisman. Y los camiones de basura. “Era uno solo contra toda la basura”  “…único y heroico”. Parecería quedar muy poco margen como para ensayar dobles interpretaciones. La novela, en principio, encierra una fuerte crítica política que va más allá de esta página 40; por ejemplo cuando se lee : “…repelentes candidatos se promocionan para encargarse de la seguridad y el futuro. La política, el arte de pastorear hombres con maíz inflado…”

Con todo el sound system de superhéroe que pueda tener la palabra Nisman, este recorte que hacés pela una dirección que ni se me había ocurrido. El párrafo completo es  «Desde ese curioso punto, que solo existía para él (Orlog), miraba el paso de los camiones de basura y sacaba conclusiones improbables como que un solo camión, laborioso y ubicuo, se encargaba de evacuar los desechos de toda la Ciudad Autónoma de Buenos Aires». Es apenas una idea medio rara; en otras palabras, que hubiese un único taxi, veloz, eso sí, que llevara a todos los pasajeros de la ciudad a sus destinos banales. No veo ningún criterio estético que justifique prestarle atención a la política y otros criterios no tengo.

La selva, esa jungla que avanza corriendo límites, alcanzando a los “indios metropolitanos” es una dimensión en la que todo vale, está plagada de trampas y de penetraciones; abundan las maneras de matar al otro; no es prudente cerrar los ojos; “solo los paranoicos sobreviven”. Hablemos de todo ello. Por favor.

No solo hay que tener ojos en lugares estratégicos sino que hay que correr bien para, cuando menos, quedarse en el mismo lugar. Si uno explora la evolución del ojo, desde los fotorreceptores elementales del Cámbrico hasta la maquinaria dolorosamente bella que es el ojo humano hoy (aun así, entre las peorcitas del mundo animal), podría concluir que estar cada vez más alerta, anhelar alta definición sin límites, fue y será crítico para pasar paquetes genéticos al futuro.

Queda responder para qué tanto combate, selección, fitness y envío de paquetes al futuro. Es una pregunta bastante importante porque es más o menos lo único que hace la vida desde hace cuatro mil millones de años.

El caso del marine Bradley Manning, el analista de inteligencia del Ejército de los Estados Unidos que filtraba cables a Wikileaks. Este hombre, antes de su íntima transformación tuvo en su poder los Diarios de la Guerra de Afganistán y de Irak y un video del ejército que se tituló “asesinato colateral”- ¿Tenés idea en qué quedó este tema?

Le llevan ropa de mujer a la celda pero, para una operación, no hay fondos. Hay fondos para pasear una flota nuclear por el Pacífico y no para cortar un par de pelotas…  ¿El radicalismo transexual gobernará el mundo los próximos cien años?… No sé por qué me viene la imagen de Manning saliendo de la cárcel con tacos lista para candidatearse a presidente. ¿Qué seguridad nacional comprometió Manning? La tipa mostró cómo funciona el aparato desde adentro, cómo los errores (militares) no se pagan y lo blanda que también puede ser la ley en EE.UU. En fin, en el futuro no solo cargaremos más aparatos (por ej. telefoninos, aparatos reproductores, memorias especiales), seremos esos aparatos.

 Hacés referencia a Claude Lévi Strauss, el autor de El pensamiento salvaje. ¿Tuviste algún acercamiento, algo que te relacione con la antropología estructural que le reconoce al hombre primitivo una estructura de pensamiento que no guarda ninguna diferencia significativa con la del civilizado?

Levi Strauss escribe muy bien… Tristes trópicos es un título muy poético, he conocido (conozco) esa tristeza. Toda la facultad de Humanidades podría seguir funcionando como facultad de Literatura.

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Según Duchamp, “es el observador el que hace el cuadro”; en estos términos, la participación del observador resultaría ser constitutiva del arte contemporáneo en el cual el sentido ocupa el lugar de la belleza. Ahora el observador sería quien busca y encuentra significaciones en cada obra de arte; ¿pensás que lo mismo ocurre en la literatura?

Hubiese dicho que en la literatura no ocurre nada de nada. ¿Es necesario tomarse a pecho ese juego de palabras que hizo Duchamp hace cien años? Entiendo que nadie puede atribuirse La Interpretación de las cosas pero, en el Museo de River, ¿hay alguien que ve camisetas de Boca?  Sí, es posible que exista ese alguien.

Otra referencia interesante sería la de David Hume, quien relaciona el conocimiento con los sentidos. Hume habla de la experiencia, de las percepciones -ideas e impresiones- y del concepto que tenemos de nosotros mismos. Desde ese lugar es que te pregunto, ¿qué parte de Orlog habitaría en vos, desde tu punto de vista?

La otra parte, la mitad. Orlog se separa y se va a vivir a un monoambiente, Chow luego hace lo mismo incluyendo el amigo androide Actually. Estuve frente a la chinkana, mucho de lo que le pasó a Orlog, si no todo, las experimenté en mi torpe manera. Lo que no estoy seguro de haber experimentado es lo que llaman el «sí mismo».

En la página 86 aparecen las nueve palabras que integran el título de esta novela: “Todos contra todos y cada uno contra sí mismo”; ¿elegiste este título desde el principio o finalmente salió del texto?

Incubé una idea a partir de otra. Es posible que el título le haya quedado grande a la novela y que un buen escritor hubiera podido explotar al máximo sus difíciles sugerencias. En el caso que nos convoca, apliqué un concepto básico de finanzas: ganar con la mínima inversión.

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Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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