Bibiana Ricciardi reúne dos relatos concretos y contundentes sobre la vida y la conciencia de la muerte. Dos historias que podrían ser la misma contadas desde personajes distintos, desde posiciones diferentes, desde distintos momentos.

En Una mujer corre la estructura será el rizoma de pensamientos que enlazarán el trabajo, la familia, el pasado, la política, la derecha, las izquierdas, la vida, la muerte, la ficción, la realidad y el desborde de los pares de opuestos. Aquí la mujer que corre ejerce un acto de meditación, un paréntesis antes de la quietud de quien supo esquivar semáforos y embotellamientos de hora pico. Como si en el acto automatizado se accediera a un estado de conciencia superior, diversificada y más abstracta.

Trama política en el camino, huellas del pasado en el asfalto. La identidad, su valor y su fragilidad calan profundo en un debate que aún no se ha cerrado y que en cada relato halla una arista.

Construída con un lenguaje que condensa el océano del sentir y el del pensar, la trama resulta muy potente para el lector que se sentirá atrapado en la corrida.

Fusionando personajes o desdibujándolos Algunas cosas que estuvieron pasando desde que te fuiste llega para alimentar el deseo de continuar la corrida de la historia que la precede, en este caso una mujer habla por wathsapp con alguien que parece no estar físicamente, pero que habita cada espacio en la vida de una amiga que graba mensajes de voz a cada instante, para contarle todo, aunque no obtenga respuesta, para así conocer la propia historia.

13083154_10207531446417132_2900598333665611837_n

¿Cómo construyó el personaje de Antonia?

Antonia es un Frankenstein que reúne fragmentos dispersos. Como corredora consuetudinaria siempre supe que un día representaría la acción amada. No sabía de qué modo. De hecho siempre creí que sería en una película documental. Sin embargo un día empezó a aparecer este magma de palabras que hacen a Antonia. Así fue como la construí: dejándola correr.

¿Cómo trabajó el cambio de voz de Izquierda a Derecha?

Uno, el izquierdo, avanza en el sentido de la corredora. Es el del tiempo de la narración, es un fluido de conciencias múltiples. La de Antonia y la de los transeúntes que la cruzan en su correr urbano. Tiene el ritmo del paso de la corredora. Frases cortas, pensamientos desordenados, atención dispersa. Los capítulos izquierdos son un solo párrafo completo. No hay punto y a parte.

El otro, el derecho, es algo más convencional. Cuenta más en tercera persona aunque también se cuelan las voces de los personajes que rodean a la protagonista.  Es la voz que cuenta el universo de la acción previó a la acción. Va avanzando capítulo a capítulo explicando lo que el izquierdo no puede detenerse a decir.

Al final de la novela el derecho alcanza al izquierdo.

Si bien el pensamiento que prima a la hora de llevar a cabo un acción mecánicamente es lei motiv en Una mujer corre ¿Cómo enlazó la acción de correr con el desarrollo de la vida de la protagonista?

Creo que acabo de explicar esto en la respuesta anterior. La única forma en la que pude hacerlo fue ese procedimiento pendular entre dos voces narrativas, la izquierda y la derecha.

Muerte, cáncer se contrapone con la vida y los otros, los que nos rodean ¿Por qué este tema?

La muerte es el tema. Hay un solo tema. Porque incluso cuando hablamos de amor (o de sexo si somos menos románticos) estamos hablando de muerte. Amar es morir. Recién cuando pude asumir y aceptar el inmenso miedo que le tengo a la muerte pude comenzar a escribir.  Y lo hice después de pensar mucho en torno al tema con una amiga que estaba enferma de cáncer. Ayudarla a ella a pensar en la muerte me trasladó al feliz estadio en el que estoy hoy: alguien que puede hundirse en el abismo para bucear una historia.

FullSizeRender

Los hijos que nos son hijos y los que sí, este tema se repite, ¿por qué la conovoca?

Me convoca desde la búsqueda de la identidad. Siempre me sacudió la incomodidad del pensamiento políticamente incorrecto. En nuestro país vivimos una tragedia que jamás cicatrizará. No puedo dejar de pensar en esa gente de nuestra generación que se ve forzada a salir dos veces de forma violenta al mundo. El parto, ese acto de violencia reflejado en espejos múltiples que lo repiten al infinito, un nacimiento en condiciones nefastas que concluye con la apropiación y posterior ocultamiento de su identidad de origen. Y luego nuevamente paridos cuando son recuperados por sus familias biológicas que los han buscado con amor pero que son hasta ese momento completos desconocidos. Desde donde miro la tragedia veo un laberinto sin salida. Ser hijo es mucho peor que ser padre. Porque no existe la opción de abortar la experiencia del nacimiento.

¿Escribió las dos historias en tiempos próximos?, ¿las pensó como un bloque?

Cuando terminé de escribir Una mujer corre me enteré que yo también tenía cáncer, al poco tiempo murió esa amiga con la que había compartido la experiencia de su enfermedad. No pude hacer nada más que continuar escribiendo. Y así surgió Algunas cosas que estuvieron pasando desde que te fuiste. Para cuando la concluí Marcos Almada de Alto Pogo ya estaba trabajando en la edición de Una mujer. Le propuse incluir Algunas cosas y después de leerla estuvo totalmente de acuerdo.

Luego de abordar este tema en profundidad, ¿ha llegado alguna conclusión sobre la muerte anunciada por diagnóstico?

La muerte es una. No hay diversas categorías. Es el absoluto. Recibimos diagnóstico de muerte en el exacto momento en el que nacemos. Hacerse cargo de la finitud garantiza una vida más completa.

¿Cómo maneja el clima, la atmósfera, en sus narraciones?

No lo manejo simplemente establezco una estructura y dejo que la acción avance.

¿Cómo aborda en su obra el trinomio “lenguaje, trama, argumento?

La palabra tira la trama y teje el argumento. Es la línea la que piensa, cada historia tiene su propia trama. Alcanza con descubrir de qué modo se cuenta para que la trama se materialice.

336DBEDD-461E-4E73-81C9-82CAF25FB827

¿Cómo funciona la memoria –olvido y recuerdo- en su literatura?

Cuestionar a la memoria es una constante en mi producción. Desde múltiples ángulos. Por estos días estoy desarrollando una performance dramática para la que fui becada por el Fondo Nacional de las Artes, en el Espacio de memoria que ocupa el ex centro de detención clandestina en el Faro de la Ciudad de Mar del Plata. Es una propuesta que indaga a la memoria y se pregunta qué cosa es y para qué sirve.

¿Cómo es su proceso de escritura?

Soy algo caótica. No tengo un horario fijo de escritura ni tampoco determinado objetivo diario de páginas. Sin embargo escribo bastante y en forma constante. Me exijo mucho, trato de no dejarme estar, de no dispersarme. Escribo y re escribo. La re escritura es la clave. Y leer en voz alta lo escrito. También me gusta tallerear los textos. Compartirlos con alguien. Para Algunas cosas que estuvieron pasando desde que te fuiste necesité que mi pareja me leyera el texto para poder comprenderlo. Solo oyéndolo entendí que la estructura era oral, no escrita y así apareció la idea de los clips de audio.

¿Qué le interesa leer?

Todo. Soy una lectura compulsiva. De niña mis padres me limitaban el tiempo de lectura porque leía demasiado. De grande me he ido puliendo, no me gusta todo pero hay tanto que me gusta que no puedo dejar de buscar. Leo cuento, microficción, novela, teatro. Poco ensayo, poca poesía. Me gusta leer a mis contemporáneos y a mis coterráneos. Hay un diálogo implícito entre nuestras lecturas y nuestras escrituras.

¿Cuáles son sus referentes?

Me cuesta pensar en referentes. Tengo tantos. Van desde Anton Chejov hasta William Faulkner. John Cheever, Carver, Joyce, Borges, Murakami, Piglia, Aira, Mauricio Kartun, Rafael Spregelburd. Y más. Tantos más.

¿Cuáles son sus lecturas fundacionales?

Leí los clásicos griegos cuando era muy pequeña, a la edad en que otras chicas leían Mujercitas. Edipo rey, Antígona, La Eneida, La Iliada y la Odisea. No sabía muy bien qué estaba leyendo pero me cautivaron de inmediato. Algo de ese destino trágico todavía vibra en mis textos.

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Candelita Gomez

Nació en Buenos Aires en 1986. Trabajó durante quince años en diversas puestas en escena como directora, dramaturga, asistente y actriz. Exploró el universo audiovisual, realizó su cortometraje ESTERTOR y escribió otros guiones. Se formó en teatro, dramaturgia, danza Butoh y contemporánea. Colaboró en correcciones y traducciones de guiones de cine, poesía y narrativa. Trabajó durante ocho años en el Museo Nacional de Bellas Artes donde, durante el 2015, produjo el ciclo Bellos Jueves. Actualmente trabaja en la Biblioteca Nacional, se forma como docente en letras y escribe por necesidad vital.

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir la barra de herramientas