Luciano Capra es un traductor porteño con un pasado trágico en Estados Unidos. Rose es la madre de una joven californiana a la que le ha perdido el rastro en Buenos Aires desde hace semanas. Un encuentro casual los une en una intensa búsqueda por una ciudad donde conviven lenguas y nacionalidades, grafiteros legales y clandestinos, donde los vestigios de un pasado glorioso se asoman a través de las hendijas de una ciudad que no deja de reinventarse.
Luciano es el intermediario entre el inglés y el español, entre universos y personajes contrapuestos, y entre la razón y la locura que envuelve a cada uno. En esa investigación no sólo buscará encontrar a la chica perdida, sino también desentrañar lo que le está pasando a su propia hija en Estados Unidos.
Sin dar respiro, Perdidas en la noche construye una trama precisa y vertiginosa en la que se entretejen las historias de estas dos jóvenes que, en territorios distantes, se debaten como tenaces mariposas nocturnas para encontrar luz en la oscuridad.

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Quisiera iniciar esta entrevista poniendo un foco en la estructura de Perdidas en la noche.

La novela sigue dos historias que van en paralelo, una ocurre en Buenos Aires y la otra en Virginia (Estados Unidos). La primera es la búsqueda de Willow, una joven artista californiana de la que se perdió el rastro en Buenos Aires hace semanas, y la otra es la indagación de Annabelle (la hija del narrador, Luciano Capra) sobre la muerte trágica de su madre ocurrida cuando ella tenía tres años en el pueblo de Blackstone, en Virginia. La historia de Willow avanza hacia adelante, mientras que la de Annabelle mira hacia atrás y se cuenta con pinceladas de recuerdos del narrador.

Me gustaría preguntarte por esa dedicatoria en homenaje a tu madre, “por su inolvidable locura”.

Mi madre pasó sus últimos diez años en una clínica por sus problemas de depresión y bipolaridad. Muchas de las escenas de la novela en que el narrador cuenta cómo era la vida con su madre se inspiraron en hechos reales, de ahí viene la dedicatoria.

18817445_1221283714666080_765955387_oLa mariposa nocturna, esa imagen que abre paso a esta historia estaría, metafóricamente, adelantando una parte constitutiva del escenario dramático; ¿podríamos hablar de esa parte:  de seguir los impulsos, de la necesidad de asumir riesgos, de saltar sin red, de cruzar límites desafiando todo aquello que implica un peligro cierto, de enfrentar miedos a cualquier precio?

La mariposa nocturna es una metáfora de la búsqueda impetuosa y arriesgada de la luz para quién vive (o teme vivir) en una oscuridad que le resulta intolerable. La mariposa nocturna se expone a cualquier peligro para llegar a la luz. ¿Por qué lo hace? No parece tener ningún sentido, va contra las reglas de la preservación de las especies, y sin embargo sucede. Tanto Willow como Annabelle siguen sus impulsos, asumen riesgo, de algún modo “saltan sin red” para llegar a esa luz, o a esa idea de luz, aunque al final los resultados no son los mismos para una que para la otra.

La novela reconoce más de un conflicto pero el meollo estaría, a todas luces, en un cortocircuito que impide el acercamiento ideal entre un padre y su hija, entre una hija y su madre; entre mundos que en algún punto se distancian. ¿Cómo describirías, ahora, a grandes rasgos, y desde la historia que creaste, esta suerte de impotencia como contra cara de una falta de confianza que anula o interrumpe el vínculo?

Las relaciones entre padres e hijos son acaso las más fuertes y las más complejas que experimentamos los seres humanos. Nuestros hijos pasan de requerir todo nuestro cuidado, de no poder subsistir sin tenernos al lado, a una necesidad imperiosa, y a menudo arrebatada, de separarse, de marcar su propio camino. Mis hijos tienen casi veinte años, pero cuando los miro aún puedo proyectar sobre ellos las caras que vi cuando salieron del vientre de su madre (son mellizos y yo estaba en la sala de partos). Pero esos bebés son ahora un hombre y una mujer y tengo que respetarlos y tratarlos como tales. No es siempre fácil, y de eso va en parte la novela, sobre cómo llegamos los padres a ese momento en que nuestros hijos comienzan a tomar sus propias decisiones y, por más terribles que sean, tenemos que seguir acompañándolos.

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Otra imagen conmovedora es la de “una mujer sola que busca a su única hija en un país extraño”; si mal no recuerdo, en otros pasajes, seguramente más adelante, se habla de una ciudad hostil e indescifrable y de ese diálogo, un tanto “caótico”, que sería representativo del “gran quilombo”que es esta ciudad. Me gustaría conocer tu opinión sobre Buenos Aires, comparándola con otras ciudades que pudiste conocer tanto en nuestro país como en Estados Unidos y en España. Y sería interesante mantener, como marco, la idea de libertad posible.

Buenos Aires me parece una cuidad maravillosa, me gusta más que otras ciudades en las que viví en España y en Estados Unidos. Pero no sé si me gusta Buenos Aires por las mismas razones que a la mayoría (y eso lo digo sin ser porteño). Lo que me atrae de Buenos Aires es ese caos, ese quilombo (del que los porteños tanto se quejan) que permite que sucedan muchas cosas, en particular en el arte, pero también en las relaciones entre las personas. Me gusta el dinamismo de la ciudad, en los diez años que he vivido aquí he visto barrios enteros transformarse por completo en otra cosa. Me gusta la gente, la espontaneidad con se relaciona. Me gusta el clima. En fin, creo que me enamoré.

Digámosle algo a los lectores sobre el protagonista Luciano Capra.

Luciano es en muchos aspectos un alter ego mío, un cincuentón que nunca sintió pertenencia en ninguno de los sitios en que vivió y que ha encontrado en el desarraigo, en la eterna sensación de extranjeridad, un refugio confortable y un excelente lugar desde donde observar el mundo. Luciano se siente cómodo en el medio de las dualidades, como si ser la bisagra entre el español y el inglés, entre la locura y la cordura, o entre el par que se le presente, fuera su estado más natural, lo que a su vez implica no estar nunca totalmente en un sitio ni en otro.

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Otro asunto es el lenguaje; la estructura y las reglas de la lengua,  la manera de articular las frases; la importancia del idioma -el inglés y el español-. Las traducciones e interpretaciones. Y todo lo que gira alrededor de este gran tema. Te pido, por favor, una breve síntesis que les permita a los lectores advertir el nivel de las consideraciones que enriquecen esta historia de Perdidas en la noche.

El tema del lenguaje cruza toda la novela. En Virginia el lenguaje rige lo que se puede y no se puede decir, lo que lleva a Annabelle a nunca escuchar una explicación concreta sobre el asesinato de su madre. Para Luciano hablar inglés, que es un segundo idioma, le permite una distancia con las emociones que le dan un mayor control a su discurso. Y el lenguaje es lo que une y separa a los argentinos y a los norteamericanos de la novela. Desde muchos puntos de vista creo que es una novela sobre el lenguaje.

¿Qué dirías del actual estado de situación de la literatura argentina?

Parafraseando a Borges (La supersticiosa ética del lector, 1932), creo que la literatura argentina sigue teniendo una condición indigente, una cierta incapacidad de atraer (en la que sin duda me incluyo), de lo contrario no se explicaría que la ficción extranjera en términos generales se lea más que la vernácula. Es saludable que se esté publicando mucha ficción y que surjan nuevas editoriales independientes, lo que es garantía de una amplia variedad de voces, pero creo que algo sigue fallando y la verdad es que no tengo una respuesta para eso, ni tampoco un consejo para nadie. Sólo nos queda seguir intentando escribir algo que entusiasme, aunque sepamos que las posibilidades de fracaso son enormes.

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¿Cuándo se confirma en vos esta vocación y cuáles son tus lecturas preferidas?

Empecé a escribir a partir de un taller que hice en Cádiz en el año 2000, ahí vi por primera vez que podría escribir y que la gente reaccionaba bien a lo que escribía. Mis lecturas han ido cambiando, empecé con el boom latinoamericano, Kundera, Kafka, y después pasé muchos años leyendo literatura en inglés, desde los clásicos (como Fitzgerald y Hemingway) a otros más contemporáneos, como Coetzee, Cormac Mccarthy, Michael Chabon, Tobias Wolff, Raymond Carver, Jonathan Franzen, David Foster Wallace, Ben Lerner y varios más. En español ahora leo y releo a Bolaño, la obra completa.

¿Qué influencias reconocés en tu estilo literario?

Coetzee, Wolff y Bolaño.

¿Qué representan, en tu historia personal, los premios recibidos?

Son como mimos. Alguien que viene y te acaricia la espalda, que te dice que sigas, que vale la pena.

 

Sobre El Autor

Imagen de perfil de Luis Adrian Vives

Ex funcionario de carrera en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Desempeñó el cargo de Jefe de Difusión entre 1988 y 1995. Se retiró computando veinticinco años de antigüedad, en octubre de 2000, habiendo ejercido desde 1995 la función de Jefe del Departamento de Técnica Legislativa y Jurisprudencia Parlamentaria. Fue delegado de Unión Personal Civil de la Nación (UPCN) - Responsable del Área Profesionales- en el Poder Legislativo Nacional. Abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U.B.A. Asesor de promotores culturales. Ensayista. Expositor en Jornadas y Encuentros de interés cultural. Integra el Programa de Literatura de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Es secretario de Redacción de Evaristo Cultural, revista de arte y cultura que cuenta con auspicio institucional de la Biblioteca Nacional (M.M.)

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